La Luz de Muhammad
Teniendo en cuenta que Allah el Altísimo transciende todas las dimensiones, no podemos concebirle en términos de tiempo y espacio.1 Existente en la pre-eternidad; Su Existencia proviene
de Él Mismo, sin necesidad de ningún otro. No obstante, el deseo del Todopoderoso de darse a conocer Le llevó a crear la Existencia –el mundo de pluralidades (âlam’ul-kasrat), también llamado ma siwallah –todo lo que no es Allah el Altísimo.2 En el proceso de
creación, Allah el Altísimo creó primero la luz que es la esencia de Hagigat’ul-Muhamadiya –la Realidad Muhammadiana.
Si poseemos una piedra preciosa no la guardaremos en un estuche cualquiera, sino en uno ricamente decorado. Podemos decir, de manera parecida, que la Luz de Muhammad es una piedra preciosa 1. Debido a su naturaleza, la mente humana solamente puede operar dentro de los límites espacio - tiempo. Por medio de las impresiones que recibe del mundo físico puede, aunque solamente hasta cierto punto, concebir la Verdad. Limitado por las impresiones que recibe por medio de la observación, cuando intenta referirse a las verdades que se salen de este medio, tanto a la hora de designar como de insinuar el contenido metafísico, el hombre se ve obligado a recurrir a la metáfora.
2. Ma siwallah es un término que se utiliza para hablar de todo lo que no es
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guardada del resto de la Creación –un estuche bellamente adornado. Los seres vivos han sido creados solamente por su grandeza. Es decir, Allah el Altísimo ha creado la Existencia para adornar la Luz de Muhammad. En la Lengua Divina, el Todopoderoso es el Origen de la Creación, con la absoluta libertad de hacer lo que quiera, mientras que la causa es la Luz de Muhammad –la primera creación.
En contra de lo que mantienen algunos filósofos, el Universo no es eterno ni increado. Por el contrario, ha sido creado por Allah el Altísimo. Solamente Él es increado y eterno. La Luz de Muhammad fue lo primero que Allah el Altísimo creó, tal como lo declara el siguiente hadiz:
“Fui profeta cuando Adam estaba entre el espíritu y el cuerpo (es decir, en la etapa preliminar de la creación de Adam).” (At-Tabarani, Al-Mu’yam al-Kabir; Al Khas’is al-Kubra, vol. 1, pag. 4) (Tirmidhi, Manaqib 1)
En otras palabras, el Bendito Profeta (s.a.s) fue creado y se le confió la Profecía mucho antes de la creación de Adam (a.s). Su aparición corporal en la Tierra constituye la página final del libro de la historia de la Profecía, cuya primera página se debe igualmente a la Luz de Muhammad. Así pues, el Profeta (s.a.s) es la Luz de la Creación de la que los seres toman su valor, como lo menciona el siguiente hadiz:
“Cuando Adam fue expulsado del Paraíso debido a su transgresión, pidió perdón a Allah con estas palabras:
- Perdóname Señor, por Muhammad.
- ¿Cómo sabes su nombre si todavía no le he creado? preguntó el Todopoderoso.
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- Cuando me creaste a mí, Señor, y me has soplado de Tu Espíritu, levanté la cabeza y vi las palabras Lâ ilâha illa Allâh, Muhammadun Rasûlullâh escritas en los Pilares del Trono. Por eso pensé que no mencionarías Tu Nombre más que con el Más Amado de Tu Creación.
El Todopoderoso declaró:
- Te perdono, Adam, y si no fuera por Muhammad, con toda certeza que no te habría creado.” (Hakim, II, 672)
Ibn Abbas (r.a) ha transmitido que Allah el Altísimo inspiró a Isa (a.s) a “creer en Muhammad y a ordenar a los de su comunidad, que vivían en su tiempo, a creer en él; porque si no hubiese sido por Muhammad, no habría creado a Adam, ni tampoco el Paraíso ni el Infierno, y cuando creé el Trono (Arsh) sobre el agua, empezó a agitarse, parándose solamente cuando escribí sobre él: Lâ ilâha illa Allâh, Muhammadun Rasûlullâh.” (Hakim, II, 672)
Se ha transmitido que Yabir (r.a) le preguntó un día al Profeta (s.a.s):
- Que mi padre y mi madre sean tu rescate, ¿me podrías decir qué fue lo primera que se creó?
