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MONSTRUOS DIFICULTADES PARA CAMINAR ERGUIDO Cadmo busca a su

In document Eidelstein, La Etica Del Psicoanalisis (página 40-44)

hermana Europa, raptada por Zeus

Cadmo mata al dragon Los espartanos se

exterminan mutuamente

Labdaco (padre de Layo) = cojo

Edipo mata a su padre Layo

Layo (padre de Edipo) = torcido

Edipo inmola a la Esfinge

Edipo = "pie-hinchado" Edipo se casa con

Yocasta, su madre Etíocles mata a su hermano Polinices Antigona entierra a Polinices, su hermano, violando la prohibición

punto, en el de pescar una repetición subjetiva. No pueden pescar una repetición subjetiva, sólo pueden trabajar con repeticiones de combinatoria. Pueden reconocer en una serie dada de ceros y unos, módulos de tres ceros consecutivos, pero eso no es interpretar un texto. Con lo cual, en la estructura de un mitema se produce la necesidad de que sea interpretado.

Bueno, paso al otro mitema: “Relaciones de Parentesco Subestimadas”. Los espartanos se exterminan mutuamente. Los “espartoi” son hombres crecidos de la tierra a partir de dientes de dragón arrojados sobre la tierra. Una versión dice que Cadmo tira en el medio una piedra y, ellos entre sí se matan. ¿Qué carajo de relaciones de parentesco subestimadas hay aquí? Un dragón que cuida un manantial, Cadmo lo mata y le arranca los dientes, que luego planta y a partir de eso nacen los “espartoi”... ¿Por qué habría allí relaciones de parentesco subestimadas? Bueno, los “espartoi” son como hermanos, vienen del mismo lugar, salieron todos de la misma boca, son todos de la misma generación de dientes de dragón. Cualquiera de nosotros que hubiésemos nacido “espartoi”, ¿no nos habríamos considerado hermanos? Entonces, se está aplicando una interpretación común y coloquial de la estructura subjetiva, que es la de considerarlos como hermanos. Luego, “Edipo mata a su padre Layo” y “Etíocles mata a su hermano Polinices”. Si escribiéramos en la primera columna un positivo y en la otra un negativo, diríamos que hay una atracción excesiva por miembros de una misma familia, y en este último caso habría algo así como una repulsión. Vinculados al amor, los primeros; y al amor, los segundos.

Mitema C): “Cadmo mata al dragón”, “Edipo inmola a la esfinge”. Si no les queda claro, vayan al diccionario y verán que la esfinge es un tipo particular de monstruo. Nosotros no solemos decir que es un monstruo. Y el último mitema, “Dificultad para caminar erguido”, es Lábdaco –padre de Layo– que en etimología parecería significar “cojo”; Layo –padre de Edipo–, en cierta etimología quiere decir “torcido”; y Edipo, “el de los pies hinchados”. Con cual, observen ustedes que un elemento adviene como tal, tan sólo cuando éste se repite la suficiente cantidad de veces como para que advenga como elemento. No se trata de que esté repetido una cantidad de veces en el texto dicho de una persona. De manera tal que, cuando nosotros trabajamos un elemento en la historia de un caso, esa historia se teje entre dos; porque si no, no existe como texto. [Ejemplificación con un caso clínico]. Ahora bien, ese texto adviene cuando yo me meto con él. Si yo no me meto con él, ese texto no adviene. La ética que estoy proponiendo construir es una ética en la que hay que erradicar la noción de individuo. La subjetividad – que nada tiene que ver con las personas– adviene entre. Y la forma de advenir entre, radica en la repetición. La única forma de establecerlo es en la repetición. Es por eso que la ética con la que vamos a trabajar es una ética de la repetición. Con lo cual, vamos a plantear cuál es la repetición en juego y cuál es la posición que se asume frente a ella. Si no planteamos la posición frente a la repetición, estamos en el nihilismo. Supongan que un paciente dice: “Yo, frente a eso, me mataría”. ¿Qué diría un lacaniano típico? “Y bué, él frente a eso se mataría”... ¿Cuál es la posición ética que estoy proponiendo? Hay una Verleugnung de una repetición. Pero no una desmentida tal como la entiende Freud –no quisiera hoy entrar en eso–, sino una desmentida tal como la entiende Lacan. Según la propone Lacan, para darles una fórmula abreviada, la desmentida se da cuando un sujeto desconoce su propia condición subjetiva. Entonces, cuando alguien dice “Yo, frente a eso, me mataría”, la ética que yo propongo es: “Dígame a mí, repetición de qué es esto de lo que se trata”.

