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Moverse sin ser visto en el océano a plena luz del día.

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La Fuerza de Defensa Israelí invadió en el noveno ensayo y no encontró re- sistencia real gracias a la desensibilización planeada. Además, con el éxito devastador de los SA-6 contra los aviones israelíes en la guerra de 1973, los sirios supusieron que los israelíes considerarían demasiado arriesgado un ataque contra posiciones de SAM. La primera fase del ataque, el engaño, involucraba la simulación ante los sistemas de radar sirios. Los sobrevuelos iniciales de drones (aviones no tripulados) reverificaron la ubicación de las instalaciones de SAM, sus frecuencias de radar y también estimularon a los radares a emitir. La lenta velocidad de los drones probablemente no agre- gó nada en el monto de desinterés mostrado durante el año anterior. Los drones señuelo se asemejan estrechamente a la velocidad y apariencia de los aviones de ataque cuando son vistos en una pantalla de radar.

La dirección del ataque ubicó al sol vespertino directamente detrás de los drones entrantes, degradando los sistemas de guía óptica sirios en los SAM. Esto forzó a una mayor confianza en sus radares e incrementó su vulnerabilidad a los misiles antirradiación. Los sirios mordieron el anzuelo como se esperaba, mostrando una pobre discriminación de blancos y dis- ciplina de fuego.

Carlos Martín Pérez

Lanzaron la mayoría de sus misiles Superficie-Aire contra los drones entran- tes. Cuando los sensores de Medidas de Apoyo Electrónico confirmaron que los radares sirios estaban completamente activados y las baterías de misiles Superficie-Aire (SAM) estaban en su primer ciclo de recarga, se inició la próxima fase del ataque. La segunda fase integraba muchas actividades de hostigamiento extremo y un esfuerzo de supresión. El fuego de artillería, con su puntería ajustada por las figuras de TV de los drones, ahora hostiga- ba a los operadores de Misiles Superficie Aire (SAM).

La fase final destruyó las piezas restantes de las instalaciones de misiles su- perficie aire sirios en el Valle de Bekaa. El resultado fue que de 19 baterías sirias –SAM 2, 3 y 6 de fabricación soviética desplegadas en el Líbano– 14 fueron destruidas y 4 más fueron dañadas. La fuerza aérea siria, carente de su apoyo terrestre, perdió 29 aviones MIG en un día, sin ninguna baja israelí.

Cumplimiento de la Estrategia 2

En la Segunda Guerra Mundial, en el Pacifico, el ataque japonés contra Port Moresby y las islas Salomón constituía solo una fase dentro de una amplia ofensiva estratégica.

La captura de Midway y la ocupación de las Aleutianas occidentales pre- tendían ser la segunda fase de la misma, que debía extender el períme- tro defensivo de Japón y forzar a la Flota norteamericana del Pacífico, al mando del almirante Nimitz, a entablar un encuentro decisivo con la Flota Combinada de Yamamoto. Este último, que conocía la enorme capacidad industrial de los Estados Unidos, creía firmemente, que si Japón no lograba anular en 1.942 a la flota norteamericana, perdería la guerra.

Durante los meses de abril y mayo de 1.942, la operación fue preparada en el secreto más absoluto. La base del éxito en Midway sería la sorpresa. Los japoneses desconocían que el Servicio Criptográfico estadounidense había descubierto las claves niponas y descifraba los mensajes enemigos que lo- graban interceptar.

Hacia el 20 de mayo de 1.942, el servicio de información de Nimitz tenía su- ficientes datos para deducir que los japoneses planeaban, para fin de mes, una operación cuyo objetivo era la ocupación de una isla que designaban con el indicativo «AF».

Para salir de dudas, el jefe de Información, que suponía que la isla «AF» po- dría ser el atolón de Midway, ideó la siguiente estratagema: envió al jefe de

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la base de Midway un mensaje claro en que le comunicaba el envío urgente de una destiladora.

