CAPÍTULO 4
MUJER NEGRA, LITERATURA E INSULARIDAD REDUNDANTE
Cartografías e identidades: Mujeres escritoras en islas que se repiten
En su conocido libro La isla que se repite, Benítez Rojo (1989) señala cómo el Caribe está forzadamente demarcado por un mapa y catalogado por los diversos estudios de la zona de acuerdo a su fragmentación, su inestabilidad, su recíproco aislamiento, su desarraigo, su complejidad cultural, su dispersa historiografía, su contingencia y su provisionalidad ya que se acostumbra definir el Caribe en términos de su resistencia a las distintas metodologías imaginadas para su investigación.
Es decir que por un lado tenemos este mapa contingente, construido y negociado desde los intereses foráneos y patriarcales, mapa de la isla, mapa de lo caribeño, que implica una comunidad limitada dentro de un territorio que hecho mapa obedece tanto a razones impuestas por intereses ajenos, como a razones de índole autorreferencial. En otro sentido, está el hecho geográfico innegable y comprobable del mapa del archipiélago del Caribe. Este último es el que realmente conglomera, los presenta bajo una totalidad de elementos (las diversas islas) geográficos, como climas, producciones, paisaje, etc., que pareciera unificarlos.
Sin embargo, el otro mapa con trazado de países y límites definitorios de una identidad nacional, se problematiza si consideramos las propuestas de pensadores
contemporáneos como Benedict Anderson, Stanislas Adotevi, Terence Ranger, Edward Said, Judith Butler por mencionar algunos, quienes cuestionan y presentan un acercamiento diferente en cuanto a qué es identidad y tradición. De acuerdo con sus estudios ambas son nociones imaginadas o inventadas, contingentes, construidas, más negociadas que naturales. En el Caribe es interesante indagar estas nociones considerando que cada país fomenta encarecidamente su sentido de nacionalismo, y si algo los ha unificado en las últimas décadas ha sido el predicamento de la negritud, como vórtice devorador de otras diferencias.
Re-inscribir el cuerpo de mujer desde la insularidad, desde el Caribe, perfila en la literatura escrita por mujeres caribeñas un camino de percatamiento crítico en el que ese cuerpo surge constelado de una complejidad de voces y marcas, relacionadas con una historia de colonización, y una multitud de grupos étnicos y sociales que la condición de islas no deja debilitar. Al intentar explorar el cuerpo de mujer en tal sentido, se asumen contradicciones irreconciliables, tensiones polifónicas, se trastornan los significados cotidianos y las tranquilizantes presuposiciones que acomodan tal realidad.
Las escritoras enfrentan los sistemas establecidos de representación del cuerpo femenino y su trazado como mapa, equivalente a la misma insularidad desde la que crece su literatura. Este esfuerzo por retrazar el mapa del Caribe y del cuerpo de mujer es en sí, un acto de liberación que se puede consumar de acuerdo a lo propuesto por Iris M. Zavala. (1992).
En su estudio A Gaze of One's Own: Narrativizing the Caribbean, (1992:145- 159) ella insiste en negarse a heredar el pasado como un todo de esencia y naturaleza incambiable, asegurándose a la par de no perderse en un laberinto de símbolos cuyo sentido está en desacuerdo con los tiempos, escapando a la vez de los esquemas de
conceptos contemporáneos, sobrepasándolos gracias a planes de constantes cambios.' Dentro de estas tensiones la escritura de la mujer poeta multiplica las dimensiones de la realidad que es inagotable en sus formas y sentidos en cuanto inscribe los diversos mundos y la pluralidad de las identidades caribeñas.