Bien, pasemos a Antígona. Propongo que establezcamos las condiciones de particularidad de una ética así, sobre una práctica de interpretación que, en este caso, sería pura interpretación dado que nada hay de transferencia – transferencia de Antígona hacia nosotros no hay en absoluto. Sería como una mera interpretación de un puro texto, donde pongamos a trabajar esta ética. La primera cuestión es que si ponemos a trabajar esta ética, se nos desvanece Antígona porque lo que deberíamos hacer es estudiar una inversión de éstas [referencia al esquema de la repetición, en la pizarra]. Con lo cual, de hacerlo, lo que deberíamos hacer es estudiar los Labdácidas.

Lamentablemente, hoy olvidé el libro... Pero hay tres pasajes en que Sófocles dice “Hija desgraciada de un padre desgraciado”. Para la próxima reunión, traeré las citas en que el mismo Sófocles indica con claridad, y en varios lugares, que no existe Antígona. Yo les propongo que el análisis de Hegel y el análisis de Lacan sobre Antígona están radical y profundamente fallidos, porque creen que existe Antígona como una entidad individual. Y, entonces, se preguntan por el brillo de Antígona. Y Antígona no tiene ningún brillo. Es como si yo tomase una cinta, le pegase cuatro semitorsiones y les planteara algo respecto de la condición individual de sólo un sector de la cinta. Se dan cuenta de que es una estupidez, ¿no? Además, tampoco me interesaría tanto hacerlo, porque yo necesitaría saber si esa cinta –en su conjunto– es o no moebiana en su estructura, haciendo una suma de todas las semitorsiones. Con lo cual, lo que yo les planteo es que vamos a tener que hacer un análisis de Antígona, esto es, vamos a estudiar a los Labdácidas. No hay otra forma de hacerlo. Y el brillo es la torsión que se aplica en torno al significante “Antígona”, de toda la estructura de los Labdácidas.

Para terminar, una cosa que a mí me parece que es un chiste: Edipo –que se llama “el de los pies hinchados”, que debía tener los pies como dos mazacotes– se para delante de la Esfinge y ésta le pregunta –a él, al ‘chabón’ de las

‘patas’ reventadas–: “¿Cuál es el animal que cuando nace tiene cuatro patas, luego dos y, por último, tres?”. ¡¡¡Lo está ‘cargando’ mal!!! ¡Le está preguntando al ‘chabón’ que tiene las ‘patas’ así! ¡Al ‘chabón que cuando llega, todo el mundo dice: “¡Che, ahí viene el de las patas!”!... ¡Es un chiste! Les advierto que si leen Antígona desde la propuesta que les hago, encontrarán al menos sesenta o setenta repeticiones fulgurantes...

[Cambio de cinta]

... repeticiones, si ustedes aceptan tomarlas así. ¿Entienden? Que una cosa y su torcimiento es la repetición de esa cosa. Es así, si aceptan trabajar con una lógica significante.

LIC. FERNANDO RODRÍGUEZ: Otra versión etimológica aceptada acerca del nombre “Edipo” es “el que sabe acerca

de los pies”.

A.E.: ¿Ven que es una ‘joda’? ¿Ven que es un chiste? ¿Se imaginan la escena? Una primera cuestión que no sé cómo atravesó las edades, porque nosotros tenemos ya como seis generaciones de psicoanalistas: ¿por qué el oráculo es negativo? Como nuestra misma condición subjetiva es la de vivir eternamente en una ‘nube de pedos’, no nos damos cuenta de ciertas cosas. ¿Si ustedes tuvieran que hacer una de esas películas de Walt Disney, cómo representarían, cómo dibujarían a Layo y a Yocasta? Sean sinceros conmigo. ¿Cómo los harían? Yo los haría jóvenes, atléticos y divinos. ¿Qué tipo de reyes se imaginan que eran? Como unos reyes divinos. Entonces, ¿por qué ese horrible oráculo? La cuestión ética que yo les propongo es no considerar que Layo sea un individuo. No existe tal individuo. Es sólo una torsión de una historia. Y, como es una torsión de una historia, corresponde la pregunta ética de qué se está torciendo en esa historia para que advenga un suceso así. Ese suceso es un oráculo terrible: “tendrás un hijo que te asesinará”. ¡Es terrible! ¿Por qué eso?

