A lo largo de nuestro análisis, hemos logrado advertir algunos rasgos que configuran la especificidad de los monólogos dramáticos de Borges. En este apartado nos proponemos presentarlos a manera de síntesis conclusiva.
En primer lugar, se debe señalar que en el contexto de una relativa homogeneidad de estilo en el empleo de la estrategia del monólogo dramático hay una variación formal central que caracterizamos como progresivo adelgazamiento de la ironía explícita: la atribución apócrifa que prolonga el juego de las referencias se atenúa hasta desaparecer y el lector ya no es inducido a preguntarse sobre la veracidad de tal o cual fragmento, sino que asume plenamente que las voces que se expresan en los poemas son máscaras y que ellas exponen perspectivas diversas acerca de un puñado de temas como la identidad, el paso y el sentimiento del tiempo, la poesía, el destino.
Asimismo, el carácter fragmentario que es el propio de la forma es asumido en las composiciones borgeanas como forma de construir un sentido del carácter provisorio, anónimo y frágil de la existencia personal. Su remisión al arquetipo, por un lado exhibe una especie de identidad básica de los conflictos y sentimientos humanos, cuya vigencia se pone de relieve a través de la composición; por otro lado, actualiza el símbolo abstracto encarnándolo en una expresión concreta, lo humaniza, lo saca del plano de lo literario perimido y le confiere un tipo de existencia tan real como la de los hombres concretos. El plus borgeano consiste en poner en cuestión nuestra presunta realidad.
Los monólogos dramáticos, entendidos como poesía de la experiencia, asumen el carácter de la experiencia de la poesía, notablemente en el conjunto conformado por los que se vinculan al arte o a la literatura. Constituyen una exploración, un tanteo, una interrogación; en ocasiones la afirmación de un destino puesto en boca de poetas y creadores o de sus personajes. Ese destino tiene algo de dramático, aparece signado por la carencia. La intensidad es inherente al dramatismo; lo mismo que la perspectiva interior. Y en efecto, lo que en ellos se nos ofrece es esa perspectiva interior, a través de la modulación de la voz poética atribuida al personaje que dice algo de sí, algo personal. Por esto lo hemos entendido como un correlato subjetivo, porque en ellos están inscriptos, mediados por la máscara, los temas, las reflexiones, las perplejidades y emociones del autor. Así, una de las
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maneras en que cobra cuerpo la inflexión “intelectual” que Borges considera propia de su poesía es justamente el empleo de la mediación de la persona. Este recurso le permite además ensayar el estilo de los poetas y literaturas que convoca: la materia épica, los tonos del lirismo árabe, la retórica barroca constituyen ejemplos de ello.
En tal sentido, se apropia del lenguaje de la tradición con plena conciencia de que el poema es un artificio, un producto estético. Esta asunción no implica en modo alguno un juicio sobre su verdad. Un postulado tan claramente anti-romántico tampoco atenta contra la validez ni la importancia de la poesía (o, más ampliamente, de la creación literaria), sino que se esfuerza por colocarla en otro eje de coordenadas, en el cual la validez no se mide con arreglo a parámetros absolutos. La empresa desmitificadora de Borges (de la “Verdad”, de la identidad, de las escuela literarias) no se encamina a una negación, sino a un cuestionamiento. Esto es, a poner en duda, a mostrar las paradojas, las inconsistencias y también la plausibilidad. Su actitud parece más bien inclinarse a creer que el mundo de la cultura, ese mundo de símbolos, es un mundo creado por los hombres. Si se destruyera, volvería a crearse, tal como cree Omar, la persona del poema de Historia de la noche que destruirá la biblioteca de Alejandría (“Alejandría, 641 A.D.”)38
, porque es obra humana y los hombres sienten y se asombran.
