2.2 LA SEXUALIDAD EN LOS LÍMITES DE LA IDENTIDAD Y DE ELECCIÓN DE UN OBJETO
2.2.1 El devenir de la homosexualidad
2.2.1.1 Nombrar la homosexualidad
Al hacernos parte del axioma que el lenguaje instituye realidades, no resulta difícil comprender el doble status establecido hacia la homosexualidad en algunos momentos de la historia, situación que es reflejada por Foucault, al manifestar que antiguamente existía un acuerdo tácito para mencionar la sodomía lo menos posible, lo cual
“permitió durante mucho tiempo un doble funcionamiento: por una parte, una extrema severidad (condena a la hoguera aplicada aún en el siglo XVIII sin que ninguna protesta importante fuera expresada antes de la mitad del siglo), y, por otra, una tolerancia seguramente muy amplia (que se deduce indirectamente de la rareza de las condenas judiciales, y que se advierte más directamente a través de ciertos testimonios sobre las sociedades masculinas que podían existir en los ejércitos o las cortes)”275
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Coincidimos con quienes sostienen que ha de ponerse nombre a las cosas,
274 Extraído de http://www.ilga.org
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pues solo así estas son reales, en caso contrario, no se puede hablar de lo que no existe, probablemente reflexiones similares cruzaron por la cabeza de Karl María Kertbeny cuando acuñó el término “homosexualidad”, sin embargo, no podemos decir que este término conforme una estructura específica e inmutable, así, desde tiempos remotos se le han asignado nombres como: pecado, enfermedad, delito, perversión, gracia divina, preferencia sexual, etc.
De este modo, apreciamos como la homosexualidad ha pasado a través de la historia, desde ser considerada natural en diversas culturas, antiguas y actuales, según reportes antropológicos, hasta ser perseguida con penas tan diversas como multas, encarcelamiento, trabajos forzados, tortura y muerte.
Ni que decir de la aparición de la medicina en la historia de la homosexualidad, pues al intentar esta hacerse cargo de lo que inicialmente era considerado un problema social, cuyo referente eran las cárceles, solo logra reemplazarlas por los hospitales psiquiátricos, donde muchas veces los sujetos eran sometidos a toda clase de experimentos y vejaciones, en aras de la posible cura para su “enfermedad”.
Últimamente las cosas han cambiado bastante para algunos, gracias al trabajo de múltiples sujetos y grupos organizados que han logrado mejoras en las leyes y condiciones para los sujetos LGTB, situación que incluye en algunos casos la posibilidad de casarse o de adoptar, además de los vientos de mayor tolerancia y respeto por los derechos humanos. Sin embargo, aún hoy, en pleno siglo XXI, no todas los sujetos gozan de estos beneficios, existiendo todavía lugares donde se les persigue e incluso son condenadas a muerte por el solo hecho de ser homosexuales.
Con el paso del tiempo los sujetos han ido abriendo su mente a un mayor número de prácticas sexuales, otorgándose en ocasiones el permiso de alejarse del modelo hegemónico heterosexual.
Por otra parte, hacen su aparición en la historia las diversas teorías sobre el desarrollo de la identidad en relación a la homosexualidad, partiendo desde
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aquella postulada ya a fines del siglo XIX por el psiquiatra Alemán Carl Westphal, quién en 1.870 publica un artículo en que atribuía a lo que hoy se conoce como homosexualidad el carácter de debilidad mental.
Con posterioridad, apreciamos la presencia de las teorías biológicas, que pretenden explicar la homosexualidad en base a 3 diversos factores orgánicos: los constituyentes genéticos, los hormonales y la diferenciación de estructuras cerebrales entre heterosexuales y homosexuales276. No obstante, no podríamos decir que los estudios relacionados con los aspectos orgánicos de la homosexualidad han quedado en el pasado, pues al revisar la bibliografía, hemos comprobado que aún muchos investigadores siguen trabajando y experimentando sobre esos mismos factores, buscando en el organismo las respuestas a los secretos de la homosexualidad277.
En los años setenta se presentaron los primeros modelos de identidad homosexual masculina (Plummer, 1975) y femenina (Ponse, 1978), a los que le
276 SORIANO, S. (1999). Cómo se vive la homosexualidad y el lesbianismo. Salamanca: Amarú Ediciones.
277 A modo de ejemplo presentamos el resumen de una investigación publicada en 2011 en la Journal of Biomedical Science and Engineering, realizada por un grupo de investigadores del programa interdisciplinario de ingeniería biomédica, del departamento de psiquiatría y de radiología de la National University Medical School de Corea. “Este estudio se realizó para clarificar la orientación sexual en un hombre homosexual de 19 años de edad y una mujer homosexual de 20 años de edad, utilizando imágenes por resonancia magnética funcional con la visualización de fotos de desnudos eróticos de hombres y mujeres. Los niveles de hormona sexual de los homosexuales masculino y femenino estuvieron en el rango normal de hombres y mujeres heterosexuales sanos, respectivamente. En tanto los homosexuales mostraron más actividades significativas del cerebro mientras observaban las fotografías de desnudos de su mismo sexo genético frente a las del sexo opuesto, en la corteza frontal parietal, la corteza occipital, la circunvolución cingular anterior, la amígdala, el mesencéfalo, el hipocampo, la corteza orbitofrontal, la circunvolución del hipocampo, el tálamo, el globo pálido, y el putamen, de los que se sabe son sensibles a la excitación sexual. El varón y la mujer homosexual mostraron una tendencia hacia una mayor excitación sexual con su mismo sexo genético en comparación con el sexo opuesto. Este hallazgo puede ser útil para entender los diferentes mecanismos neurales sobre salud sexual en la excitación de los homosexuales”, vid. WON, G., CHUL, J., & WOO, G. (2011). Brain activation patterns associated with sexual orientation in homosexual male and female: preliminary study with 3.0T fMRI. Journal Biomedical Science and Engineering, 196-199 (Traducción propia).