«Crisipo era hijo de Pélope y de la ninfa Axíoque. Cuando el tebano Layo, desterrado por Zeto y Anfión, se refugió en la corte de Pélope, donde acogido hospitalariamente, enamoróse del joven Crisipo y lo raptó. Pélope maldijo entonces solemnemente a Layo y este fue el origen de la maldición de los Labdácidas. Crisipo se suicidó de vergüenza».

Ésta es espectacular, pero hay una mejor. Ésta nos permitiría armar mejor el mitema.

«Layo, hijo de Lábdaco –rey de Tebas–, y bisnieto de Cadmo. Layo es el padre de Edipo. Habiendo muerto Lábdaco cuando Layo era aún muy joven, Lico, hermano de Niceto, se hizo cargo de la regencia. Después, Lico fue muerto por Zeto y Anfión que vengaban a su madre Antíope y se apoderaron del reino de Tebas. Layo huyó y buscó refugio junto a Pélope, donde se enamoró del joven Crisipo, hijo de Pélope, inventando así –por lo menos lo creen algunos– el amor contra-natura».

¡Está espectacular! A veces, los textos explotan. No dice “el amor homosexual” sino “contra-natura”. No dice “homosexual”. Porque diciendo “contra-natura” perfectamente nos deja leer también el incesto, que es un amor contra-natura. Quiere decir que Layo está puesto en una posición que ya determina la posición de Edipo porque es por un pecado de Layo que Edipo paga lo que le sucede como oráculo. Si ustedes buscasen como hacen todos los psicoanalistas –¡y los lacanianos!–, ese palo con clavos que te meten por el ‘orto’ que se llama “responsabilidad”... Hay que cambiar la ética porque la ética que tenemos no es nada más que hacerse cargo del superyo del sujeto y repetirle: “¡¿Por qué has hecho lo que has hecho?!”... El psicoanalista cree que ya con eso justifica los honorarios... Lacan lo dice respecto de la experiencia analítica misma. No se le puede decir a un sujeto “¿por qué has hecho lo que has hecho?” respecto de lo que ha hecho en análisis. Y por eso todo el escándalo que Lacan hace con el acting-out, que es que no hay acto que el sujeto haga –en el sentido de los sujetos que obstaculizaban el análisis por sus actuaciones– que no sea consecuencia de la posición del analista y dirigido al analista. ¿Ven que arma otra ética? Con lo cual, para entender a Edipo, necesariamente tenemos que salir de la estupidez de suponer que Edipo es una entidad. No existen esas entidades. Las entidades son haces de relaciones que tiene que repetirse. Que Edipo ‘se coja’ a su madre –es una relación– necesariamente hay que entenderlo como repetición de otro haz de relaciones que hay que interpretar. Porque no esperan que las cosas les vengan regaladas, mediante la expectativa de que eso esté escrito con exactamente los mismos términos. ¿Y por qué eso implica una ética, dado que no sólo por la forma de interpretar un texto se arma una ética? Porque nosotros nos vamos a brindar, en el vínculo con el paciente, para hacer una nueva repetición de éstas. Por eso es una posición ética, y por eso está la

ética del psicoanalista. Y por eso Lacan desarrolló lo que Freud jamás pudo entrever –y ningún psicoanalista concibió–, que es el deseo del psicoanalista. El deseo del psicoanalista entra en juego porque la posición del analista implica una ética que tiene que ser homogénea a la ética mediante la cual concebimos la subjetividad. Y, como la subjetividad es una relación repetida, el psicoanalista ¿qué dice? “Venga, vamos. Hagamos nosotros la relación y repitámosla una vez más”. Y, eso, para invertir la posición. Con lo cual, la ética que se arma es una ética particular pero que implica el rechazo radical de toda la concepción occidental sobre la existencia de individuos. Hay cuerpos, pero no hay individuos. Al menos, así es para el psicoanálisis. Sólo hay sujetos. Y los sujetos tienen estructuras de haces de relaciones repetidas. El psicoanalista lo concibe así, y su ética es ofertarse a participar. Entiendan que el silencio y el corte en tanto que “¡Dejamos aquí!”, invalidan toda posibilidad de efectivizar, de realizar esta ética. Hay que jugarla: si te toca “padre”, tendrás que hacer de padre; y si te toca “hijo”, tendrás que hacer de hijo. Pero hay que jugarla. Es la diferencia con la filosofía, es la diferencia con Cuasnicu. La diferencia con Cuasnicu es que él habla del nihilismo pero eso no le hace asumir ninguna posición –no existe el “deseo del filósofo”. ¿Y por qué no hay deseo del filósofo? Porque el filósofo, en su actividad, no tiene una posición ética. Aquellos que estuvieron presentes en la exposición de Ricardo Cuasnicu, vieron que hice todo lo suficiente para que eso se note. Vieron que, cuando terminó, le pregunté delante de todos ustedes: ¿podría decirme algo acerca la posición nazi de Jünger y de Heidegger? “¡Ah, qué sé yo! Yo, de eso, tanto no sé”... ¡Estaba hablando del nihilismo, en donde todo no vale nada! Murieron seis millones de personas, ¡eso es nihilismo ‘al por mayor’! ¿Cuántos mató Stalin? ¿Veinte millones? ¿Veinticinco millones? ¿Veintisiete millones de conciudadanos? ¡Eso es nihilismo practicado!