Al día siguiente se descifró un texto radiado japonés en el que se informa- ba que en la isla «AF» no había agua dulce. Era evidente que el ataque se efectuaría contra Midway. Se había golpeado la hierba (falsa información) y se logró asustar a la serpiente (confirmar la isla).

Hay seis formas de escoger y probar a las personas para ejercer el mando: enriquecerlos y observar si se refrenan de la mala conducta para probar su humanidad. Ennoblecerlos y ver si se contienen de la altanería, para probar su sentido de justicia. Darles responsabilidades para ver si se contienen del comportamiento despótico, para probar su lealtad. Tentarlos para probar su confianza. Ponerlos en peligro y ver si no se asustan, para probar su va- lor. Abrumarlos y ver si permanecen incansables, para probar como abor- dan estratégicamente los problemas.

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STRATEGIA

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L

EVANTAR UN CADÁVER DE ENTRE LOS MUERTOS

Significa no utilizar lo que todo el mundo utiliza, sino servirse de lo que nadie se sirve. Hacer revivir algo que ha caído en desuso por descuido o dejadez. Encontrar utilidades a cosas que habían sido hasta entonces igno- radas o consideradas inútiles.

Cumplimiento de la Estrategia 1

El relato usado más a menudo para ilustrar esta estratagema es la historia de Xiang Liang, quien reconquistó su tierra natal Chu de las garras del Im- perio Qin. Xiang Liang, aspiró a convertirse en rey dado que ningún here- dero del rey de Chu había sobrevivido a la toma del estado por parte del Imperio Qin. Por desgracia, había decenas de hombres que aspiraban a lo mismo.

Así, Xiang Liang consultó a un sabio para diseñar una estrategia que le permitiera mantener el control de Chu. El sabio le dijo que encontrara un descendiente directo del anterior rey de Chu. Aunque no gobernaría Chu directamente, podía ejercer influencia sobre el nuevo rey. Esto, asimismo, invocaría el espíritu del fallecido rey de Chu, encendería el patriotismo y le ganaría a Xiang Liang un amplio apoyo entre los habitantes de Chu por haber descubierto a un verdadero heredero de su amado rey muerto. De manera que Xiang Liang se lanzó a una exhaustiva búsqueda y descu- brió a un nieto directo del anterior rey: un pobre pastor. El pastor accedió a volverse rey y adoptó el nombre de su abuelo. La coronación del pas- tor marcó un momento de inflexión para Xiang Liang y el estado de Chu. Encendió el fuego de la rebelión de Chu contra el Imperio Qin y ayudó a Xiang Liang a convertirse en líder de esa rebelión, que finalmente terminó con el Imperio Qin.

Cumplimiento de la Estrategia 2

Don Rodrigo Díaz de Vivar, conocido como el Cid Campeador, fue de las po- cas personas, si no es que la única conocida, que ganó una batalla decisiva después de muerto.

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Se dice que el término “Cid” o “Sidi” es el que utilizaban los moros para señalarlo y quiere o quería decir “Señor”, por quien tuvieron gran respeto por los triunfos obtenidos durante distintas batallas, siendo la última en la que participara con vida en la de la defensa de la ciudad de Valencia, en donde falleció en 1099.

Se afirma que ya fallecido y habiéndose corrido el rumor entre las tropas, no solo españolas sino, sobre todo en las moras, que el Cid había dejado de existir, sobrevino una gran preocupación entre los españoles, toda vez que los moros no solo podrían recuperar Valencia sino nuevamente toda España. Por tal motivo, a alguien se le ocurrió que, a la mañana siguiente a su fallecimiento, ante el acuerdo de un grupo muy reducido de caballeros de absoluta confianza y con la anuencia de Doña Jimena, esposa del Cid, se le montó y afianzó en su corcel para que encabezara la salida del castillo y enfrentara a los moros.

