1.1. La niñez de un genio.
1.1.5. Un niño asustadizo y mediocre.
Pese a lo que podría esperarse, la imagen del pequeño Steven con diez años distaba bastante de la que podría esperarse de un niño prodigio o de un genio en vías de desarrollo. El hijo mayor de Leah y Arnoid era un chico demasiado normal, casi mediocre, que nunca
fue un alumno brillante ni destacó en nada. No le atraían los deportes, era algo feo y desgarbado y, por supuesto, no gustaba a las niñas. En el colegio de Phoenix tampoco dio motivos de admiración. Pero. bajo su aspecto tímido, el pequeño Steven escondía unas posibilidades creativas que pasaban inadvertidas ante profesores y compañeros de clase. Spielberg tan sólo ofrecía su normalidad ante los demás, y únicamente podrían señalarse las aptitudes musicales heredadas de su madre, que se concretaron en su destreza con el clarinete.
Casi resulta obvio señalar que el dominio de un instrumento de viento es un atractivo muy poco eficaz para conseguir amigos o ganarse la admiración de las niñas. Debido a su aspecto, el pequeño fue objeto de unas burlas amargas que fundamentan el adjetivo con que él mismo se refiere a su infancia: “agridulce”. En 1982, el director relataba uno de los episodios más tristes de su niñez, que revela bastante de su imagen infantil y de su completa ausencia de carisma entre sus compañeros, Ocurrió durante la escuela primaria, al término de una prueba deportiva que consistía en la carrera de una milla. Cincuenta de sus compañeros ya habían llegado a la meta y tan sólo restaban dos por realizar la prueba: el pequeño Steven y otro chico, retrasado mental, que ocupaba la última posición. El resto de la clase se puso de lado del otro compañero, al que animaban con los gritos de “¡gana a Spielberg!” Mientras tanto, el futuro director de cine pensaba cómo hacer para que aquel
compañero retrasado no llegara en último lugar, movido por un sentimiento de pena hacia él. El pequeño Steven simuló un traspiés, cayó al suelo y se hizo una herida en la nariz. Minutos después, el resto de sus compañeros llevaban a hombros a aquel chico deficiente. Steven se retiró a llorar durante cinco minutos: “Nunca me he sentido mejor y a la vez peor en toda mi vida”, confesó el director (14).
t.1.6. Ausencia de amigos.
A causa de este suceso, comenzó a divulgarse entre los compañeros de clase el apodo despectivo de “el retrasado”. Un mote que se añadía a las burlas favoritas de los demás muchachos, consistentes en ridiculizar al pequeño a causa de su aspecto larguirucho, de brazos largos y orejas estiradas. El director de Ohio recuerda cómo los chicos se mofaban de él durante las disecciones de ranas en las clases de Ciencias Naturales: el pequeño no las soportaba y salía corriendo del aula con otros compañeros para vomitar... Pero los otros compañeros eran niñas. Años más tarde, en 1982, veremos en Elliott la misma reacción de repulsa ante la disección de ranas en su colegio, una de las escenas de mayor contenido biográfico de E.T., el Extraterrestre.
Movido por su afán aventurero e imaginativo, el pequeño se inscribió en el grupo de los boy-scouts de su ciudad, lo cual da una prueba de sus intentos por vencer la timidez y ganar nuevos amigos. Sin duda, se trató de un esfuerzo por escapar del aburrimiento durante los fines de semana, si bien el pequeño Steven encontraba las mejores diversiones en su propia casa.
Una prueba definitiva de la profunda sensibilidad que caracterizó la niñez del director consistía en la continua búsqueda de un buen amigo. Algo que no encontró ni entre sus compañeros boy-scouts, ni entre los alumnos de su colegio ni entre los demás chicos de Scottdale. Durante los años de Phoenix, el pequeño Steven mantenía la misma ilusión por las estrellas que había prendido años atrás en Ohio. En 1978, el director lo probaba con estas palabras: “Creo que me interesan las cosas extrañas que estallan en la noche desde que era un niño que crecía en Arizona. La atmósfera era clara allí, y contábamos con muchas noches estrelladas” (15).
A esta afición soñadora por los secretos del universo se unió un deseo que se acrecentaba por momentos: una amistad sincera. No cabe duda de que la ausencia de un confidente de su edad abrió dentro del pequeño tina vía de tristeza que presidid esa delicada etapa en la que los niños se encaminan hacia la adolescencia. Sin embargo, no sería correcto magnificar este sentimiento hasta convertirlo en un trauma, que nunca existió en el alma del joven Steven. Años después de que el director cosechara sus primeros éxitos, Spielberg reconocía haber tenido “una infancia agridulce de la que buscaba escapar para tener un buen amigo” (16). Ese mismo deseo de huida de una realidad agobiante puede encontrarse en Elliott -que también busca un amigo especial- y en Roy Neary, los personajes en los que el director se proyecta con mayor perfección.