En las escritoras caribeñas, hay una serie de elementos que validan un acercamiento a través del trazado de nuevos mapas de lo caribeño y del cuerpo de mujer. Las escritoras quedan liberadas de asumir todo un acervo nacional (y entiéndase lo nacional en todas sus dimensiones) y enfrentar la oportunidad en algunos casos de reterritorializar su espacio, y en otros de desterritorializarlo, en cada país por razones diferentes. Como dato aclaratorio, territorio, de acuerdo con Ralph Taylor, implica un tramado sistema de saberes, actitudes, comportamientos localizados en lugar específico, determinado y mantenido social y culturalmente; la representación del terrritorio es una manifestación de la interacción de dominios en tensión, conflicto, represión, resistencia con la que una comunidad se ha comprometido.Walter Mignolo, por su parte, señala que la representación del territorio responde a un espacio tanto geográfico como conceptual en el que las fuerzas en conflicto son válidas entre sí. Sin embargo deseo aclarar que tanto los conceptos de mapa, como de desterritorialización se acercan a lo propuesto por Deleuze y Guattari en Rizoma, al referirse a su teoría del rizoma con sus principios de conexión, multiplicidades y heterogeneidad.
No nos proponemos en esta tesis, analizar la complejidad del sentido de territorialidad del Caribe, pero sí subrayamos sus constantes diferencias y sus coincidencias, que permiten a Benítez Rojo llamar a la zona, “islas que se repiten”. Las constantes serían entonces la base de conformación de esos espacios que las escritoras negras van a re- o desterritorializar tanto en términos de mapa de la isla como del cuerpo de mujer.
Iris Zavala en el estudio mencionado destaca desde el título, que para narrar el Caribe se requiere una mirada activa y transformante no la pasiva mirada del voyeur. Dice: “The gaze redoubles, mirrors, frames, interrupts narratives told in familiar ears
disguised” Es un modo del nuevo decir de la conciencia en redefinición creativa. La mirada así va a interconectar cualquier elemento con otro y las peculiaridades de unas no serán necesariamente de la misma naturaleza que la de las otras, poniendo en juego diversos regímenes de signos y hasta estados ajenos a estos signos. Mirada que va a estar preocupada por dimensiones, no por unidades y por la direccionalidad de su movimiento. La dimensión de esta mirada está armada de segmentos y estratos y de líneas de desterritorialización como la máxima dimensión, después de la cual la multiplicidad sufre metamorfosis, pluridentidad. Obviamente se impone aquí, a esta mirada, lo que serían las características del rizoma de Deleuze y Guattari.
A partir de la teoría filosófica de Deleuze y Guattari se produce un cambio de perspectiva con respecto a las jerarquías, al modo de percibir y razonar. Ya no son más modelos arbóreos en donde existen elementos superiores y subordinados, sino que en el modelo rizomático cualquier elemento ocupa la misma posición que los otros y pueden influir unos sobre otros en igual medida. Se deja de hablar con el verbo copulativo “ser” para empezar a hablar de potencialidades. En el texto los autores ilustran esta nueva situación con un ejemplo. Es decir, es una teoría que nace a partir de la observación de la vida vegetal.
Al analizar un libro, por ejemplo, consideran que no tiene ni sujeto ni objeto sino que esta compuesto de líneas de segmentaridad, líneas de fuga, fechas y velocidades. Es un cuerpo sin órganos, es una pequeña máquina. Máquina de la cual no se debe preguntar qué es, sino con qué esta relacionada, con qué otras máquinas se conectan. Ya nada es nada por sí mismo sino en relación. La estructura de pensamiento que refleja un
centro de dependencia que inunda los contornos es dejada de lado. En un pensamiento rizomático el centro no existe sino que todo influye sobre todo en un mismo nivel.
Se debe dejar de pensar en puntos para pensar en líneas. Conexiones, la multiplicidad se hace presente en todas sus formas. Jamás el rizoma se dejará reducir ni a uno ni a lo múltiple por eso se habla de multiplicidades. La mejor manera de poder graficarlo es entendiendo que se producen dimensiones cambiantes del que siempre se sustrae lo uno. Es decir, la única manera de hacer lo múltiple no es añadiendo constantemente una nueva dimensión sino buscando siempre la forma más simple, sustrayendo una dimensión. Sólo así lo uno forma parte de lo múltiple.