A galope, pues, salió Don Rodrigo, escoltado por un par de caballeros de confianza y seguidos por todos los demás elementos del ejército. Los moros, al reconocer que quien encabezaba a los guerreros era el Cid Campeador, huyeron despavoridos ya que, se supone, pensaron que había resucitado y fue así como Don Rodrigo Díaz de Vivar ganó la batalla decisiva por y para España estando ya muerto.

Cumplimiento de la Estrategia 3

En la batalla de Pavía (Italia), el 24 de febrero de 1525, en la que luchó el ejército español contra el francés, se encontraba sitiado el primero por los galos. Después de la llegada de los refuerzos españoles, los ejércitos esta- ban equilibrados numéricamente, unos veinticinco mil hombres por cada bando, pero los franceses superaban a los españoles en caballería y artille- ría. El jefe francés, con sus tropas resguardadas por la muralla del parque, dejaba pasar los días sin mover un dedo. Sabía que las arcas del enemigo estaban casi exhaustas y esperaba que su ejército se disolviera por falta de pagas. Además los sitiados no tardarían en rendirse por hambre.

En efecto. A los quince días comenzaron a escasear los víveres en el ejército imperial español y algunos oficiales aconsejaron a Pescara que se retirara hacia Milán. Pescara, jefe de las fuerzas españolas, tan excelente psicólo- go como general, hizo nuevamente de la necesidad virtud y se ganó a sus hambrientas tropas con la siguiente arenga: “Hijos míos, todo el poder del emperador no basta para darnos mañana un solo pan. ¿Sabéis el único si- tio donde podemos encontrarlo en abundancia? En el campamento de los franceses que allí veis.” No era lerdo el de Pescara. Desde que acampó ante

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Pavía no pasó día en que no fingiera un ataque nocturno contra los france- ses. De este modo los acostumbró a las falsas alarmas y se aseguró que los cogería desprevenidos cuando desencadenase el ataque verdadero. Es una argucia de guerra muy antigua que suele dar resultado. Volvemos otra vez a la estrategia 2, Moverse sin ser visto en el océano a plena luz del día. El 23 de febrero, los españoles salieron a dar la batalla definitiva. Pescara envió dos compañías de encamisados a abrir una brecha en el muro del parque que protegía a los franceses. Los encamisados, así llamados por- que llevaban las camisas blancas encima de las armaduras, como camuflaje para la nieve. También era uniforme de guerra nocturna que les permitía reconocerse de noche. Los encamisados abrieron tres brechas por las que al amanecer se coló Pescara al frente de los imperiales. Los españoles avan- zaban en formación, sus escuadrones de piqueros flanqueados por la ca- ballería. En el campo francés los caballeros se prepararon para el combate en sus relucientes armaduras. Las instrucciones eran no dejar a un español con vida. Pescara formó su columna y arremetió contra la línea francesa en ángulo agudo, siguiendo el orden oblicuo que tan buen resultado dio al griego Epaminondas en la clásica batalla de Mantinea. Durante el siglo siguiente todos los ejércitos de Europa, y especialmente el de Federico el Grande, adoptarían el orden oblicuo. Consiste en chocar contra el enemi- go no de frente sino formando un ángulo agudo de modo que se trabe el combate en un único punto, dejando el resto de la tropa retrasado. Así se consigue fijar al enemigo sobre el terreno y evitar que refuerce el punto atacado, donde se hace la mayor presión.

En resumen, lo que hizo el general español fue el resucitar una táctica de probados resultados históricos, en un momento en el que nadie la recorda- ba. Así logró la sorpresa. El resto, ya es historia: derrota total de los france- ses y su rey capturado y prisionero.

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STRATEGIA

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A

TRAER AL TIGRE FUERA DE LAS MONTAÑAS

Es mejor hacer salir al enemigo para luchar que adentrarse en territorio pe- ligroso y desconocido para combatirle. Hay que sacarle de su entorno para hacerlo más vulnerable al ataque. Un paso más de esta estrategia es hacer entrar al tigre en las montañas propias o atacar la guarida del tigre cuando hemos logrado hacer que salga.

