1.2 LA BIODIVERSIDAD COMO NUEVO ENFASIS DE LA NATURALEZA
1.2.3 Miradas de las relaciones entre la Biodiversidad como nuevo énfasis de la
naturaleza y lo humano.
La expresión de biodiversidad como nuevo énfasis de la naturaleza (Escobar, 1999; Ulloa,
2011); implica un rastreo en el que se encuentran una variedad de posiciones
epistemológicas y ontológicas desde referentes documentales que remiten a la pregunta
por las relaciones entre la naturaleza y los seres humanos. En tal sentido, se dota de
historicidad a esta relación que involucra el contexto cultural occidental, y los diferentes
posicionamientos del conocimiento y su producción. Conocimientos que se encuentran
articulados con unas prácticas y de igual forma, aparecen referentes ontológicos que
comprenden la reflexión del ser y la búsqueda de sentidos.
El conocimiento de la naturaleza plantea un panorama en el que se hace explícita la
pluralidad de modos de concebir el mundo y los significados que se asignan, los cuales,
están asociados con el contexto cultural, y las prácticas que se ejercen, como concreción de
unas formas de pensamiento. Esta pluralidad no solo permite reconocerlas en un marco
histórico, sin pretensión de circunscribirlas a una linealidad, sino de poder indagarlas como
posibles horizontes que transcurren en la simultaneidad, en las intersecciones y en las
diferencias, que envuelven unos modos de ser y de actuar en el mundo desde los sujetos y
los grupos.
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De acuerdo con Escobar (2011), el conocimiento de la naturaleza, no solo obedece a
aquello que es objeto de explicación por parte de la ciencia, o un asunto que puede
incorporar las elaboraciones culturales y sus formas de interpretación; puesto que
demanda una mayor atención frente a cómo se asume la llamada crisis ambiental, que
también contempla la denominada crisis de la biodiversidad, motivo por el cual, presenta
en forma esquemática diferentes perspectivas ontológicas y epistemológicas en cuyo
trasfondo se encuentran aspectos de orden político y económico, que permiten presentar
los mitos fundacionales y suposiciones ontológicas del mundo desde las ciencias naturales
y las ciencias sociales modernas, las cuales, resultan determinantes en las formas de ser y
de estar en el mundo entre el esencialismo y el constructivismo que dan forma a aquello
que se concibe por naturaleza.
El esencialismo es la concepción de que las cosas poseen un núcleo inalterable,
independientemente del contexto y la interacción con otras cosas, y que el
conocimiento puede conocer progresivamente. […] El mundo, en otras palabras, es
siempre predeterminado desde lo real. Al contrario, el constructivismo acepta la
inevitable conectividad entre el sujeto y el objeto del conocimiento, y, en
consecuencia, la relación problemática entre el pensamiento y lo real; por lo tanto,
el constructivismo epistémico implica mucho más que la afirmación de que la
realidad es socialmente construida. (Escobar, 2011, p. 52).
La exposición de las perspectivas epistemológicas y ontológicas, pretende brindar algunos
elementos de referencia respecto a las formas de conocer la naturaleza y de concebir el
mundo, como un posible camino que permite mantener la pregunta por las relaciones entre
el ser humano y la naturaleza. Al respecto, se presentan tres perspectivas que
corresponden al realismo epistemológico, como expresión del pensamiento moderno, el
constructivismo epistemológico y por último, se alude a aquello que se ha denominado el
neo-realismo epistemológico, perspectivas que aportan en la problematización de las
relaciones desde dichos marcos.
El realismo epistemológico, remite al proyecto fundacional de la modernidad para hacer
explicita su postura en relación a un mundo que es cognoscible, objetivable, y que opera
sobre una estructura de lo escindido, al establecer una división entre la naturaleza y la
cultura, entre muchas otras dicotomías que proliferan y cobran fuerza en la sociedad. De
acuerdo con Ángel Maya (2000) “El mundo ecosistémico, con su regulada armonía
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orgánica, queda relegado como un penoso recuerdo primitivo” (P. 14). El hombre es libre y
obedece a la razón, es el centro del universo, en un inusitado giro que despliega su ser y su
actuar con una idea de dominio sobre la naturaleza, que tendrá repercusiones en las
prácticas sociales, políticas y económicas al privilegiar un interés por conocer y conquistar
el mundo bajo el paradigma de la razón lógica e instrumental.
