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Nadar contra corriente

El hombre no es un factor económico más o un bien descartable, sino algo que tiene una naturaleza y dignidad no reducible a simples cálculos económicos.

Se ha llegado al último planteamiento, por lo que se tratará de relacionar los puntos abordados anteriormente con la realidad actual que se vive; para ello, es importante analizar algunos puntos que permitirán afianzar lo que hasta ahora se ha dicho sobre el bien. En el día a día se escucha de manera habitual cómo las personas van lastimándose unas a otras por adoptar actitudes contrarias al amor; ante este contexto, el hombre que ha asumido vivir en búsqueda del bien desde su contexto puede tener la sensación de sentirse “nadando contra corriente”. ¿Cómo ser bueno y llegar a la plenitud del bien? Wojtyla (2009, p. 29) plantea esta pregunta como uno de los problemas centrales de la vida interior del ser hu- mano. Como decíamos en la primera parte de esta reflexión, no podemos olvidar que en la naturaleza del hombre está comprendida la facultad de autodetermi- nación, que se manifiesta en el hecho de que, al actuar, el hombre elige lo que quiere hacer. A esta facultad se llama “libre albedrío”. Juan Pablo II (1994) dice: “El hombre es libre mediante el amor, porque el amor es fuente de predilección para todo lo que es bueno” (p. 220). La voluntad y la libertad dirigen al hombre a buscar el bien y a elegirlo.

Por ello, el bien de la persona no es algo acabado, sino que se presenta como un bien por realizar, es decir, como un bien que tiene que ir haciéndose realidad a través de la acción humana. Puede decirse que no es un bien de hecho, sino un bien de derecho; esta expresión, en el caso del ser humano, tiene un significado especial: no se refiere únicamente al carácter de logro que tiene todo bien en tan- to que realiza la perfectibilidad de un ser, sino que, además, introduce al bien en la esfera de lo justo, la cual, en último término, como se ha señalado, se resuelve en una relación de justicia para con el Creador (Burgos, 2007, p. 173).

Por lo tanto, el hombre debe perseverar en el camino del bien. Es necesario que viva siempre en una continua renovación de sus actitudes, tratando de mirar de manera positiva la realidad que le toca vivir. ¿Es fácil? No. Sin embargo, la persona es ese ser que, en su misma naturaleza, promueve un compromiso ha- cia la verdad, el amor, la justicia, la solidaridad; es quien tiene esa capacidad de enfrentar los más grandes obstáculos de la vida humana, sobreponerse y seguir adelante, término que se conoce como resiliencia.

El hombre no debe olvidar que sus acciones deben estar guiadas por el amor. Solo así podrá respetar la dignidad de toda persona, perseverar en la búsqueda del bien propio y común, tener la convicción de lo que busca, la fortaleza en las tempestades que pueda encontrarse en la vida, la capacidad de darse a otros y ser recíproco en sus relaciones.

Conclusión

En este recorrido breve se ha querido presentar, a través de las enseñanzas de Wojtyla y desde la mirada del personalismo, cómo la naturaleza del hombre tiende hacia el bien y que puede alcanzarlo en su vida ordinaria a través del amor. La persona es una estructura abierta a los demás, y solo a través del encuentro con el otro es capaz de salir de sí misma y de darse. Esta capacidad de donación nace por esa decisión y compromiso que trae consigo la naturaleza del amor. Es un camino que hay que ir haciendo, varias personas nos han precedido y nos han hecho ver que se es capaz de vivir en el bien y por el bien. El presente y el futuro deben ser mirados a través de unos ojos perseverantes, pues el amor es el que impulsa a tener la voluntad de buscar y reconocer el bien.

Para finalizar, retomo una frase que Wojtyla (1982) decía al respecto: “¿El hom- bre, no lo es de la manera más plena cuando se actualizan en él las supremas capacidades? Ciertamente que esto no sucede cuando permanecen dormidas en él. El amor es la actualización de las supremas capacidades del hombre” (p. 64). La invitación está abierta a continuar potencializando nuestras capacidades y a descubrir, a través de la razón y la voluntad, el bien al que estamos llamados, realizándolo solo a través del amor que cada hombre decida vivir.

Referencias

Burgos, J. M. (2007a). La filosofía personalista de Karol Wojtyla. Madrid: Palabra.

Burgos, J. M. (2007b). Amor, bien y valor: una aproximación a la persona en Karol Wojtyla. En La filosofía

personalista de Karol Wojtyla. Madrid: Palabra.

Juan Pablo II (1993). Veritatis Splendor. Cuestiones fundamentales sobre la enseñanza moral de la Iglesia. Recupera- do de http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_06081993_ veritatis-splendor.html

Juan Pablo II (1994). Cruzando el umbral de la esperanza (2.a ed.). Barcelona: Plaza & Janés.

Juan Pablo II (1995). Discurso a la quincuagésima asamblea general de la Naciones Unidas. Recuperado de https:// w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/speeches/1995/october/documents/hf_jp-ii_spe_05101995_ address-to-uno.html

Wojtyla, K. (1982). Max Scheler y la ética cristiana. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos. Wojtyla, K. (2005). Mi visión del hombre (5.a ed.). Madrid: Palabra.

Wojtyla, k. (2007). Persona y acción. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos. Wojtyla, K. (2009a). Amor y responsabilidad. Madrid: Palabra.

Wojtyla, K. (2009b). El don del amor. Escritos sobre la familia (5.a ed.). Madrid: Palabra.

Wojtyla, K. (2005). El fundamento metafísico y fenomenológico de la normal moral en Tomás de Aquino y Max Scheler. En Mi visión del hombre. Madrid: Palabra.

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La personalidad según las nociones