- Lo primero que Allah creó fue la Luz de Su Mensajero, de Su Propia Luz.”3
Ibn Arabi comenta al respecto:
“Cuando Allah Todopoderoso le concedió la Profecía a Muhammad, Adam no había sido creado todavía. Existía, en potencia, entre el agua y el barro. Por ello, el Mensajero de Allah (s.a.s) se convirtió en la esencia misma de toda la Ley Divina (sharia) que iban a 3. Ver Ajluni, I, 265.
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proclamar más tarde los Profetas. Incluso entonces él ya tenía la sharia, ya que en el hadiz antes citado dice que era Mensajero cuando Adam (a.s) estaba entre el espíritu y el cuerpo, no dice que era ‘hombre’ o que simplemente existía. La Profecía implica una ley, shari’a, concedida por el Todopoderoso.” (Ibn Arabi, al-Futuhat, II, 171; IV, 66-67)
En otra de sus obras, Ibn Arabi dice:
“Él fue el más perfecto de todos los hombres, y la Profecía empezó y terminó con el Mensajero de Allah.” (Ibn Arabi, Fususu’l- Hikem, IV, 319)
En su “Mathnawi”, Rumi dice:
“¡Ven, o corazón! La verdadera fiesta es la unidad con Muhammad, con su Majestad, porque la luz del Universo proviene de la luz de su sagrado ser.”
También Suleyman Chelebi menciona la Luz de Muhammad en su “Mawlid”:
Mustafâ nûrunu evvel kıldı vâr Sevdi ânı ol Kerîm ü Girdigâr
La Luz de Muhammad fue lo primero que hizo, Le amaba –el Generoso, el Grande.4
Así pues, la Luz de Muhammad, también llamada la Verdad de Muhammad, es la esencia que representa la identidad espiritual del Bendito Profeta (s.a.s). A nadie ha amado tanto el Creador como a él; nadie Le es más querido. La razón por la que existe la creación es el amor del Todopoderoso por la Luz de Muhammad –la primera entidad creada. La creó en su honor, y es como el corazón 4. Otros versos de “Mawlid” de Suleyman Chelebi hablan del Bendito Profeta (s.a.s) como la Luz de la Existencia, y mencionan que el Universo fue creado en honor de la Luz de Muhammad.
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al que protege y guarda. El único objetivo de la Existencia es el de exponer y explicar su realidad. No obstante, de igual manera que es imposible verter un océano en un vaso, el entendimiento de la Luz de Muhammad, en toda su amplitud, es inconcebible.
La pureza del linaje del Profeta (s.a.s)
El padre del Noble Profeta (s.a.s) se llamaba Abdullah y su madre Aminah, un linaje bendito que llega hasta Ismail e Ibrahim (a.s.), por medio de Adnan,5 el más honorable miembro de la familia Kaizar.6 Se
dice que el hijo de Adnan, Ma’add, fue contemporáneo de Isa (a.s). Tanto por el lado paterno como por el materno, el Mensajero de Allah (s.a.s) pertenecía a la más noble familia Quraish. La pureza de su linaje está confirmada en el siguiente hadiz:
“Nací, hijo de mis padres, sin haber sido manchado por ningún mal de la Época de la Ignorancia. Desde Adam (a.s) hasta mis padres, todos los miembros de mi linaje fueron concebidos dentro del matrimonio, nunca por fornicación.” (Ibn Kazir, al-Bidayah, II, 260)
Otro nombre del Profeta (s.a.s) es Mustafa –que significa: “elegido por su pureza”. Siempre que se escindía el linaje, los ancestros del Profeta (s.a.s) provenían de la mejor línea. Por lo tanto, desde Adam y su pareja, de generación en generación,7 la Luz
Profética pasaba por los padres más puros.
