1.3 LA ESCUELA Y LA EDUCACIÓN EN VALORES
1.3.4 La moral y los valores vistos por los niños y adolescentes
La moral vista por los niños y adolescentes es un tema bastante complejo, ya que el razonamiento ético empieza a temprana edad y poco a poco se va consolidando, incorporándose a sus características de personalidad. Por otro lado, la dificultad de abordar la temática moral en la niñez y la adolescencia radica también en que intervienen múltiples factores sociales, económicos, familiares, sumado al hecho que cada niño asume de distinta manera el tema de los valores.
En base a sus experiencias de vida y vivencias, el niño va construyendo una representación de los distintos aspectos de la sociedad en que vive. Este proceso reviste particular interés en los años escolares en los que la ampliación de perspectivas brindadas por el desarrollo intelectual, emocional y social, junto al acceso de las distintas realidades institucionales, genera condiciones para conocer, interrogarse y teorizar acerca de las normas, valores e ideales propuestos por la cultura. Es decir, que cada niño realiza un activo y complejo proceso de construcción en el conocimiento de su entorno social. (Pizzo, p.16)
En el caso de la niñez, desde temprana edad el infante empieza su proceso de aprendizaje y de alguna u otra manera, también el de los valores, pues estos son resultado del clima que se le brinda y contactos afectivos, especialmente con el de su madre y demás familiares.
Las distintas emociones aparecen progresivamente a lo largo del desarrollo psicológico del niño y constituyen el vínculo entre los sentimientos, el carácter y los impulsos morales. La mayoría de las señales de casi todas las emociones básicas están presentes en la infancia. La capacidad de responder emocionalmente está presente en el recién nacido, como parte del proceso de desarrollo, y no necesita ser aprendida. Entre los seis y nueve meses de edad todas las emociones infantiles básicas se diferencian y distinguen entre sí. Antes de que el niño cumpla un año, son reconocibles expresiones emocionales semejantes a los estados emocionales de los adultos A esta edad, las expresiones emocionales están bien organizadas y por tanto, son capaces de decirnos mucho sobre el estado interno del bebé. Parece que existe “una cierta programación evolutiva” aprendida en virtud de la cual los bebés adquieren la capacidad para desplegar emociones específicas relacionadas con los acontecimientos que les rodean. (González, 2002, p. 5)
Hay que recordar que los valores son principios aprendidos del entorno, jugando un papel muy importante el ejemplo y seguridad que sean capaces de transmitir los adultos mayores.
Desde la edad de un año pueden detectarse en los niños conductas utilizadas intencionadamente para conseguir algo de los demás. La primera de estas estrategias suele ser el llanto, y su desarrollo próximo consiste en pedir o proponer directamente lo que se pretende, ésta es una de las estrategias más utilizadas por los niños frente a sus padres. Con sus compañeros, los niños tienen sobre estrategias de relación para conseguir un objetivo. Así, desde los seis años, la mayoría de los niños llega a darse cuenta de la necesidad de dar algo a cambio, y más tarde considerar la perspectiva del otro para llevar a cabo estas negociaciones. (Bosh, 2008, p. 29)
El niño necesita experimentar el afecto de sus padres, es el modo de adquirir su autoestima y la seguridad necesaria que le permita alcanzar su autonomía personal. Dar al niño el afecto que necesita no significa ser excesivamente tolerante con él ni sobreprotegerle. El niño puede sentirse querido a pesar de que se le reprenda cuando es necesario, si nota que esto se hace
con cariño y rigidez a la vez. Es importante premiar los logros, esfuerzos y conductas correctas que el niño va realizando, reforzando de este modo conductas que se van a mantener a la larga y sancionar aquellas que pueden ser nocivas para su desarrollo psicológico y social. (González, 2002, p. 2)
En el caso de los adolescentes, la mayoría no dan la suficiente apertura al tema de los valores eludiéndolos por completo. Ellos buscan centrarse en su propio mundo hecho a su medida, vivir ciertos valores con los que ellos se sientan más cómodos y a su manera, escapando de la realidad. Para esto, buscan asociarse con otros jóvenes que tengan sus misma óptica con respecto a este tema, llegando hasta una huida de las realidades que se suscitan a su alrededor.
La vocación de quienes se adhieren a una de estas culturas juveniles es, sobre todo, la de ser distinguidos en aquel espacio público que adoptan como propio por medio de un uso intensivo y vehemente. Expulsados o todavía no admitidos en las instituciones primarias, insatisfechos en su no-papel, flotando en zonas estructuralmente de nadie, encuentran en el espacio público el paradigma mismo de su situación de incertidumbre, de su liminalidad. En unas calles en que todo el mundo es nadie en concreto o cualquiera en general, ensayan sus primeros éxitos contra la ambigüedad estructural que les afecta. Ya que no han podido encontrar aún su lugar en el sistema de parentesco, ni en el campo profesional; en la medida en que no han dado tampoco con una organización solvente de la realidad en unas grandes ideas políticas o religiosas cada vez más desprestigiadas; en tanto que esperan ser admitidos en el futuro que paradójicamente ellos vienen a representar, y en tanto el lugar que han dejado en la infancia es ya irrecuperable, procuran ser en los espacios abiertos de la vida urbana lo que la vida social todavía no les deja ser:alguien.(Delgado, 2005, p.357)
Es conocido también, que los adolescentes no son ajenos a problemas, vicisitudes, preocupaciones personales o familiares, que como toda persona debe enfrentar en el curso de su vida, y no son pocos los casos en que su estado de madurez no les permite asumirlos y enfrentarlos, agudizando más esta actitud de huida de la realidad que se mencionó anteriormente.