Se aprende, a partir de ahora, desde todos los puntos que inciden sobre el pensamiento, ya no se aprende desde un principio original. Por lo tanto, las estructuras de las disciplinas cognitivas anteriores al pensamiento rizomático, no muestran sólo la estructura de la naturaleza sino que, resultan de la distribución de poder y autoridad en el cuerpo social. En una palabra, la teoría del rizoma es una resistencia contra las jerarquías, contra toda sociedad opresiva.
Mujer negra y literatura en el Caribe hispánico
Es un hecho que la población negra ha sido perjudicada por el impacto del color en esta cultura. La “blanca Navidad” y los empleos “de cuello blanco” (White collar
jobs) son considerados elementos positivos; la “lista negra”, el chantaje (Black mail) y el ser llamado “oveja negra” de la familia, han tenido siempre connotaciones negativas. Aunque hoy en día todo esto nos puede parecer sin importancia -porque, supuestamente, hemos logrado tener un “orgullo negro”-, las representaciones negativas se reafirman y refuerzan constantemente en la sociedad.
Tan es así que algunos hombres negros, e incluso algunas mujeres negras, afirman que las personas blancas, y por lo tanto las mujeres blancas, son más atractivas que ellas mismos. Alice Walker ha escrito:
Mi madre, una verdadera gran mujer, que crió a ocho hijos y a una decena de vecinos sin reclamar siquiera, estaba convencida de que no existía nada comparable a “ellos”. Subordinó su alma a la de ellos y se transformó en una crédula y tímida admiradora de “las bellas personas blancas”. Una vez me preguntó, en un momento de orgullo y desesperación prestados, si no me parecía que “ellos” eran graciosos, naturalmente pulidos, bellos, mejores…
Los estereotipos sobre las mujeres negras contribuyen a aumentar la confusión, inferioridad e inseguridad que ya siente por causa del abuso a lo largo de los siglos. Esas imágenes negativas y frecuentemente conflictivas tal vez la lleven a preocuparse sobre lo que es y lo que realmente la sociedad espera. Hablar sobre estas presiones con otras mujeres negras podría ayudarla a definir su identidad y a eliminar muchos mitos y estereotipos sobre las mujeres negras.
Si se hiciera un ejercicio de abstracción que consistiera en hacer una lista de todas las mujeres negras con las cuales se pueda alguien identificar y evaluar sus atributos; y de la misma manera, se hiciese otra lista de todas las mujeres negras que no agradan y se evaluaran los atributos que parecen menos atractivos o más amenazantes de ellas; o si le preguntásemos a una mujer negra, ¿quién le gustaría ser? esa elección, ¿se basaría en una verdadera contribución de la mujer escogida, para elevar y realzar la imagen y realizaciones de las mujeres negras y la población negra? Dejamos pendiente la respuesta.
Las mujeres negras son tan diversas en su manera de ser, como el resto de las personas que componen cualquier sociedad. Pero esto se olvida fácilmente, como se
olvidan muchas de sus heroínas, frente a los persistentes mensajes negativos, entre otros los que dicen que su cabello es muy excéntrico, que sus traseros son muy grandes o que su temperamento es muy irracional.
Expresar sentimientos sobre la complejidad de su identidad y el dolor en sus relaciones es un saludable primer paso para lograr satisfacción. Y la literatura puede lograrlo. De ello da cuenta la poeta, Maya Angelou, con su poema Weekend Glory
(Gloria de fin de semana): Mi vida no es un paraíso, pero tampoco es un infierno. Yo no estoy en la cima, pero me parece excelente si soy capaz de trabajar y recibir un pago justo y tener la suerte de ser negra cuando llega la noche del sábado67.
