PARTE I: CONTEXTO DEL YACIMIENTO
Capítulo 2. Marco crono-cultural del trabajo de investigación
2.2. Neolítico Precerámico A (PPNA), 10200-8800 cal BC
Durante la década de los años 50 del siglo XX, Kathleen Kenyon denominó a la etapa posterior a la cultura Natufiense en Próximo Oriente como cultura PPNA (Neolítico Precerámico A, en inglés Pre-pottery Neolithic A). Para esta signación se basó en las excavaciones que estaba llevando a cabo en el yacimiento de Jericó (Palestina) y en la definición propuesta por Gordon Childe de Neolítico como un cambio radical en la economía y el modo de vida de las poblaciones, es decir, como el paso de la caza y la recolección a la agricultura y la ganadería. Kenyon utilizó el término Neolítico ya que en los niveles antiguos de Jericó se documentaron restos de semillas de cereales ya cultivadas y morfológicamente domésticas, evidencia clara de que a partir del 10300 cal ANE nos encontramos ante las primeras manipulaciones de vegetales por parte de las poblaciones humanas del Levante y, por tanto, ante las primeras evidencias de agricultura.
La explicación al término de Precerámico responde a la ausencia de cerámica en estos mismos niveles. A pesar de que investigaciones recientes ponen en duda el carácter doméstico de los restos vegetales hallados en estos niveles más antiguos del yacimiento de Jericó, se mantiene el concepto o termino de PPNA para denominar esta etapa, perdiendo su connotación anterior puramente cultural y económica y designando exclusivamente una nueva etapa cronológica (entre el 10300 y el 8800 cal ANE) (Cauvin, 1996; Aurenche y Kozlowski, 2003; Kuitj y Goring- Morris 2002).
Las primeras manipulaciones de cereales y la aparición de una agricultura incipiente se desarrollan bajo unas condiciones climáticas más óptimas evidenciadas a partir de datos palinológicos, los cuales nos indican una mayor pluviosidad respecto a fases anteriores, el rápido deshielo de las regiones septentrionales, la reducción de los paisajes abiertos y la progresiva aparición de zonas boscosas. Tal y como se ha observado en el apartado anterior, el inicio del PPNA coincide con la etapa final del Dryas Reciente y el comienzo del Holoceno (a partir del Xº milenio cal ANE), una etapa caracterizada por un clima más suave y más húmedo que encontrará su esplendor máximo durante el PPNB (8300-6900 cal ANE). Esta mejora climática permite una expansión de las zonas arbóreas, así como un aumento en la densidad de las mismas (Sanlaville, 1996, 1997).
29 Como en la etapa anterior, una parte de los yacimientos documentados y pertenecientes al PPNA se localizan en la zona del Levante sur. Sin embargo, se continúa ocupando la zona de los Zagros y se evidencia también una ocupación en la zona septentrional de Próximo Oriente (Siria y sureste de Anatolia), cada vez más importante gracias al hallazgo de yacimientos como Jerf el-Ahmar, Mureybet y Cheikh Hassan (Siria) y Çayönü y Hallan Çemi (Anatolia). A pesar de ello, ambas zonas presentan un número de yacimientos menor en comparación con el Levante sur.
A nivel general, se documenta tanto una disminución en el número total de yacimientos localizados con respecto a la etapa anterior. Esta singular distribución geográfica de los yacimientos, pero, nos indica la existencia de unas zonas privilegiadas donde se desarrollan, por primera vez, las primeras evidencias de agricultura y que se caracterizan por su importante potencial hidrográfico: el valle del Jordán, el oasis de Damasco, el valle del Éufrates y el sureste de Anatolia (Cauvin, 1994; Stordeur y Abbé,s 2002; Stordeur, 2000; Aurenche y Kowloske, 2003).
Los análisis paleobotánicos muestran la presencia de cereales y leguminosas en diversos yacimientos durante esta etapa: Jericó (Palestina), Netiv Hagdud (Israel), Mureybet (Siria), Jerf el-Ahmar (Siria), Qermez Dere (Irak) y M’lefaat (Irak). Se trata de leguminosas y de cereales, como el trigo, la cebada y el centeno, seleccionados y cultivados como consecuencia de sus propias características biológicas, que las hacen idóneas para el cultivo y consumo, y de sus cualidades nutritivas. Sin embargo, durante esta etapa las semillas de cereales y de leguminosas documentadas presentan todavía una morfología salvaje, no pudiendo asegurar una domesticación clara de este tipo de vegetales, a pesar de que en un primer momento en yacimientos como Jericó, Aswad y Netiv Hagdud se hubiese identificado erróneamente algunas de las semillas recuperadas como domésticas.
Las evidencias de las prácticas agrícolas se resumen, principalmente, de mayor a menor importancia, en la composición de las plantas adventicias que acompañan a los cereales, indicadoras de una acción antrópica sobre las mismas; la presencia de improntas de tallos en la arquitectura de tierra y la existencia de láminas con lustre como en la etapa anterior, se ha considerado como un dato significativo a la hora de proponer la existencia de verdaderas prácticas agrícolas. En ese sentido, Jacques Cauvin considera que durante esta etapa algunas poblaciones humanas habrían podido llevar a cabo el cultivo de cereales
30 salvajes, base del posterior desarrollo de la domesticación de las plantas en Próximo Oriente, hallándonos ante una agricultura “predoméstica”.
