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de que no necesito dominar a nadie con el fin de estar espiritualmente alerta

In document Wayne Dyer-Tus Zonas Sagradas (página 138-145)

Su yo superior quiere que esté en paz. Su ego quiere mantenerle en un estado de agitación con el fin de conservar su dominio sobre su vida. Es probable que haya escuchado a su ego durante la mayor parte de su existencia.

El resultado de escuchar al ego es que la mayoría de nosotros per- mitimos que el ego nos persuada para escoger la dominación en lugar de la tolerancia como criterio en nuestras relaciones. Pasar de la domi- nación a la tolerancia requiere disciplinar el ego y escuchar al yo espi- ritual.

Estoy escribiendo según mi experiencia personal en este asunto, y se trata de una de las misiones más difíciles que me ha planteado mi yo espiritual. He pasado muchos años dominado por mi ego, y sin te - ner intención de hacerlo he convertido la dominación y el enjuicia- miento en las piedras angulares de mi relación con los demás.

Las sugerencias que encontrará en este capítulo provienen todas de mi propia experiencia al superar las inclinaciones dictadas por el ego. Realizar la transición de la dominación a la tolerancia reviste una es- pecial dificultad debido a que el deseo de satisfacer el ego es muy po- deroso. El ego se muestra en extremo persuasivo después de toda una vida de disfrutar de los beneficios de la dominación. No quiere renun- ciar a su control.

Su yo superior asumirá el mando fácilmente cuando usted deje de controlar a otras personas. Comenzará a sentir un amor incondicional, y empezará a encontrar la paz que ha deseado.

Para encaminarse hacia la tolerancia que fomenta su yo superior y apartarse de las necesidades de controlar y juzgar impuestas por el ego, necesita examinar las cualidades que alimentan una forma tolerante de abordar la vida.

REEMPLAZODELADOMINACIÓNPORLATOLERANCIA

Aquí encontrará las principales características de la tolerancia. Fíje- se en que con la tolerancia entra en sintonía con su yo superior, al re- nunciar a las constantes exigencias del ego. Dése cuenta de que lo que el ego le ha hecho a usted, usted se lo ha hecho a otras personas.

El aprendizaje de estos comportamientos para crear una actitud to- lerante es una manera de educar al ego y de educarse a sí mismo. En el proceso, puede despojarse de las habituales reacciones del ego que le apartan de la verdadera realización.

• Dejar que las cosas sean como son. Para volverse más tolerante y es- tar menos controlado por su falso yo, comience a sentirse satisfecho con tal como son las cosas. Su ego nunca está del todo contento. Si escoge algo, su ego le convencerá de que considere alguna otra cosa.

Si una persona a la que ama actúa y es muy considerada con todo lo que usted dice o hace, su ego quiere que esa persona sea más crítica; si esa persona es más crítica, su ego decide tenerle antipatía. Si come dema- siado, usted comienza a pensar en lo agradable que sería estar más delga- do; se pone a dieta, y todos sus pensamientos girarán en torno a la comi- da. Si se queda en casa durante un largo período de tiempo, su ego se pone a contarle lo bonito que sería viajar; póngase en carretera y el ego empezará a hablarle de lo bonito que sería quedarse en casa. Se encuentra en una relación y comienza a imaginar que sería más agradable estar li- bre de ataduras; no disfruta de una relación y empieza a querer tener una. Sus hijos andan corriendo por la casa y empieza a pensar en escapar de ella; se ha ido de la casa y no piensa en nada más que en sus hijos.

Si se identifica con lo descrito, puede estar seguro de que el ego le ha separado temporalmente de su yo espiritual. Dada su voluntad de convencerle de que está separado de todo, necesita separarle del centro de su ser. Entonces puede mantenerle en ese estado de tratar de domi- nar a otras personas como manera de intentar lograr el equilibrio y el contento. El problema radica en que usted no puede alcanzarlos si se halla separado de la conciencia de su yo superior.

Cuando comienza a escuchar a su yo superior en los momentos con- templativos y de quietud, empieza a relajarse y aflojar la presión. De- saparece la falsa creencia de que todas las personas de su vida necesitan ser dominadas o controladas por usted, o de que los demás tienen que estar a la altura de sus expectativas para ser felices.

Las personas son como son, y su necesidad de dominarlas o cam- biarlas en el sentido que sea es el dictado de su falso yo. Su ego está, como de costumbre, intentando convencerle de que está separado de los demás. Tampoco quiere que caiga en la cuenta de cómo hace para dominar su existencia, así que le convence de que si no domina a los demás ellos le vencerán.