Y sin embargo, Borges nunca afirma. Las contundentes aseveraciones de sus
38 La idea parece haberse forjado al calor de las lecturas de Emerson. En el trabajo de Rosatto y Álvarez,
Borges, Libros y lecturas, los autores en la entrada 113 (p.115), correspondiente al libro de Dillaway,
Newton, Prophets of America: Emerson and the problem of To-day (1936), establecen la similitud entre un
pasaje del ensayo “Nathaniel Hawthorne” de Borges y otro de Dillaway refiriéndose a Emerson que Borges ha subrayado y anotado. Se trata del concepto de “oversoul” que Borges anota también como “World-
mensoul”. El pasaje de Dillaway dice: “…Nature, literature, history are only subjective phenomena”. Rosatto
y Álvarez lo comparan con el siguiente de Borges: “En efecto, si el mundo es el sueño de Alquien, si hay Alquien que ahora está soñándonos y que sueña la historia del universo como es doctrina de la escuela idealista, la aniquilación de las religiones y de las artes, el incendio general de la biblioteca, no importa mucho más que la destrucción de los muebles de un sueño. La mente que una vez los soñó, volverá a soñarlos; mientras la mente siga soñando nada se habrá perdido (…) Esa misma intuición de que el universo es una proyección de nuestra alma y de que la historia universal está en cada hombre, hizo escribir a Emerson el poema History.”. Más contundente resulta la información de la entrada 135 (p.131) correspondiente al libro
de Emerson Essays: First and Second Series (edición de 1907), que consigna una nota manuscrita de Borges
que dice “That one person wrote all the books”, sentencia que pertenece a Emerson (p. 328 de la edición leída
por Borges) y que reaparece traducida, según Rosatto y Alvarez en la reseña “Howard Haydcraft: Murderfor
Pleasure, Peter Davies, London, 1942” aparecida en Sur, N° 107 de 1943: «“Diríase que una sola persona ha
redactado cuantos libros hay en el mundo; tal unidad central hay en ellos que es innegable que son obra de un
solo caballero omnisciente”(Emerson: Essays, second series)». Los autores demuestran cómo el argumento se
recrea y enriquece en “La flor de Coleridge”. Aquí, en este poema, el argumento es llevado a su extremo trágico.
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poemas, están puestas en boca de otros: podrían o no reflejar sus convicciones. No necesariamente lo hacen en todos los casos. Esto constituye otra manera de relativizar una posición. Tal el núcleo inconmovible presente en toda su obra. Su poesía y su prosa tiene un carácter reflexivo, pero su originalidad no depende de la novedad de las ideas, que provienen de la literatura filosófica, sino de la articulación de algunas de esas ideas entre sí cobrando cuerpo de ensayo, cuento fantástico o poesía.
En síntesis, dos decisivos aportes al caudal de la literatura en lengua española y al campo particular de la poesía argentina: en primer lugar, una relectura del material cultural de la tradición y sobre todo del material literario, desde la óptica crítica mayormente edificada con el aporte de la literatura en lengua inglesa en la línea de sus escritores clásicos y metafísicos. Borges se aparta del neoclasicismo intelectual al situar en la emoción la génesis de la reflexión, tal como podemos observar en los monólogos dramáticos analizados, una modalidad poética de origen post-romántico, apta en el tratamiento borgeano para dar forma a la emoción e intensificarla, pero a partir de la experiencia de otro, de ese otro que es también, en ocasiones, él mismo.
En segundo lugar, inaugura una actitud inquisitiva, no comprometida con verdades a priori, que se verifica en su trayectoria como poeta en el rechazo a quedar encerrado en los postulados de las escuelas, de las corrientes, de los “ismos”. La revisión que realiza de su propia obra de juventud, la voluntad de no reeditar sus primeros libros de ensayos, considerados como errores, el empleo tanto de formas métricas tradicionales como del versolibrismo, que, por otro lado, es la forma privilegiada de sus monólogos, da cuenta no sólo de un pensamiento complejo que intentó sutilizar sus argumentos, sino también del grado de apropiación de las herramientas expresivas, consideradas justamente como tales a los fines de la creación del poema como objeto estético.
Esta vocación por la poesía creemos que debe entenderse en estos mesurados términos: un objeto que no abre la puerta hacia ningún otro mundo suprasensible, sino que condensa aspectos de la experiencia vital e intelectual de su autor.
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CAPÍTULO TERCERO
MONÓLOGOS DRAMÁTICOS Y OTROS JUEGOS ALEGÓRICOS EN LA POESÍA DE ALBERTO GIRRI
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