CAPÍTULO V: CONCLUSIONES
V. 1.2-Modelo explicativo No 2: Fase Militar
Hallazgo No1: Existe una relación de dependencia causalidad en una sola dirección entre la variable Acciones totales de guerra, entendida como política autónoma de los actores, y la variable Acciones degradantes, en la cual acciones degradantes dependen de la política autónoma, y no al contrario.
Confirma este hallazgo que la guerra no es autónoma ni la degradación es autónomas, dependen de la política y no al contrario. Que lo que se degrada no es la guerra sino la política misma, y que las acciones degradantes tienen una intencionalidad política. La dependencia de la guerra de la política confirma a Clausewitz (1988), la guerra es la tramitación de la política por otros medios, la guerra es el medio y la política el fin, con lo cual se niega una supuesta autonomía de lo militar que explicaría la degradación de la guerra; y la dependencia de la degradación de la política confirma a Foucault (1976/1991), en términos de poder de pulsión, de conveniencia militar expresado por la violencia de tipo degradante. Explica que si bien la política positiva frena la degradación, la política negativa la radicaliza. Esto niega la explicación de la degradación por cuenta de una hiper-concentración de los actores en la pura acción, como expresión de la autonomía militar (Pizarro, 1991), o por cuenta de la ilegitimidad de las acciones militares derivada de cierta autonomía militar. (Melo 1991), Confirma la interpretación el terrorismo, expresión particular de la degradación, como violencia contra la población civil con intencionalidad política. (Caplan, 2006). Este resultado desconoce, a su vez, la banalización del conflicto que hace Kalivas (2000-2004) cuando explica la violencia contra la población civil, principalmente como violencia privada, como consecuencia de las acciones oportunistas, criminales y por venganza, de los agentes privados en desarrollo de la guerra;
asimismo, su omisión del protagonismo de los actores del conflicto en la ejecución de las acciones degradantes, lo que además no es creíble por su envergadura, representa el 80% de la guerra. Asimismo, se distancia de Uribe y Vásquez (1995), en relación a la noción de la despolitización del uso de la fuerza o que se esfuma lo político, derivada del empleo de violencia de tipo degradante, según una visión de la degradación de tipo moral. Se confirma la interrelación de las fases del ciclo de degradación, en términos de corriente de poder degradante que circula de la fase política a la fase militar.
Hallazgo No2: Existe una relación directamente proporcional entre la variable Total acciones de guerra y la variable acciones degradantes. La pendiente de la recta de regresión siempre es positiva, y las propensiones varían entre cero y uno.
Se confirma la prueba la hipótesis de este modelo y la función de degradación, donde la violencia de tipo degradante es recurso militar de todos los actores del conflicto, sin discriminación de legales o ilegales, insurgentes o contrainsurgentes. La degradación constituye la prioridad en la guerra para lograr mayor poder militar o poder de contundencia, frente al poder político que adquiere un carácter de bien residual. Primero el poder militar, y superada la contingencia se busca poder político para conservar la imagen de actor del conflicto en términos de reputación y factor de descuento. Igualmente la degradación representa un tipo de tecnología política: todos los actores la prefieren, se confirma la función de degradación, la pendiente de la recta de regresión en todos los casos es positiva y es la prioridad de la guerra. Asimismo, constituye un mecanismo de la guerra, no proviene de decisiones individuales en el ámbito militar, porque no es autónoma, depende de la política, hace parte de un engranaje que trasmite decisiones políticas de otras instancias, como corrientes de poder.
Se concluye que la degradación no modifica la caracterización de los actores del conflicto como actores políticos, pero sí la calidad de las acciones de guerra con referencia a su carácter democrático, mide la capacidad democratizadora-emancipadora o represiva-criminal de sus políticas de guerra. Significa que los actores del conflicto son ajenos a una identidad esencialista 100% política o 100% criminal, sin que por ello dejen de ser políticos. Recurren a
la política positiva y también a la política negativa, a acciones de guerra por necesidad militar y también a acciones de guerra por conveniencia militar, al poder negativo de tipo prohibitivo también al poder de pulsión para construir relaciones de poder, para regular política y socialmente a la población civil, el blanco principal de sus acciones de guerra.