Estas expresiones, empiezan a ser objeto de debate por parte de aquellos que confrontan la
mirada esencialista de la naturaleza y de las dicotomías que abogan por la purificación de
los órdenes social y natural, fundadas en la razón instrumental como posibilidad única de
conocer. El constructivismo epistemológico, se constituye en otra perspectiva de pensar el
mundo y producir conocimiento acerca de las relaciones del ser con la naturaleza, sin que
ello implique una sola forma de asumir esta perspectiva, o de establecer fronteras entre
escuelas, sino de posiciones parcialmente superpuestas como señala Escobar (2011), al
registrar las diferentes posturas que se inscriben en el constructivismo dialéctico, el
interaccionismo constructivista, las perspectivas fenomenológicas y el pos-estructuralismo
antiesencialista.
De acuerdo con lo anterior, el constructivismo dialéctico toma como sustrato la dialéctica
marxista, que cuestiona la fragmentación del conocimiento y las dicotomías de un mundo
escindido y que desconoce a la humanidad como una unidad dialéctica con la naturaleza,
(Loureiro, 2003), además de su intento por mostrar conectividad, relacionalidad e
integridad (totalidad), “el marxismo dialéctico representa un programa constructivista
fuerte” (Escobar, 2011, p.55)., que sitúa la fuente de conocimiento en la relación entre los
sujetos y su ambiente de forma concreta, además de señalar procesos de construcción
mutua entre los organismos y el ambiente al interpretar los cambios como
manifestaciones materiales de la relación dialéctica a nivel de los paisajes y los sistemas
ecológicos.
Por su parte, el interaccionismo constructivista propone confrontar la epistemología
dualista dominante entre lo construido y lo preprogramado («realidad»), para empezar a
transgredir fronteras y señalar la relación activa de los sujetos con la naturaleza, sin que
ello represente una contaminación, al considerar esta relación una condición necesaria
para la generación del conocimiento, perspectiva que sustenta desde “las críticas a las
explicaciones de la evolución genecentradas que reducen posibilidades para pensar las
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relaciones entre la ontogenia y la filogenia”, (Oyama, 2000, p. 150), razón por la que apela
a un enfoque dinámico y holístico de los procesos biológicos.
En el caso de las fenomenologías constructivistas, se debate por el lugar del sujeto, quien
siempre está implicado en el mundo y en el conocimiento mismo, y por tanto, hace parte de
la naturaleza, de la biodiversidad.
De esta forma, seguir manteniendo las dicotomías se
hace insostenible, pues como señala Ingold (1986), el mundo en que vivimos es continuo e
interrelacionado en un proceso de co-construcción que vincula la naturaleza y la cultura,
además de hacer de la experiencia vivida un lugar central frente al conocimiento teórico.
Para el pos-estructuralismo antiesencialista, el conocimiento se concibe como parcial y
situado, en tal sentido, Donna Haraway (1991), expresa su postura frente a las dicotomías
del proyecto de la modernidad que designan oposiciones ficticias para aumentar el estado
de un término sobre el otro, y las relaciones de poder opresivas. En tal sentido, señala la
ausencia de identidades claramente delimitadas que incluyen a la naturaleza, por lo cual,
abre un camino que contempla la hibridez entre las producciones científicas, tecnológicas y
la propia naturaleza, como nuevos ensamblajes, que hacen difícil mantener la separación y
esencialización de las entidades, como una epistemología alternativa que subyace en un
mundo complejo, donde se ha surtido una proliferación de Híbridos (Latour, 2007).
Otra perspectiva epistemológica que emerge corresponde al denominado Neo-realismo
epistemológico, como lo expresa Enrique Leff (1986) quien reconoce la naturaleza como
un dominio ontológico real además de advertir que éste se ha hibridizado cada vez más
con la cultura y con la tecnología, en esta formulación hace especial referencia a la
epistemología ambiental que se abre al saber para pensar la relación del ser con el saber,
como una nueva comprensión del mundo con una nueva racionalidad que no se fija en la
relación entre la teoría, los conocimientos y lo real. “El ambiente pasa de ser un objeto,
para convertirse en fuente de pensamiento, sensaciones y sentidos como complejidad
emergente” (Leff, 2006, p, 136). Esta perspectiva también es compartida por Ingold (2000)
quien señala el carácter profundamente relacional de la realidad y la configuración del
ambiente, así, tanto la naturaleza como los humanos participan en su construcción (Ingold,
2012).
Este marco, en el que se inscriben las diferentes epistemologías de la naturaleza, se
constituyen en manifestaciones diversas de concebir el mundo, y de vincularse en él,
como referentes para comprender las relaciones que se han tejido y que tienen una
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