• No se han encontrado resultados

El mito de la aparición de la Virgen de Guadalupe en Tepeyac

3. TERCER CAPÍTULO

3.2. El mito de la aparición de la Virgen de Guadalupe en Tepeyac

Según la amplia tradición escrita, específicamente según el texto Nican Mopohua22,

la Virgen María se presentó en el cerro del Tepeyac, al norte del valle de la actual Ciudad de México, el sábado 12 de diciembre de 1531 a un neófito llamado Juan Diego Cuauhtlatoatzin. Su intención era que en dicho lugar se construyera un templo en su nombre y para su veneración. Para ello, era necesario que Juan Diego fuera a donde el arzobispo de México, fray Juan de Zumárraga, para que la obra pudiera realizarse.

La primera visita no fue fructífera, dado que el prelado no creyó en la historia de Juan Diego. La segunda, al día siguiente, provocó cierta molestia en Zumárraga por el atrevimiento del indio de mentir de ese modo tan descuidado y reiterativo. Para desmentirlo, le pidió una prueba de que en realidad era la Virgen María quien se le estaba presentando. De regreso a su casa, pasando por Tepeyac, Juan Diego se desvió del camino para ir al encuentro de la Virgen. En la cima del pedregoso y estéril cerro, la madre de Jesús lo estaba esperando. Al saber del requerimiento del arzobispo de pruebas sobre sus deseos, le dijo a su mensajero que al día siguiente le daría la evidencia necesaria para que su relato fuera creído.

Sin embargo, al llegar a su casa, Juan Diego descubre que su tío Juan Bernardino está muy enfermo, casi de muerte. Al otro día, por petición del tío, Juan Diego parte hacia México a buscar un sacerdote que le diera el sacramento de la extremaunción. Para ello tenía que pasar por el Tepeyac, pero pensando en la premura de su misión, decidió tomar un camino alterno que le permitiera

22 Este texto fue publicado en 1649 como parte de un libro editado por Luis Lasso de la Vega llamado Huey tlamahuiçoltica, que en español significa El gran suceso. Según De la Vega, el relato original es autoría de Antonio Valeriano, un indígena aristócrata y letrado que escuchó él mismo el relato de Juan Diego. Al momento de la publicación del Huey tlamahuiçoltica, De la Vega era vicario de la capilla del Tepeyac.

esconderse de la Virgen, a quien pensaba visitar una vez hubiera cumplido con su inmediata obligación. A pesar de sus esfuerzos, la deidad se le presentó y al saber que le atormentaba la desgracia de su tío y que esa era la razón por la que no había ido a recoger las pruebas para entregarlas a Zumárraga, le reconfortó diciéndole que ya había aliviado al pariente y que ahora sí podía realizar su misión. Para ello, le pidió que fuese a la cima en donde anteriormente se habían encontrado para que recogiera unas flores y se las llevara. Grande fue la sorpresa del mexicano al encontrar muchas bellas y frescas flores en tan yerma colina, solamente poblada por cactus y árboles de desierto, y en plena estación invernal. Cortó tantas cuantas pudo y las llevó en su manto a donde lo esperaba la Virgen. Allí, ella tomó las flores, las ordenó y las puso nuevamente en el manto de Juan Diego y le mandó con el arzobispo para que se las mostrara. Le indicó que solamente podía enseñar la prueba a Zumárraga en persona.

En el palacio arzobispal el neófito tuvo que esperar durante mucho tiempo para tener conferencia con el rey de los sacerdotes. Fue intimidado en varias ocasiones por sus guardianes, quienes intentaron repetidamente abrir su manto para ver qué era lo que ahí guardaba tan celosamente. Cansado de esperar, Juan Diego les permitió ver un poco aquello que debía entregar al prelado, a lo cual los guardianes corrieron a avisar a su jefe que debía entrevistarse con el indio. Una vez con Zumárraga, el mexicano le contó de nuevo los hechos de los últimos días y cuando pretendió mostrarle las flores en su manto, éstas cayeron al piso y en la tela en la que las había llevado durante todo el día se mostró pintada la imagen original de la Virgen de Guadalupe.

En seguida fray Juan de Zumárraga y los colaboradores de la Catedral junto con Juan Diego visitaron la colina del Tepeyac para conocer con exactitud el sitio en que el templo debía ser construido. Después de ello, fueron a la casa del indígena para confirmar que Juan Bernardino efectivamente hubiera sido milagrosamente curado de su enfermedad. El testimonio del tío, según el cual la Virgen se le había mostrado también a él al momento de sanarle, nombrándose a ella misma Guadalupe, terminó de verificar el prodigio.

Este relato fue escrito en el año de 1649 por el sacerdote mexicano nativo Luis Lasso de la Vega, 118 años después de los sucesos narrados. Se ha hecho referencia al Nican Mopohua como mito no con el ánimo de entrar en el debate sobre la veracidad histórica de los hechos allí consignados, cuestión que sobrepasa los

Fig.6. Imagen original de la Virgen de Guadalupe.

Imagen obtenida de: http://es.wikipedia.org/wiki/Nuestra_Se%C3%B1ora_de_Guadalupe_(M %C3%A9xico) el día 15 de mayo de 2012.

límites de este trabajo, sino sólo por la necesidad de partir de un supuesto que permita abordar el tema de los efectos e intentar mostrar la validez de la hipótesis planteada al comienzo del capítulo en este tema de estudio. Sea o no una historia falsa o modificada la del Nican Mopohua, el culto a la Virgen de Guadalupe es un hecho consumado y el mensaje se ha filtrado a las audiencias.

Por otro lado, en el primer capítulo, al final del apartado Alonso de Montúfar y la nueva política de la imagen se expone brevemente la hipótesis que al respecto de la aparición de la imagen de Guadalupe postula Serge Gruzinski con base en sus investigaciones23. Según él, no hubo aparición y más bien unos hechos confusos fueron explotados por el arzobispo Montúfar para incitar el culto a una imagen mandad a fabricar por él mismo y que se configura, paradójicamente, como la creación de un ixiptla.

3.3. La importancia de Guadalupe en la formación de la identidad nacional

Documento similar