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Capítulo II Marco Teórico

2.1. Antecedentes de la investigación.

2.2.18. Niveles de comprensión lectora

Pinzás (1997), señala que los niveles para llegar a una comprensión lectora son:

Comprensión literal e inferencial. Literal, que significa entender la información que el texto presenta explícitamente, es decir, se trata de entender lo que el texto dice. Inferencial que se refiere a la elaboración de ideas o elementos que no están expresados explícitamente en el texto, cuando el lector lee el texto y piensa sobre él, se da cuenta de relaciones o contenidos sobreentendidos.

Sánchez (2008, p. 5), indica que los niveles de la compresión lectora son: literalidad, retención, organización, inferencia, interpretación, valoración, creatividad.

Desde el enfoque cognitivo la comprensión lectora como una habilidad psicoanalítica para extraer el significado de un texto, según Pinzás (1997) pasa por los siguientes niveles:

Comprensión literal: En pocas palabras se refiere al reconocimiento de todo aquello que explícitamente figura en todo texto. Idealmente, el progreso en la comprensión literal debiera implicar para el estudiante un trabajo en compañía de un adulto, entiéndase un profesor/a, padre, madre…, de modo de observar, identificar y explicar las facilidades y dificultades que pudiera tener el estudiante para acceder inicialmente al texto. Es propio de los niños que cursan los primeros años de escolaridad; la exploración de este nivel de comprensión será con preguntas literales con interrogadores como: Qué? Cuál?, Cómo?, etc. (Pinzás, 1997:75). En tal sentido, este nivel supone enseñar a:

✓ Distinguir entre información relevante e información secundaria.

✓ Saber encontrar la idea principal.

✓ Identificar relaciones causa-efecto.

✓ Seguir unas instrucciones.

✓ Reconocer las secuencias de una acción.

✓ Identificar los elementos de una comparación.

✓ Identificar analogías

✓ Encontrar el sentido de palabras de múltiple significado

✓ Reconocer y dar significado a los sufijos y prefijos de uso habitual.

✓ Identificar sinónimos, antónimos y homófonos.

✓ Dominar el vocabulario básico correspondiente a su edad.

Comprensión inferencial: Después de la comprensión literal de un texto, el lector obtiene un conocimiento base acerca de él, de sus palabras, de sus oraciones, de sus ideas, de la escritura misma. Entonces, sobre la base y dominio de dicho conocimiento, que es dinámico y en constante progreso, al

81 lector le sería posible formular anticipaciones o suposiciones sobre el contenido de este, por supuesto a partir de los indicios, datos o

informaciones que se extraen de su propia lectura. Aquí es importante insistir en que esas expectativas se van verificando o formulando mientras se va leyendo; en otras palabras, no se trata de un nivel ajeno o aislado de la comprensión literal, sino más bien, de un nivel complementario.

En efecto, la comprensión inferencial podría entenderse como la verdadera esencia de la comprensión lectora, ya que se trata de un diálogo constante entre el lector y el texto, pues le exige al primero el llenar vacíos, detectar lapsus, iniciar estrategias para salvar dificultades, hacer conjeturas que se confirman o no. Finalmente, se manipula la información del texto y se combina con lo que se sabe para sacar conclusiones. Este nivel supone trabajar en:

✓ Predecir resultados.

✓ Inferir el significado de palabras desconocidas.

✓ Inferir efectos previsibles a determinadas causas.

✓ Entrever la causa de determinados efectos.

✓ Inferir secuencias lógicas

✓ Inferir el significado de frases hechas, según el contexto.

✓ Interpretar con corrección el lenguaje figurativo.

✓ Recomponer un texto variando algún hecho, personaje, situación, etc.

✓ Prever un final diferente, Etc.

En consecuencia, el lector debiera ser capaz de generar hipótesis durante la lectura, sacar conclusiones, prever comportamientos de los personajes, etc. Cabe señalar que los aspectos relaciones con este nivel son los que

generan un más fácil acceso a identificarse con la lectura, a sentirse inmersos en ella, e incluso a relacionar las nuevas situaciones con sus vivencias.

Como señalara arriba, se recomienda un trabajo de lectura conjunto que implique pregunta/respuesta, búsqueda de información clave (personajes, espacios, ideas principales, vocabulario, diálogos, etc.), con el objetivo de comprobar, entre otros aspectos, si el alumno puede expresar lo que ha leído con un vocabulario diferente —y propio—, si logra fijar y retener la

información durante el proceso lector y si puede recordarlo para posteriormente explicarlo.

Lo anterior al mismo tiempo que se enseña a utilizar el diccionario (www.rae.es), a hacer un guion de trabajo, a subrayar información relevante o incluso a saber identificar un gráfico o una imagen.

Comprensión critica: El tercer nivel, también en conjunción con los dos anteriores, implica la formación de juicios propios, con respuestas de carácter subjetivo, con una identificación con los personajes del libro, con un reconocimiento del lenguaje del autor, al mismo tiempo que se genera una interpretación personal, a partir de las reacciones creadas en base a las imágenes literarias, pero también contextuales/personales/históricas del lector. Dicho de otro modo, mientras los dos primeros niveles trabajan idealmente sobre un texto único, aquí los vínculos se extienden hacia otras realidades textuales/discursivas, hacia conocimientos previos, culturales, históricos, etc., siempre en diálogo. Aun así, no hemos de olvidar que los

83 tres niveles son simultáneos y que la disección aquí hecha corresponde solo a un ejercicio académico. Así pues un buen lector ha de poder:

✓ Deducir, expresar opiniones y emitir juicios.

✓ Juzgar el contenido de un texto bajo un punto de vista personal.

✓ Distinguir un hecho de una opinión.

✓ Emitir un juicio frente a un comportamiento.

✓ Manifestar las reacciones que les provoca un determinado texto.

✓ Comenzar a analizar la intención del autor.

El manejo de este nivel implica dar a los lectores la posibilidad de expresar opiniones, de enseñar a discutirlas con los demás, de incentivar la

necesidad de aportar argumentos para defenderlas, manteniendo un criterio flexible que permita a los niños/as a ver que los puntos de vista son

múltiples y que la diversidad es una riqueza. De esta manera, ellos mismos se sentirán acogidos, con sus particulares formas de comprender el mundo y podrán ir organizando su jerarquía de valores. Como se comprende, en todo momento es recomendable el trabajo conjunto de nuestros hijos/as con un adulto; en especial con sus padres/madres.