molestia que los mosquitos del verano; pero a veces se da
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alas del peronismo dieron como resultado un enfrentamiento lamentable que dejó una cantidad de 200 activistas muertos. Lo que iba a ser una fiesta, se con- virtió en una trágica masacre (www.historiadelpais.com.ar).
Las elecciones del 23 de septiembre de 1973 arrojaron como resultado una aplastante victoria del Frente Justicialista con un amplísimo margen de diferencia que hizo indubitable la victoria y confirmó el mesianismo que el pueblo argentino fincaba en la figura popular de un personaje que era más bien producto de los años perdidos y el lastre y sombra de su anterior esposa Eva Duarte.
Con el país en el caos debido a los enfrentamientos políticos que bien pronto se convirtieron en problemas armados, el gobierno de Perón re- sultó inoperante para dirimir las hostilidades que desgarraban el seno de gobernabilidad de la nación; aunado a la polémica decisión de instituir en la vicepresidencia a su esposa Isabel Martínez (quien no era bien vista por la mayoría de los argentinos por considerarla la usurpadora de la posición que legítimamente correspondía a Evita), el país poco a poco se le fue des- pedazando entre las manos, acentuando de manera notoria la decadencia física y política de un sistema que olía a viejo.
Entre las pocas medidas que como presidente llegó a tomar, destacó la suscripción de un pacto social entre empresarios y gremios con el fin de reducir la inflación a una tasa cero (www.historiadelpais.com.ar).
La ruptura con la Juventud Peronista, brazo de izquierda de su partido, constituyó un detonante que anunciaba el inicio del ocaso cuando los ca- lificó de imberbes estúpidos e infiltrados. Dos meses más tarde, su muerte, acaecida el 1 de julio de 1974, llenó de dudas el panorama y porvenir del país, incluyendo en la incertidumbre la latente posibilidad del retorno de las fuerzas armadas como controladoras del sistema, acontecimiento que, fraguado desde los cuarteles y aconsejado por Washington, se planeaba pero se concretaría con el golpe de estado del 24 de marzo de 1976 que dio inicio a la etapa más oscura de la historia argentina.
Interinato de Isabel Martínez Viuda de Perón
Con la espiral de violencia en aumento y la economía hecha un de- sastre, asumió la presidencia Isabel Martínez viuda de Perón. Su asunción,
apoyada por todos los partidos políticos, provocó sospechas por el papel que desempañaba José López Rega debido a la gran influencia que ejercía sobre ella y el respaldo que recibía de la organización denominada La Tri-
ple A que estaba encargada de matar a quienes se consideraran peligrosos
(www.historiadelpais.com.ar).
Su régimen heredó serios problemas de inflación, malestar en los tra- bajadores y violencia política. Trató de resolver los problemas a través de un nuevo gabinete de ministros, imprimiendo billetes para pagar la deuda externa e imponiendo el estado de sitio en noviembre de 1974. Las con- troversias alrededor de su ministro de Bienestar Social, López Rega, no la ayudaron en la coyuntura general. Algunos militares le recomendaron re- nunciar a la presidencia, pero ella no aceptó, hecho que le acarrearía costos políticos de efectos irreversibles.
Para 1975, el número de desaparecidos por causas de subversión políti- ca ejecutados por La Triple A alcanzó los 860 y la legitimación de su gobier- no empezó a generar bastantes dudas no sólo por la paupérrima adminis- tración de la hacienda pública, sino por su extraño proceder en materia de derechos humanos.
El país tiene cuatro ministros de Economía en un año, uno de ellos, Celes- tino Rodrigo, vinculado a López Rega, decreta una brutal devaluación del 150 por ciento y un aumento de tarifas del 200 por ciento. La nafta aumenta un 172 por ciento. Es el famoso Rodrigazo. Los sindicatos se resisten a esta políti- ca, abandonan la Gran Paritaria Nacional, que intentaba reeditar el pacto so- cial y, en una gran movilización, piden la expulsión de López Rega. Finalmente, la presidenta debe acceder a que El Brujo renuncie a sus cargos y abandone el país (www.historiadelpais.com.ar).
Su vacilante actuar y errática función en el ejercicio del poder terminaron siendo el resultado de las personas que la rodearon en el poco más de un año que ejerció la primera magistratura, uno de ellos, el general Jorge Rafael Videla, posteriormente artífice y primera pieza del golpe y la Junta Militar.
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a República Oriental del Uruguay no es excepción en el proceso que el capital estadounidense planteaba a los distintos modelos políticos que en la región se estaban gestando y llevando a cabo para uniformarlos y alienarlos a sus fines en medio de la lucha occidental y cristiana contra el comunismo.A finales de 1967 y con motivo de la muerte del entonces presidente constitucional del Uruguay, llegó al poder Jorge Pacheco Areco, quien ini- ció un proceso que al poco tiempo se convirtió en una dictadura de facto (Sierra, 1996: 449) que concentró los poderes en uno solo ante la pasividad inaudita del parlamento que no hizo nada para evitar esta desmesurada concentración de poder.
En su plan de reorganización de las políticas de estado, Jorge Pache- co priorizó la accesibilidad al capital y sobre todo al gran capital estado- unidense que al poco tiempo acapararía el mercado interno pagando costos de miseria por la producción de bienes y servicios que poste- riormente serían vendidos a precios de lujo, incentivando un proceso abismalmente desigual que como en todos los países de nuestra región terminaría por quebrantar su economía y llevar los niveles de inflación a cifras estratosféricas.
CAPÍTULO SÉPTIMO