5. El linaje del Noble Mensajero (s.a.s) es el siguiente: Muhammad ibn Abdullah ibn Abdulmuttalib ibn Hâshim ibn Abdi Menaf ibn Qusayy ibn Kilâb ibn Murra ibn Kaab ibn Luay ibn Ghalib ibn Fihr ibn Malik ibn Nadr ibn Kinâna ibn Huzaima ibn Mudrika ibn Ilyas ibn Mudar ibn Nizar ibn Ma’add ibn Adnan. (Bujari, Manaqibu’l Ansar 28; Ibn Hisham, I, 13-; Ibn Sad, I, 5556-).
6. Ver Ibn Hisham, I, 1, 5. 7. Ver Ahmad, I, 210.
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Algunos comentaristas, incluido Ibn Abbas, consideraban que la ayah “Y confíate al Poderoso, al Compasivo, Aquel que te ve cuando te pones en pie, y en tus distintos movimientos entre los que se postran en adoración” (al-Shuara, 26:217-219) contenía la referencia a los miembros de la ascendencia del Profeta (s.a.s) –todos ellos hombres de gran piedad, es decir que hasta llegar a él, la Luz del Profeta (s.a.s) se transmitió solamente a través de los que se postraban ante Allah el Altísimo. (Qurtubi, XIII, 144, Haizami, VIII, 214)
El Noble Profeta (s.a.s) confirmó la pureza de su linaje con las siguientes palabras:
“Allah eligió a Ismail de entre los hijos de Ibrahim; el clan Kinana de entre los descendientes de Ismail; Quraish de entre los hijos de Kinana; los hijos de Hashim de entre los Quraish; y los hijos de Abdulmuttalib de entre los Hashim; y a mí de entre los hijos de Abdulmuttalib.” (Muslim, Fadail, 1; Tirmidhî, Manaqib, 1)
El gran sabio Musulmán Ibn Jaldún comenta con respecto a la pureza del linaje del Bendito Profeta (s.a.s) y de sus ancestros:
“Ninguna otra persona desde Adam (a.s) aparte del Profeta Muhammad (s.a.s), tiene un árbol genealógico tan documentado, de una pureza y nobleza tan ininterrumpida. Es un don especial del Todopoderoso a Su Amado.” (Ibn Jaldún, I, 115)
El matrimonio de Abdullah y Aminah, los padres del Profeta
Antes de la llegada del Profeta Muhammad (s.a.s), la creencia en un Dios Único estaba prácticamente extinguida, y la Ka’aba estaba llena de ídolos, propiedad de las diferentes tribus. Incluso el pozo de Zamzam había quedado cubierto y olvidado. Un día, mientras dormía cerca de la Ka’aba, Abdulmuttalib, el abuelo del Bendito Profeta (s.a.s), vio en un sueño como se le ordenaba excavar
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la fuente de Zamzam, pero cuando intentó cavar para hacer realidad este sueño, se lo impidieron los Quraish alegando que sería un horrendo crimen cavar en la cercanía del Sagrado Templo.
Ya que tenía solamente un hijo que le pudiera ayudar, Abdulmuttalib no tenía fuerza para oponerse. Por ello, Le suplicó a Allah el Altísimo, haciendo un nadhr –es decir, el juramento de sacrificar a uno de sus hijos si el Todopoderoso le concedía diez para ayudarle a luchar contra los enemigos de su causa.
Al ver algunos signos milagrosos en Abdulmuttalib, los habitantes de Mekka se ablandaron en su negativa y le permitieron cavar, cosa que hizo, descubriendo la fuente de Zamzam. Más tarde se vio que su súplica había sido respondida, ya que tuvo doce hijos con el permiso del Todopoderoso, todos varones sanos y fuertes. Entonces, en un sueño se le recordó el juramento que había hecho años atrás. Aquello le produjo un profundo desasosiego; primero sacrificó un cordero, luego una vaca; pero cada vez se le pedía un mayor sacrificio, hasta que finalmente se le dijo:
- Has jurado sacrificar a uno de tus hijos.