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siguieron luego los modelos de “Cass (1979), Coleman (1981, 1982) y Troiden (1979, 1989)”278
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Por otra parte, podemos dar cuenta de diversos estudios centrados en la identidad homosexual realizados también a partir de los años setenta, entre estos encontramos a Kaldegg279 quién mediante un cuestionario de personalidad aplicado a hombres jóvenes adictos la heroína registro variaciones en la escala de masculinidad/femineidad asociándolo a la homosexualidad; Forgey280, cuyo estudio se centró en la institución del Berdache (indígenas de América del norte conocidos también como “dos espíritus”, aludiendo a lo femenino y lo masculino); Friedberg281, quién realizó un estudio comparativo entre los estilos de vida homosexual y heterosexual, concluyendo que el estilo de vida de los homosexuales era significativamente diferente del estilo de vida de los heterosexuales en términos de identidad, visión del mundo como un lugar hostil y peligroso, tendencia a la dependencia y deterioro de las variables de identidad de género, Hassell & Smith282 quienes realizaron una investigación mediante un prueba proyectiva con mujeres heterosexuales y homosexuales, concluyendo que las mujeres homosexuales eran más independientes, cambiantes, tenían mayores preocupaciones sexuales y estaban menos adaptadas que las mujeres heterosexuales.
Todas estas investigaciones, que corresponden a algunas de las primeras realizadas en relación al tema de la identidad homosexual fueron publicadas en importantes revistas científicas de medicina y psicología durante el año 1975.
278
GIL, G. (2010). Los procesos holísticos de resiliencia en el desarrollo de identidades autorreferenciadas en lesbianas, gays y bisexuales. Tesis doctoral. Las Palmas de Gran Canaria: Universidad de las Palmas de Gran Canaria, p. 96
279 KALDEGG, A. (1975). Aspects of Personal Relationships in Heroin Dependent Young Men—An Experimental Study. British Journal of Addiction, 277-286
280 FORGEY, D. (1975). The institution of Berdache among the North American plains indians. Journal of Sex Research, 1-15
281
FRIEDBERG, R. (1975). Early recollections of homosexuals as indicators of their life styles. Journal of Individual Psychology, 196-204
282 HASSELL, J., & SMITH, E. (1975). Female Homosexuals' Concepts of Self, Men, and Women. Journal of Personality Assessment, 154-159
126 2.2.1.2 Contextualización del lesbianismo
Al igual que con la homosexualidad masculina, es inviable precisar el momento exacto en que surge la homosexualidad femenina, también conocida como lesbianismo, lo que sí es posible hacer, es determinar que la idea de una relación afectivo-sexual entre mujeres surge en el discurso público en forma bastante posterior a la de los varones, entre otra razones, probablemente, debido al rol privilegiado del hombre en la sociedad, mismo que dejaba a las mujeres postergadas a un lugar secundario, así, si esto era cierto en el plano de la sexualidad, lo era aún en mayor medida en el de la homosexualidad. Otra explicación apuntaría al carácter más reservado de las mujeres, quienes, en general, estaban poco acostumbradas a hablar de sexualidad.
Esta premisa es confirmada por el hecho que “la mayoría de las investigaciones realizadas hasta la década de 1990 sobre la homosexualidad femenina afirman que el lesbianismo es menos visible y está menos institucionalizado que la homosexualidad masculina en todas las culturas”283.
Por otra parte, los precedentes históricos más conocidos y probablemente una de las instancia desde donde deriva el nombre de lesbianismo, se relaciona con la poetisa Safo, quién dirigía una escuela para señoritas en la isla griega de Lesbos. Desde aquí, el inicialmente denominado Safismo, iría derivando hasta llegar a convertirse en el actual lesbianismo.
“Hay que señalar que las lesbianas, en tanto que mujeres, carecen de tradición o de discurso acerca de su pasado reciente. Si la mujer no se había pensado como sujeto de la historia hasta la aparición del primer movimiento feminista (1880-1914), con las lesbianas sucede algo similar”284
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Así, si bien actualmente podemos encontrar en el vocabulario popular una serie de apelativos (la mayoría de ellos denigrantes) a guisa de sinónimos para
283 Blackwood, (1991) en VIÑUALES, O. (2000). Identidades lésbicas. Barcelona: Bellaterra., p. 40
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el término lesbiana: bollera, tortillera, zapatona, camionera, machorra, machetona, manflora, sombreruda, come chocha, bigotona, invertida, leñadora, marimacha, come almejas, marcha pa' tras, etc., no obstante, el término más utilizado a lo largo de la historia ha sido el de tribada.
Posteriormente, sería el poeta Baudelaire, quién a mediados del siglo XIX populariza el término lesbiana, al darlo a conocer como título preliminar de su obra (Las lesbianas), que finalmente saldría a la luz como: las flores del mal285. De esta forma, tras un largo camino histórico, grupal e individual, comienza a conformarse lo que algunos autores han llamado identidad lésbica, la cual se construye “en la revelación, implica conciencia de diferencia y apela al "yo mismo"”, un proceso sin duda complejo que “tiene que ver más con lo que el individuo siente que con lo que realmente es”286
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Hoy la imagen de las lesbianas ha cambiado, desde aquellas mujeres inicialmente sometidas al patriarcado, victimizadas y negadas, actualmente muchas de ellas son capaces de visibilizarse en los ámbitos más diversos, pisando fuerte y haciendo uso de los derechos que han obtenido, conformando familiar, haciéndose cargo de sus hijos, en igualdad de condiciones con las mujeres heterosexuales.