2 ¿Todos los caminos conducen a la democracia?
4. El Estado-nacional y la democracia
Las virtudes de los procesos electorales permiten admitir que ellos han dado una contribución importante a la formación de un régimen democrático. También es al revés, pues el régimen es democrático si establece la posibilidad de que nuevos actores accedan por nuevos canales al poder, que a su vez tiene que ser ejercido en provecho de todos. A partir de 1981 ha habido más de veintiocho elecciones en América Central, en las que han triunfado siempre fuerzas conservadoras, algunas claramente de derecha, que reciben además, el respaldo norteamericano. Las elecciones han sido competitivas, plurales, libres y justas. Han surgido tribunales electorales independientes, aunque la participación ciudadana no es alta en la mayoría de experiencias. Las condiciones sociales, económicas y culturales actuales, limitan la expansión de la ciudadanía, que es sin duda la prueba pertinente de la consolidación democrática. La efectividad de los derechos ciudadanos requieren tanto de un contexto estructural que facilite su ejercicio como de un Estado que asegure su legalidad y proteja su vigencia.
El Estado tiene que ser democrático en el sentido de inhibir los factores vinculados con la tradición autoritaria y con los efectos del conflicto. Pero tenemos Estados débiles, que no alcanzan aún a tener una representación funcional de la nación, o sus instituciones no son eficaces, el sistema legal admite límites en su efectividad. El Estado centroamericano es enclenque e incompetente, con escaso poder de democratización, salvo los derechos políticos relativos al sufragio y las instituciones electorales. Con un Estado débil la democracia sólo alcanza para
45A. Schedler, Elections without democracy, op. cit. p. 49.
ejercitar su versión electoral. Actúa sin autonomía relativa frente a los poderes fácticos que son capaces de actuar en la ilegalidad y violentar la voluntad ciudadana. Su capacidad extractiva es baja y sobrevive como un poder desfinanciado y precario, fiscalmente impotente. Así, el trazado de políticas sociales en beneficio de las grandes mayorías de pobres no puede realizarse.
En estos años transcurridos la más importante conclusión que se puede extraer es que la democracia electoral, al ejercitarse en una sociedad cruzada por profundas desigualdades sociales, formas de heterogeneidad estructural agudas, grandes contrastes culturales, se acomoda a esa realidad y produce resultados que en su esencia contradictoria niegan los principios mismos de la democracia. Son dos las condiciones genéricas que debilitan la democracia, una de carácter físico relativa a la extensividad de la jurisdicción del Estado y otra de carácter social relativa a la profundidad de la estructura social de la Nación. En virtud de esas limitaciones los derechos civiles, sociales y políticos no tienen una vigencia efectiva ni en toda la geografía, para todos los habitantes; ni en toda la estructura de clases, para todos los grupos sociales. Se produce así un serio déficit democrático y la democracia se vuelve minoritaria e incompleta.
Los límites físicos y sociales existentes en mayor o menor medida en estas sociedades producen una vida democrática de carácter centrífuga y elitista. En otras palabras, por un lado, los derechos democráticos, el ejercicio del voto por ejemplo, se ejercita de mejor manera en el medio urbano que en el rural, más en las ciudades que en las aldeas. Y por el otro, tienen condiciones para experimentar la democracia de manera más plena, como ciudadanos, las clases medias y en general los grupos sociales con mejores niveles de educación e ingreso. Los derechos civiles y sociales en función del ingreso y del bienestar. En resumen, en la dinámica de la democracia y por la responsabilidad del Estado, hay una poderosa tendencia a la marginalidad/centralidad en el ejercicio de los derechos ciudadanos.
En sus manifestaciones prácticas, ello se expresa no solo en formas débiles de participación sino en una baja calidad en los beneficios que otorgan los derechos. Los ejemplos contrastantes son obvios a partir de las distancias físicas y sociales: ¿cómo ‘vive’ el ejercicio de la participación electoral un hombre de clase media urbana, alfabeto y bien informado, y una mujer campesina, pobre y analfabeta? La pobreza, la ignorancia, el desamparo no se lleva bien con la democracia. ¿Cuánta desigualdad más soportará la democracia centroamericana?
