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4. Vivir, leer, escribir

4.5 Segunda parte: capítulos de transición

4.5.1 Naturaleza y temáticas de la segunda parte

Cuando inicié el comentario del proceso de escritura, me detuve inicialmente en la situación del autor. Ahora, pasados los capítulos que considero como de transición, la novela entra en su fase final y uno de los puntos importantes que se deben considerar es que esa situación inicial se ha transformado por completo. Si bien he ido señalando estos cambios a medida que avanzábamos en el desarrollo de la novela, es conveniente recapitularlos ahora que me dispongo a abordar el final.

Guibert se encuentra todavía en Roma. Su periodo como pensionado de la Académie de France à Rome no ha concluido aún, de manera que todavía puede residir en Villa Medici. Se ha confirmado el descenso de su nivel de T4, lo que lo pone a las puertas de una decisión definitiva: si inicia el tratamiento con AZT, con su terrible lista de efectos secundarios, podría vivir algo más de un año; en caso contrario no le quedan muchos meses más de vida. Ha terminado de contar la historia de su enfermedad, proyecto de escritura que desplazó la novela en la que había venido trabajando durante el año anterior y que abandonó en diciembre. Es claro que ya no se encuentra en Roma a la espera de nada, ni buscando alejarse de sus amigos. Ahora que las dudas se han resuelto, Roma es su lugar de residencia, como lo ha sido durante el año y medio anterior, esencialmente por su condición de becario.

Esta situación, innegablemente dramática, carece sin embargo de la tensión impuesta en la situación inicial por la espera de los resultados médicos. El autor ya no vive

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en función de una suerte de fecha límite, no hay un evento que vaya a determinar su futuro. Ha reestablecido una cotidianidad en la que vive el dramatismo propio de sus circunstancias. Si el proceso de escritura de la primera parte está guiado por una decisión de narrar, lo que vemos ahora es una colección de apuntes hechos a lo largo de varios meses, que dan cuenta de dos universos: uno, la vida cotidiana del autor; y otro, la novelesca reaparición de Bill, el amigo con acceso a la que podría ser la primera cura contra el sida.

¿Qué cuenta la novela sobre la vida cotidiana? Habla de cómo el autor pasa los últimos días de su periodo de becario en Roma. La ciudad, que prácticamente estaba ausente del resto de la novela, se convierte en una referencia permanente ahora que el autor testimonia sus recorridos por ella. El lugar más importante en estos será, obviamente, un hospital. El doctor Gulken lo ha remitido al doctor Otto, que atenderá al autor en el hospital Spallanzani. Guibert hablará del mundo de los enfermos de sida en Roma, de los exámenes, de la manera en que se reconocen unos a otros en las salas de espera y del ocasional coincidir en las calles de la ciudad. Otras referencias serán la farmacia del Vaticano y, muy ocasionalmente, lugares emblemáticos de la ciudad. En paralelo a estos recorridos, aparecen sus amigos, que lo llaman de vez en cuando o con los que se encuentra en sus rápidas visitas a París.

La enfermedad, por supuesto, es otro de estos temas. Concretamente las dudas acerca de tomar AZT, el inicio del tratamiento y, hacia el final del libro, la suspensión de su uso porque el autor ya no resiste más los efectos secundarios. Teniendo en cuenta las implicaciones que esto tiene, sorprende que esta decisión no sea el elemento narrativo que utiliza Guibert para cerrar Al amigo… pero esto es así porque aparece una trama novelesca

distinta: la sección final del libro está sostenida en la figura de Bill y su trabajo con la vacuna de Mockney.

Ante todo, la historia de Bill es la de una espera: hace meses que le ha dado esperanzas a Guibert de que será una de las primeras personas en probar la supuesta cura, pero no ha concretado nada. A grandes rasgos esto es lo que cuenta al respecto en este tramo final de la novela:

En enero, por los días en que Guibert avanzaba en la escritura de Al amigo..., Bill

cumplió 50 años. Se autoinvitó a casa de Jules para celebrar. En esa ocasión se había quejado de cómo era imposible en Estados Unidos abrir un espacio para lo imprevisible,