Cumplimiento de la Estrategia 1

Si haces que los adversarios vengan a ti para combatir, su fuerza estará siempre vacía. Si no sales a combatir, tu fuerza estará siempre llena. Este es el arte de vaciar a los demás y de llenarte a ti mismo.

El Arte de la Guerra. SUN TZU

A finales de 1930, 12 divisiones del Kuomintang bajo el mando de Lu Ti- P´ing (gobernador y comandante a cargo de la campaña de cerco y aniqui- lamiento) se lanzaron contra las bases de apoyo. Mao Tse Tung y el Ejército Rojo elaboraron un plan para derrotar esa fuerza de 100.000 soldados. No los atacaron cerca de Tungku y Futien porque el Kuomintang tenía gru- pos antibolcheviques en esas ciudades cuya labor era organizar a las masas contra el Ejército Rojo e infiltrarlo. Esperaron a que se dieran condiciones más favorables, pues la fuerza principal del Kuomintang (las divisiones 18 y 50) estaban ingresando a la zona de Lungkang-Yuantou, donde las fuerzas del Ejército Rojo estaban concentradas (unos 40.000 combatientes, pero solo 25.000 tenían armas). Era un bastión de apoyo popular y el ejército revolucionario contaba con las masas para camuflar sus maniobras, lo cual permitiría engañar al enemigo y acercársele sin que se diera cuenta. Es de- cir, el Ejército Rojo tendría la ventaja de la sorpresa.

Cada división enemiga tenía unos 14.000 efectivos; al atacarlas por separa- do, las fuerzas revolucionarias tendrían una abrumadora superioridad nu- mérica en cada batalla. La mejor forma de aplastar la campaña de cerco y aniquilamiento era derrotar las divisiones una por una.

La división 105 del Ejército Rojo atrajo a la división 18 del Kuomintang hacia las montañas al sureste, donde la geografía se prestaba a un ataque por

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sorpresa. Fingieron batirse en retirada: dispararon esporádicamente contra el enemigo, y dejaron comida y hasta pertrechos al lado del camino.

La noche del 29 de diciembre, la división 18 del Kuomintang se desplazaba por un valle estrecho y a poco antes del amanecer el Ejército Rojo la atacó desde las cimas. El IV regimiento del Ejército Rojo atacó de frente y bloqueó su avance, mientras el III y XII regimientos aniquilaron las dos brigadas de- lanteras y destruyeron el cuartel general de la división. Mataron a 9000 soldados enemigos y capturaron al comandante.

Tras derrotar a la 18, el Ejército Rojo se lanzó contra la división 50 que se ba- tía en retirada. Le tendió una trampa: los soldados del Ejército Rojo se pu- sieron el uniforme del Kuomintang y alzaron su estandarte. El comandante del Kuomintang sintió un gran alivio al verlos acercarse, pero esa sensación se desvaneció rápidamente cuando se dio cuenta del truco, pero no antes de que aniquilaran la mitad de su división. El Ejército Rojo confiscó miles de rifles y equipo importante, como radios. Ante el aniquilamiento de su fuerza principal, las demás tropas del Kuomintang se replegaron.

De esa forma, el Ejército Rojo derrotó la primera campaña de cerco y ani- quilamiento con la estrategia de atraer al enemigo para que penetrara pro- fundamente al territorio suyo y concentrar una fuerza superior contra él, aprovechar condiciones políticas y geográficas favorables, y lanzar ataques por sorpresa. En las palabras de Mao: “Derrotamos la primera campaña con la aplicación de la guerra de movimientos y salimos victoriosos. Con las tácticas de concentración rápida y dispersión rápida, atacábamos las unidades enemigas una por una con nuestra fuerza principal. Atraíamos al enemigo para que penetrara profundamente en territorio soviético (de gobierno rojo), lanzábamos contraataques relámpago, con fuerzas supe- riores, contra unidades aisladas del Kuomintang, y lográbamos crear una situación en que, por el momento, las podíamos rodear; así superábamos la ventaja estratégica que por lo general tiene un enemigo que cuenta con fuerzas superiores”.