Entonces Abdulmuttalib reunió a todos sus hijos y les explicó el sueño que había tenido, rogándoles que se sometiesen al cumplimiento de su promesa. Todos sus hijos aceptaron. Sin el menor rasgo de rebeldía, le dijeron:
- Haz lo que tengas que hacer para cumplir con el juramento que has hecho.
Abdulmuttalib decidió echar a suertes para determinar a cuál de sus hijos sacrificaría, pidiéndole al Todopoderoso mientras lo hacía:
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- ¡Oh Señor! Aquí me tienes, echando a suertes para mostrarte que quiero cumplir con mi palabra. Te suplico que me permitas sacar el nombre que Tú quieres que saque.
Salió el nombre de Abdullah. Aunque le era el más querido, Abdulmuttalib aceptó su destino sin la menor mueca de dolor. Temerosos de que aquello pudiera ser el principio de un asunto nefasto, los mequinenses se opusieron a su decisión, convenciéndole de que consultase a un hombre de conocimiento. Abdulmuttalib aceptó el consejo y se dirigió a casa de un gran sabio a quien todos respetaban.
- ¿Cuál es el precio de rescate en caso de asesinato? preguntó el sabio.
Los que le habían acompañado contestaron que eran diez camellos. Entonces, el sabio les aconsejó echar a suertes entre Abdullah y diez camellos, añadiendo otros diez, hasta que saliera el nombre “camellos”.
Volvieron a echar suertes; esta vez, entre los diez camellos y Abdullah. Cada vez que echaban a suertes, salía su nombre, hasta que el número de camellos llegó a cien. Fue entonces cuando salió el nombre “camellos”. La familia se regocijaba, pero Abdulmuttalib no se sentía satisfecho, pensando que era injusto ignorar que el nombre de su hijo había salido diez veces, mientras que “camellos” solamente una. Entonces repitió tres veces más el procedimiento y, para gran satisfacción suya, cada vez que tiraba salía el nombre “camellos”. Todos los presentes glorificaron a Allah por haber dirimido el asunto de una forma que dejaba a todos contentos. Luego, Abdulmuttalib sacrificó a los camellos, distribuyendo la carne como sadaqah.8
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En la Ley islámica, el rescate por un asesinato son cien camellos o su valor equivalente en oro, según el juicio derivado de este caso. En referencia al sacrificio no cumplido de su abuelo y de su ancestro Ismail (a.s), el Noble Profeta (s.a.s) ha dicho:
“Soy el hijo de los dos sacrificios.” (Hakim, II, 609/4048)
Por eso se le dio al Mensajero de Allah (s.a.s) el nombre de “el hijo de los dos sacrificios”.9
Abdullah era el hombre más apuesto de su tribu. También destacaba por su inteligencia y su modélico comportamiento.10
Todas las jóvenes Quraish le deseaban por esposo. Una de ellas fue la hermana de Waraqa ibn Nawfal, quien al ver la luz que emanaba de la frente de Abdullah se dio cuenta de que era la señal de la Profecía. Ella deseaba tanto ser la madre del Profeta prometido, que le ofreció a Abdullah cien camellos como dote.11
Un año antes del “Año del Elefante”, Abdulmuttalib pidió para su hijo la mano de Aminah, hija de Abdimenaf, el mejor de los Quraish en cuanto a descendencia y honor. La propuesta fue aceptada y se celebró el matrimonio. Los ancestros de Aminah, a través de su padre Wahb ibn Abdimenaf, llegan hasta Zuhrah, hijo de Kilab, hijo de Murrah, donde se une a los antepasados del clan de Abdullah y de Hashim con Kilab, cuyo hijo Zuhrah era hermano de Qusay.12
Cuando Aminah concibió al Noble Profeta (s.a.s), la luz en la frente de Abdullah pasó a ella.13
9. Ver Hakim, II, 6044036/. 10. Ver Halabi, I, 5162-. 11. Ver Ibn Hisham, I, 168-169. 12. Ver Ibn Sad, I, 59-60. 13. Ver Ibn Hisham, I, 170.