El ego proyecta sus tendencias controladoras sobre los demás para evitar que lo vea operando dentro de usted. Al mismo tiempo, hace que vea a la gente tolerante como controlable. El inteligente ego le controla en un sentido y otro. Le hace comportarse de modo dominante para ocultar cómo le controla a usted, y al mismo tiempo le hace sentir desagrado por las personas tolerantes, controlables. ¿Por qué iba usted a querer decidirse por la tolerancia cuando le ponen ese modelo delante?

Usted no escogerá la tolerancia si es incapaz de liberarse de esas falsas creencias del ego. Pero cuando adquiere la conciencia de que to- dos estamos conectados en el universo —con la misma divina inteli- gencia fluyendo a través de cada uno de nosotros—, y de que el yo superior es cognoscible y real, todas las satisfacciones superficiales hijas de la dominación, el control y el enjuiciamiento de los otros pierden su atractivo.

Su yo superior no tiene ninguna necesidad de dominar a nadie ni a nada. Éste es el pasaje hacia la libertad. Ahora mismo, sin embargo, en este preciso momento, su ego está trabajando para convencerle de que el yo superior y la tolerancia son ideas ridiculas. El ego argumentará que la tolerancia significa permitir el comportamiento delictivo y los problemas sociales y de salud. Su ejemplo favorito es que significaría permitir que los Hitler del mundo cometieran atrocidades mientras no- sotros las contemplamos con actitud tolerante. Su yo superior puede ver más allá de esta lógica, así que también usted puede hacerlo. Si está dispuesto a ello.

Su yo superior sabe que despojarse de la intolerancia no significa aprobar el mal. Los males que existen en el mundo son independientes de la opinión que usted tenga de ellos. Erradicaremos el mal y traere - mos paz al mundo, no mediante el enjuiciamiento de los demás sino transmitiendo amor. Si se deshace del enjuiciamiento y de la tendencia a dominar y controlar a los otros, será capaz de reemplazar el odio y la intolerancia por el amor y la armonía.

Cuando a la madre Teresa de Calcuta se le preguntó si se manifesta- 266

ría contra la guerra de Vietnam, ella contestó: «No, pero si celebráis una marcha por la paz, allí estaré». Cuando usted consigue la paz en su interior, eso es lo que tendrá para dar. Cuando uno está dominado por su ego, domina a otras personas. Si no existe armonía interior, no existe armonía exterior. El ego necesita la ilusión de los enemigos con el fin de controlarle. Cuando está controlando a otras personas, es porque ha permitido que el ego tenga el control.

La paradoja en este caso es que usted transformará el mundo de la forma que quiera cuando deje de intentar mejorar las condiciones me- diante la intolerancia y el enjuiciamiento. Sólo cuando usted no está controlado por el ego puede decidir no controlar a otros. Lo que creía que era poder cuando dominaba a otros, era en realidad la actividad ex- terna del ego, que estaba controlándole.

Su impacto sobre el mundo comienza por el más pequeño mundo de usted mismo. Fomentará la libertad y la paz cuando esté libre del control de su ego y conozca la paz de su yo espiritual mientras recorre la senda de la búsqueda espiritual. Uno de los primeros pasos por esa senda es aprender la tolerancia mediante la práctica de ver el mundo como es en lugar de como usted exige que sea.

• Escuchar. El ego quiere que hable. Su yo superior quiere que es- cuche. El ego es intolerante. Su yo superior es muy tolerante. Ahí está una importante diferencia para la búsqueda espiritual.

Cuando usted medita y guarda profundo silencio, aprende el arte de escuchar. Es como si Dios estuviera hablándole en vez de hablar us- ted con Dios. Entonces comienza a saber qué se siente al confiar en su guía interior. Será incluso capaz de comprender el porqué de la charla del ego. Oirá al ego parlotear, y sabrá que es la expresión del miedo y su deseo de protegerle manteniéndole a salvo separado de los demás. En ese momento estará introduciendo la tolerancia en su vida.

El ego quiere que continúe hablando debido a la falsa creencia de que es más seguro y mejor demostrarles a los demás lo diferente que se es. Cuanto más hable y sea usted mismo el punto de referencia, más tendencia tendrá a jactarse y manifestar intolerancia, cosa que satisface al ego.

Pero proteger al ego de esta manera es un ejercicio que le impide alcanzar la verdadera libertad de conocer a su yo superior, lo cual co- mienza a suceder cuando se empieza a escuchar. Así que el ego intensi- fica su parloteo siempre que uno trata de meditar o de escuchar a su yo 268

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interior. Mediante el proceso de escuchar, incluso a su intolerante ego, aprenderá a ser tolerante.

