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Esto es, n osotros los platónicos En el libro A , A ristóteles escribe

IY La República y el Fedro

XI. La población del mundo de las Ideas

2 Esto es, n osotros los platónicos En el libro A , A ristóteles escribe

com o m iem bro, aunque recalcitrante, de la Academia. > Págs. 1 73-98

Aristotle’s Criticism o f Plato and the Academy4 de Cher­

niss, y Zw ei aristotelische Frühschriften über die Ideenleh-

re5 de Wilpert. Nuestro examen tendrá dos restricciones. (1) No nos ocuparemos de los méritos que tengan los ra ­ zonamientos aristotélicos; constituyen un asunto interesan­ te, pero nuestro objetivo es perfilar la historia de las teo­ rías de Platón más que estimar su valor. Y en cualquier caso, nuestro juicio de su valor no dependerá de conside­ raciones distintas de las de Aristóteles. Y (2) no tratare­ mos de las teorías de los seguidores de Platón, ya que nues­ tro objetivo no es la Academia, sino Platón. Intentaremos descubrir: qué pruebas hay de que Platón admitiera en al­ gún momento cualquiera de los tipos de Ideas que mencio­ na aquí Aristóteles; y qué pruebas de que alguna vez dejara de admitir tales Ideas. La segunda cuestión fue vigorosa­ mente plateada por Henry Jackson, al sostener que Platón había elaborado una «teoría tardía de las Ideas», según la cual sólo se admitían las Ideas de los tipos animales y de los cuatro elementos.

No tenemos necesidad de tratar de la naturaleza de los argumentos en favor de las Ideas a los que hace referencia Aristóteles. Por el comentario de Alejandro podemos en­ terarnos de que había varias formas de argumentos proce­ dentes de las ciencias (que Aristóteles emplee el plural es prueba suficiente de esto) y él·mismo expone tres form as6. Pero no es propio de Platón el presentar una lista de ar­ gumentos, por lo que nos parece bastante claro que la for­ mulación fue obra de la escuela (aunque se basara induda­ blemente en ejemplos de los diálogos y, probablemente, en la enseñanza oral de Platón). Por eso, no los examinare­ mos con detalle.

Comenzaremos por los argumentos procedentes de las ciencias; (B) (1). ¿A qué objetos de la ciencia les negaban los (o algunos) platónicos el rango de Formas? Un poco después7 prosigue Aristóteles: «Según la hipótesis en que

4 Págs. 226-318 5 Págs. 15-118

6 79. 5-15. El co n o cim ien to de Alejandro procedía de Ja tem prana obra de A ristóteles Περί Ιδεώ ν (Al. 79. 4)

nos basamos para afirmar la existencia de las Ideas (ιδέα), no sólo habrá Especies (εϊδη) de las sustancias, sino de mu­ chas otras cosas (en efecto, el pensamiento es uno no sólo acerca de las sustancias, sino también de las demás cosas; y no sólo hay ciencias de la sustancia, sino también de otras cosas; y ocurren otras mil cosas semejantes). Sin embargo, de acuerdo con la necesidad y con las opiniones acerca de ellas, si las Especies (εϊδη) son participables, necesaria­ m ente sólo habrá Ideas (Ιδέαι) de las sustancias». Aristó­ teles nos dice aquí que las «otras cosas» son aquellas de las que los platónicos creen que no tienen Ideas correspon­ dientes, por más que el razonamiento sacado de las cien­ cias hiciera creer en tales Ideas. El rechazo de los platóni­ cos se debe a que esas «otras cosas» no son sustancias. No nos vamos a ocupar del razonamiento de Aristóteles, pues, por más miembros de la Academia que hubieran creído en las solas Ideas de sustancias, nunca Platón se encontró en­ tre ellos. En los prim eros diálogos, cosas como la bondad y la belleza son los ejemplos más típicos de las Ideas. En el Parmenides esas cosas se encontraban entre las Ideas de cuya existencia estaba más seguro. En el Sofista «las clases mayores» son existencia, identidad y diferencia, reposo y movimiento. En la teoría de la Idea-número, perteneciente al últim o periodo de su vida, las Ideas primarias son uni­ dad, dualidad, etc. En todas partes, con excepción del Ti­

meo, las Ideas de sustancia desempeñan un papel muy se­

cundario.

