Capítulo 5. Jóvenes que danzan y bailan
5.3. Transformación y danza
5.3.1. A nivel social
Al indagarse por cómo la danza se constituiría en ejercicio de transformación social, las/os jóvenes dejan ver un desinterés general por asuntos relacionados con la política nacional. Para Marcela resulta indiferente lo que ocurra a su alrededor en este aspecto, como por ejemplo la firma de los acuerdos de paz en la Habana: “De hecho hasta hace muy poco… de hecho ayer me enteré que estaban con lo del proceso de paz y todo esto, y que ayer que todo el mundo estaba todo contento y publicando que se había firmado el proceso de paz en Colombia fue como: “Bueno, ¿y esto en que va cambiar?”. La apatía frente al tema se relaciona con cierta desesperanza frente a un país al que no le importa lo que ocurre con el arte y los artistas, explicando que a menos que surjan intereses y acciones compartidas, todo seguirá igual: “Siento que en el país en el que estamos a mucha gente, a la mayoría que no tienen nada que ver con el arte, sienten eso que el arte es una pérdida de tiempo, ¿sí?, y que no va a cambiar absolutamente nada”. “Si no hay varios bailarines unidos para cambiar algo obviamente no se va lograr, y así haya un montón, es difícil que lo cambien”.
No obstante la desesperanza, Marcela manifiesta como la danza, al generar mayores posibilidades de conciencia sobre el presente y las acciones cotidianas, favorece un ejercicio ciudadano de preservación del bienestar de un otro desconocido y del entorno que se habita, como apuesta a las transformaciones sociales:
Le da a uno más conciencia de lo tiene o de lo que la vida le está dado a uno, siento que le da a uno más conciencia de lo que está haciendo en su diario vivir, el simple hecho de subirte a un bus y no estar empujando la gente, el hecho de no estar botando papeles en la calle…Siento que a uno le da más conciencia de lo que está haciendo en su diario vivir, el querer luchar por querer cambiar las cosas por algo (Marcela, 20, Academia)
En contraste con lo anterior, se identifican transformaciones del ejercicio danzario que no se proyectan a un nivel macro social, pero sí en el entorno inmediato y en relación con el cuidado de unos otros cercanos, como lo relata Sofía cuando refiere que al elegir una carrera profesional en arte, abrió las puertas para que varios de sus primos también lo hicieran : “Sí siento que es así con mi familia, como que estoy marcando el choque en mi familia, como el cambio de concepción en mi familia, pero en un principio yo no lo hice por eso simplemente las cosas se dieron en este momento. Soy consciente de que por mi culpa, por decirlo así, todo el mundo se va por las artes detrás de mí”.
Desde un alcance más amplio del impacto social de la danza, Sebastián refiere que la elección por formar el cuerpo en el arte danzario, es un hecho político, considerando que se educa para la responsabilidad y seguridad en sí mismo, así como para la toma de decisiones. Estas comprensiones pueden generar acciones políticas transferibles al ámbito social y comunitario. Lo anterior resuena con las concepciones del arte como práctica que involucra visiones críticas e innovadoras sobre la sociedad actual y futura, que permitan configurar la estética como campo de conocimiento
(Hernández, 2011, citada por Ospina, 2013):
El cuerpo es un hecho político ya. Solo presentar tu forma de ser ya es una cuestión política, una cuestión de decisiones. Claro que sí, la danza también lo es, y más donde estamos formando cuerpos conscientes, cuerpos seguros, cuerpos para tomar decisiones; entonces claro, claro que lo es. Es un hecho político donde estamos mostrando una
postura como ¿Qué pasa con esto también? ¿A dónde queremos llegar con esto? …, la danza como tiene una cantidad de reconocimientos, de pensarnos en un espacio, todo ese concepto se reúne, podría ser perfectamente hasta un partido político, todos estamos pensando en el fin de algo; y no político solamente como una cosa que mueve masas…, sino político en la medida en que se encarga de que cada quien se haga cargo de sí mismo, asuma su vida, se entienda…, eso es, que políticamente se entiende, políticamente se acepte y diga `estoy soy como individuo, me comprendo, y puedo compartirlo al resto de la comunidad´
Para Eduardo, la biodanza es transgresora, tiene un mensaje político claro, respecto a las formas en que se plantea la relación con el propio cuerpo y el cuerpo del otro, esquemas que rompen con pautas tradicionales definidas desde el género, para relacionarse con el otro o la otra, e ideologías como el Feminismo, que sustentan estas formas distintas de relacionamiento y comprensión de las relaciones de poder desde el lugar del género:
La biodanza es una disciplina transgresora, por lo que te estoy diciendo, si tú vas a un parque y ves a dos hombres cogidos de la mano haciendo una danza, eso ya rompe muchos esquemas políticos, sociales. La biodanza… fíjate que las personas que asisten en cierta forma tienen un pensamiento crítico, social político. Las mujeres que asisten también tienen un tema de poder femenino, de feminismo. Entonces, quienes lo hacen… obviamente no te voy a decir que son personas que tengan una cultura conservadora, no. Y se rompen muchos esquemas, también políticos. No solamente a través de la afectividad de dos hombres, sino también temas de que la mujer está a la par con el hombre.
Estas rupturas a las que Eduardo alude, se relacionan con la noción de “amorosidad” (Derridá, citado por González y Lagos, 2011), la cual se fundamental en la posibilidad de establecer contacto con alguien (lo otro), provocando una serie de emociones, posibles únicamente en la cercanía física de la danza y particularmente, de prácticas como la biodanza. La relevancia de la amorosidad, se sitúa en su rebelión contra la indiferencia, la pasividad, el olvido y el abandono en relación al otro. Por lo cual, plantea como respuesta la diferencia, la alteridad, el cuidado, la responsabilidad por el otro, el salirse de sí para ser y recordar al otro.
También existen maneras de impactar la sociedad, relacionadas con la función expresiva de la danza, que genera en el espectador no solo un gran disfrute sino unas posibilidades de desconectarse y acceder a mundos diferentes a los construidos en la cotidianidad, como lo relata Sebastián:
Es mi manera de aportar a la sociedad, de hacer mis posicionamientos políticos respecto a algo... de... de hacer mi voz de protesta también, mi forma de sacar a la gente de eso terrible que es el diario vivir y transportarlo a un mundo... donde este… libre y se pueda encontrar consigo mismo.