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para saltarse los procedimientos y aplicar la vacuna a un amigo como Guibert sin cumplir todos los protocolos de experimentación. Pasadas unas semanas, justo cuando está a punto de iniciar el AZT, Guibert lo llama con el pretexto de consultarle algo al respecto de las dosis de este medicamento. Su intención es darle la oportunidad a Bill de decirle que no lo tome, que él se las arreglará para aplicarle la vacuna así sea a escondidas, pero este ignora la indirecta y le contesta estrictamente lo que Guibert le ha preguntado. En abril hablan de nuevo y Bill repite su queja: la prueba de nuevos medicamentos está sujeta a demasiados protocolos de seguridad y trámites burocráticos. Más tarde, en mayo, mientras hablan por teléfono, Guibert le reclama por primera vez por su falta de delicadeza al hablar de la enfermedad y por sus promesas incumplidas. En un primer momento Bill reconoce sus faltas y tienen una larga conversación que resulta aliviadora. Pero al día siguiente lo llama y le hace los mismos reproches que Guibert le ha hecho. La llamada termina de manera algo aparatosa y Bill promete llamar al día siguiente, pero no da rastros de vida durante todo el verano siguiente. Cuatro meses más tarde, en septiembre, Guibert conoce a Eduardo, un joven seropositivo español que se encuentra bajo la protección de Bill desde que se sabe de su enfermedad. Bill llama por teléfono y pide hablar con Guibert; la conversación resulta algo distante y terminan hablando de las rivalidades entre Dumontel, la empresa para la que trabaja Bill, y Milland, su rival, que ha logrado ganarles en la competencia por la compra de un laboratorio productor de vacunas. Dos semanas después, cenando con Robin, uno de sus amigos, Guibert expone que por primera vez ha podido comprender la naturaleza de Bill e inicia una larga y desencantada descripción de lo que su amigo ha hecho con el poder que le confería el trabajar justo en el campo del sida:

(…) el SIDA para Bill habrá sido el prototipo del secreto de toda su vida. El SIDA le ha permitido

adoptar el papel de jefe de nuestro pequeño grupo de amigos, al que manipula como si fuera un grupo de experimentación científica (…) (pág. 227)

Este es, claramente, el fin de la confianza en Bill, pero su trato se mantiene. A fin de cuentas Guibert aún aspira a ser inyectado con la vacuna. Al llegar octubre termina su periodo de becario en Villa Medici y se muda a la isla de Elba, en donde tiene su refugio desde hace varios años. Justo en el momento en que está entrando a la casa recibe una llamada de Bill que le informa que finalmente la vacuna ha sido autorizada para experimentación dentro de Estados Unidos y le propone una cita con Chandi en París ocho

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días más tarde. El 15 de octubre se encuentran los tres en casa de Bill. En la charla, si bien la desconfianza entre los tres es enorme, las cosas se mantienen en su cauce habitual, con Bill prometiendo inyectar a Guibert con la vacuna así sea a escondidas. Luego, como si no fuera algo de mucha importancia, Bill dice que a fin de cuentas ya ha hecho algo parecido con Eduardo, el joven español. Guibert y Chandi quedan sorprendidos pero lo disimulan y Bill les dice, además, que el joven es el hermano menor de Tony, de quien Bill estaba enamorado. La reunión termina y Guibert queda de cenar con Bill esa misma noche. Se van. Guibert regresa más tarde y Bill le habla mal de Chandi. También reconoce que ha estado resentido con Guibert a causa de sus reproches. Salen a un restaurante. Durante la cena Bill le cuenta que, además, Tony y Eduardo son hijos del director para España de Milland. Guibert simula no estar afectado por estas revelaciones, por descubrir que Bill no ha tenido mayor problema en utilizar la vacuna para congraciarse con un enamorado y para humillar a uno de sus rivales, mientras que no ha hecho nada por Guibert, su amigo desde hace tantos años. Al día siguiente, 16 de octubre de 1989, agotado por los efectos secundarios del AZT, Guibert decide dejar de usarlo. Llama el 17 al doctor Chandi para informárselo y este le dice lo siguiente:

(…) creo que ni usted ni yo podemos esperar que Bill cumpla sus promesas. Bill no tiene palabra, lo ha demostrado rompiendo sin explicaciones compromisos hechos hace un año y medio que hoy no puede cumplir por cobardía. Bill es un fantoche que no hace nada por generosidad, ni por

humanidad. (…) Bill siempre será incapaz de ayudar a un agonizante, tiene demasiado miedo (pág. 241).

Estamos en el capítulo 98, y esta es la última acción narrada en la novela. Es claro que Bill no hará ya nada por Guibert; de hecho, ya nadie puede hacer nada por él. Ahora que no tolera el AZT, sólo queda esperar la muerte. El penúltimo capítulo, el 99, es una particular fábula sobre Bill. Un relato en el que trata de mostrarlo como un hombre incapaz de ir más allá de sus propias conveniencias incluso en el momento de ayudar a alguien. No parece un evento que haya sucedido en la época de la historia y no da nueva información sobre él. Más bien es una manera de resumir la terrible impresión que, en ese momento, tiene Guibert acerca del hombre que fue antes un amigo tan cercano. En cuanto al capítulo final, tiene unas características propias que en su momento comentaré, así que podemos cerrar

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esta recapitulación aquí. En la siguiente sección haré algunas precisiones sobre el proceso de escritura de esta parte final para concluir de esta manera mi trabajo.

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