La más antigua representación de la mujer afrodescendiente la encontramos en la literatura hebraica: En “El Cantar de los Cantares”, Cantos de amor del rey Salomón y
Sulamita, que preconizan la manipulación que se hará, hasta hoy, de la mujer de “piel oscura”. Ella se proclama hermosa pero, justifica el oscurecimiento de su dermis, a causa del sol:
Nigra sum, sed formosa
Tengo la tez morena, pero hermosa, muchachas de Jerusalén,
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Este texto fue extractado del libro “Chain, chain, chain. For black women dealing with physical abuse”
(Cadenas, cadenas cadenas. Para mujeres negras enfrentadas al abuso físico), de Evelyn C. White. La autora, es excolaboradora del Proyecto de Violencia Familiar de la Procuraduría de la Ciudad de Seattle. Creció en Gary, Indiana y actualmente vive en Nueva York donde escribe sobre los temas feministas y la cultura negra.
como las tiendas de cadar, los pabellones de Salomón no se fijen en mi tez oscura
es que el sol me ha bronceado:
enfadados conmigo, mis hermanos de madre me pusieron a guardar sus viñas;
y mi viña, la mía, no la supe guardar.
En realidad se trata de una mujer de tez oscura que explica la transformación que ha sufrido el color de su piel, a causa del sol. La belleza femenina estaba asociada a lo blanco, el texto lo constata al equiparar la belleza de Sulamita con la blancura de las flores:
(Ella) -Soy un narciso de Sarón, una azucena de las vegas (El) -Azucena entre espinas es mi amada entre las muchachas.
En ambos enamorados es evidente la trascripción de valores culturales de la época que se inclinan por lo blanco como símbolo de belleza. El término negro tiene, como ya hemos reiterado un valor peyorativo asociado a lo feo, lo inferior y lo salvaje, el vocablo nace según René Dépestre a partir de que el hombre de tez oscura es tratado como esclavo: “Avant l’aventure de la traite négriere et de la colonisation, le mot nègre
n’existait pas.” La presencia del negro en la literatura hispanoamericana data, según Mónica Mansour, de las manifestaciones teatrales del siglo XVI cuando aparece como personaje y con peculiaridades de un castellano mal pronunciado, características que siglos más tarde, vienen a ser uno de los rasgos estilísticos de la poesía negrista.Durante el Romanticismo, el tema negro fue tratado con mayor interés que en otras regiones de Hispanoamérica debido a la importancia de la población negra, en Cuba, en donde también las mujeres blancas sufrían la discriminación.
En opinión de la profesora universitaria Teresa Díaz Canals, en la mujer se polarizan los conflictos morales de la Cuba colonial.68 Una de las grandes escritoras
hispanas del siglo XIX Gertrudis Gómez de Avellaneda, aún está pagando la osadía, de colaborar en Francia, España y Cuba con todo un movimiento de ideas que atacaban a la masculinidad hegemónica. Ni siguiera el héroe nacional cubano José Martí, pudo sustraerse del prejuicio de ver en la mujer el foco de preceptos morales.
Martí al comparar a la Avellaneda con otra escritora cubana contemporánea, Luisa Pérez de Zambrana, llegaría a expresar:
Hay un hombre altivo, a las veces fiero, en la poesía de Avellaneda hay en todos los versos de Luisa un alma clara de mujer (...) No hay mujer en Gertrudis Gómez de Avellaneda: todo anunciaba en ella un animo potente y varonil; era su cuerpo alto y robusto, como su poesía ruda y enérgica. La Avellaneda no sintió el dolor humano: era más alto y más potente que él. (Martí y Pérez: 310-311)
La descripción sepultó a la Avellaneda como paradigma de mujer fiera, potente, varonil, alta, robusta, ruda y enérgica que la alejaba de cualquiera de los estereotipos asignados o preconcebidos para la mujer. Su “masculinidad” invalidó su feminismo para la historia. Las reflexiones en torno a la diferencia creada entre los diseños sociales de mujeres y hombres ocuparon de forma paulatina un espacio en la prensa cubana decimonónica. Otra importante escritora cubana del siglo XIX, Aurelia Castillo, en un editorial que tituló Esperemos del periódico “El Fígaro”, del 24 de febrero de 1895, alegaba al respecto:
Una gran revolución, operase entre otras varias en nuestros días, la mujer reivindica sus derechos. Ella ha sido la última sierva del mundo civilizado. Aun
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Esta y otras valoraciones sobre la relación mujer-moral en la literatura de la época colonial forma parte de la investigación que le permitió obtener a la profesora Díaz Canals el “Premio Certamen Iberoamericano de Ética, Elena Gil 2001”.Véase Teresa Díaz Canals, Moral y Sociedad. Una intelección
de la moral en la primera mitad del siglo XIX cubano, Publicaciones Acuario, La Habana, 2002:123- 126.