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El fallecimiento de Abdullah
Un tiempo después de su casamiento, Abdullah fue en viaje de negocios a Damasco. De vuelta a casa enfermó y cuando llegaron a Medina dijo a los que le acompañaban que prefería quedase allí, junto a sus tíos maternos, hasta que se recuperase. Aunque permaneció allí un mes, la recuperación no llegaba y, finalmente, falleció en esa ciudad a los veinticinco años de edad.14
Durante muchos días Aminah lloró su muerte, elogiando lo mucho que había sido amado por todos, alabando su generosidad y misericordia sin par.15
Los acontecimientos que anunciaban el nacimiento del Profeta
Los signos que indicaban la venida del Bendito Profeta (s.a.s) se dejaron ver mucho antes de su nacimiento. Cada trocito del Universo añoraba la encarnación de la causa de haber sido creado.
El compromiso que el Todopoderoso tomó de los Profetas anteriores de que reconociesen a Muhammad (s.a.s) como Profeta y le ayudasen si apareciera durante su vida, debía considerarse como el signo más grande de su venida. Lo confirma la siguiente ayah:
َّ ُ ٍ َ ْכِ َو ٍبאَ ِכ ْ ِ ْ ُכُ َْ ٰا ۤאَ َ َ َِّّ۪ ا َقאَ ۪ ُ ّٰ ا َ َ َا ْذِاَو
َلאَ ُ َّ ُ ُ ْ َ َ َو ۪ ِ َّ ُ ِ ْ ُ َ ْ ُכَ َ אَ ِ ٌقِّ َ ُ ٌل ُ َر ْ ُכَءۤאَ
14. Ver Ibn Sad, I, 99. 15. Ver Ibn Sad, I, 100.
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אَ ْرَ ْ َا اۤ ُ אَ ي۪ ْ ِا ْ ُכِ ٰذ ٰ َ ْ ُ ْ َ َاَو ْ ُ ْرَ ْ َاَء
َ ۪ ِ א َّ ا َ ِ ْ ُכَ َ ۨאَ َاَو اوُ َ ْ אَ َلאَ
“Y ten presente el compromiso que Allah pidió a los Profetas: Os damos parte de un Libro y de una Sabiduría, luego vendrá a vosotros un Mensajero que confirmará lo que tenéis; en él habréis de creer y le habréis de ayudar.” Dijo: ¿Estáis de acuerdo y aceptáis, en estos términos, Mi pacto? Dijeron: Estamos de acuerdo. Dijo: Dad testimonio, que Yo atestiguo con vosotros.” (Al-Imran, 3:81)
Elevando los brazos al cielo, los Profetas Ibrahim e Ismail (a.s) también suplicaron por la venida del Bendito Profeta (s.a.s) después de haber completado la construcción de la Ka’aba:
ُ ُ ُ ِّ َ ُ َو َכِ אَ ٰا ْ ِ ْ َ َ ا ُ َْ ْ ُ ْ ِ ً ُ َر ْ ِ ۪ ْ َ ْاَو אَ َّ َر
ُ
۪כَ ْا ُ ِ َ ْا َ َْا َכَّ ِا ْ ِ ّ۪כَ ُ َو َ َ ْכِ ْاَو َبאَ ِכْا
“¡Señor nuestro! Envíales un mensajero que sea uno de ellos, para que les recite Tus aleyas, les enseñe el Libro, la Sabiduría y los purifique. Es cierto que Tú eres el Poderoso, el Sabio.” (al-Baqarah, 2:129)También el Profeta Isa (a.s), al informar a los Israelitas de su Profecía, les da la buena nueva de la venida del Último Profeta:
ِ ّٰ ا ُل ُ َر ِّ۪ا َ ۪ءۤاَ ْ ِا ۤ َ۪ אَ َ َ ْ َ ُ ْا َ ۪ َلאَ ْذِاَو
ِ ٰرْ َّ ا َ ِ َّىَ َ َ َْ אَ ِ אً ِّ َ ُ ْ ُכَْ ِا
