desplazados en Cazucá
Las personas y me incluyó entre ellas, vemos la vida de una forma distinta cada una, y no nos detenemos a observar la realidad debido a que de una u otra for- ma es distinta para todos, por tal motivo les contaré la primera vez que fui a los altos de cazucá, ese día salí de mi casa, con una expectativa de no me importa nada, solo yo y nadie más, sin conocer exactamente al sitio al que me dirigía, en el camino hacia el bus pensa- ba que pereza ir, entonces cuando tomé el transporte sentí impresión, ya que los buses que se dirigen desde Soacha a altos de cazucá son viejos y destartalados, en el camino de la autopista sur hacia los altos de ca- zucá no perdí de vista las casas, pues comenzando a subir las viviendas note que eran a medio construir en tejas, latas y ladrillos o bloques, pero en el transcur- so se tornaron frías , feas, hechas de palo y ya parecía
que no hubiera civilización, en pocas palabras “ni que la luz llegaba “ , en cuanto me bajé del bus concebí una sensación como de angustia y tristeza, puesto que me encontré sola en un lugar que no conocía.
Para ingresar al barrio me tocó caminar por un puente hecho en madera que estaba sobre un conducto gro- tesco, que estaba en mal estado, me refiero a que tenía un olor fétido y alrededor de él se ubicaban varias ca- sas, en ese momento pensé “donde yo vivo es hermoso comparado con esto”. Posteriormente emprendemos por una calle que no estaba pavimentada y aparte esta- ba llena de tierra y yo dije “que feo me volví una nada el pantalón y los tenis”, esa calle me acercaba a las demás casas, que tenían una infraestructura no muy adecuada para que las personas vivieran allí.
Caminé y caminé como subiendo montañas hasta que llegamos al colegio y pensé como pueden estudiar acá; aunque esta fue mi primera impresión. Cuando conocí al profesor Pájaro quien fue el que fundador de esta peque- ña escuela y me contó todos los esfuerzos que él ha hecho para que los niños estudien y no se vayan por el camino del mal, es decir, se integran a pandillas, roben o hasta maten, fue en ese momento que mi punto de vista frente a ese sitio comenzó a cambiar de una manera tan rara, sentí que todo lo que él hace, lo hacen los papás de muchas perso- nas y que él era como el papá de muchos niños que viven en una escasa pobreza y a los cuales les hace falta muchas cosas pero que el trata de dar lo que más puede, con ayu- da de muchas personas que lo apoyan.
Seguido de esta información, le pedí que me dejara conocer la escuela, porque sentí curiosidad y muchas ganas de ver a los niños y otra de las razones fue que la escuela se veía muy pequeña, yo le pregunté al profesor
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que si solo eran esas dos habitaciones, él me contes- tó que no que hay estaba la rectoría y el salón de los más pequeños, me dijo que abajo quedaban los otros salones y pensé, abajo ha de parecer un sótano, para ingresar bajamos por unas escaleras, y si se encontra- ban otros salones que no estaban en muy buen estado y además tenía un olor un poco feo ya que solo les llega agua dos veces en la semana, conocí todos lo salones y note que los niños no tenia mesas, ni sillas y que los tableros eran papel, entre a un salón en especial que me encantó, no por lo que tenia, si no por los niños que habían , eran maravillosos y tenían numerosas ideas, así que me senté con ellos a hablar , me contaron de un trabajo que tenían desde hace varios meses con sus profesores quienes son estudiantes de último semestre de otras universidades.
Retomando el tema el proyecto de los niños es un perió- dico donde cuentan historias de su comunidad, es decir lo que sucede a nivel político, educativo, deportivo entre otros, estas historias las escriben ellos mismo. Los niños quisieron mostrarnos el barrio así que caminamos mucho, y mucho es mucho, hasta que llegamos a unas canchas que quedan cerca de una laguna donde los niños se la pasan allí, jugando y viendo partidos; compartimos unas onces y seguimos hablando de los proyectos que habían y una de las niñas nos contó que hacían fotografías de cosas que a ellos les pareciera importante para mostrarles a los de su comunidad con profesores que les enseñaban mu- chas cosas. Comencé a pensar que esos niños tenían un
punto de vista distinto a otros niños de ese sector porque se notaba que les gustaba estudiar y me puse a comparar lo que niños de estrato 4, 5 o 6 no aprovechan, teniendo ellos las posibilidades de hacerlo sin tener alguna caren- cia de dinero, después me puse a hablar con los niños de lo que ellos querían estudiar cuando grandes y uno de ellos llamó mucho mí atención porque pensó en él y en su comunidad, el me dijo que él quería ser futbolista, porque aparte de que le gustaba mucho ellos ganaban demasiado dinero y que si el ganaba bastante dinero po- día ayudar a arreglar las casa, su barrio y crear un club para niños que les guste el futbol, asimismo me contó que al él no le gustaba a salir a jugar mucho porque ha- bían muchas pandillas y que le daba miedo, que él prefe- ría ayudarle a su mamá a cuidar a sus hermanitos, que los fines de semana trabaja en Soacha vendiendo tamales pero que no le pagaban muy bien, otro de los niños que me cautivo fue uno que me contó la historia de su fami- lia, ellos son desplazados del valle y que cuando llegaron acá a Bogotá no les fue bien, que pasaron por muchas dificultades, aguataron hambre, hasta que llegaron a ca- zucá el cual ha sido su hogar, el quiso mostrarme donde vivía, así que fuimos a su casa, y debo decir que es muy humilde, pero a él no le dio pena, en cambio yo si sentí pena no por ellos, si no por mí, porque en ese momento comprendí muchas cosas y me di cuenta que no impor- tan donde uno viva si tiene el apoyo de su familia. Para terminar creo que debo decir que una experiencia de esta hace reflexionar de una manera grandiosa porque cambia la perspectiva de cómo vemos el mundo.
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