En el gobierno de César Gaviria (1990‐1994) entró en vigor el libre comercio, con el proceso conocido como: apertura económica. El nuevo modelo económico recibía la venia de los gremios ganaderos. FEDEGAN y ANALAC manifestaron estar de acuerdo con el proceso aperturista, siempre y cuando fuera un proceso gradual y contara con la concertación de los gremios para la fijación de políticas públicas (Gomez, 1990).
Las organizaciones lecheras representadas en ANALAC iniciaron un proceso de concertación con el gobierno de Gaviria, que les permitió conseguir una barrera económica a las importaciones de leche en polvo (Tovar Martinez, 1993). La situación desmejoró en el gobierno de Ernesto Samper (1994‐1998) y ANALAC le solicitó al
gobierno la necesidad de aumentar el arancel a la importación en un 30% (El Tiempo, 1997) y el fortalecimiento de la economía del sector para lograr una mayor competitividad frente al mercado internacional (El Tiempo, 1996).
Como se mencionó, con la llegada a la presidencia de Andrés Pastrana (1998‐ 2002), se firmó el acuerdo para la competitividad para la cadena láctea (Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, et al., Acuerod de competitividad de la cadena láctea colombiana, 1999), con la firme intención, de frenar la crisis que vivía el sector, a causa, del aumento vertiginoso de las importaciones de leche en polvo. En este participaron todas las organizaciones junto al gobierno nacional. Quienes firmaron el documento fueron, por parte del gobierno: Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural; Ministerio de Comercio Exterior; Ministerio de Desarrollo Económico; Ministerio de Salud; Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura IICA y por los productores lecheros ACOLECHE; ANALAC; Asociación de Procesadores Independientes de la Leche; ANDI – Cámara de la Industria de Alimentos; FEDECOLECHE; FEDEGAN.
Sin embargo, el acuerdo no logró el impacto esperado. Sobre los resultados de este, María Cristina Uribe, presidenta de ANALAC manifestó que el acuerdo funcionó correctamente hasta el año 2000, luego, se distorsionó la formulación de la fijación del precio, a causa de la tasa de cambio, lo que causó daños a los productores (Charry, 2003). Los lecheros enfrentaron su crisis más profunda desde la apertura. Esto permitió la creación de organizaciones paralelas que reclamaban al gobierno una transformación de la política agraria.
Por ejemplo, en 1999, se fundó la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria, impulsada por Ángel María Caballero, dirigente arrocero y Jorge Enrique Robledo dirigente de la Unidad Cafetera, y quien pertenece al MOIR, organización de izquierda que establece que la táctica para la revolución en Colombia parte de la alianza de más del 90% de la población colombiana para librar una lucha directa contra el imperialismo, representado en los Estados Unidos y desarrollado con el libre comercio. Su fundador Francisco Mosquera precisaba que:
“Sobre la base de la alianza obrero‐campesina, el proletariado llama al resto de clases y estamentos revolucionarios de la sociedad colombiana, al 90 por ciento y más de la población, a la pequeña burguesía urbana, a los estudiantes e intelectuales en general, a las personalidades democráticas e inclusive al sector progresista de la burguesía colombiana, a la burguesía nacional, a moldear el más amplio frente de lucha antiimperialista, el único capaz de conquistar la independencia nacional y de edificar una república soberana, popular y democrática, regida por un Estado conformado por todas las fuerzas revolucionarias. Esta es la revolución que debe y puede hacer la Colombia actual, no una revolución socialista, sino una revolución democrático‐burguesa, de liberación nacional, pero dirigida por la clase obrera que desembocará en una segunda etapa en el socialismo. He ahí lo que el marxismo conoce con el nombre de revolución de nueva democracia, connatural a los países neocoloniales y semifeudales como el nuestro” (Mosquera, Estrategia y tactica del MOIR, 2009, p. 13).
Por lo tanto, en el campo, emprendió una táctica de lucha por la defensa de la producción, siendo este el problema principal, y dejando la repartición de la tierra como un segundo aspecto. Sobre el problema de la táctica decía Carlos Naranjo Ossa, dirigente del MOIR y miembro de la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria, que la lucha no era por la tierra, sino la producción, sobre la pelea de la tierra afirmaba que:
¿Para qué? Si hoy miles de agricultores están saliendo de sus tierras hacia las ciudades o hacia otras actividades. Si miles se quiebran como consecuencia de las políticas aperturistas. Si miles de miles tienen que salir a las carreteras para exigirle al Estado soluciones a sus problemas como productores. Si centenares de miles de campesinos propietarios de tierra están hundidos en las dificultades, ¿para qué les decimos a los que no la tienen que se suban al barco que se va a hundir? Creemos firmemente que hoy la política es, sin ninguna duda, luchar contra las políticas empobrecedoras, y unir a todos los afectados por ellas. Serían chistes demasiado crueles pedirles a los campesinos que entreguen sus esfuerzos e incluso la vida misma para obtener una parcela que está amenazada por un violento tsunami que se llama apertura económica (Naranjo Ossa, 2013).
