I. PARTE TEÓRICA.
3. Sesgos atencionales relacionados con la ansiedad
3.3. Resultados encontrados con las tareas de sesgos atencionales en la ansiedad.
3.3.4. Modificación de sesgos atencionales en la ansiedad.
La demostración de la existencia de sesgos atencionales entre las personas con ansiedad rasgo elevada y con ansiedad clínica puede llevar a la conclusión de que los sesgos atencionales son un factor de vulnerabilidad de la ansiedad (Bar-Haim et. al., 2007; Mogg y Bradley, 2005). Por lo tanto, se podrían plantear estrategias de Modificación de Sesgos Cognitivos (MSC) para lograr la reducción de la ansiedad y de sus síntomas. Partiendo de esta premisa, algunos investigadores de la psicología
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cognitiva experimental comenzaron a proponer crear tareas de MSC desde un doble objetivo:
1) Por un lado, las tareas de MSC son un modo de manipular experimentalmente sesgos cognitivos, lo que permite observar empíricamente el papel causal de los sesgos en la ansiedad, y mejorar las formulaciones teóricas del procesamiento cognitivo en ansiedad. Muchos de los primeros estudios realizados con MSC evaluaron la relación causal entre sesgos cognitivos y síntomas mediante la inducción de sesgos cognitivos en población sana y evaluando los efectos de dichos sesgos en los síntomas de ansiedad (e.g., Mathews y Mackintosh, 2000). De este modo, al demostrarse empíricamente que en las personas sin ansiedad clínica o subclínica (personas con niveles medios de ansiedad rasgo) se pueden generar respuestas de mayor ansiedad bajo una condición de inducción de sesgos cognitivos, que en controles similares bajo otra condición sin esa inducción de sesgos, se establece una relación causal entre los sesgos cognitivos y la ansiedad.
2) Por otro lado, y siguiendo la argumentación planteada en el punto 1, desde una perspectiva aplicada, algunos autores se han planteado que si existe una relación causal entre la aparición de sesgos cognitivos y la ansiedad, se podrían plantear intervenciones terapéuticas basadas precisamente en la modificación de los sesgos cogntivos. Se han encontrado resultados a favor de esta posibilidad, y se ha observado que la reducción de sesgos negativos o bien la inducción de sesgos positivos en poblaciones clínicas reduce los síntomas de ansiedad (e.g., Papageorgiou y Wells, 2000; Wells, White y Carter, 1997), aunque todavía con un tamaño del efecto moderado (Hakamata et al., 2010). Estos datos han hecho que se considere a los programas de MSC como una nueva terapia prometedora (Bar-Haim, 2010).
A medida que se conoce cómo se producen los sesgos cognitivos, se emplea la misma lógica que los sustenta en el entorno « natural », para replicarlo en un contexto controlado « artificial ». Por ejemplo, si se deseara entrenar en un sesgo atencional preferencial hacia la información negativa a una persona, se le aplicaría una condición experimental donde se presentaran con mayor probabilidad ensayos donde se emparejen
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estímulos negativos con un target determinado al que el individuo debe atender, de tal manera que implícitamente fuera desarrollando el sesgo negativo deseado.
Las MSC se parecen superficialmente a otras estrategias cognitivas de rehabilitación, pero son más específicas, porque trabajan sobre un sesgo cognitivo determinado, normalmente de modo implícito, y en momentos iniciales del procesamiento de la información (Koster, Fox y MacLeod, 2009). De alguna manera, son una nueva variante de la terapia cognitivo-conductual, y muchos de los estudios actuales están tratando de integrar estas técnicas de MSC en la terapia cognitivo- conductual de uso habitual, porque además, al ser tareas computerizadas, permiten optimizar recursos y trabajar no presencialmente, de modo on line (MacLeod, Koster y Fox, 2009). La diferencia entre los MSC y la terapia cognitivo-conductual radica en que el objetivo terapéutico de las primeras son sesgos específicos de tipo cognitivo, mientras que la terapia cognitivo-conductual incluye más elementos, como son las técnicas de desactivación fisiológica, la reestructuración cognitiva, o la resolución de problemas.
Los resultados de la MSC han sido prometedores, equiparables a los de terapias más tradicionales para el tratamiento de la ansiedad, de tipo psicoterapéutico y psicofarmacológico (Bar-Haim, 2010). Como indican Hirsch, Hayes y Mathews (2009), la mayoría de tareas de MSC se han aplicado en poblaciones clínicas y no clínicas con ansiedad, pero se pueden emplear en otros trastornos, como son la depresión, el trastornos de la conducta alimentaria, o la adicción al alcohol. También parecen recomendables en personas con poco acceso a las terapias más tradicionales, por cuestiones de tiempo, de recursos económicos, o por falta de introspección suficiente o deseo de realizar una terapia (Hakamata et al., 2010).