Todas estas experiencias, sueños e ilusiones fueron dejando en el pequeño Steven un profundo poso de riqueza interior, que con los años se convertiría en la principal fuente de inspiración de sus historias. La infancia es, por tanto, el valor esencial del que brota el mensaje de Spielberg, todo un legado que el director somete a revisión tina y otra vez para
extraer la fuerza y el vigor de su potencia creativa. David Kaufman glosa esta misma idea: “Spielberg siempre fue un enfantterrible, un niño prodigio de clase media y de encantadora niñez, que se ha resisitido a ser mayor. Los recuerdos de su infancia, y más todavía los recuerdos de lo que le hubiera gustado que fuera su infancia, están plasmados magistralmente en la pantalla. Es evidente que Spielberg habla de lo que conoce. Supasado, su corto pasado, no puede nunca compararse al de los cineastas de Hollywood de otra época. Ellos podrían hablar de más cosas, como les ocurre a los europeos. Spielberg está más limitado” (17).
Como aprecia Kaufman, los límites de Spielberg se circunscriben a su pasado infantil y a la evolución de aquellos primeros sentimientos durante la etapa adulta. Si bien no puede afirmarse que el director de Ohio escriba sus películas en clave autobiográfica, sí es cierto que su filmografía cuenta con un predominio de principios íntimos que nos lleva a considerar su obra como propia del cine personal de autor. Y en este aspecto, Spielberg se aproxima al cine europeo de alguna manera.
1.1.7. Una familia: “La mejor experiencia de mi vida”. La apuesta por un cine de valores.
Otra de las constantes que se aprecian en el cine de Spielberg estriba en el papel especial que concede a la familia. Historias de películas como E.T., Encuentros..., Hook, El Imperio del Sol (E>np¡re of ¡he Sun, 1987) o Poltergeist tienen su punto de partida o suceden dentro del seno familiar. A falta de amigos y compañeros, el pequeño Steven encontraba su principal apoyo emocional en su propia familia, con las salvedades referentes a la figura paterna.
A pesar de la ausencia de hermanos con los que compartir sus juegos, Spielberg recibió una influencia muy marcada de las tradiciones familiares que vivió en su infancia. No hay duda de que su propio hogar ocupa un lugar central en todas las películas del director. Spielberg siempre ha defendido esta institución como “el único medio estable para que crezcan los hijos” (18). Y explica: “En todas mis películas hay una escena de comida en familia. No haría ningún filme en el que no se incluyera esto, y si no estuviera previsto así, lo añadiría.,. La familia forma parte de mi vida, y espero ser capaz de expresar siempre las mismas cosas” (19).
El pequeño Steven encontraba en los suyos un refugio donde protegerse de las dificultades que le acechaban “en el exterior . su timidez, su falta de atractivos y las trabas que encontraba para relacionarse abiertamente con otros chicos de su edad. El hogar de los Spielberg era, por tanto, el ámbito que le reservaba las mayores alegrías. A este respecto,
el director aseguraba en 1990: “Mis mejores recuerdos, los más felices, están vinculados a
todos trabajando juntos. Es la mejor experiencia de toda mi vida” (20).
Estas palabras confirman una de las constantes del estilo del director, inclinado a mostrar en sus películas los valores positivos de la vida. La infancia del pequeño Steven estuvo marcada por sucesos muy agradables, pero también vivió episodios desgraciados. Con todo, Spielberg siempre se ha inclinado por ofrecer una visión optimista de la vida y de los valores familiares, perspectiva que forma parte de su atractivo como realizador y narrador de historias. Algunos críticos explican esta defensa de los valores tradicionales (la paternidad feliz, el amor al trabajo, la unidad familiar o la defensa del hogar frente a la televisión o al propio estado) como un principio debido al influjo típico de los años 50, presente en la sociedad y en los medios de comunicación.