Ahora bien, en el filósofo no hay posición ética, justamente, porque él no asume posición al respecto. El psicoanalista que trabaja con su paciente –que tiene “represión”, “resistencia”, “desmentida”, etc.–, tampoco. El único que es verdadero analista es el que la juega en la escena, aportando la posibilidad de participar de una relación que genere, en la escena, la posibilidad de producir una inversión más en ese sistema de relaciones. Y es claro que tiene que ser una relación artificial. La posición del analista debe ser de tal manera que para él quede claro que se trata de una posición artificial. Y esto arma una ética y una posición del analista absolutamente distintas: no existe el paciente y no existo yo. “Tú” y “Yo” son ficciones discursivas; y lo único verdaderamente consistente como estructura de sujeto, es tomar esta relación como repetida. Si no la tomamos como repetida, no hay forma de trabajar. Entienden, entonces, por qué acentúo tanto el valor de la historia. La historia es el plafond sobre el que estableceremos las repeticiones, con estructura de mito. Y, “con estructura de mito” quiero decir lo que hace Claude Lévi-Strauss. Con lo cual, desde la próxima reunión leeremos Antígona y, lo que yo les propongo es tratar de establecer esto [referencia al esquema de la torsión moebiana de la pizarra]. Hablar de Antígona no existe. Es Antígona-Eteocles, Antígona-Polinices, etc. Si no, no existe. Y hacerlo dentro de un sistema de repeticiones, ya que si no vemos el sistema de repeticiones de eso, no se puede establecer nada. A partir del establecimiento de ese esquema es que podemos hablar de valor. Así es como recuperamos los valores. Ésos son nuestros valores. Ahí se tensa la estructura sobre la cual se puede escribir nuestros valores. Es la única posibilidad que queda de escribir valores. No crean que en Estados Unidos hay más valores que acá –tienen mejor ‘aceitado’ que vas ‘en cana’. En Estados Unidos, ¡todos se quieren ‘coger’ a las pasantes! ¡Y también roban ‘guita’! No se confundan, no crean que allá tienen valores. Tienen mejor aceitado el sistema de ir ‘en cana’. El problema, aquí, es que nadie va ‘en cana’, no es que haya menos valores. ¡Pero este país es tan raro, que hasta Menem está ‘en cana’..! ¡No ven que es increíble! ¡Menem está ‘en cana’ cuando nadie está ‘en cana’ en este país!

Bueno, lo que les propongo para la próxima reunión es leer, al menos, Edipo Rey, Edipo en Colona y Antígona, para así tener toda la saga. Y verán que tendrán que cambiar el orden con que Sófocles la escribió, porque no respeta la estructura del mito. Tienen un mes para hacerlo, pero si no les da el tiempo, al menos lean Antígona de la edición de Gredos. Vamos a leerlo como un caso, buscando el sistema de repeticiones. No vamos a buscar ningún atributo personal –si Antígona tenía o no huevos, es decir, si tenía o no un “deseo decidido”, etc.–, sino el sistema de repeticiones. Y otra cosa muy complicada es esa lectura que dice que su hermano era, para ella, el objeto a... Ni siquiera eso vamos a poder decir. No va a existir la función de valor puro de algo para alguien. Desaparece completamente, como así también desaparece “pulsión” en el sentido de “él, por el culo, y ella, por la boca”... ¿Entienden por qué? Porque desaparecen “Él” y “Ella”. En todo caso, si se trata de X e Y, habrá que estudiar dentro de qué sistema de relaciones fundamentales están; es decir, si es “madre”, “padre”, “hermano”, “huérfano”, etc.

Muchas gracias, nos vemos en la próxima reunión.

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