La novela de Andrés Neuman se titula La vida en las ventanas, haciendo referencia a las horas que pasa Net en la pantalla del computador. Pero también podemos inferir, a través del personaje, que esa vida en la ventana es la apuesta decisiva del personaje a consumir su vida como espectador. Net no toma decisiones, es un transeúnte de las vidas ajenas y las observa desde la pasividad total. Odia a su familia, desconfía de su entorno social y desprecia las obligaciones de ese mundo al que pertenece. Demetrio, el otro personaje que hemos analizado, se burla de sus obligaciones laborales y la mejor manera de parodiarlo es dedicarse a la recolección de basura; es aquí donde se hace evidente la desesperanza.
Demetrio sabe que la basura es la expresión final de una dinámica productiva y decide estar ahí para concluir su vida en los desechos. Según Lipovetsky, “el trabajo está cada
vez menos asociado a la idea de deber individual y colectivo, las grandes homilías sobre la obligación del trabajo ya no tienen vigencia. Ya no se exaltan las virtudes de paciencia y perseverancia, apenas se enseña el valor regular, el imperativo moral de ser
útil a la colectividad, la obligación social de cumplir “su pequeña tarea microscópica” por ínfimo que sea el resultado obtenido” (1996, 174) .
Recordemos que Max Weber, en la “Ética protestante y el espíritu del capitalismo”,
sociedad moderna, el trabajo como posibilidad de redimir el pecado. “Para el protestante, el obrar era lo contrario del ocio y del goce, y operaba a modo de contención del pecado de dilapidación del tiempo, dimensión radicalmente opuesta al concepto temporal que impregna al trabajo contemporáneo: el tener que empezar siempre de nuevo, transforma al tiempo en un enredo que condena a las personas a ceñirse a un presente perpetuo” (Aronso, 2006, p. 166).
Neuman configura personajes ajenos al ethos del trabajo, Demetrio y Net, no encuentra su redención secular en su vida laboral. Tenemos unos individuos literarios que negaran la idea del sacrificio y posterior goce del trabajo realizado. “Los tiempos ya no demandan el ajuste de la propia conducta a cánones como los que formulara Franklin, cuando el capitalismo suponía la organización de la vida a largo plazo. Actualmente, tales máximas carecen de significado porque, como señala Beck, tanto la sociedad laboral –en la cual el trabajo constituía el eje de la organización social– como el ethos
del trabajo –sin cuyo auxilio el capitalismo no hubiera salido victorioso de la lucha que entabló con el tradicionalismo feudal– han llegado a su fin” (Aronso, 2006, p. 166). Demetrio ve en la basura, la metáfora de un mundo en decadencia y sabe que las certezas o todas las verdades concluyen en el basurero. Demetrio decide quedarse fijo e inmóvil, porque reconoce que el paso siguiente es el vacío, el de la incertidumbre. Podemos entender a Demetrio, a Net y a los otros personajes desengañados de Neuman como una postura que se desprende de la episteme posmoderna, este tiempo histórico donde los grandes paradigmas no se construyen desde certezas o verdades infalibles.
Los personajes de Neuman evidencian la duda y el desconcierto, expresados en temores, en sus mentes la percepción del largo plazo para un absoluto es irreal. Sabemos, desde nuestra tradición, que la noción de trabajo se configura para un horizonte temporal, en otras palabras, se estructura en la psiquis un tiempo de cosecha, se trabaja para fertilizar el tiempo y recoger frutos, pero cuando la sensación de tiempo absoluto es remplazada por el de la brevedad, por el instante que se diluye en un gesto, no queda la posibilidad de construirse a través del trabajo. En palabras de Bauman “El
advenimiento de la instantaneidad lleva a la cultura y a la ética humanas a un territorio inexplorado, donde la mayoría de los hábitos aprendidos para enfrentar la vida han
Andrés Neuman registra esa sensación del mundo posmoderno, la sociedad posmoral, que nos dice que el tiempo trabajado no trae cosechas. Sólo quedan los actos involuntarios obligatorios de la existencia. En estos personajes la lucha no es una proyección para alcanzar a través de un trabajo el bienestar colectivo. Según Bauman,
“Muchas características de la vida contemporánea contribuyen a la arrolladora
sensación de incertidumbre: a la percepción del futuro del “mundo en sentido estricto” y del “mundo a nuestro alcance” como esencialmente incierto, incontrolable y, por consiguiente, aterrador y de la duda corrosiva sobre si las actuales constantes contextuales para la acción se mantendrán constantes el tiempo suficiente como para posibilitar un cálculo razonable de los efectos de ésta” (2001b, p. 32).
