6 Capítulo 5: Vinculados al Bloque Centauros y al Bloque Capital
6.4 Vinculación a las estructuras paramilitares
6.6.9 Muerte de Arroyave
Un hito histórico dentro del grupo paramilitar del bloque Centauros se presentó con el asesinato de Miguel Arroyave. Resultado de esa muerte el grupo se dividió en tres, ‘los leales’ a Miguel Arroyave es decir, la gente de ‘Mauricio’, y la gente de ‘Pirata’ y de ‘Cuchillo’. Inés perteneció a los leales a Miguel Arroyave, por esta razón sufrió la persecución por parte de los otros grupos paramilitares.
I: Yo me fui para otro Bloque en la época que mataron a Arroyave. A él lo mataron el 19 de septiembre de 2004.
Dos días antes de que lo mataran él estaba en la mesa de Ralito. Cuando dijo que bajaba, yo le dije: —“¡Jefe no lo haga!, no lo haga porque hay comentarios, [Arroyave] —“¡No
marica, ni mierda! yo a nadie le voy a decir”. Cómo no iba a decir si le había comentado a
montaron una emboscada y lo pelaron. El tipo [Arroyave] una de las cosas que me había dicho era que lo acompañara a la mesa de diálogo, a él le interesaba que se escuchara la voz de una patrullera, porque allá se estaban hablando muchas cosas de hombres, en general de los combatientes de patrulleros del monte. Pero no se estaba hablando de la parte específica de la mujer, del género: —“Yo quiero que la escuchen marica, yo quiero
que la escuchen porque usted habla muy bonito”. Me decía. ¡Mire medio como hablo
llevando algunos años desmovilizada! Y nada, me dijo: —“Cuando llegue abajo la llamo”. Él se comunicaba con “Pirata” y con “Soldado”, para que le cuadraran la seguridad. Y esos mismos fueron quienes lo pelaron.
Cuando eso comenzaron a hacerle seguimiento a la gente más cercana de Arroyave, entre las que estaba yo. Me tocó encaletarme y a hacer contacto con una gente que yo sabía que estaba de mi parte, que era la parte de Arroyave, que nos veíamos como hermanos. Allá estaba ‘Andrés’, José Miguel Arroyave que hace poquito lo mataron. Con él nos empezamos a armar otra vez, pero nosotros no nos habíamos quedado con recursos; toda la plata había quedado en manos de ‘Soldado’ y ‘Pirata’. Pirabán se quedó con una millonada que ni mejor dicho ¡pa que le cuento! Toda la plata se canalizaba por ellos. Entonces con mucha gente que estaba en ‘La Mata’, la escuela de entrenamiento y otros que estaban de patrulla al enterarse que había matado a Arroyave por traición de ‘Pirata’ arrancamos pal Casanare. Llegamos allá a hablar con ‘Andrés’: —“Bueno cómo
vamos a hacer, ¡patrón pa las que sea!, vamos a acabar con todos esos ¡hijueputas!”.
Tengo entendido que el chino hizo llamadas por allá y le dijeron que se quedara quieto porque estábamos en una plena mesa de diálogo, cómo íbamos a armar una guerra. Entonces que nos calmáramos que más adelante eso no se quedaba así. Una de las cosas que decía Vicente Castaño era que eso no se quedaba así.
Si bien es cierto que la guerra entre el bloque Centauros y las Autodefensas Campesinas de Casanare se presentó en pleno proceso de negociación con el gobierno nacional, lo que valida el argumento Inés, otros aspectos incidieron en que no se presentara esa guerra (como se profundizará en la narración de David).
