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de intervención:

Ampliación

del acceso

al tratamiento

“En los años 2000 y 2001, una ONG llegó a San Agustín para realizar pruebas de Chagas, hepatitis B, sífilis y de virus de Hanta a toda la comunidad. Fue entonces cuando gran parte de la comunidad supo que tenía Chagas. La ONG se fue, y yo no tenía tratamientos que ofrecer a los que habían sido diagnosticados. La comunidad hizo varias solicitudes de tratamiento a los servicios de atención sanitaria regionales. Ellos me pidieron que les informara de dónde podrían adquirir los medicamentos. Yo tenía a pacientes que llegaban con dolores en el pecho. Entonces, una de las mujeres de nuestra comunidad falleció. Todos supimos que había sido a consecuencia del Chagas. Era frustrante el hecho de no contar con ayuda por parte del Ministerio de Salud. En 2011, MSF llegó y nos alegramos mucho al saber que finalmente contaríamos con trata- miento para muchas de las personas de nuestra comunidad.” ---

Promotor de salud, de 23 años. Comunidad de Pedro P. Peña, Chaco, Paraguay

MSF ha implementado tres modelos operacionales distintos en su trabajo en la enfermedad de Chagas, cada uno de ellos adap- tado al contexto y las necesidades de las poblaciones afectadas. Los modelos de intervención evolucionaron con el tiempo para ampliar las actividades de prevención y control a través de un programa más completo que incluyó el control vectorial, el diagnóstico y el tratamiento. Estos tres modelos, no excluyentes entre sí, y que se han utilizado a veces de forma conjunta, son el modelo integrado, el modelo comunitario y el modelo vertical.

El modelo integrado

La esencia de la estrategia integrada es que se proporcionen todos los mecanismos de diagnóstico y tratamiento en las estructuras de salud existentes. El personal, principalmente a nivel de atención primaria, debe seguir las directrices de refe- rencia adecuadas. Este modelo puede ser altamente sostenible, si se cuenta desde su puesta en marcha con la planificación adecuada y el compromiso a largo plazo del Ministerio de Salud. Esto garantiza la ejecución eficaz del proyecto y facilita un buen proceso de traspaso del programa, a su debido tiempo.

La estrategia integrada necesita pocos recursos, la mayoría de los cuales deben ser provistos por el gobierno, o por los actores regionales o comunitarios. Por el momento, debido a la ausencia de financiación, las ONG y otros actores serán los impulsores principales. Dicho esto, un programa que demuestra su per- tinencia y eficacia tendrá más oportunidades de asegurarse recursos adicionales procedentes de los programas nacionales a medida que pasa el tiempo, tal como fue el caso en la zona urba- na de Cochabamba, en Bolivia, entre los años 2007 y 2010.

El modelo comunitario

El modelo comunitario tiene el objetivo de responder a la comu- nidad por entero, más que a los casos individuales dentro de la misma, así como de establecer un programa del que se pueda res- ponsabilizar la comunidad en el futuro. Con esta estrategia, los protocolos de diagnóstico y tratamiento se simplifican y adaptan a las limitaciones que supone el trabajo en las zonas rurales. Los índices de cobertura tanto del diagnóstico como del tratamiento son más altos, pero se necesitan recursos adicionales.

En la práctica, MSF garantiza inicialmente la calidad y la continuidad de la atención mediante la proporción de un “paquete de servicios de Chagas” a la comunidad y mediante el suministro de la mayoría de los recursos humanos y los equipos que se necesitan. El centro de las operaciones debe situarse en las clínicas de atención primaria donde se encuentra el personal local y se almacenan pruebas de diagnóstico rápido (RDT) y medicamentos.

La educación y la capacitación son elementos fundamentales de esta estrategia. Los equipos llevan a cabo, desde la clínica, actividades de información, educación y comunicación (IEC) ampliamente en las comunidades. Tanto el diagnóstico como el tratamiento se realizan en las propias instalaciones de la aldea o la ciudad, lo que facilita el posterior traspaso del programa a los actores locales que pueden hacerse cargo del mismo, como ha sido el caso en el programa de la zona rural de Cochabamba, en Bolivia, desde 2008 hasta la fecha.

El modelo vertical

Con esta estrategia, los programas se establecen en paralelo a los sistemas estatales y pueden llevarse a cabo independien- temente. La idea es agilizar los procesos para que puedan implementarse iniciativas de prevención, detección de casos y tratamiento más precisas, rápidas, reactivas y menos buro- cráticas. Un equipo independiente lleva a cabo las actividades de IEC, coordina las campañas masivas para la realización de pruebas, confirma los diagnósticos y proporciona el tratamien- to. Hay poca interacción con los sistemas de salud primaria y secundaria, exceptuando las referencias a los hospitales de los casos complicados y el tratamiento de los efectos secundarios derivados del tratamiento antiparasitario.

La población objetivo se selecciona en base a criterios que pueden incluir el mayor o menor acceso a la atención sanitaria con que se cuente, o el nivel de seroprevalencia o de infestación de chinches en las zonas donde vive la población. Esta estrategia arroja altos índices de cobertura en la realización de pruebas y el tratamiento porque se propone el acceso de todos los grupos de población seleccionados en zonas geográficas determinadas. El coste es más alto y el énfasis en una acción a fondo y rápida en la realización de pruebas, diagnóstico y tratamiento del máxi- mo número de personas dentro de una población seleccionada, limita los esfuerzos de establecer la sostenibilidad del programa a largo plazo, lo que representa la desventaja más importante de esta estrategia. Un ejemplo de este modelo fue el proyecto de Tarija, en Bolivia, que se llevó a cabo de 2003 a 2006.

“Enfrentando la enfermedad de Chagas”. Actividades de incidencia ciudadana. Chaco, Paraguay, 2012.

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Pruebas de

diagnóstico rápido