Resumiendo, en el mundo contemporáneo, y como lo expresan los personajes de Neuman, el cálculo para lograr ciertos beneficios o resultados concretos es imposible. No podemos fijar, para nuestros intereses, un marco temporal amplio, porque es el aquí y el ahora lo que se hace real. Antaño era fácil un cálculo racional y se tomaban ciertas variables para determinar un resultado, había cierta confianza en la posibilidad de predecir el final.
En la narrativa de Neuman la incertidumbre que produce el no reconocimiento del ethos laboral se expresa con la actitud de los personajes con el trabajo, uno de ellos dice “mi
trabajo no es que lo perdiera, sino que fue el trabajo el que fue perdiéndome a mí, sumido como estaba en un estado de progresivo ensimismamiento, hablando solo,
intentando comprender (…) me fui del trabajo; me fui de mi barrio a otro piso más económico; me fui de la ciudad; me fui quedando sin un duro. Mis nervios se volvieron un arpa mal afinada, mi mente un sótano lleno de tambores” (2000, p. 62). Los personajes de Neuman se desenvuelven en un escenario laboral difícil, sin probabilidades de alcanzar un reconocimiento económico y social. En las novelas
Bariloche, y La vida en la ventana encontramos que el empleo no es una certeza y mucho menos la posibilidad de construirse como sujeto social.
Hasta aquí hemos presentado, con el referente de la sociología, un contexto narrativo que niega el ethos del trabajo en el mundo contemporáneo. Es en este sentido que retomamos a Bauman cuando afirma que “ningún empleo es seguro, ninguna posición
intocable, ninguna capacitación tiene una utilidad duradera (el sustento, la posición social, el reconocimiento de la propia utilidad y el derecho a la dignidad pueden desvanecerse por completo de la noche a la mañana sin previo aviso” (2001b, p. 34). En la novela Barilochecuando Demetrio afirma: “Yo soy basurero y debo pensar en la mierda con la que trabajo y se quedó absorto de nuevo mirando la montaña. Sintió que no le importaba la idea de quedarse viendo aquello todas las mañanas de toda la vida, sólo hacía falta seguir igual, seguir igual…Alguna nube se desplazó allá arriba, y entonces las botellas se encendieron como desoladoras lámparas después de una batalla”
(1994, p. 104). En nuestro análisis, los personajes de Neuman están inmersos en situaciones de desconcierto ante lo que una vez se impuso como una necesidad espiritual, el trabajo, esto crea un individuo en la orfandad, arrojado a la incertidumbre e inestabilidad del mundo contemporáneo.
Recordemos que, desde el marxismo, “el trabajo es el rasgo general humano”, porque el hombre objetiva la naturaleza, la trastoca para sus necesidades. Por lo tanto, repensar el trabajo desde la posmodernidad implica pensar la reestructuración ética que debe emprender una sociedad. Volver a poner el trabajo como valor absoluto implica repensar prácticas culturales y la manera de relacionarse con el entorno.
Concluyendo, en el contexto narrativo de Neuman encontramos lo que hemos llamado la episteme posmoderna, la sociedad posmoral, que refleja una situación social de crisis. Y como evidencia interpretamos que los personajes configuran sus sensibilidades desde las dinámicas de fragilidad, duda y temor. En nuestro análisis seguimos a Demetrio y su indiferencia en el papel de ciudadano, no asume las tragedias colectivas, no se involucra desde un ethos cívico a la sociedad. Observamos a Demetrio con distancia apática a los vínculos, el trabajo, que integran a los ciudadanos.