I: Que épocas aquellas usted no se imagina las correrías que yo pegué. Me fui por trocha, aquí por Sogamoso, nos encontramos con una gente echando pata porque nosotros no podíamos llegar por carro porque ahí en Villanueva, Casanare, ellos tenían reten y lo conocían a uno. Nos quedamos incomunicados, la línea de Avantel ¡nada!, nada salía al aire, celulares ¡menos!, fijos ¡ni pa’ qué hablar! y llegamos a la loca. Nosotros llegamos allá a un campamento a buscar a ‘Andrés’. Nos dijeron que esperáramos, ¡hijueputa!, ¡que espere hombre!, ¡cómo así que esperar papito! Eso sí que me estresa, porque yo era que
me echaba plomo con toda esa plaga, me acuerdo y me da ¡un piedra esa traición tan chimba171 hombre! y la forma cómo lo mataron.
De ver que ese man [‘Andrés’] era todo pasivo, y que las cosas seguían calientes ¡porque nos seguían buscando! Yo hablé con uno de los comandantes de otro bloque. Le comenté las cosas son ta y ta y son así y así y me dijo: —“Véngase para acá”, yo le dije: —“No
tengo plata”.
Yo andaba con la misma ropa hacía como quince días, andaba en botas ¡llevada del hijoeputas! Y me mandó plata, la reclamé, compré ropa y con dos chinos más nos fuimos para ese Bloque. Lo encontramos en un sitio, le cantamos las vainas como eran, llevábamos una cara hombre, es que aguantando quince días, teníamos una cara de arrume. Le contamos. Entonces él habló con otro comandante y él con otro comandante y ya dijeron: —“¡No!, no podemos dejar la gente abandonada, ¡ni mierda hijueputa!,
entonces desde ahora ustedes quedan inscritos al Bloque.
Nuevamente Inés al negarse a asumir funciones de inteligencia en la parte urbana, asumió en este Bloque funciones de apoyo para la gente recluida en las cárceles. Su experiencia en el bloque Capital le permitió asumir funciones similares de apoyo a los reclusos de la organización paramilitar.
I: Me habían puesto, ¡porque creen que las mujeres solo servimos pa’ la inteligencia!, en la contraguerrilla, la que manejaba allá los urbanos. ¡No quise!, como siempre ¡me rebelé!, yo no quise y me fui pa’ la contrainsurgencia, pal monte. Allá como yo conocía al comandante y él conocía mi trabajo aquí en las cárceles. Comencé entonces a viajar y hacía un tipo de gestión, llevaba útiles de aseo, o sea lo mismo que hacía aquí pero ya más externa.
6.6.10
La relación de género, las mujeres en la autodefensa
El relato de Inés permite ver una parte de las relaciones de género que se presentaron dentro de los grupos paramilitares por los cuales ella pasó. La posición de Inés frente al tema fue asumir en su vida paramilitar que las mujeres servían para otras cosas distintas a la crianza o ser amas de casa. El relato de Inés y el de Clara permiten analizar que esa imagen de la mujer como ama de casa y de persona servil, es extendida en los grupos paramilitares. Inés se veía como un hombre más en la organización, haciendo relación a la igualdad de capacidades en aquellas que lograban adaptarse a la vida militar en sectores 171
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rurales. La feminidad según lo expresó está relegada para ella a las diferencias biológicas.
N: Bueno, y las mujeres son menos o más [en los grupos paramilitares]. ¿Cómo es la relación de las mujeres?
I: Éramos menos. Hay más en lo urbano, en las tropas menos porque no todas aguantan el trajín, mientras en la guerrilla es cincuenta cincuenta.
I: Después de andar en la tropa una parte de feminidad se pierde. Esa parte de, me da pena bañarme con un hombre porque me mira, esa parte se pierde. Unas que otras, éramos unas mujeres viejas, nos tratábamos como si fuéramos un hombre más. A diferencia que cuando teníamos el periodo menstrual, que el cólico, que una cosa, ¡y ya!, pero de resto éramos un hombre más. Los noviazgos, ¡que me gustó un tipo!, ahí la cosa cambiaba, pero de resto en cuanto a trato a trabajo, éramos igual, a la par. Nosotras las mujeres no teníamos que dejarnos de los hombres porque la debilidad no era bien vista, no era bien visto llorar, no era bien visto quejarse. Uno de mujer tenía que demostrarle al hombre que si se podía, que no habíamos nacido débiles, tampoco habíamos nacido solo pa’ la cocina y pa’ tener hijos. Mientras en la parte urbana las viejas se pintoreteaban más, salían y cogían dos pesos y querían atalajarse de joyas, vivir o tener cosas que no hayan podido tener allá, entonces yo llegué aquí muy normal.