Tal explicación incurre en un reduccionismo bastante superficial. En el caso de Steven Spielberg, sería un error de proporciones considerables limitar su visión positiva sobre la familia, que arranca de una experiencia personal muy profunda, a la mera influencia de una moda social, A Spielberg nunca le ha seducido la idea de mostrar sus protagonistas como antihéroes corroídos por profundos conflictos psicológicos, taras sexuales, tiranías familiares o impulsos violentos. Tales tendencias se mantienen vigentes en el cine de los 90 bajo la excusa de un “realismo espontáneo” que únicamente responde a tina visión deformada de la propia realidad. La obra del director holandés Paul Verhoeven -autor de filmes como Robocop e Instinto Básico, es un exponente de esta postura cinematográfica, opuesta a la obra de Spielberg y a tina concepción positiva de la vida humana, En 1992, Verboeven resumía de esta forma sus principios sobre el cine: “El artista casi vomita su obra, es algo visceral, y ahí no puede -ni debe- haber control. Esa es la función de los tribunales y los
legisladores. El artista queda fuera de todo ello. No es responsable, ni creo que se le deba hacer responsable... El arte se termina cuando se le convierte en responsable y empieza a dictar los valores de la sociedad, Nos acercamos, entonces, al fascismo” (21).
El tono humano deliberado de las películas de Spielberg es una repulsa tácita de estas palabras. Precisamente, el director de Ohio ha recibido críticas malintencionadas -y a veces corrosivas- por defender su postura vitalista, y ha sido tachado de derechista y defasc¿~ta por ello. Para rebatir tales ataques basta con explicar que ni Spielberg ni el propio cine que representa tratan de dictar las reglas del funcionamiento social, sino de reflejar el lado positivo de la vida y mostrar el negativo únicamente para combatirlo. Esta actitud implica la creencia en la existencia de un bien objetivo, pero no debe olvidarse que e] bien no sabe de ideologías políticas ni de reduccionismos filosóficos. Por encima de multitud de cintas que profesan un culto exacerbado a la violencia como reclamo -cráneos que estallan, mujeres mutiladas, asesinatos sexuales...-, la clave del éxito de Spielberg consiste en su maestría a la hora de plasmar las ganas de vivir de las personas, un ansia común al “hombre de la calle”,
Diversos autores como Mott, Saunders o Taylor encuentran en el estilo familiar del cine de Spielberg la herencia directa de un viejo maestro de Hollywood, ganador de tres Óscars de la Academia: Frank Capra. El escritor Michael Medved, autor del libro Hollywodd vs. America, recoge una cita del director de origen siciliano cuyas palabras bien podrían aplicarse a los principios de Spielberg: “Las películas deben ser una expresión positiva de que existe la esperanza. el amor, la compasión y la caridad... Es responsabilidad [del director] subrayar las cualidades positivas de la humanidad, mediante la muestra del
triunfo de la persona sobre las adversidades” (22).
El director de Ohio siempre estuvo firmemente convencido de que sus personajes
debían perseguir un bien aceptado por el común de los espectadores, ya se trate de héroes “de a pie” como hm Ballard, Roy Neary o el pequeño Elliott, o “de leyenda”, como el
mismo Indiana Jones. Se deduce de esta idea el interés de Spielberg por plasmar en el celuloide las vivencias positivas que pudo experimentar o no cuando crecía en su familia,
pero que siempre se mantuvieron en lo más íntimo de su ser. Tal concepción de la vida podrá
acarrearle críticas despectivas o acusaciones demagógicas de “afinidades fascistas’1, que también sufrió Frank Capra. Lo cieflo es que el cine de Spielberg rebosa de frescura vital, de ilusión y de sueños realizados o perseguidos. Toda una carga de valores que se fueron acumulando durante la infancia y que fueron moldeando la personalidad del futuro genio.
1.1.8. El divorcio de Arnoid y Lea¡¡.
Aquella armonía familiar que envolvía la infancia del joven Steven se vino abajo de repente, justamente cuando aquel niño imaginativo maduraba en su adolescencia. En 1964, los Spielberg se mudaron de casa por tercera vez, abandonaron las tierras de Arizona y se trasladaron a vivir a California. Una vez establecida la familia en su nuevo hogar, el suceso cayó sobre el joven como un mazazo: sus padres iniciaron los trámites del divorcio.
Terminaban los años felices de Phoenix, tina ciudad que el director siempre conservará ligada a un sinfín de recuerdos entrañables. La decisión de Leah y Arnold era
irrevocable. Spielberg nunca se ha referido a las causas que produjeron la separación, pero tal vez se puede conjeturar que la ruptura sucedió a causa de la importancia desmesurada que su padre concedía a su propio trabajo. El joven Steven y sus tres hermanas pequeñas no podían creer que nunca más vivirían con sus padres bajo el mismo techo.
