Los elementos de la ruptura y el antijudaísmo cristiano
3. La No necesidad de la circuncisión y su reemplazo por el bautismo
Jesús era judío y por supuesto jamás dejó de observar los mandamientos de la Torá. Su familia com- pletamente judía observó en él la circuncisión conforme la ancestral costumbre del pueblo de Israel. El asunto de la circuncisión (como ya hemos analizado en su oportunidad) se presentó con rela- ción al ingreso de los gentiles. ¿Debían ser los gentiles circuncidados y formalmente aceptados en
el judaísmo o podían mantener su incircunsición y ser aceptados al judaísmo de todos modos? Las siete leyes de Noé como sabemos aceptan al gentil sin circuncisión, y esta línea fue la que siguió el Concilio de Jerusalén del año 50. Los gentiles podían ingresar al grupo mesiánico sin la circuncisión porque así lo establecía la propia Torá de Moisés.
Saulo de Tarso construyó sobre todo en sus cartas a los “Romanos” y a los “Gálatas” una interpre- tación de justificación para el ingreso de los gentiles sin la circuncisión tomando la figura de Abraham y fundamentando su exégesis en la idea judía de la “Circuncisión del corazón” que ya había sido trabajada por los profetas de Israel. En el caso judío, la circuncisión carnal debía ir acompañada de la circuncisión del corazón. En el caso del gentil que se lo aceptaba sin la circuncisión carnal se los aceptaba a través de la idea de la circuncisión del corazón o circuncisión por la fe.
Fue muy claro desde el principio dentro del cristianismo que la circuncisión era una señal de la identidad nacional del pueblo judío. Cuando en el Concilio de Jerusalén del 50 (como ya hemos es- tudiado) se decide que los gentiles ingresan al movimiento judeo-mesiánico sin la circuncisión, es porque indudablemente había dudas sobre el tema.
Ahora bien, a partir del siglo II aparece la paradoja histórica por la cual estos gentiles que habían sido admitidos por el judaísmo sin la circuncisión y todo el trabajo de exégesis paulino de justifi- cación para el ingreso de los gentiles, iba a ser utilizado contra la circuncisión carnal del judaísmo. Todas las interpretaciones paulinas que tenían como objetivo el ingreso de los gentiles al mesianismo judío, y a partir de allí lograr que los gentiles adquirieran el mismo nivel jurídico que los judíos, sirvió a partir del siglo II para comenzar a trabajar la superioridad de la circuncisión por la fe atacando el ritual judío de la circuncisión.
El cristianismo a partir del siglo II (mayoritariamente gentil) comenzó a atacar al judaísmo para lograr su objetivo primordial de diferenciarse de su religión madre, cuando fue el mismo judaísmo el que les abrió a los gentiles las puertas del monoteísmo.
Ahora bien, los prosélitos que se convertían al judaísmo no solamente se tenían que circuncidar sino también debían realizar el baño de inmersión, tanto los hombres como las mujeres (para ingresar al judaísmo por la conversión formal).
Supongamos que un hombre quería convertirse al judaísmo, entonces se realizaba la inmersión ritual y la circuncisión, en el caso de la mujer queda claro que simplemente realizaba la inmersión ritual. En el caso del hombre, el nombre hebreo se lo imponían en el momento de su circuncisión, en el caso de las mujeres que se convertían, su nombre hebreo se lo imponían en el momento del baño ritual de la inmersión.
Cuando a partir del Concilio del año 50 los gentiles fueron aceptados sin circuncisión se les con- tinuó aplicando el baño de inmersión, así fue como el cristianismo heredó el bautismo, ya que en las conversiones formales al judaísmo, todos los prosélitos debían realizar la inmersión ritual.
El bautismo cristiano es pues la continuación de la circuncisión como puerta de ingreso a la con- gregación. Parece ser, que la simbología del movimiento judío esenio de Qumrán de anular los peca- dos con el baño de inmersión pasó al cristianismo a través de la lectura del bautismo del judío Yojanan (Juan).
Dice el Dr. González Salinero en su obra sobre los ataques antijudíos al rito de la circuncisión:
Las palabras más duras de los Padres de la Iglesia contra la Ley judía están dedicadas la circuncisión, a la que consideraban como un signo exclusivo del pueblo judío. Por ello, porque la circuncisión era con- siderada como un signo de la raza (signum generis) algunos autores como Evagrio y Maximino Arriano, justificarían precisamente la propia circuncisión de Cristo. Dicha circuncisión sería vista como una prue- ba de que este procedía, tal y como anunciaban las profecías, de la estirpe de David. Para Ambrosiáster, la circuncisión de Cristo era incluso una necesidad desde el punto de vista histórico-salvífico, ya que demostraría la continuidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, entre la promesa hecha a Abrahán
y su realización en Cristo.
Sin embargo, el carácter exclusivo de los Padres de la Iglesia que querían dar a la circuncisión de los judíos, como algo particular y definitorio del pueblo de Israel, determinó que aquella fuese vista como un signo por medio del cual los judíos fueron marcados como pecadores. Sería una marca concedida por Dios al pueblo judío no como señal de elección o de privilegio, sino como una señal de su reprobación.
Ahora bien, esta primera circuncisión de los judíos habrá de ser comprendida, como advierte San Agustín, desde una perspectiva figurada, como una sombra de la verdadera circuncisión de los cristia- nos. Agustín vería también en la circuncisión una figura por medio de la cual se vinculaba el cristianismo con las antiguas promesas. Sin embargo, dicha circuncisión quedaría abolida con la llegada de Cristo, pues ya la figura habrá perdido todo su valor. Para Eutropio dejaba de ser un rito absurdo desde el mo- mento en que se abandonaba su sentido literal en favor de su significado alegórico y, por tanto, desde el instante en que se asumía como una figura de renuncia al mundo y a sus pompas.120
El cristianismo afirmaba que la circuncisión judía no otorgaba la salvación porque de lo contra- rio las mujeres no podrían salvarse. El problema que se presenta aquí es que la circuncisión para el pueblo de Israel es un signo de identidad nacional y observancia de la Torá que es eterna y no tiene relación con la “salvación”. Si la salvación es la observancia de los mandamientos de la Torá entonces los mandamientos exclusivos para los hombres son de cumplimiento obligatorio desde la perspectiva judía. Sin embargo, para los gentiles que observaban las siete leyes de Noé esta observancia no era necesaria (como lo definió el Concilio del año 50).
Ahora bien, si el judaísmo a través de las siete leyes de Noé absolvió a los gentiles de cumplir con el ritual de la circuncisión, se dio la paradoja que un siglo después los gentiles cristianizados (ingresados sin la observancia de la circuncisión por la permisividad de la teología judía) atacarían la circuncisión judía porque ahora era reemplazada por el bautismo mesiánico.
El ritual cristiano que sería el reemplazo de la circuncisión será el bautismo si bien con otra con- cepción en su aplicación debido a la teología cristiana posterior del pecado original.
Así el bautismo por inmersión de los prosélitos al judaísmo se convirtió en la ceremonia funda- mental de ingreso a la Iglesia.