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Morfología y etapas del ejército de la Monarquía Católica:

5 EL EJÉRCITO EN LA EDAD MODERNA: EVOLUCIÓN MILITAR

95 ARCÓN DOMÍNGUEZ, 1993.:

5.2 Morfología y etapas del ejército de la Monarquía Católica:

De todas las exposiciones que hemos leído, la más clarificadora encontramos que es la de Martínez Ruiz en su libro Los soldados del rey. Por ello dividimos la implantación del nuevo modelo en tres fases: la primera vendría marcada por el origen que seria los

97 PARKER, 2002.: 52 98 MARTÍNEZ RUIZ. 2008: 44 99 Op.Cit.: 46 100 ARCÓN DOMÍNGUEZ, 1993.: 355- 356

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Reyes Católicos con su guerra de Granada e Italia; la segunda, la configuración, coincide con Carlos V donde se hacieron distintas ordenanzas y se empieza a usar el famoso sistema de Tercios y por último a modo de conclusión la consolidación, donde vemos como en la guerra de los Ochenta años esta el sistema implantado y empieza un estancamiento que no se empezó a solucionar hasta la Guerra de los Treinta Años y culminando en el siglo XVIII.

I. Origen

El origen lo encontramos en los Reyes Católicos. Su reinado empieza con una guerra de sucesión –por parte de Isabel- que responde a los parámetros de la guerra medieval. El cambio se produjo en la guerra de Granada y sobre todo en las italianas. Muchos autores han venido a llamarlos “laboratorios”. Es curioso como en la historiografía especializada en este tema, se ignora completamente la aportación española. A Carlos VIII se le tiene como un hito en cuanto a la modernización del ejército –como ya hemos comentado- pero se la ha prestado poca atención a su contrincante: el Gran Capitán.

La guerra de Granada101 (1482 – 1492) se ha considerado el punto de inflexión, la antesala de la renovación militar en nuestro país, en ella se juntan elementos medievales como la llamada de las huestes y mesnadas que se conjugan con los nuevos elementos, tales como la reunificación del ejército bajo el mando del rey, una planificación antes de la campaña o el empleo exhaustivo de la artillería.

Se decide emprender la conquista de Granada ya que el imperio Otomano había avanzado mucho en su expansión y se temía que este territorio se convirtiera en cabeza de puente debido a los lazos religiosos. La nobleza y el clero apoyaron sin reservas la campaña, los primeros porque intuyeron que lo que se preparaba era iba más allá de una simple escaramuza y los segundos ofrecieron el apoyo moral en la lucha contra el infiel. La campaña intentó afectar lo menos posible al ritmo agrario

101 Sobre la guerra de Granada podemos acudir a relatos de la época como el de Diego Hurtado de

Mendoza con su La guerra de Granada. Pero si queremos bibliografía actual, tenemos títulos como: LADERO QUESADA,M. Las guerras de Granada en el siglo XV. Barcelona, Ariel, 2002; PÉREZ, J., Isabel y

Fernando. Los Reyes Católicos. Madrid, Nerea, 1988 y PRESCOTT,W. The Art of War in Spain. The conquest of Granada (1482 – 1492). London, Greenhill Books, 1995.

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andaluz, pero algunas se alargaron poniendo a prueba el sistema para mantener en campaña un ejército al que se le sumaron combatientes extranjeros, se dice que aquí, Fernando vio las ventajas de un ejército permanente.

Pero el ejército que actuó en esta campaña era todavía muy heterogéneo: encontramos un núcleo formado por la caballería pesada, estos hombres aportaban peones a su servicio que podían ser caballería pesada como ellos o un nuevo tipo de tropas que empezaba a despuntar: la caballería ligera. Montaban a la jineta102 y portaban armamento ligero. Junto a estos tenemos los vasallos del rey que gracias a la inclusión de un acostamiento o sueldo que se les pagaba, pudieron ofrecer una milicia casi profesional por todo el territorio pero de carácter temporal. Una parte importante de las fuerzas vendrían dadas por la Santa Hermandad103, esta organización fue creada en las cortes de Madrigal en 1476 unificando distintas Hermandades existentes previamente y cuya función era unificar fuerzas para el control de herejes y malhechores, actuaban como una especie de policía.