También escuchando abandonará su egocentrismo y la necesidad de dominar o ser dominado por el ego. Cuando con delicadeza hace que los demás se vuelquen al exterior al escuchar en verdad sus historias, está manifestando amor y respeto. Esto también va por el ego. Negarse a escuchar o manifestar desprecio son actitudes intolerantes.

La necesidad que el ego tiene de parlotear y exponer su superiori- dad queda convincentemente demostrada por la siguiente historia de

The Heart of the Enlightened {El corazón del iluminado), una edición a

cargo de Anthony de Mello. Lo que dicha historia pone de manifiesto es el éxito que nos llega cuando escuchamos con actitud tolerante.

Érase una vez una posada llamada La Estrella Plateada. El dueño no conseguía ganar lo bastante a pesar de que hacía todo lo posible para atraer clientes haciendo que la posada resultase cómoda, el servicio cor- dial y los precios razonables. Así que, presa de la desesperación, consul- tó a un sabio.

Tras escuchar su relato de desconsuelo, el sabio dijo:

—Es muy sencillo. Tienes que cambiar el nombre de la posada. —¡Imposible! —dijo el posadero—. Ha sido La Estrella Plateada durante generaciones y es bien conocida por todo el país.

—No —replicó con firmeza el sabio—. Ahora debes llamarla Las Cinco Campanillas y poner una hilera de seis campanillas colgadas de la puerta.

—¿Seis campanillas? ¡Pero eso es absurdo! ¿Qué bien haría eso? —Ponlo a prueba y lo verás —repuso el sabio con una sonrisa. Bueno, pues el posadero lo puso a prueba. Y he aquí lo que vio. Cada viajero que pasaba ante la posada entraba para señalar el error, cada uno convencido de que nadie más había reparado en él. Una vez dentro, quedaban impresionados por la cordialidad del servicio y se quedaban para refrescarse, proporcionándole así al posadero la fortuna que había estado buscando en vano durante tanto tiempo.

Hay pocas cosas en las que el ego se deleite más que corrigiendo los errores de otras personas.

A medida que cultive la influencia de su yo superior en su existen- cia, más fácil le resultará liberarse de las exigencias del ego. Hallará placer en anular sus impulsos arrogantes y en escuchar a los otros. Co- menzará a disfrutar de su esfuerzo consciente por ser tolerante.

• Dar. Puede neutralizar el impacto de su ego con bastante pronti- tud mediante el acto de dar. Dar implica algo más que entregar unos objetos. El verdadero dar implica ser consciente de las necesidades y deseos de los demás.

Retroceda con la memoria hasta el momento en que estuvo más enamorado. Esa experiencia de amor apasionado hizo que fuera cons- ciente de las necesidades de su pareja. Esa conciencia también puede encontrarse en el caso de un padre y un hijo.

Con este amor en el corazón, uno está dispuesto a dar lo que sea ne- cesario. Los pensamientos de uno no tratan de dominar o controlar a la otra persona. Sólo está la súplica amorosa de su yo superior que quiere que le dé todo lo que pueda al ser querido. Los matrimonios a menudo fracasan porque uno de los cónyuges deja de dar. Si ambos estuvieran dispuestos a dar el ciento por ciento en su relación, habría razones más que suficientes para un matrimonio feliz.

Cuando sólo un integrante de la pareja da el ciento por ciento, una persona se está sacrificando. Es importante distinguir entre dar y sacri- ficarse. Un sacrificio por lo general se hace por algo. Cuando usted se sacrifica, está dando para recibir, y funciona según los dictados del ego, que quiere que crea que usted es tan importante y especial que merece algo a cambio de lo que da. El ego quiere que se ensoberbezca y piense que el acto de dar indica su superioridad: como si su generosidad le di- ferenciara de los demás que no son tan generosos.

Si usted da porque tiene la sensación de que debe hacerlo, no está auténticamente motivado por su yo superior. También aquí se encuen- tra el ego en acción, diciéndole que es mucho mejor que los destinata- rios de sus dádivas. El ego incluso acepta que se dé de mala gana, por- que lo ve como prueba de superioridad.

Pero el dar como medio de fomentar la tolerancia y el amor es algo diferente. Este dar se produce cuando uno contribuye a satisfacer las necesidades o deseos de otros sin ninguna expectativa de retribución o reconocimiento. Como la madre con su bebé. Es el tipo de dádiva que la tolerancia promueve. Es la clase de dar que aparece cuando usted aprende a ser tolerante consigo mismo y los demás.