Las organizaciones participantes en la fundación fueron: “Unidad Cafetera, Agameta, los distritos de riego, los ganaderos del Magdalena Medio, la
Asociación Agropecuaria del Huila, los indígenas, los paneleros y algunos bananeros de la Costa” (Tribuna Roja, 34 bloqueos en vías principales en el paro agrario del 28 y 29 de Julio, 1999). Cifraron como sus objetivos la defensa de la producción nacional y la unificación de los distintos eslabones que participan en la producción agropecuaria, conformándose como una organización en la que confluyen “sectores empresariales y campesinos, todos con distintas posiciones políticas” (Tribuna Roja, 34 bloqueos en vías principales en el paro agrario del 28 y 29 de Julio, 1999). Estuvo compuesta entonces por más de 800 dirigentes agrícolas y ganaderos reunidos en más de 20 organizaciones (Narajo Ossa, 2001).
Para el 28 y 29 de julio del mismo año, la nueva organización preparó un Paro Nacional Agropecuario, en el cual participaron los ganaderos del Magdalena Medio que se sentían amenazados por las importaciones de leche causadas por el libre comercio. En esta movilización participaron los comités ganaderos de la Dorada, Honda, Puerto Salgar, Caparrapí, Puerto Triunfo y Yacopí. La pancarta que presidía la movilización decía: ¡No a las importaciones de alimentos! (Tribuna Roja, 1999).
En el 2001, el mismo año del escándalo de Nestlé, Salvación Agropecuaria realizó un paro agrario que congregó a más de 15 mil productores. Este se logró gracias a la participación de diferentes agremiaciones que componen a la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria, además de contar con el respaldo de una gama de organizaciones regionales, sindicatos, asambleas departamentales, párrocos, gobernadores y alcaldes que mostraron su simpatía con la movilización y reconocían la grave situación de la agricultura colombiana (Narajo Ossa, 2001).
El sindicalismo, a partir, de la apertura también vivió un desarrollo organizativo diversificado. Al finalizarse la década del ochenta, se fusionó la CSTC con unos cuantos sindicatos de la CTC y la UTC. De esta unión, nació la Central Unitaria de Trabajadores (CUT). Esta se creó gracias a las ayudas gubernamentales y los acuerdos realizados en la Casa de Nariño (Tribuna Roja, 1993).
La alianza de la CSTC con el gobierno, causó el rechazo de las otras organizaciones de izquierda, las cuales crearon la Central General de Trabajadores de
Colombia (CGTC), que fijó una postura de rechazo al neoliberalismo y la defensa de “la soberanía nacional y los derechos de los trabajadores”. La conformaron la CTDC, un reducido grupo de la CTC y la CGT (Tribuna Roja, 1993). Su incursión como central obrera, incentivó la participación política de los sindicatos. Por ejemplo, la Federación Sindical de Trabajadores Libres del Valle (Festralva), sindicato de base de la industria azucarera y filial de la CTC, respaldó la candidatura de Jorge Santos (1994‐1998), candidato al senado del MOIR, al considerar la necesidad de “vincularse a la lucha política con candidatos obreros y populares que le permitan al movimiento proyectarse más a los problemas de la comunidad y la nación, a la vez que oxigenar la brega sindical” (Tribuna Roja, 1993).
Finalmente, la década de los noventa estuvo acompañada de una desaceleración paulatina de la economía colombiana. La apertura económica debilitó las relaciones entre el gobierno y los gremios, a causa de las abundantes importaciones y las blandas políticas de desarrollo rural. En estas condiciones, se fortalecieron organizaciones independientes que agrupaban a quienes se veían afectados por la apertura para demandarle al gobierno un viraje económico. Las nuevas organizaciones, contaban con la participación de dirigentes de izquierda, pero se planteaba la necesidad de una convergencia más allá de la ideología donde primará la defensa de la producción nacional. Este patrón permitió la unidad de empresarios, campesinos y dirigentes de izquierda en la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria que representaba los intereses de los sectores impactados de manera severa por las importaciones.
En cuanto a la organización sindical, la flexibilización laboral causó el rompimiento de los sindicatos. La pérdida de la contratación directa iba en detrimento de las organizaciones obreras, tanto de orientación patronal como independiente. Por lo tanto, se gestaron nuevos procesos de organización, la unidad entre organizaciones, que aún se dividían en dos bandos, los de orientación oficial y los de carácter independiente, en este caso, la CUT y la CGTC. La inactividad de los sindicatos en los ingenios azucareros tiene su explicación en la reorganización de las
centrales obreras y, por ende, en la dispersión de la dirección del movimiento.
De este modo, podemos ver que la incursión de la izquierda en el campo más allá del sindicalismo tradicional es una realidad. Esta táctica fue asumida en particular por el MOIR, y la creación de Salvación Nacional constituyó una primera etapa importante que muestra que en el contexto de liberalización comercial, el gremialismo oficial empezó a mostrar grietas en cuanto a su representatividad.