Esta organización mandaba, además de caballería, a infantes especializados tales como alabarderos, lanceros y espingarderos cuyo servicio era por ochenta días ampliables si la situación lo requería. Encontramos así mismo contingentes señoriales y milicias concejiles al puro estilo medieval. Incluimos la gran novedad, como son las fuerzas artilleras organizadas como fuerzas autónomas. Según el testimonio del cura de los Palacios los Reyes tendrían 180 piezas de tamaño grande y mediando así como cinco fábricas de pólvora y cañones.104 Otra innovación, y no de tropas, se constata con la creación por parte de Isabel de un hospital con físicos, cirujanos, medicinas y ropas con las que atender a los heridos.105

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Montar a la jineta se refiera a ir escasamente armado. La jineta era una lanza corta y su portador iba generalmente poco protegido. Su origen esta en tropas norteafricanas contratadas por los reyes de Al- Andalus, de ahí que en algunos documentos aparezca llamado “montar a lo moro”. De lanza jineta es de donde proviene nuestra palabra jinete.

103 Bibliografía al respecto: OLIVIERA SERRANO, César. “La Santa Hermandad” en VV.AA. Los reinos

hispánicos ante la Edad Moderna. Vol. I, Estado Mayor del ejército, 1992., Sotto y Montes, J. Núm. 14

(1963).

104 MARTÍNEZ RUIZ, 2008.: 55 105

Para ampliar la cuestión, podemos acudir a: VELAMAZÁN DÍAZ, V. “La sanidad militar en los siglos XV y XVI” en VV.AA. La organización militar en los siglos XV y XVI. Málaga, Cátedra General Castaños, 1993.: 67 – 73 y ROLDÁN GONZÁLEZ, E. “De la farmacia medieval a la medicina castrense” en VV.AA. La

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Observamos un aumento significativo en las tropas, pues llegaron a tener movilizados unos 60.000 hombres y en la última campaña, la del cerco de la capital, se llegó a los 80.000, lo que supone un 25% más de tropas que en campañas anteriores y el doble de lo que tenía el rey de Francia por esas fechas. Aunque estas fechas no deben llevarnos a engaño, pues entre campaña y campaña solo se mantenían reclutadas un número reducido de tropas. De tal forma, en 1485 había en Castilla 11.000 efectivos de caballería y 25.000 de infantería; ampliándose en 1489 a 13.000 y 40.000. Aunque para la correcta valoración hemos de pensar que Castilla desde Alfonso X había tenido muy en cuenta tener las tropas de frontera prestas para cualquier rápida intervención, tal es así que el capítulo XXII de las Partidas se dedica a ello. 106

Si bien como hemos dicho esta guerra preludia los cambios que se iban a producir hasta 1493, los reyes no abordan decididamente la reforma. Que los planes de reforma fueran más lentos en España no quiere decir que no hubiera progresos más o menos rápidos. Los católicos monarcas se dieron cuenta de que su rival tarde o pronto iba a ser Francia y, como sabemos, en el terreno político empezaron una política matrimonial para intentar el aislamiento de la misma. Pues bien, en el terreno militar también supieron que sus métodos eran infructuosos si querían alcanzar la victoria en el futuro conflicto contra ella. De manera que los trabajos de organización y las experiencias italianas desembocaran en la gran ordenanza de 1503 que plantó la semilla para el ejército permanente y fue el embrión de los Tercios. Pero antes de llegar a ella, debemos comentar los pasos intermedios que dieron posible su promulgación.

