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3. Marco Teórico

3.4 La comunicación y el conocimiento científico

3.4.2 Modelos de divulgación científica

En las siguientes líneas expondremos las ideas recopiladas por los editores Cuevas Badallo; Torres González; López-Orellana y Labrador Montero (2018) respecto de los modelos de divulgación científica.

Las actividades destinadas a transmitir al público en general el conocimiento especializado, son actividades de divulgación científica que desde sus inicios, y a lo largo de la historia de la ciencia, ha atravesado etapas de diferente índole, con mayor relevancia a partir de la segunda mitad del Siglo XX.

Estas prácticas han tomado diversas nominaciones: “popularización de la ciencia, comprensión pública de la ciencia, conocimiento público de la ciencia, alfabetismo científico, cultura científica, difusión social de la ciencia, acción cultural científica, divulgación científica, o comunicación pública de la ciencia y la tecnología” (Fayard,

2003, p.29). Estos términos pretenden “acercar” el conocimiento científico y tecnológico

producido por especialistas, en determinada disciplina, al público en general o no especializado a partir de estrategias, actores, instrumentos, formas y herramientas de comunicación.

La divulgación científica es presentada como una traducción, simplificación y distorsión de los conocimientos de los expertos, para darle al ignorante en estos temas, pequeñas raciones de conocimiento. En este contexto las únicas autoridades en materia de ciencia y lo que debe ser su divulgación serán los científicos e instituciones científicas. Ésta

perspectiva se la denomina como la “visión dominante”, a la cual Stephen Hilgartner

(1990) caracteriza como un modelo en dos etapas: “en primer lugar, los científicos desarrollan un conocimiento científico genuino; en segundo lugar, los divulgadores

transmiten al público una versión simplificada” (pp. 19- 20).

El modelo de déficit cognitivo, por otro lado, postula que el flujo de información es unidireccional de quien sabe para quién ignora. Se considera que para superar el déficit de conocimiento del público lego (receptor pasivo y homogéneo) se debe recurrir a un mediador (divulgador) que simplificará la información o conocimiento producido por un experto (científico).

De acuerdo con esto se pueden caracterizar tres modelos de divulgación, basados en los

papel del divulgador y del periodista científico, será el de transmitir conocimientos a un público, con déficit, que debe ser educado.

1. Modelo Democrático (John Durant): El público tiene por déficit una carencia cognitiva, además de una ausencia de verdadero sistema democrático deliberativo. El principal planteo de este modelo es que el ciudadano no tiene confianza en las decisiones que asumen en su nombre las instituciones gubernamentales, en lo que respecta a ciencia y tecnología ya que estas decisiones no tienen consulta ciudadana.

Las soluciones que se plantean desde esta perspectiva serán: superar procesos comunicativos de una sola vía, donde la comunidad científica está en la cúspide de la jerarquía cognitiva; e instituir redes de comunicación que faciliten el diálogo abierto para que expertos y no expertos participen sobre las decisiones importantes de las aplicaciones de ciencia y tecnología.

2. Modelo de los dos diálogos (David Dickson): El déficit principal, es que el científico no responde las preocupaciones del público. En este modelo se plantea que los científicos, al menos los que están relacionados con temas de interés público, deberían escuchar y responder al público y responder en el mismo lenguaje en el que son formuladas las preocupaciones.

3. Comprensión pública de la ciencia (Martín Bauer): En este modelo el déficit planteado es que el público, al no conocer sobre ciencia no asume el valor que

tiene. Se trata de un público “anti-ciencia” que se apoya en supersticiones o

creencias irracionales. En este planteo surge una crítica: “No necesariamente un público más informado es un público que apoye más a la ciencia” (Nelkin). Una

solución planteada en este modelo es la de lograr que el público comprenda para aprender a valorar.

De acuerdo con esto, se plantean modelos participativos en los cuales se considera al público destinatario y la participación propiamente dicha. Éstos son: Contextual o de ciencia interactiva (Durant), De dar poder (Dickson), Ciencia y Sociedad (Bauer).

El modelo contextual o de ciencia interactiva, propuesto por Durant (Alcívar, 2009) se destaca el contexto social de los destinatarios de la información científica. El autor habla de un cambio en la noción pasiva, homogénea y simple del modelo de déficit, por una

plural y compleja del público. Sostiene que la sociedad se va a involucrar e informar más, en temas y conocimientos científicos que se relacionen con sus creencias, motivaciones y expectativas concretas, que con cualquier otro mensaje científico. Al respecto, autores como Leitao y Albagli (1997) señalan que los perfiles informativos del público atienden a propósitos diferentes y pueden organizarse en tres niveles de información científica: a) práctica, referente a una cultura provista de capacidades tecno-científicas; b) cívica, en referencia a la participación ciudadana y control del devenir científico-tecnológico; c) cultural, que hace referencia al cúmulo de conocimientos científicos en tanto función cultural del saber.

El modelo de la “toma de poder” o “empoderamiento”, propuesto por Dickson, plantea

que el público debe disponer de información que implique “una completa conciencia

acerca del modo en que el conocimiento científico es producido y aplicado, de manera que pueda tomar o apoyar decisiones correctamente informadas, no decisiones basadas en las descripciones que les quieren dar aquellos que son formalmente responsables de tomar

estas decisiones” (citado en Vara, 2007, p.13).

El modelo de “ciencia y sociedad” que plantea Bauer, hace referencia a un déficit, esta

vez, presente en las instituciones científicas y en los científicos, que tienen desconocimiento, presupuestos y actitudes propias acerca de los públicos. La solución es promover la participación del público en las decisiones sobre cuestiones científico- tecnológicas. Ante la falta de políticas públicas que fomenten la consulta y participación de la ciudadanía, la sociedad debe recurrir a mecanismos que le permitan interferir en decisiones y aplicaciones en las que se ven afectados, entonces, suponemos un público racional y con saberes propios que complementan los conocimientos expertos.

Dicho esto, y retomando el concepto de divulgación científica de Calvo, podemos decir que es a través de la real y efectiva participación del público (que dispone de información y completa conciencia del modo en que el conocimiento científico es producido y aplicado), que se deben tomar las decisiones sobre la ciencia, basadas no en una acumulación de datos, sino en la posesión de conocimiento.

Éste modelo es el medio por el cual se aspira a dotar a la población de las herramientas

necesarias para que "ellos mismos construyan las soluciones a sus problemas”. Al

empoderar una comunidad se espera que luego ella misma sea capaz de mantener y sostener las metas logradas (Neüman, 2008, p.87).

Para el presente trabajo, utilizaremos el término de divulgación científica no en relación con el modelo deficitario, sino más próximo a la concepción de comunicación pública de

la ciencia, entendido como “el conjunto de actividades de comunicación que tienen

contenidos científicos divulgadores y destinados al público, utiliza técnicas de la publicidad, las relaciones públicas, la divulgación tradicional, el periodismo, y otras; y

excluye de su campo la comunicación entre especialistas” (Casaux, 2012).