Este probable cultivo de cereales y leguminosas se complementaría con la explotación de otros recursos salvajes del entorno a partir de la recolección de algunos frutos como pistachos y, más excepcionalmente, de bellotas, y de la caza con la documentación de restos de fauna de, principalmente, gacelas, suidos, bóvidos y ovicápridos (Cauvin, 1997; Willcox, 2000, 2007).
Otra de las innovaciones que caracterizan el PPNA está relacionada con la arquitectura y la localización, distribución y extensión de los asentamientos. Durante esta etapa se produce un fenómeno de reagrupación de la población como consecuencia tanto de una disminución en el número total de asentamientos, como del aumento considerable de la extensión de los mismos. Por otro lado, este fenómeno se ve acompañado también de la progresiva desaparición de los asentamientos en cueva y de las pequeñas instalaciones estacionales, tan características del período anterior (Cauvin, 1985).
En relación con la arquitectura y las técnicas constructivas de las estructuras de habitación, se documenta un aumento de la complejidad arquitectónica, así como cambios en la ordenación interior de éstas. Por un lado, se evidencia el paso progresivo de la planta circular excavada en el suelo a la planta rectangular de las casas, evidenciado en varios yacimientos (Mureybet, Beidha,...) pero que las recientes excavaciones de Jerf el-Ahmar han mostrado de manera detallada, tanto la progresiva substitución como en las etapas intermedias la convivencia entre ambos tipos de planta arquitectónica en una misma fase de ocupación (Stordeur, 2015; Stordeur et al, 2001). Por otro lado, y en relación con los cambios en la ordenación interior de las unidades de habitación, se han documentado casas de planta circular con pequeños muros que dividen el espacio interior con la finalidad de delimitar áreas donde se desarrollan diferentes actividades de carácter doméstico, como en el caso de la casa XVIII de Mureybet.
Otro aspecto que podemos relacionar con este aumento de la complejidad arquitectónica de las estructuras de habitación en los asentamientos del PPNA es la aparición de los primeros espacios de uso colectivo, como la torre y la muralla del yacimiento de Jericó (Palestina) y los edificios de Jerf el-Ahmar y Çayönü, interpretados como espacios donde se
31 llevan a cabo actividades sociales (como lugares de reunión) o actividades de orden simbólico (Cauvin, 1978; 1997; Özdogan, 2003; Stordeur, et al 2001; Stordeur, 2015).
Las prácticas funerarias siguen la misma tradición que la definida en la etapa anterior: Se continúa inhumando tanto en el exterior como en el interior de las estructuras de hábitat debajo de los suelos de las casas. La principal innovación durante este período es la documentación, en yacimientos como Jericó, Qermez Dere o Jerf el-Ahmar, de cráneos separados del resto del cuerpo y depositados aisladamente o en grupos bien sobre los suelos de las casas, bien enterrados bajo los mismos. De ese modo, en Jericó se han documentado un total de 9 cráneos de adulto (Kuitj 1995; Kuijt 2000). Destaca asimiso el reciente hallazgo de Tell Aswad, en el oasis de Damasco con la localización de dos conjuntos de craneos enlucidos en fosas fundacionales de áreas sepulcrales (Stordeur y Khawan, 2007)
En relación con la industria lítica tallada, se evidencia una disminución del microlitismo, la introducción de nuevos tipos de puntas de flecha, así como un aumento de los útiles y en particular del número de hoces documentadas. Es en esta etapa también cuando se documenta la aparición de nuevas técnicas de talla, como el caso de la talla por presión en la zona de los Zagros y la talla bipolar en la zona del Éufrates. Finalmente, la mejora producida en las técnicas de pulido de la piedra lleva a la aparición, al final de la etapa, de las primeras hachas pulidas (Abbès, 2003; Cauvin, 1997).
A todas estas transformaciones de tipo más económico y social, hay que añadir la
transformación simbólica documentada durante el PPNA con la progresiva
humanización del arte. Esta humanización se caracterizará por el paso de las representaciones de temática más animalística, característica de etapas anteriores, a la aparición de las primeras representaciones femeninas esquemáticas, en forma de pequeñas figurillas, en yacimientos como Mureybet (Siria). De ese modo, es durante el PPNA donde debemos situar los inicios de la simbología de la Diosa Madre que posteriormente se difundirá por todo Próximo Oriente y el Mediterráneo (Cauvin, 1997).
En yacimientos como Jerf el-Ahmar en Siria, pero, se continúa documentando un importante mundo simbólico centrado en las representaciones geométricas y las figuras de animales, en ausencia total de representaciones humanas. En concreto, en este yacimiento, junto con otros de la misma área geográfica como Tell Qaramel y Tell Abr’ III, destaca el
32 hallazgo de estelas, pequeñas placas y “piedras de ranura” con motivos decorativos representando, en general, aves rapaces, serpientes (o signos serpentiformes), bóvidos y gatos salvajes o escorpiones. Estos mismos motivos animalísticos se documentarán de nuevo en la fase posterior, el PPNB, en yacimientos como Nevali Çori y Göbekli Tepe (Stordeur, 2000; Stordeur et al. 2002; Schmidt, 2000; Schmidt y Haupman, 2003).