sola, que no podías hablar con nadie y sólo te llevaban la comida” –continúa Zoraida.
En esos casos, “si alguien se embarazaba, abortábamos ahí” –continúa Zoraida– “Las travestis –
que eso sabían hacerlo muy bien nos ponían……..durante dos días no pasaba nada, pero pasado eso, había que hacer mucha fuerza para despedir todo. Entonces, hacíamos la limpieza, con los lampazos y los baldes pesados fregábamos todo y con eso hacíamos fuerza. Allí despedíamos todo y luego echábamos los baldes de agua y allí se escurría todo, por las rejillas” –cuenta Zoraida–. … “si se puede decir que había algo bueno, era que la mujer descansaba por 21 días y no tenía que ir a trabajar
al día siguiente como la mandaba el fiolo si estaba en la calle, con el dolor, con sangre, con todo” – completa su relato–
(Crónica, abril de 2011).
La reiteración de situaciones de opresión y coerción ligadas a estas formas de poder y control social, como toda forma de violencia, tiene el efecto de que quien está sometida a ella, entiende y vive esa realidad como si fuese la única posible; en tanto que genera en quienes la padecen sentimientos de
vergüenza, dolor y pesadumbre. La violencia, tal como plantea Pierre Bourdieu, se sostiene porque “es
una fuerza propiamente simbólica que permite a la fuerza ejercerse plenamente al hacerse desconocer en tanto que fuerza y al hacerse reconocer, aprobar, aceptar, por el hecho de presentarse bajo las apariencias de la universalidad –la de la razón o de la moral” – (Bourdieu, 1988:91). En la práctica, ésta opera generando un círculo vicioso que es relatado a partir de su naturalización, y que tiene como consecuencia que quién está inmerso en ella, no pueda salir.
De modo similar, Griselda relataba lo que para ella significaba el círculo de detenciones recurrentes: “la
vida era sólo eso, estar al día y esconderme estar avergonzada, yo no iba a la escuela, no iba a un acto, nunca quería aparecer en ningún lado. Yo vivía así, porque creía que eso era así, no se me ocurría que podía haber otras maneras, que había otras maneras, de tratar a la cana, de todo. Vivía al día, y no podría pensar más allá de eso” (Entrevista informal, agosto de 2004).
Si la experiencia es una experiencia corporal y emocional, que articula el pasado y lo vivido en el presente, prefigurando lo que vendrá, la oposición y reacción de las mujeres de AMMAR – Capital a la derogación del Código de Convivencia, puede entenderse a la luz de lo que significa ésta en la organización de la vida de los sujetos.
La posibilidad de estar presas, se convertía en una suerte de fantasma encarnado. En el caso de las
dirigentes de la organización, las devuelve a un pasado que las retrotrae a un ciclo de “calle- cana-10 calle”, que les disuelve los años de acción política en pos de la conformación de un proyecto que les permitió romper con ese círculo. Desde ese lugar, la experiencia y los sentimientos que ésta invoca eran puestos en juego en las convocatorias para movilizarse contra este Código. Así, en una reunión, una
dirigente se refería a la situación como “se viene la oscuridad”, …y reforzando aún más la idea de lo que
49
ésta implicaba, continuaba diciendo “si no participan, cuando estén en la comisaría ni van a venir a buscar la caja, ni hacer el taller de microemprendimiento, ni nada” (Crónica, julio de 2004).
Y, para las mujeres no directamente militantes, ´el ir presas´ se constituía en un límite para frenar toda movilización, instalando miedo y el imaginario de las situaciones más temidas. Ejemplificando cómo estos dispositivos tienen su efecto más allá de su efectivización –y en esto consiste también su eficacia– en una charla espontánea en la plaza entre cuatro mujeres, tres de ellas comentaban que habían participado en las marchas hasta el momento en que habían sido detenidas las dos integrantes de AMMAR CAPITAL. Coincidían que la situación las atemorizaba lo suficiente como para seguir participando, y enfáticamente planteaban que en ese contexto, ni se les ocurriría participar. Así, entre los temores
activados a partir de ese escenario, Raquel decía “después viene la Asistente Social y te saca la tenencia” (Nota de campo, julio de 2004).
El miedo y los fantasmas de historias pasadas se colaban en las charlas informales en el mundo de la plaza. Eva relataba sus temores y decía respecto del nuevo Código Contavencional “Ahora estoy con temor por el problema este, que van a sacar chicas de la calle, no se si la van a llevar viste, te dicen que se van a filtrar los policías de civiles y te van a llevar al hotel y después te llevan en cana, eso es lo que están diciendo por todos lados”.O, como planteaba Belén “estás expensas a cualquier cosa ahora con el tema del código nuevo, eso no sabés si van a venir a llevarte, si te van a llevar y te van hacer desaparecer, no sabes …por ahora no joden, digamos por ahora, pero donde puedan sacar plata la van a coimear, donde te ven te van a coimear como antes”.