algo peor que eso: ella ha sido hasta ahora la soberana irrisoria de una sociedad galante y brutal al mismo tiempo. Las leyes tiraron una línea entre el hombre y la mujer, y sobre esa línea alzaron las costumbres elevadísima e infranqueable muralla. La mujer hubo de acatar leyes en cuya confección no tomaba parte. Sus destinos se decidieron sin consulta para nada y decretada quedó su eterna minoría, su posición de perpetua protegida, posición humillante que deja ancho campo a todos los abusos y cuyos resultados finales y ineluctable es la postración de la voluntad, si no la pérdida completa de la dignidad, ahogada entre ruines defectos de los que viven sojuzgados. (Castillo: 66-67)
La poeta cubana, habla de la división de la sociedad en el espacio donde la mujer no participa y a las que solo el hombre guerrero tiene derechos: “...quien no paga su contribución de sangre no puede tener voz ni voto en los destino de la nación. El matrimonio es la gran carrera de la mujer objeto de lujo y ostentación; la lucha no es contra el hombre sino contra la ignorancia”69
El matrimonio como institución que subordinaba a la mujer como propiedad de su pareja fue duramente criticado por importantes intelectuales cubanos.70 Este
movimiento de inconformidad contra el contrato matrimonial permitió que, en 1918, Cuba se convirtiera en el primer país hispanoamericano en lograr la ley del divorcio. Antes de esta aprobación los hombres tenían el triste privilegio de poder asesinar a su mujer por el supuesto delito de infidelidad y tan solo era penalizado con el destierro. Esta ley era desigual para ellas, que no tenían ante la supuesta traición marital similar respaldo legal.
El movimiento feminista como corriente de ideas políticas y filosóficas fue muy cuestionado en Cuba porque sus objetivos atacaban el poder de los hombres. La prensa
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Ibídem 70
Miguel de Carrión fue uno de ellos, no solo desde la literatura con obras tan conocidas como Las
honradas y Las impuras, sino también desde la prensa. En el diario Azul y Rojo, del cual era director, aparecieron una serie de artículos de su autoría.
cubana dirigida por ellos, salvo excepciones, mostraba muchas reminiscencias para este modelo de cubana trasgresora pues suponía un ataque a la virilidad criolla acostumbrada a que el papel de la mujer fuera el de objeto de belleza y sumisión.
La revista habanera Fémina, en 1910, satirizaba con un recurso muchas veces utilizado en Cuba: poner un mundo gobernado por mujeres, asumiendo la postura de ellos. Sin dudas, este criterio es ideal para desarticular las posiciones políticas de las feministas. El artículo referido se titulaba La talla de las mujeres y planteaba los siguientes criterios:
¿No contentándose ellas, con ser las más bellas, van a ser más fuertes que los hombres? Hoy en día la mujer tiende a desinteresarse de todo sostén y protección ¿qué implica esto? Que van conociendo su superioridad sobre el hombre. Mañana quizás (...) el hombre será desgraciado. La mujer haráhumillarse ante ella al débil siervo temblando a su presencia (...) Tendrán que invertirse las costumbres y habrá que protegerlos como hoy se hace con las mujeres (...) mientras las mujeres están