El primer paso se dio con la creación de las Guardias de Castilla que se pusieron en marcha el 2 de julio de 1493, sustituyendo a las guardas reales. Éstas eran caballería pesada reclutada y pagada por el rey, este nuevo cuerpo estaría compuesto por 25 capitanías de 100 plazas -2.500 hombres en total- y cuatro quintas partes eran caballería con dos caballos cada uno, armadura completa y lanza de arandela. La otra parte esta compuesta por lanzas jinetas. Se reglamentaron mediante una instrucción en 1494 donde se regula el sueldo de los capitanes, la recepción del equipo y la prestación del servicio. Esta es una de las muchas leyes que se harían a partir de ahora,

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como vemos todo se va reglamentando y tecnificando. Además de esto, habría reservas organizadas de caballería. Siendo una parte de las ciudades y la otra aristócrata. Como vemos aun hay un predominio notable del arma de caballería. Las guerras de Italia actuaran a este respecto.

Como bien adivinaron, el conflicto contra Francia llegó, la lucha por las posesiones italianas llegó en 1493 donde un joven Carlos VIII reclama sus derechos en contra de los aragoneses. Es posible que Carlos VIII se presentara en Nápoles escudándose al tratado de Barcelona (1493) donde nuestra monarquía recuperaba el Rosellón y Cerdaña a cambio de no ayudar a ningún enemigo de Francia a excepción del Papa. Pero se daba el caso de que Nápoles era feudo papal, así que entraba dentro de la excepción.

Tras diversos avatares –como la formación de la Santa Liga o la incomprensible salida del rey galo de Nápoles- se decide mandar a Gonzalo Fernández de Córdoba al mando de un ejército mientras simultáneamente se reorganizan en 1495 las guardas de Castilla. Encontramos que el ejército que se manda a Italia consta de un 88% de infantería. Hubo otras reformas este mismo año como la que afecta a la Hermandad donde se insta a que los combatientes se presentasen con sus propias armas, así como se daba orden a fábricas de que fabricasen las necesarias a precios asequibles.

En 1496 ve la luz una nueva ordenanza que regulaba la organización, también se legislaba sobre la concesión de licencias parciales y totales. Contadores y veedores llevarían un libro de contabilidad; para la caballería habría un fondo especial para ayudar a reponer el equipo y se fijaron normas para las sanciones disciplinarias. Este mismo año se hizo un censo para saber de que tropas se contaba y salió una cifra de 83.333 infantes y 2.000 caballeros107 a los que se les pagaría solo cuando se les alistase pues ya hemos visto que el equipamiento correrá por su cuenta.

Los dos años siguientes serán también de vital importancia pues en 1497 se adoptará la pica y la formación en tercios especializados. Ésta división sería en un tercio con lanzas como los Alemanes- hace referencia a los lansquenetes, es decir, piqueros- , otro de disparo –todavía dividido en armas de fuego y ballestas, que estarán a punto

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de desaparecer- y un último tercio de rodeleros108. Quatrefages opina que de esta división es de donde nacerá posteriormente la denominación de Tercios como unidad de combate.109

Al año siguiente se decide suprimir la Hermandad acabando con el ideal de usarla como germen del ejército permanente, pues las directrices como estamos viendo transcurrían por otros derroteros.

Con la muerte de Carlos VIII se da en 1500 un nuevo tratado –el de Granada- donde las dos potencias se dividían el territorio italiano. Esto no era más que una paz armada pues las hostilidades volvieron, siendo destacable que se empezaron a usar contingentes a la suiza –esto es, con picas aceradas y en formación cerrada- mientras los espingarderos acosaban antes del choque frontal. Pero aun así las guerras de Italia las podemos situar en un limbo donde conviven algunas realidades de lo visto en la evolución militar – perdida de importancia de la caballería, cuestionamiento de los sistemas de fortificación- con los viejos usos medievales como la relación de los generales bajo los preceptos de la caballería o duelos personales como el sucedido en Trani (1502-1503) donde once caballeros de cada bando se enfrentaron en un palenque improvisado bajo la atenta mirada de espectadores.110