6.6.11
Desmovilización y reinserción a la vida civil
Como una gran cantidad de personas Inés no se quería desmovilizar, la orden llegó de sus mandos superiores. Uno de los principales objetivos de Inés para poder llevar una vida tranquila y no sentir que estaba traicionando a la causa de las autodefensas, era poder llegar a Bogotá y no “sapear172”, no dar información
que pudiera comprometer a alguien o al grupo mismo.
N: ¿Alguna vez pensaste en salirte de las autodefensas antes de la desmovilización? I: Si, pero no desmovilizarme como hacen los chinos, de llegar y sapear, yo pedí la baja, solicité la baja y ¡no!, no me la dieron. Al contrario me metieron más al monte, porque quería salir y empezar como si fuera de nuevo, llegar a Bogotá y no venir a sapear. Mucha gente se entregó. El Bloque recibió muchas veces gente que el mismo Ministerio entregaba y pa dónde se bajaban, ¡pa La Mata!, y qué se iba a hacer, ¡a matar!, ¡por sapos! Hoy día dicen que la desmovilización es la salida, esa no era la salida en esa época. Allá el sapo no se perdona y la deuda mucho menos. El marihuanero se trata pero
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no todas las veces, había cosas y yo no quería siendo de las más antiguas y dármelas de sapa. ¡No aguantaba!, ¡me aplicaban la! … muy complicado.
La desmovilización de Inés se presentó en otro bloque distinto al Centauro, no obstante haber estado la mitad de su vida en las autodefensas y mantener un modo vida particular le trajo confrontaciones internas en su reincorporación a la vida civil. Varias son las dificultades de quienes se desmovilizan en su proceso de reinserción a la vida civil. Algunas de ellas justamente las menciona Inés, como el no poder moverse con la tranquilidad que quisieran, desconocer un medio nuevo para ellos como es la ciudad (en muchos casos), conseguir trabajo, reencontrarse a los familiares, sentirse desprotegidos sin un arma, sin el apoyo de una organización y sin el uniforme que por tanto tiempo les brindó poder frente a la sociedad civil.
I: Después de estar en el monte, por allá en el norte con ese calor tan tremendo ¡hijueputa que hace!, flaca llevada, me desmovilicé. Después de la ceremonia y toda la parafernalia que arma el gobierno, venirme acá para Bogotá. Yo no podía, no puedo darme el lujo en este momento de decir me voy pa’ tal lado, porque la gente me conoce por cagadas que hice cuando estuve en la organización. Yo no me puedo movilizar por Colombia con la libertad que quisiera, ¡con la libertad no!, con la tranquilidad que quisiera. Entonces llegar aquí a Bogotá, recuperar a mi hijo porque lo había dejado, tratar de hacer una nueva vida verraco.
Cuando nos reunieron fue porque ya nos iban a desmovilizar, yo no me iba a desmovilizar ¡Le soy sincera!, no me iba a desmovilizar porque a esa mierda no le creía y el tiempo me ha dado la razón. Pero orden es orden, además yo tenía un hijo, créame que ese peladito me hacía mucha falta. Y sin papá solamente con mamá y de pronto mamá cayera por allá. Aunque ya había sido herida varias veces me había salvado, el peladito no merecía eso. Yo pensaba que no era justo que mi hijo repitiera la misma historia que yo tuve, créame que lo que a mí me motivo para salirme de las filas fue mi hijo.