Este análisis complementa y mejora la caracterización teórica, y resuelve el debate internacional en torno a la disyuntiva ¿Codicia o agravio? (Actor criminal o actor político) Planteada por Collier-1998.
El hallazgo respalda el punto de vista teórico de esta investigación. Confirma parcialmente a Clausewitz 1832/2005), en relación al papel de la política frente a la violencia extrema. Clausewitz sólo entendía la política en su dimensión positiva, por lo cual creía que la política frenaba la violencia extrema. Nunca imaginó la degradación como algo real, sólo la pensó en abstracto. Confirma a Hirschleifer (1993), quien reconoce el lado luminoso y también el lado oscuro del auto-interés en la modelación de la realidad y de las sociedades. Igualmente en relación al poder de contundencia como prioridad en la guerra. Para Hirschleifer (1988-1990), lo fundamental es la eficiencia con que cada una de las partes puede transformar recursos, humanos y materiales, en éxitos en el campo de batalla, en contundencia militar, sin importar como se consiga. No obstante, Hirshleifer, en este caso tiene razón sólo en el campo de batalla, porque el propio modelo precisa que la degradación depende de la política autónoma de los actores del conflicto, que se define fuera del ámbito puramente militar.
La lógica política se manifiesta en esta fase como el uso de la violencia degradante en términos de tecnología política con el fin de lograr objetivos de poder. El modelo niega la tesis según la cual la degradación es producto de un impacto indeseado de los actores del conflicto en términos de efectos colaterales o marginales.
Hallazgo No 3: Los resultados de las regresiones muestran que la propensión marginal a consumir varía entre cero (0)y uno (1) para todos los actores del conflicto.
Se concluye que todos los actores del conflicto, sin discriminación a su carácter de legales o ilegales incurren en acciones degradantes de guerra, aunque se diferencian en su nivel de degradación o propensión a la degradación. Los resultados de las regresiones niegan de plano la perspectiva moral y subjetiva del análisis de la degradación y su correspondencia exclusiva con los actores armados ilegales, según la tesis de Paul Collier (1998), para quien es irrelevante el carácter político de la rebelión que se explica sólo por la avaricia de los rebeldes, esto es, desestima toda valoración política de la acción armada insurgente y todo lo que implica el conflicto en términos de relaciones de poder, en tanto el único interés de este autor es el resultado de la contienda.
Este hallazgo establece en qué medida un actor del conflicto utiliza políticas democráticas o criminales sólo lo define su propia propensión a la degradación, un referente objetivo. En el Catatumbo, durante el período 1998-2011, las propensiones son las siguientes: FARC (0.4973), ELN (0.4470), EPL (0.6184), FFAA (0.3186), PARAMILITARES (0.99), ACTOR DESONOCIDO (0.99). En este caso, los actores del conflicto se califican así mismo según su praxis, su mayor o menor propensión a la degradación. El referente más lógico es la media entre cero y uno, que es el rango de degradación según el modelo explicativo de la fase militar. Un valor >0.5 identifica a un actor más criminal que democrático; y un valor < 0.5 identifica a un actor más democrático que criminal, moviéndose en una dinámica de guerra que lo ubica en puntos distintos del rango de degradación en momentos y circunstancias distintas de la confrontación.
La caracterización de los actores medida desde el referente teórico resulta incompleta, no basta, y es causa de la ambigüedad que dificulta esclarecer y precisar las diferencias entre actores del conflicto y actores del crimen organizado. Sólo la degradación como perspectiva de análisis permite solucionar el problema de la ambigüedad en relación a su naturaleza política y criminal. Asimismo, esta investigación enseña que la perspectiva de la degradación ofrece un mayor poder explicativo y mayor fundamento científico que la perspectiva moral y normativa. La perspectiva moral descalifica al adversario con referentes subjetivos, la perspectiva normativa juzga desde referentes pretendidamente universales y la perspectiva política explica y mide la praxis de los actores en relación a las relaciones de poder, que es lo que define el conflicto. Además, la perspectiva política contribuye a comprender distintas formas de construcción de Estado.
Hallazgo No 4: Los actores Paramilitares y Desconocido reportan en las regresiones propensiones marginales a la degradación de aproximadamente igual a uno (1), que los diferencian de los demás actores con propensiones entre 033 y 062.