 La ordenanza de 1503

Dejando atrás todos estos cambios que supusieron un avance hacia la eclosión de las nuevas formas de combatir y concebir el ejército, encontramos la ordenanza de 1503. En enero de este año se llamaba a filas demandando hombres que se encuadrasen bajo el modelo suizo. Desde este momento se consideró a las tropas por especialidad – armas de fuego, armas de choque y armas de tiro- y aparecer en los libros de contabilidad la palabra ynfante (sic): había nacido la infantería. Se ha dicho que esta ley significó la culminación de la reforma militar emprendida diez años atrás.

Legislaba sobre todos los aspectos militares. Los primeros artículos iban sobre la administración, en ellos se establecía a unos contadores mayores que tenían a su

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Soldados armados con escudo y espada que serán prontamente eliminados a favor de las picas.

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QUATREFAGES, 1996.: 102. Aunque no es el único autor que lo piensa, pues la misma teoría la encontramos en MARTÍNEZ RUIZ, 2008.:834 – 841.

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servicio dos contadores a sueldo y apuntaban en libros distintos las cuentas sobre la infantería y la caballería. Además se llevaba el registro de todos los hombres alistado y un sinfín de datos sobre las compañías. Es decir, reforzaba la ordenanza de 1496 pero además la ampliaba, pues establecía los alojamientos de las tropas en casas particulares (llegando al arreglo con los dueños, pero siempre dos terceras partes debían ser para el posesor de la casa). No pudiendo pasar mas de dos meses en el mismo lugar y dejando un intervalo de ocho para volver. Los soldados no podían blasfemar, renegar y era lesa majestad los atentados contra el Estado, el amancebamiento y la bigamia. Además los contadores de las compañías se cambiarían cada tres meses para evitar acomodos.

Ésta ordenanza esta a caballo entre dos épocas, pues aunque incorpora arcaísmos inevitables, hemos de pensar que estamos en una monarquía que también los tiene. Además se empezó a vivir una dualidad, pues con la conquista de Nápoles se empezó una política exterior muy activa, mientras que los organismos de defensa interior irían quedando relegados.

La reforma no había acabado y es que en 1504 según nos dice Quatrefages se crearía la verdadera infantería de ordenanza.111 Al principio eran apenas capitanes sin tropas a su mando, pero a la muerte de Isabel y con la empresa africana despuntando se hicieron todos los esfuerzos posibles por que el proyecto saliera adelante. En 1509 con la toma de Orán aparecen las coronelías112 que no son otra cosa sino agrupaciones de capitanías en torno a 2.000 hombres. Pese a la importancia de la ordenanza de 1503, hubo disposiciones después.

Un memorial sin fecha pero que tiene algunos elementos que permiten establecerlo alrededor de 1511113 establecen el precedente de un nuevo tipo de reclutamiento –en posteriores epígrafes se tratara esta cuestión- y es que una persona recorra ciudades, villas con una patente real en busca de infantes.

El epílogo a este nacimiento del nuevo ejército, estuvo en la muerte de Fernando en 1516 y la regencia de Cisneros. En 1517 daba a muchos capitanes licencia para salir de

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QUATREFAGES, 1996.:229-230

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Para ampliar, recomiendo la lectura del breve artículo de ARIAS MARCO, 1993.: 217 – 221.

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la corte ya que se necesitaba que toda la infantería disponible fuera entrenada según la ordenanza.

II. Configuración

En el periodo de configuración, que básicamente coincide con el reinado de Carlos V, veremos como es una etapa llena de guerras, numerosos frentes abiertos y muy pocos periodos de paz confirieron una importancia enorme al ejército.

Como fruto de estas hostilidades, en especial con Francia, se redactó la Ordenanza de 1525. Antes de ver la misma es importante ver como en un memorial sin fechar, se proponía una reforma.

