CAPÍTULO III MARCO TEÓRICO CONCEPTUAL
3.4. Turismo
3.4.4. Modelo cooperativo
Como parte de los mecanismos y estrategias de asociatividad, se contempla el análisis del modelo cooperativo, el cual se presenta como una alternativa altamente versátil para la consolidación de una empresa social, enfocada en la obtención de beneficios colectivos.
El movimiento cooperativo surge en Inglaterra, en el siglo XVIII, a partir de la necesidad de los trabajadores industriales por mejorar sus condiciones tanto laborales como sociales. A partir de aquí, se crea en el año 1844 la cooperativa de Rochdale, impulsando una serie de principios cooperativos que luego serían tomados por todo el movimiento como los valores orientadores del cooperativismo a escala global. (Monzón, 2003, pág. 11)
En su conferencia ofrecida en el Ateneo de Bilbao, Montalvo (1924) hace mención a diversos aspectos que definen los criterios sociales e ideológicos del cooperativismo, así como la importancia de la intervención en la producción y distribución en relación con el consumo, como elementos de emancipación, frente al dominio del mercado. Así, consideraba:
“Las cooperativas son, pues, las instituciones u organismos que contribuyen directa y eficazmente al abaratamiento de la vida y son los primeros beneficiarios de ellas las clases asalariadas, el obrero y el empleado”.
La conceptualización de las cooperativas se ha mantenido a través del tiempo, y tiene su génesis en la asociación voluntaria de las personas, en aras de satisfacer necesidades económicas, sociales y culturales de un colectivo social por medio de una empresa de propiedad conjunta; dicha definición no dista de la normativa nacional, porque el artículo Nº2 de la Ley de Asociaciones Cooperativas las define de la siguiente manera:
“Las cooperativas son asociaciones voluntarias de personas y no de capitales, con plena personalidad jurídica, de duración indefinida y de responsabilidad limitada, en las que los individuos se organizan democráticamente a fin de satisfacer sus necesidades y promover su mejoramiento económico y social, como un medio de superar su condición humana y su formación individual, y en las cuales el motivo del trabajo y de la producción, de la distribución y del consumo, es el servicio y no el lucro”. (Asamblea Legislativa, 1968)
En la actualidad las cooperativas de producción, bienes y servicios y las del sector de agricultura ampliada, que llenen los requisitos que establece la ley pueden ser clasificadas, según su modelo de gestión, como tradicionales, de autogestión o de cogestión, siendo los modelos de autogestión y cogestión los vinculantes en la presente investigación.
En lo que respecta al surgimiento de los procesos autogestionarios en Costa Rica, los mismos datan de los años setenta cuando las primeras cooperativas constituidas eran de “Producción Agrícola Comunitarias”, las cuales fueron constituidas por el (ITCO), en la actualidad Instituto de Desarrollo Rural (INDER); éstas se encuentran amparadas la Ley de Fomento Cooperativo Nº 4179, donde se definen como:
“Aquellas empresas organizadas para la producción de bienes y servicios, en las cuales los trabajadores que las integran dirigen todas sus actividades y aportan directamente su fuerza de trabajo, con el fin primordial de realizar actividades productivas y recibir, en proporción a su aporte de trabajo, beneficios de tipo económico y social. Las unidades de producción destinadas a su funcionamiento, estarán bajo el régimen de propiedad social con carácter indivisible”. (Jiménez, 2008, pág. 15)
De esta manera, se puede concluir, que el cooperativismo autogestionario se caracteriza por ser una herramienta eficaz en el desarrollo y proyección de la producción agrícola y social, basada en el fomento de fuentes de trabajo y participación de sus asociados.
Por su parte y acorde a los artículos 120-121 de la ley antes mencionada; “las cooperativas de cogestión son aquellas en las que la propiedad, la gestión y los excedentes son compartidos entre los trabajadores y los productores de materia prima, entre el estado y los trabajadores o entre los trabajadores, los productores de materia prima y el Estado. Asimismo, tienen por objetivo la producción y transformación de bienes o la prestación de servicios con la participación directa de los trabajadores y los productores de materia prima, del estado y los trabajadores o de los trabajadores, los productores de materia prima y el Estado. (Asamblea Legislativa, 1968)
Por ésta razón y ante el declive suscitado en los últimos años, aunado al surgimiento del turismo rural, las cooperativas agrarias han buscado desarrollar actividades complementarias las cuales tomando como base el “desarrollo sostenible” han potenciado la actividad turística en los entornos rurales, compuesta por una oferta que integra ocio, y dirigida a una demanda cuya motivación es el contacto con el entorno autóctono, que tiene una interrelación con la sociedad local y tiene siempre presente la preservación del medio ambiente. (Monserrat & Ciruela., 2006, pág. 17)
Partiendo de estas premisas se considera al cooperativismo y al turismo como dos actividades que, desarrolladas simultáneamente, ayudan y complementan a las existentes en el ámbito agrario, lo que permite entre otros aspectos que los productores incrementen el valor agregado de su trabajo y obtengan una renta adicional que posibilite su supervivencia y mejora, al tiempo que fomentan el desarrollo sostenible de la actividad turística. (Monserrat & Ciruela., 2006, pág. 17)
Cabe mencionar que al vincular ambas actividades, se impacta directamente el aspecto social, puesto que se produce una serie de intercambios culturales, determinados por la posibilidad de unos conflictos entre la comunidad local y los visitantes, a razón de cambios de las culturas y tradiciones locales con las de los visitantes.
En el caso de las cooperativas agrarias que desarrollan actividades de turismo rural se pueden encontrar tanto empresas de nueva creación como nuevas secciones de turismo rural dentro de las cooperativas agrarias ya existentes y consolidadas. Esta última opción tiene la ventaja comparativa de que se puede desarrollar una nueva actividad sin ejercer un gran desembolso por parte de los socios implicados.
Es importante recalcar que el turismo rural cumple un papel más importante que el puramente económico, dado que supone una fuente de revitalización social en el medio rural, de ahí la necesidad de asociarse no solo por razones de viabilidad económica sino más bien como cauce para la construcción de una “imagen de marca” del territorio que tenga en cuenta a las personas que lo habitan. (Monserrat & Ciruela., 2006, págs. 27-29)
CAPÍTULO IV - LABRANDO LA TIERRA DE UNA MANERA DIFERENTE: UNA TRAYECTORIA EVOLUTIVA DEL DESARROLLO EN COSTA RICA