Finalmente, hagamos mención de otra preocupante realidad en estas sociedades fragmentadas, especialmente aquellas donde el conflicto armado dejó heridas que no cicatrizan. Nos referimos a la existencia de áreas donde la fuerza de la legalidad del Estado es débil o no existe y donde se practican ‘otros’ derechos bajo otro poder. Son los sitios controlados por el narcotráfico, grupos mafiosos o sobrevivencias paramilitares. Son espacios donde priva la informalidad o las prácticas patrimoniales pero no la ley, la justicia y la autoridad del Estado nacional. Otra es la razón pero las consecuencias pueden ser las mismas en el caso de estas sociedades multiétnicas. No nos referimos a una probable aplicación de prácticas de derecho consuetudinario, normas y costumbres de la cultura indígena, lo cual forma parte del reconocimiento legítimo a las diferencias. Se está aludiendo a los extendidos abusos que se cometen con los indígenas, portadores de una
Medidas comparativas de libertad en países seleccionados País Derechos Libertad civil Clasificación según
políticos libertades
Estados Unidos 1 1 Libre
Costa Rica 1 2 Libre
Panamá 1 2 Libre
México 2 2 Libre
El Salvador 2 3 Libre
Honduras 3 3 Parcialmente libre
Nicaragua 3 3 Parcialmente libre
Guatemala 4 4 Parcialmente libre
Cuba 7 7 No libre
Nota: La mejor calificación es 1 y la peor es 7. La clasificación consta de tres categorías: libre, parcialmente libre y no libre.
Fuente: The 2003 Freedom House Survey, enJournal of Democracy (Ene, 2004).
igualdad formal pero ejercitando una ciudadanía disminuida justamente por las diferencias culturales que sirven de pretexto. En varios países de la región se debe buscar la construcción de una democracia étnica con la promoción de un Estado pluricultural. Esto es particularmente necesario en Guatemala por la importancia que tiene la población indígena, cuya incorporación plena es la garantía mayor de la democracia en construcción.
Para juzgar la fuerza de la democracia es necesario valorar, junto al desempeño ciudadano, la estabilidad institucional, la fuerza del sistema político y la existencia de una sociedad civil integrada, activa y presente en el debate público, un ejército y sistemas de inteligencia bajo control civil y una gobernabilidad democrática. El balance de resultados es desigual en estos países a la luz de los elementos mencionados. En un orden subjetivo de menos a más condiciones democráticas los países se ordenarían así: Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Honduras,
Panamá y Costa Rica.47
En general, pese a las deficiencias propias del sistema político y a la debilidad de las bases estructurales, en América Central se vive una nueva época. La guerra y los desastres naturales (que han golpeado a Nicaragua y El Salvador tanto como el conflicto armado) hacen que los problemas sean más graves hoy que ayer. La democracia en construcción es más una derivación de la guerra fría que el éxito de poderosas fuerzas democráticas locales. La ayuda norteamericana fue más importante en la guerra que en la paz, pero ha sido decisiva para alcanzar estas democracias conservadoras. No siendo las democracias hechos irreversibles, ellas
se juegan ahora una carta negativa en el exterior48. El resumen de toda la
argumentación precedente radica en el papel del Estado, que tiene que ser un
47El cuadro siguiente tomado del último análisis de Freedom House, confirma este diagnóstico
48Como el historiador Arthur Schlesinger ha escrito en el New York Review of Books(23/X/03), “Mr. Bush ha
sustituido una política de paz a través de la prevención de la guerra por una política de paz por medio de guerras preventivas.” Muchos en el ámbito internacional rechazan esto, pero en América Latina hay más temor, pues la práctica de acciones militares preventivas tiene una larga historia, especialmente en Centroamérica y el Caribe. Las invasiones norteamericanas en Grenada (1983) o en Panamá (1989) son ejemplos de acciones preventivas de los Estados Unidos.
Estado de derecho, democrático, que vuelva efectiva la participación de todas las fuerzas políticas importantes cuyo acceso al poder está asegurado como forma de satisfacer sus intereses. No ocurre así todavía. Si no hay crecimiento económico y el Estado continúa debilitándose, la violencia criminal puede provocar el peligro ya existente de desintegración social. Las instituciones públicas deben garantizar la seguridad física, crear condiciones para el ejercicio efectivo de la ciudadanía, movilizar el ahorro público, corregir las disparidades de ingresos. Sin un Estado fuerte no habrá democracia.