En primer lugar se reforman las guardas, que para ese entonces constaban de 1.600 infantes y 1.000 jinetes, pasando a tener el mismo número de infantes que de jinetes, es decir se quedarían en 2.000 hombres en total. Se establecía su organización, armamento y cadena de mando. El segundo punto hablaba de las pagas, concretamente en la limpieza de las mismas, nombrando para tal empresa a un pagador honrado. Estas reformas y este control, en definitiva lo que se busca es ahorrar y parece ser que el emperador llegó a ahorrar 12.140 ducados114

El tiempo fue pasando y en 1525 encontramos la victoria de Carlos V contra Francisco I en Pavía. Cuarenta días después se publicó la ordenanza a la que nos hemos referido al principio. Lo primero que observamos es que el preámbulo, a diferencia de las ordenanzas anteriores, es muy corto y sin solemnidad alguna. Realmente en él, el rey se dirigía al contador mayor para comunicarle una nueva reglamentación para gestionar las guardias. En esta ordenanza se regularizaban situaciones que solo se daban de hecho. Se menciona a los estradiotes115, tan frecuentes en las guerras exteriores. Aparece, aunque existía hace muchos años, la figura del veedor general. La organización de las licencias se reformaba profundamente, más que retirar la obligación de residencia permanente se concedían cuatro meses de permiso en periodos de dos meses. Que la residencia con la tropa se hiciera efectiva lo controlaría

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MARTÍNEZ RUIZ, 2008.: 91

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el veedor general y se convirtió en condición indispensable para recibir la paga. Muchísimos otros artículos hacían referencia a los pagos, pero podemos resumir en que todos ellos buscaban una mejor gestión de recursos y evitar fraudes. Lo que podemos extrapolar a que el estado empezaba a achacar falta de recursos debido a los tres grandes frentes abiertos: franceses, protestantes y turcos. Otras referencias legislaban a los capitanes de infantería – que aparecen por primera vez citados, con el ánimo de regularizar muchas situaciones que se daban de hecho- donde se fijaba su tiempo de residencia y permisos.

Un signo que nos indica la inexorable marcha de un Estado que quiere centralizar lo más posible sus recursos, la encontramos en que se impuso a todas las tropas movilizadas unos mandos designados por el rey, acabando así con los mandos locales. Así como quitaba autonomía a las guardas con el nombramiento de un receptor de multas real.116

En nuestro repaso por la implantación del nuevo modelo de ejército, nuestro siguiente paso es 1535. Este año marca el máximo apogeo militar del emperador, en especial la ocupación de Milán. El francés como venia siendo habitual en las últimas décadas preparaba una nueva invasión. Por este hecho se había mantenido un núcleo de veteranos españoles en Nápoles y después en al norte de los estados de la Iglesia en el marco de la Santa Liga. Pues bien, ante la inminente invasión de Francia esos efectivos fueron reforzados. Las necesidades de su mantenimiento excedieron la capacidad del reino de Nápoles, así que se impuso la adopción de nuevas medidas: nos referimos a la orden de Génova de 1536.

Se trata de una orden en la que se definía a todas las tropas estacionadas en Italia. Resulta que desde que estas fuerzas se estacionaron en Italia, se habían convertido poco a poco en el embrión de un ejército hispano formado por elementos de todos los territorios en los que era gobernante Carlos V. Como en la mayoría de los textos presentados hasta ahora, los primeros artículos se refieren a la inspección, el control y la tesorería. A las personas encargadas de esto, se les ordenaba obediencia al capitán

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que comandaba en nombre del rey las tropas. Pero lo realmente importante de esta orden y por lo que ha pasado a la historia es el siguiente párrafo:

“La infantería española del tercio de Nápoles y Sicilia que reside en el dicho nuestro ejército, está pagada hasta el fin del mes de septiembre próximo pasado de este presente año, y la del tercio de Lombardía hasta mediado del

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