A medida que cultive el dar, experimentará que dar es recibir y que

recibir es dar. Uno de mis pasajes favoritos del Nuevo Testamento des-

cribe este acto de dar. En San Lucas, 6:35, Jesús dice: «Amad pues a vuestros enemigos y haced bien, y prestad, no esperando nada de ello;

y será vuestro galardón grande, y seréis los hijos del Altísimo; porque El es benigno para con los ingratos y malos».

La consideración de las necesidades de los otros es la experiencia más gratificante que pueda conocer. Recuerde lo emocionante que era hacerles regalos a sus padres, abuelos y hermanos. Se equiparaba, y puede que incluso superara, a la emoción de recibir regalos. Entonces, cuando dabas, estabas recibiendo.

Es su yo sagrado el que le alienta a dar de modo incondicional. Es su ego el que quiere recibir una recompensa. Pero esto sólo se debe a que eso es lo que su ego conoce, y lo que conocerá mientras usted con- tinúe recompensándole por mantenerle separado de su amorosa esencia divina. Proporciónele a su ego la experiencia de conocer el amor y la tolerancia de su yo superior, y comenzará a obrar del mismo modo.

• Relaciones placenteras. Cuando uno sigue los dictados de su ego, se encuentra con que es constantemente necesario ejercer un cierto grado de influencia sobre otras personas. Eso es lo que le exige el ego porque él cree que así es como obtiene el poder que necesita. Cuando esto su - cede, toda posibilidad de mantener relaciones en verdad gratificantes se evapora.

El ámbito de la intimidad pertenece al yo superior. No nos estamos refiriendo a tener aventuras. Lograr intimidades con alguien es una forma de comunicarse, lo cual envía un mensaje claro de amor y consi- deración incondicionales.

El ego teme todos los encuentros de ese tipo y se muestra activo en extremo cuando se presentan tales oportunidades. ¡El ego se muestra tan irresistible en este terreno, que el mero pensamiento de comuni- carse con otra persona con amor incondicional puede infundir más te- mor que una operación a corazón abierto!

«Cuidado, intentarán poseerte si intimas demasiado. ¡Perderás tu libertad!» Éstas son el tipo de frases con las que el ego bombardea sus pensamientos. El ego lo sabe todo sobre la propiedad y la dominación porque es algo que está haciendo durante todo el tiempo. El ego le do- mina y tiene miedo de ser dominado, y equipara la intimidad con la dominación.

Intimar con alguien es ser tolerante y aceptar a otra persona de for- ma incondicional. Significa comportarse con bondad y respetar las nece- sidades y deseos de otra persona. Si teme este tipo de relación es porque el ego le dice que es un peligro.

Cuando uno aprende a transitar por la senda espiritual, descubre que el amor es la experiencia menos amenazadora que existe. El amor no pide nada ni nada exige. Requiere dar, compartir y ser vulnerable, con Dios como guía, un guía que comunica amor infinito.

Este tipo de relación es una forma de comunicarse en la que usted es capaz de ofrecerle amor a la otra persona sin necesidad de tener ra- zón o de demostrarle que está equivocada. Cuando una persona con la que habla se siente aceptada, amada y escuchada, ese vínculo se creará. Si ha tenido que demostrarle que estaba equivocada para hacer valer su punto de vista, o si la ha juzgado en algún sentido, es que ha sucumbi- do a las exigencias del ego.

Si mantiene una relación de pareja con alguien y se encuentra con que evita la intimidad, puede tener la seguridad de que el ego está venciendo a su yo espiritual. El miedo de que conozca su yo superior significa que el ego hará lo que sea necesario con el fin de mantenerle apartado de tal relación. Convencerse de que es superior es una manera de evitar que llegue al estado de vulnerabilidad que la intimidad re- quiere. Así pues, irá de una relación de dominación/sumisión a otra, evitando las relaciones basadas en el amor y la comunicación sincera.

Éstos son los fundamentos para hacerse más tolerante y permitir al yo superior superar los impulsos autoritarios y dominantes del ego. Es- tos comportamientos dictados por el ego se manifiestan de muchas for- mas, algunas de las cuales reconocerá en el apartado siguiente.

SU EGO AUTORITARIO Y DOMINANTE EN FUNCIONAMIENTO

• Hacer un uso excesivo de referencias a uno mismo, y llevar siempre la

conversación hacia la propia persona. En lugar de hacer que otra persona se

vuelque al exterior y conocer sus sentimientos, usted recurre a todas las excusas posibles para centrar la atención sobre sí mismo.

• Adoptar una forma apresurada de abordar la vida, la cual no deja tiem

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