En la ceremonia me tocó entregar el fusil. Me sentí desnuda hermano. Me sentí pelada, luego qué o qué. Yo siento con eso, con entregar mi fusil, que me había quedado sin piel. Ya uno empieza a mirar [después de la desmovilización] pa’ todo lados a ver ¿quién hijoepuestas? Así fuera con una piedra le podía dar, eso es muy difícil, es muy complicado. Llegar Bogotá comenzar a buscar trabajo, lidiar con familiares, empezar a acercarse uno a 328.000 pesos mensuales y tocaba hacer un fila ni la hijoemadre. Entonces medianamente uno escuchaba: —“Allá están los paracos recibiendo la plata que
mensualmente les paga el gobierno por haber matado gente”. Lo que ahorita es la Alta
como mendigando, después que uno tenía el poder: me enfermé, cojo un millón de pesos y me voy pal médico.
N: Cómo llegaste acá [Bogotá], ¿cuáles eran las perspectivas que tenías frente a eso? I: Cuando la ceremonia, ¡bienvenidos a la vida civil!, ¡entregue el fusil!, ¡entregue su uniforme! que uno se siente como desnudo y empieza con sus delirios de persecución, que todo el mundo me está mirando raro, espere me amarro el zapato a ver si sigue o qué. Llegar a Bogotá fue difícil, difícil, porque la sociedad no estaba preparada para recibir tanta gente que provenía de una vida no muy color de rosa y los ex combatientes, ¡que realmente somos excombatientes! ¿Qué hacíamos? Aquí por muchas ganas que uno tenga de salir adelante y apostarle a esto, existen momentos en que le tocan las fibras, la sociedad aquí es muy cruda. Juzgan al excombatiente como un delincuente más, sin saber que cada uno de nosotros tenemos una historia, no tan bonita como la de ellos. No con tantas oportunidades, pero tenemos una historia. Y no toda la gente quiso entrar a eso. Mucha gente lo quiso hacer porque las armas les parecían bonitas y otros por circunstancias. ¡Que le hayamos cogido cariño a esa vaina es otra cosa!
En el estudio cuando yo llegué estaban dando el módulo cero, era muy fácil poner a paracos y guerrillas a darse la mano, que hagamos un circulo, tomémonos de la mano, pues eran los paracos a un lado y los guerrillos al otro, ¡si se mueve hijoeputa a si sea con la silla le doy! El mismo tratamiento de la Alta Consejería es de locos, terapia de choque, cuanta gente no se ha matado por eso, que deme la mano. Yo en estos momentos voy a un taller de psicosocial y yo tengo mi gente de derecha y de izquierda todavía, sin tanta cosa como antes ya no soy tan prevenida pero no me le confío a nadie.
Otros problemas identificados por Inés son el prejuicio de la sociedad civil frente a los desmovilizados paramilitares (y subversivos), así como su desconfianza hacia los ex combatientes de los grupos subversivos. La búsqueda de trabajo es otro de las dificultades que se le presentan a los desmovilizados. Sentirse sin el respaldo de una organización significó para Inés sentirse desprotegida y vulnerables. La desconfianza y el cálculo sobre las acciones de los demás son características que menciona para hacerle frente a ese tipo de situaciones.
I: ¿Buscar trabajo? Yo no había terminado el bachillerato. Lo que aprendí, lo aprendí por allá en el monte, manejar un computador. Que se necesita una base de datos eso se hace así, así y asa. Le sale así. Listo, copiaba de una pero… Además, una cosa es cuando estuve aquí con el bloque Capital donde sabía que tenía el respaldo de una organización, andaba armada. Pero llegar aquí y sentirse uno como huérfano, sentirse desprotegido, llega uno muy vulnerable. Llega uno con ese delirio de persecución que yo todavía tengo, que eso no se quita de la noche a la mañana. Y ni creo que se me vaya a quitar, porque uno empieza a mirar de todo a todo, empieza a mirar como camina una persona, como se
viste, como habla, cuando le hacen una pregunta hacia qué lado dirige una mirada. Hacer un análisis y hacer muy calculador.
