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Modelo del Grupo de Memphis – Robert Niemeyer

2. ESTADO DEL ARTE

2.1. Modelo del Grupo de Memphis – Robert Niemeyer

Dentro de los lineamientos de abordaje que incluyen no solamente delimitaciones descriptivas sino que agregan e intentan dar lineamientos conceptuales sobre derivaciones en el entorno del acto suicida, se considera que los inherentes al trabajo teórico y de campo que el grupo de investigación del Departamento de Psicología de la Universidad de Memphis (USA) integrado por Neimeyer, Cerel, Maple, Aldrich, Flaherly, Moore, entre otros (2010- 2015) se acercan a la investigación iniciada en Argentina con pacientes que pasaron por suicidios cercanos (Altavilla, Urdinola, 2002-2005) y continuada como investigación (Altavilla, 2002-2017).

Estos lineamientos han acordado en vincularse con la psicoterapia constructivista que incluye conceptos como los de narrativa pasado-presente-futuro que intentan una coherencia para comprender aquello que pasa en la vida y porque pasa, y establece la comprensión como un formato de “ventanas” que permiten incluir la figura del psicólogo en la comprensión de lo que pasa en los sufrientes de una forma vivencial y no solamente instrumental (o teórica). Desde su punto de vista no habría “pensamientos disfuncionales” sino que cada persona tiene sus propios pensamientos y que constituyen un mapa de sus experiencias donde se revelan los hechos y las oportunidades o “salidas” que cada persona pueda tener para resolver sus dilemas. Así sostienen que el constructivismo es una teoría de posibilidades porque esencialmente “siempre habría posibilidades”. Esta forma de abordaje y psicoterapia está siempre atenta a las emociones, a la senda de los afectos significativos que son aquellos que sirven para saber lo que es importante en la vida. Estos trabajos dan valor a la vivencia de la situación más que a saber o teorizar información sobre la situación. Esta teoría – constructivista apoyada en la bipolaridad del constructo- fue introducida con los trabajos de George Kelly en los años 60 y planteaba algo distinto a los trabajos cognitivistas propios de esa época y que sostenía que la metodología era captar esa suma de perspectivas que cada

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persona desarrolla y que aporta el dar un sentido a las situaciones, las personas e incluso al sujeto mismo, es decir, que algo adquiere sentido en tanto se compare con otro polo de contraste. Esto enriquece los puntos de la percepción y el sentido, entonces pueden integrarse unos a otros para elegir y tomar decisiones de acción sobre el entorno. Por último, el reconocimiento del valor del universo no consciente como pre-existente o pre-reflexivo.

Si se ha avanzado en algunas de estas investigaciones en el establecimiento de subcategorías (expuestos, afectados y desamparados por suicidio), considerando al subgrupo “desamparados” el de mayor riesgo a corto y largo plazos. Pero más allá del establecimiento de las categorías no se detallan las variaciones intrapsíquicas que define a cada una de ellas en profundidad en especial porque cualquiera de las tres categorías tienen cualidades que pueden superponerse.

Otra de las diferencias con este modelo conceptual son las sugerencias al señalar el valor de establecer la creación de un registro de supervivientes.

En ese sentido la tesista considera su elaboración adecuada con parámetros correctos, pero riesgosa en su aplicación pues podría precipitar al manejo inapropiado, uso inadecuado de los datos incluidos en el registro e incluso la impericia en el proceso de relevamiento (teoría fundamentada, narrativa, fenomenológica o focalizada, etc.) Es de fundamental importancia que no haya elementos de evaluación que re-victimicen a los damnificados.

Incrementar la credibilidad y la riqueza de las conclusiones parece ser de sus mayores intereses, como también la construcción de predictores al respecto pero se considera que este valor debe contemplar necesariamente el secreto profesional y el uso adecuado de las medidas de prevención colectivas, sin descuidar el valor del “tiempo personal” de cada situación.

La mayoría de los ítems de las evaluaciones psicológicas y psicosociológicas sugeridas no parecen diferir de los incluidos en la Valoración de Autopsia Psicológica Protocolo de actuación (VAPPA) en las muertes dudosas. Esta técnica, surgida a partir de la necesidad jurídica de determinar las razones preexistentes en eventos seguidos de muerte, derivó en la elaboración de un Modelo de Autopsia Psicológica para Suicidas–MAP I, técnica pericial para definir si se trataba de un suicidio o un accidente.

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Dicha técnica, estructurada y sistematizada, reduce el margen de sesgo que los entrevistadores puedan tener a la hora de recabar información sobre el fallecido y proporciona una metodología para indagar la personalidad preexistente del occiso, los factores de riesgo previos, el tipo de vínculos interpersonales preexistentes hasta los elementos precipitantes del acto. Dado que esta información se recaba luego del suicidio entre terceras personas allegadas al suicida, facilita una aproximación no solo a la comprensión de la construcción de los factores de riesgo sino del impacto que el suicidio pudiera haber tenido en los distintos allegados, hayan sido estos integrantes de la familia nuclear como compañeros de trabajo y/o estudio, convivientes, vecinos, etc. Se incluyen en esta valoración todo el material que el fallecido hubiera dejado (cartas, notas, documentos personales, diarios) como también datos oficiales relevantes de su vida (historias clínicas, expedientes laborales y escolares, etc.)

En los inicios de su aplicación como instrumento pericial se consideró que esta herramienta pericial podía tener consecuencias indeseadas entre las personas afectadas y por ende rechazo hacia el mismo, pero pudo determinarse que los allegados mostraron disposición para el relevamiento e incluso que había sido terapéutico para muchos de ellos, dado que les permitía hablar de la situación vivida y expresar las ideas sobre el mismo.

Dicho esto se puede afirmar que la autopsia psicológica es un método que, aunque diseñado con otra finalidad, permite indagar entre las personas del entorno las razones que pudieran haber determinado el suicidio. Pero dado que se lleva a cabo con personas impactadas por un evento de alta disruptividad, requiere de pericia para no generar re- victimización y ocasionar derivaciones indeseadas.

"La Autopsia Psicológica previene conductas autolesivas. Existe una metodología para detectar qué factores de riesgo estaban presentes y caracterizan su población suicida (Kizza, Hjelmeland, Kinyanda y Knizek, 2012, pp. 95-105).

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