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“Y cuando dijo Isa, hijo de Maryam: ¡Hijos de Israel! Yo soy el Mensajero de Allah para vosotros, para confirmar la Torá que había antes de mí y para anunciar a un mensajero que ha de venir después de mí cuyo nombre es Ahmad.” (as-Saff, 61:6)
Estando todavía embarazada, Aminah tuvo un sueño en el que oyó:
“Estas embarazada Aminah del Maestro de la ummah. Cuando des a luz suplica a Allah, diciendo: ‘Busco refugio en Allah, el Uno, de la envidia del envidioso cuando envidia’, y llámale Muhammad.”16
Algunos han transmitido que el Mensajero de Allah (s.a.s) dijo en una ocasión:
“Yo soy la respuesta a la súplica de mi ancestro Ibrahim, a la buena nueva que dio Isa, y al sueño de mi madre.” (Hakim, II, 453; Ahmad, IV, 127-128)
El nombre del Profeta (s.a.s) y sus atributos estaban escritos claramente tanto en la Torá como en el Inyil, teniendo pleno conocimiento de ello los sabios de la época. El Qur’an alaba a aquellos que lo aceptaron:
ُ َ وُ ِ َ ي ۪ َّ ا َّ ِّ ُ ْ ا َّ ِ َّ ا َل ُ َّ ا َن ُ ِ َّ َ َ ۪ َّ َا
ِ ۪ ْ ِ ْ اَو ِ ٰر ْ َّ ا ِ ْ ُ َ ْ ِ אً ُ ْכَ
“Esos que siguen al Mensajero, el Profeta Iletrado, al que encuentran descrito en la Torá y en el Inyil…” (al-Araf, 7:157)
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Dado que conocían las características del Bendito Profeta (s.a.s), le podían reconocer con la misma facilidad con la que un padre reconoce a su hijo, tal como lo confirma la siguiente ayah:
ْ ُ َءۤאَ ْ َا َن ُ ِ ْ َ אَ َכ ُ َ ُ ِ ْ َ َبאَِכْ ا ُ ُ אَ َْ ٰا َ ۪ َّ َا
َن ُ َ ْ َ ْ ُ َو َّ َ ْا َن ُ ُ ْכَ َ ْ ُ ْ ِ אً ۪ َ َّنِاَو
“Aquéllos a los que dimos el Libro, lo conocen como conocen a sus propios hijos, pero hay un grupo de ellos que oculta la verdad a sabiendas.” (al-Baqarah, 2:146)
Al aceptar el Islam, Abdullah ibn Selam (r.a),17 un gran
conocedor de la Torá, dijo:
- Reconozco al Mensajero de Allah mejor que a mi propio hijo. Umar (r.a) le preguntó entonces:
- ¿Y cómo es eso?
- Puedo dar testimonio de que Muhammad es el Mensajero de Allah porque sus características están claramente descritas en la Torá.
17. También conocido como Abu Yusuf, es descendiente de Yusuf (a.s). Su nombre era Hussain, aunque más tarde el Bendito Profeta (s.a.s) se lo cambió por el de Abdullah. Era un sabio de los Banu Qaynuqa. Cuando el Mensajero de Allah (s.a.s) llegó a Quba, cerca de Medina, durante la Hégira, Abdullah fue allí y le hizo algunas preguntas. Sabía que las respuestas que recibió solamente podían provenir de un Profeta, por lo cual aceptó el Islam de inmediato. Su posición fue fundamental a la hora de entrar en el Islam los miembros de su familia y muchos de sus parientes. Recibió en vida del Bendito Profeta (s.a.s) la buena nueva del Paraíso y fue un Compañero muy