I: A mí un chino me fue a robar, ¡con un cuchillito de miércoles!, allá en la…con caracas y me le voy enfrentando, [risa]. ¡Hay dios mío! Porque aunque estaba desarmada algo se de defensa personal. Un chino de mier…, con una lata ¡ahí!, [le dice al atracador]: —“Vea
hermano, sabe qué, ahoritica no tengo un fusil aquí porque o sino ¡lo pico!, ¡uich!”Se me
salió el paraco que llevo dentro.
Uno tiene que lidiar diariamente con esas cosas, ¡hombre no era fácil sentarme a estudiar!
Los procesos más difíciles para Inés han sido enfrentar a la población civil, relacionarse con los ex integrantes de grupos subversivos del país y la reconciliación con su familia. La relación de Inés con sus padres y hermanos fue problemática en su infancia y adolescencia. En las entrevistas ella habla quizá, de un vínculo más cercano con su padre una vez abandonó el hogar. Este fragmento de la entrevista empieza con un relato acerca de su madre, a quién no le pudo perdonar el haberla dejado al cuidado de su padre siendo aún una niña. A nivel personal enfrentar a las familias para muchos desmovilizados como Inés, ha sido una condición necesaria para asumir el perdón y la reconciliación consigo misma.
I: Si no tuviera ese muchachito no me hubiera desmovilizado porque con mi papá no tenía una buena relación, a mi mamá la conocí hace poquito ¡pa’ que sepa! Hace tantos años me desmovilicé hace tantos la conocí. Ella nada que ver absolutamente nada que ver, para mí es muy difícil llegar a perdonarle que me haya dejado abandonada de ocho meses a cargo de mi papá. Yo no encuentro a otra persona que culpar de la vida que viví, o la mala vida que viví. No le perdono a mi mamá que yo haya tenido que pasar por todo lo que pasé, haber hecho todo lo que hice; no me arrepiento porque si con arrepentirme dijera, ¡hombre voy a revivir tantas personas! ¡Yo lo hago!, pero eso no es así. ¡Cuentos pendejos! porque me voy a arrepentir, entonces eso es lo que me aisló mucho de ella. I: Yo hablé con ella de eso y me dijo: -“¡Mija! yo tenía 15 años, yo había soltado una
muñequita de hule, pa’ coger una muñequita de carne me quedaba muy ¡verraco!”
Entonces a mi no me gustó. No considero que esa sea una respuesta para una hija que no veía hace veintipiola de años, entonces de aquí para acá empezaron los problema. Cuando yo llegué [a Bogotá] mi papá no sabía lo que yo había hecho. De los sitios que estuve le mandaba la plata al viejo, le mandaba mercado o aparecía muy relámpago, ¡muy relámpago! Estoy trabajando, estoy trabajando. Pero qué raro, la niña siempre llegaba en camioneta, [risas]. La empleada doméstica llegaba en camioneta, ¡no pues! O siempre tenía plata, porque yo allá realmente no tuve sueldo, allá me decían usted necesita ¡tenga! o ¡saque!
Llegar y decirle a mi papá… Yo a mi papá le dije eso, fue muy duro. Le dije: —“¡Vea papá!
Lo que pasa es que yo soy desmovilizada”. [El papá dijo:] —¿Qué? ¿Cómo hijueputas? Le
conté, yo me desmovilicé de las autodefensas y yo tata y ta... Y le empecé a contar, lo que le podía contar, tampoco me podía poner a desmenuzar en cosas porque después ahí si me cogía y me colgaba pues. Me dice mi papá como con esa tristeza el viejo: —“Hombre
cagada, usted es la mayor. Usted era la niña de casa. Usted era mi niña, usted tiene hermanos varones”. ¡Pero ahorita!, cuando me daba palo era la hijoepucha, pero bueno.
Yo llego a encontrar mis hermanos en esos momentos militares, habían ejemplares