Respecto de los resultados obtenidos hasta ahora con tareas de Modificación de Sesgos Cognitivos en Atención (MSCA), se ha demostrado que se pueden inducir sesgos atencionales de tipo negativo, es decir, de preferencia de la información amenazante, en población sin ansiedad y que estas personas refieran manifestar más ansiedad ante una serie de situaciones presentadas posteriormente, mientras que en una condición control (con personas sin ansiedad a los que no se les hayan inducido sesgos atencionales) no se observa este efecto de aumentar su ansiedad (e.g., Amir et al., 2008; Bar-Haim, Morag y Glickman, 2011; Hakamata et al., 2010). Estos resultados parecen
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implicar la existencia de alguna relación entre los sesgos atencionales y la respuesta emocional de ansiedad.
Hakamata et al. (2010) realizaron un meta-análisis con todos aquellos estudios de entrenamiento en sesgos atencionales realizados entre 1995 y 2010 que incluyeran un grupo control, cuyo objetivo fuera la reducción de la ansiedad, y que emplearan al menos dos medidas de ansiedad. Seleccionaron, de acuerdo con estos criterios, un total de 10 estudios, con 467 participantes. Sus resultados indicaron mayores reducciones de ansiedad en la muestra entrenada que en la control, con un tamaño del efecto medio (d= 0,61, p < 0,001). Este efecto no estaba mediado por la edad o el sexo de los participantes. Otras características sí influían. Por ejemplo, el tamaño del efecto era mayor en el caso de aquellas tareas que empleaban estímulos verbales (d= 1,29, p < 0,001) frente a los que empleaban estímulos visuales como expresiones faciales con distintas emociones (d= 0,37, p < 0,001). Hakamata et al. también encontraron que el número de sesiones influía en los resultados del entrenamiento en sesgos atencionales (a mayor número de ensayos, más probabilidad de conseguir reducciones de ansiedad).
Si bien se han demostrado efectos de las MSCA en este meta-análisis, el tamaño del efecto respecto de la reducción de la ansiedad era menor que el de intervenciones psicofarmacológicas y con terapia cognitivo- conductual, circunstancia no sorprendente teniendo en cuenta su foco de acción limitado sobre sesgos cognitivos específicos, y el carácter implícito de las tareas que emplea, lo que limita el efecto de otros factores que en un contexto clínico aparecen, como son las expectativas del sujeto, o el efecto que produce la presencia de un terapeuta. Además de lo anterior, los estudios de este meta- análisis emplearon muestras de personas con ansiedad no clínica, lo que dificulta una comparación con los estudios que emplean muestras clínicas. Este estudio también concluyó que el alcance de los métodos de MSCA actuales en la reducción de síntomas de ansiedad es limitado, dejando este tema pendiente de investigaciones futuras.
Van Bockstaele et al. (2011) plantearon una serie de aspectos a tener en cuenta antes de saber si estos métodos son efectivos para la reducción de trastornos de ansiedad específicos, como por ejemplo las fobias. Una de las limitaciones de los programas de MSCA desarrollados hasta el momento es que han empleado exclusivamente medidas autoinformadas, lo que condiciona las conclusiones que se pueden obtener, al registrarse
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por tanto solamente respuestas verbales, pero no medidas fisiológicas o conductuales de la respuesta de miedo o ansiedad. Partiendo de estas limitaciones, Van Bockstaele et al. (2011) realizaron una tarea de inducción de sesgos atencionales hacia arañas (con dos condiciones, una con inducción de sesgos preferenciales dirigido hacia las arañas y en la otra, dirigiendo la atención hacia otros estímulos que no fueran arañas). La particularidad de este estudio es que es el primero en el que, además de medidas autoinformadas, se emplearon medidas fisiológicas y conductuales del miedo asociado. Van Bockstaele y colaboradores demostraron que el procedimiento de inducción era exitoso, consiguiendo desarrollar sesgos atencionales hacia las arañas y en dirección opuesta en cada una de las condiciones, pero no se observaba que se produjeran cambios en las otras medidas de miedo aplicadas.
3.4. Conclusiones de los estudios sobre sesgos atencionales relacionados con la