La mayoría de los especialistas no parece haber adverti­ do que en 990 b 22-9, Aristóteles explica su anterior afir­ mación de 990 b 11-13. En esa explicación se nos dice que los razonamientos de Platón procedentes de las ciencias lle­ van a admitir Ideas de cosas, de las que los platónicos, sin embargo, no creen que haya Ideas. De acuerdo con la in­ terpretación de A lejandro8, los platónicos pensaban que esas cosas aludidas no son «cosas distintas de las sustan­ cias», sino obras de arte. Habida cuenta que Alejandro se basa en el De Ideis de Aristóteles, nos cabe suponer, si­ guiendo al Estagirita, que las obras de arte eran una segun­

da clase de cosas cuyas Ideas no admitían los platónicos, por más que con ello se opusieran a los argumentos pro­ cedentes de las ciencias. Volveremos más adelante sobre esto9.

Pasamos ahora a (B) (2): «De acuerdo con lo uno co­ mún a muchos, las habrá incluso de las negaciones.» Nos preguntamos (a) si la teoría de las Ideas implica realmente que hay Ideas negativas y (b) si Platón rechazó siempre ta­ les Ideas.

Hay tres clases de términos a los que, de una manera ge­ neral, se les puede denominar términos negativos:

(a) Hay, primeramente, unos términos, valorados por

algunos lógicos, pero que no se emplean nunca en la vida ordinaria, con un significado puramente negativo: «no bueno», «no bello», «no alto». Platón menciona brevemente estos términos en el Sofista, pero no resulta totalmente cla­ ra la concepción que tiene de ellos. En 257 e 2-4, dice: «¿Otro entre los seres, separado de una clase, y opuesto a su vez a alguno de los seres, resulta que es lo no herm o­ so?» Separado de una clase, no como una clase. Sin embar­ go, en 257 e 9, dice: «¿Según este razonamiento, lo her­ moso será para nosotros más ser y lo no hermoso menos?». La respuesta esperada e inmediata es: «De ninguna mane­ ra.» Y en 258 b 9, dice: «Entonces, como decías, ¿existe sin ceder en nada en cuanto a su existencia a los demás, y po­ demos ya confiadamente decir que el no ser existe con su propio ser, como lo grande decíamos que es grande, y lo hermoso, hermoso, también lo no grande y lo no hermoso, y así tam bién el no ser existe por sí y es no ser, forma (εΐδος) única que abarca con su número a todas las cosas que no existen?» La doctrina es que el no ser (identificado con la diferencia) es una Forma auténtica, e incluso una de las Formas mayores. Forma de la que dice Platón10: «He­ mos demostrado que el ser de lo otro existe, y (que está) dividido entre todos los seres, en su mutua relación con­ traponiendo cada parte de aquella al ser.» Una posible in­ terpretación de esto sería: los términos puramente negati­

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vos como «no bello», «no bueno» representan Ideas espe­ cíficas comprendidas en la Idea genérica del no ser o dife­ rencia. Pero, realmente, nunca dice eso. El sentido proba­ ble es que la Idea de diferencia está dividida entre todas las

cosas individuales que son no bellas o no buenas. Con más

claridad se expresa en el Político n , donde dice que «bár­ baro» (en el caso de que signifique sólo no griego) y «no diez mil», aunque designen partes de los géneros hombre y número, no representan especies de ellos. O sea, que no hay ninguna Idea de no griego o no diez mil.

(ß) E n segundo lugar, hay términos negativos en la for­ ma, que tienen un significado tanto positivo como negati­ vo. Platón menciona a veces las Ideas correspondientes a tales términos, por ejemplo, la Idea de impiedad y la de in­ justicia12, y no hay ningún indicio de que Platón dejara de creeF en algún momento en tales Ideas. Ni había razón para que así fuera, pues tales palabras no sólo significan au­ sencia de una cualidad —habida cuenta que no todo lo que no sea justo es injusto—, sino también presencia de otra cualidad positiva.

(γ) En tercer lugar, hay términos que no son negativos ni siquiera en la forma, pero que sugieren la ausencia de alguna cualidad deseable: términos como la «enfermedad», «malo» o «feo». También estos tienen una significación po­ sitiva y negativa. De las Ideas correspondientes a tales tér­ minos se habla tanto en los diálogos maduros como en los tem pranos13, y no hay ninguna razón para pensar que Pla­ tón haya dejado de admitirlas. Cabría la posibilidad de que una teoría de las Ideas prescindiera de Ideas como maldad y otras afines, y que explicara toda maldad del mundo sen­ sible como debida a que la relación de lo fenoménico con lo ideal nunca es de ejemplificación perfecta, sino siempre de imitación inferior a su modelo. Pero el caso es que nada demuestra que Platón siguiera esa dirección.

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