Cumplimiento de la Estrategia 2

Es más importante disponer de un terreno favorable que tener buenas oportunidades.

Los Cuatro Libros Clásicos. CONFUCIO

Durante la Era de Primaveras y Otoños, encontrándose en guerra los Es- tados de Lu y Chi, el príncipe de Lu, Chuangkung, quería atacar antes de que las tropas de Chi se fatigaran, pero Tsao Kui se lo impidió. Entonces el

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príncipe adoptó la táctica de “cuando el enemigo se fatiga, lo atacamos”, y derrotó al ejército de Chi. En la historia de las guerras de China, éste es un ejemplo clásico de victoria lograda por un ejército débil sobre uno podero- so. He aquí el relato que hace el historiador Tsuochiu Ming:

“En la primavera nos invadieron las tropas de Chi. El príncipe iba a lanzarse a la batalla. Tsao Kui le pidió audiencia. Sus vecinos le dijeron: “La guerra es asunto de los dignatarios, ¿por qué te entrometes?” Tsao replicó: “Los dig- natarios son gente mediocre; no ven más allá de sus narices.” Luego se pre- sentó ante el príncipe y le preguntó: “¿En qué te apoyas para combatir?” Este respondió: “Nunca he disfrutado yo solo de los vestidos y manjares; siempre los he compartido con otros.” Tsao comentó: “Tan mezquina cari- dad no alcanza a todos; el pueblo no te seguirá.” Y dijo el príncipe: “Jamás he ofrecido a los dioses menos sacrificios en animales, jades o sedas de los que se les debe; siempre he procedido de buena fe.” Y Tsao replicó: “Esa fe mezquina no inspira confianza; los dioses no te bendecirán.” El príncipe añadió: “Aunque no puedo ocuparme personalmente de los detalles de todos los procesos, grandes y pequeños, siempre me atengo a la justicia.” Y Tsao concluyó: “Eso demuestra tu devoción al pueblo. Puedes ir al com- bate. Cuando partas, permíteme que te acompañe.” El príncipe lo llevó en su carro y dio la batalla en Changshao. Cuando el príncipe estaba a punto de hacer redoblar el tambor para el ataque, Tsao le dijo: “No todavía.” Sólo después de que el tambor de las tropas de Chi hubo sonado por tercera vez, Tsao indicó: “Ahora sí.” El ejército de Chi fue derrotado, y el príncipe se aprestó a perseguirlo. Tsao le dijo: “Todavía no.” Descendió del carro para examinar las huellas de los vehículos del enemigo, subió luego a las varas de su carro para mirar a lo lejos, y dijo: “Ha llegado el momento.” Entonces comenzó la persecución a las tropas de Chi. Después de la victoria, el prín- cipe preguntó a Tsao por qué le había dado esos consejos. Tsao respondió: “La batalla depende del coraje. Con el primer redoble del tambor el coraje se eleva, con el segundo se debilita y con el tercero se agota. Cuando el coraje del enemigo se había agotado, el nuestro permanecía alto, y por eso triunfamos. Es difícil conocer las intenciones de un gran Estado. Yo temía una emboscada. Pero cuando examiné las huellas de los carros del enemigo y advertí que se entrecruzaban confusamente, y cuando miré a lo lejos y vi sus banderas cayendo en desorden, aconsejé perseguirlo.”

Este fue un caso en que un Estado débil resistió a uno fuerte. En este relato se habla de la preparación política para la guerra –conquistar la confianza del pueblo–, del terreno favorable para pasar a la contraofensiva –Changs- hao–, del momento favorable para iniciar la contraofensiva –cuando el co-

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