Significa que cada actor del conflicto recurre a las acciones degradantes según su conveniencia militar, y que los actores paramilitar y desconocido se especializan en este tipo de acciones de guerra, lo cual establece dudas sobre su carácter político. En términos de conveniencia militar, los resultados establecen como prioridad el aumento del nivel de contundencia o poder militar, en tanto es garantía de éxito en el campo de batalla y de un resultado de la contienda a favor de sus protagonistas. Se usa la mejor tecnología política para lograr la mayor eficacia de las acciones de guerra. Confirma en situaciones de contingencia el carácter de bien de primera necesidad de las acciones degradantes. Las propensiones a la degradación de los actores Paramilitares y Desconocido sugieren que la violencia contra la población civil es su prioridad y casi nulo su interés por sus adversarios armados, esto es, son actores que cumplen una función específica en escenarios del conflicto armado interno en el Catatumbo y tienen como su blanco casi exclusivo a la población civil. Significa de una parte que sus acciones están orientadas al logro de mayor poder de contundencia o poder militar, y de otra parte que su finalidad es el logro de objetivos estratégicos como el desplazamiento forzado y el despojo de tierras en guerras de apropiación.
Los resultados niegan la justificación del actor Paramilitar en el Catatumbo como expresión auténtica de grupos de autodefensa en tanto el blanco exclusivo de sus acciones violentas es la población civil inerme y ajena a las hostilidades. El actor desconocido se comporta de manera semejante al actor paramilitar pero con la intención manifiesta de proteger la imagen de sus protagonistas en reacción a su responsabilidad política por el carácter criminal de sus acciones. Su exclusiva dedicación a las acciones degradantes confirma la búsqueda de un mayor poder de contundencia (Hirshleifer-1988-1990) que les proporciona a los actores del conflicto este tipo de acciones. Confirma la tesis de Clausewitz, según la cual lo actores piensan en abstracto que es una aspiración inútil, incluso falsa, dejar fuera de consideración la naturaleza de un elemento por repugnancia ante su crudeza,
En esta investigación se interpreta este planteamiento de Clausewitz, no desde la perspectiva moral, sino desde el punto de vista de la necesidad militar, propia de la dinámica de la guerra en el campo de batalla, donde la prioridad es el poder militar, más que el poder político.
Una explicación es la la guerra contrainsurgente, que utiliza la violencia contra la población civil como población que se presume cómplice de la guerrilla, en términos definidos por la metáfora de la pecera, según la cual la estrategia es quitarle el agua al pez (Galula, 1963: 93). Sin embargo, la dedicación exclusiva a la violencia degradante sugiere también que su verdadero blanco no es la insurgencia sino la población civil campesina. Acorde con la necesidad de despeje territorial y despojo de tierras para la implantación de proyectos de explotación capitalista a gran escala de recursos naturales. En ese sentido se trata más de una guerra contra-campesina con intencionalidad política que de una guerra contrainsurgente. Esto sugiere una función de utilidad de las acciones de guerra bélicas y degradantes. Y remite al siguiente modelo, dela fase humanitaria.
Hallazgo No 5: Las resultados de las mediciones muestran que FFAA es el actor con menor propensión de acciones degradantes (0.32), y PARAS el actor con mayor propensión a la degradación (0.99).
Este comportamiento señala que FFAA en el período estudiado tiene una mayor propensión a las accione bélicas que a las acciones degradantes, aunque sorprende que un actor que representa la legalidad y legitimidad incurra también en estas prácticas. Por el contrario, Paramilitares tiene una propensión casi nula a las acciones bélicas y prácticamente exclusiva a las acciones degradantes. Corresponde esta diferencia a una distinta función de utilidad para acciones degradantes que para acciones bélicas; en el primer caso sugiere que la utilidad es principalmente política, y que en el segundo caso es principalmente militar. La menor propensión a la degradación del actor FFAA confirma su mayor interés como actor público en proteger su imagen en términos de factor de descuento. Desde una perspectiva política, las acciones degradantes expresan pérdida de reputación, imagen política o popularidad, dado el carácter criminal de este tipo de violencia, pero no en términos de abandono o modificación de sus preferencias, en tanto conservan una intencionalidad política, esto es, no corresponde a un problema de inconsistencia temporal.