La separación de Arnold y Leah Spielberg puso un amargo punto y final a la etapa infantil del director, que entonces contaba con dieciete años. El joven Steven era consciente de que una etapa se cerraba en su vida para dar paso a una época protagonizada por los imperativos de la madurez. Una nueva idea había pasado a formar parte del poso de sus recuerdos íntimos: la idea de separación.
Aquel divorcio provocó en el joven tal tristeza que, en años sucesivos, quedaría reflejado en sus historias. Así, podemos encontrar el fantasma de la ruptura paterna en el hogar de Elliott -cuyo padre se ha marchado a México con otra mujer-, en el hogar de Barry Guiler y de Roy Neary, en la soledad de Jim Baliard desde los primeros minutos de El Imperio del Sol, en la separación de Nettie y Celie en El color púrpura... Casi treinta años después del divorcio del matrimonio Spielberg, el director trataría el mismo tema en Hook, donde asistimos a la historia de tina pareja, formada por Moira y el yuppie Peter Hanning, que se encuentra al borde del fracaso. Resulta revelador que la primera película de Spielberg en formato cinematográfico, Loca evasión (Pie Sugarland Express, 1974), tratara sobre una reunión familiar: Loca evasión narra la historia de un joven matrimonio de delincuentes a quien persigue la policía. Tras abandonar la cárcel, los dos esposos se reúnen, secuestran un coche celular y recorren Texas desesperadamente para recuperar la custodia de su hijo pequeño, entregado por las autoridades a otra familia.
En 1987, Steven Spielberg se refería en estos términos al influjo que la separación
de sus padres produjo en su personalidad: “Mi familia está presente en mi propia vida. La idea de separación es algo de lo que puedo hablar, porque provengo de una familia en la que
hubo un divorcio (.4 Aunque no hago autobiografías para el cine, tomo pequeños detalles
de mi vida personal que puedo comprender y que me permito contar. En el caso de El
Imperio del Sol muestro cómo Jim y su madre son separados por la multitud en una calle
de Shangai, y la historia que sigue no es diferente a la del día en que mis hermanas y yo nos
percatamos de que nuestros padres se estaban divorciando. Nosotros nos pusimos histéricos y lloramos como esa madre. En todos mis filmes hay personas que se separan. En Encuentros en la Tercera Fase, una fuerza extraña llega a la casa y le quita su hijo a una madre, físicamente, en la cocina. En El color púrpura, la hermana es alejada violentamente de su otra hermana. Siempre he estado interesado en las separaciones épicas” (23).
Arnold Spielberg abandonó a su familia cuando su hijo mayor contaba con diecisiete años. En todo ese tiempo. el pequeño Steven apenas tuvo oportunidad de mantener una relación profunda con su padre, ausente del hogar durante bastantes ocasiones. Tratándose del hijo mayor y del único chico de la familia, el padre debía jugar un papel esencial en el desarrollo del pequeño. Sin embargo, la figura paterna era el elemento más débil del hogar y el joven Steven nunca terminó de acostumbrarse a esta deficiencia. Dado que Spielberg traslada, consciente o inconscientemente, sus propias vivencias a las historias que relata, no es de extrañar que la figura de un padre enamorado de sus hijos nunca aparezca en la filmografía del director.
negativos: pueden ignorar a sus hijos, como Peter ]3anning en Hook; sentirse incomunicados con ellos, como Roy Neary en Encuentros...; vivir con otra mujer, como el padre de Elliott en E.T.; demostrar una crueldad despiadada, como la de Míster X en El color púrpura; hallarse alejados de sus hijos, como el padre de Jim Ballard en El Imperio del Sol, o haberse dedicado toda vida a sus propios intereses profesionales, como el Dr, Jones sr. en Indiana Jones y la Última Cruzada (indiana iones <md ¡he Last Crusade, 1989). Esta actitud de Spielberg frente a la figura paterna es similar a la que adopta Peter Weir en sus películas más sobresalientes, tales como GaIlipolli (Gallípoli, 1981), Único Testigo (Witness, 1984), La Costa de los Mosquitos (The Mosquito Coast, 1986) y, especialmente, en El Club de los Poetas Muertos (Dead Poe¡s Societv, 1989).
Si bien la relación del director con su padre presente reproches justificados, no debe tampoco olvidarse que el pequeño Steven pasó bastantes momentos felices junto a Arnold Spielberg. Quizás la decepción filial proceda de que tales momentos podrían haberse repetido más veces, pero Spielberg siempre ha reconocido que -pese a las faltas de cariño- debe a su padre la pasión por las estrellas, la admiración por las maravillas de la ciencia y, sobre todo, los primeros pasos en una afición llamada a convertirse en toda una vocación: el cine.