Núñez Samper y Robles (1997), Ebri (2001) y Ramos, Mazoteras, Álvarez, Melero y Carmona (2012), detallan la cronobiología del pie según la siguiente tabla (véase Tabla 4).
Tabla 4. Cronobiología del pie Tomada de Ramos et al. (2012).
La cronología de osificación de los huesos que componen el pie va a determinar la edad del niño. Existen cambios notables en la morfología de los huesos y de sus relaciones espaciales, que ocurren como un proceso ontogénico normal durante el desarrollo embrionario y las fases postnatal y juvenil, para formar el modelo del pie adulto. Desde el nacimiento hasta la edad de 8 años, mientras el pie crece y se adapta a las funciones de la postura erecta, van a producirse cambios espectaculares en astrágalo y calcáneo (Ramos, et al., 2012).
3.5.2. Pie normal
Root, Orien, Weed y Huges (1991), Moreno (2003), Ramos (2007), Ramos et al.
(2012), afirman que existen determinadas características que condicionan la normalidad
de un pie y las enumeran del siguiente modo:
1. Ausencia de dolor.
2. Adecuado equilibrio muscular. Edad (Años)
Longitud del Pie (Centímetros) Neonato 7,5 (20-40% de la longitud definitiva) 1-5 10-22 (44% de la longitud definitiva) 5-10 17 (63% de la longitud definitiva) Niños Niñas 10 (85% de la longitud definitiva) (91% de la longitud definitiva) 22 13 Longitud definitiva 15 Longitud definitiva
3. El tercio distal de la pierna es vertical.
4. La rodilla, el tobillo y la articulación subastragalina discurren en planos transversos paralelos a la superficie que los soporta.
5. La articulación subastragalina descansa sobre su posición neutra.
6. Los planos inferiores del antepié y del retropié son paralelos entre sí y también paralelos a la superficie sobre la que se apoyan.
7. En bipedestación, la bisección sagital de la superficie posterior del calcáneo es perpendicular al plano plantar del pie.
8. Los metatarsianos se mantienen en una posición en la que la superficie plantar de sus cabezas discurre en el mismo plano transverso que las cabezas de los demás metatarsianos.
9. Los dedos están paralelos al suelo en extensión y con buena movilidad. 10. Distribución correcta de la carga en posición estática.
Pese a que dichos autores enumeran esta serie de características que condicionan la normalidad de un pie, Root et al. (1991) exponen que se trata de una utopía el que un pie presente todas las condiciones detalladas anteriormente. Insinúan que los criterios de normalidad que nos ocupan suponen únicamente una base para el estudio clínico, decidiéndose a posteriori si las diferencias percibidas son significativas en función de los criterios nombrados, para considerarlo pie patológico.
Además es imprescindible tener en cuenta los periodos de cambios que están presentes durante el crecimiento para diferenciar los procesos fisiológicos de los patológicos. También será importante diferenciar si la morfología del pie se corresponde a una alteración estructurada o flexible, y en este caso valorar si se debe a una laxitud patológica o a un proceso de maduración de las estructuras (CGCOP, 2010).
Para que un pie pueda considerarse normal, debe presentar las siguientes características:
3.5.3. Huella normal
La huella plantar se define como la superficie del pie que contacta con el suelo
(Moreno, 2003). El pie puede clasificarse morfológicamente según la huella plantar como
normal; cuando presenta un arco longitudinal interno y una huella plantar bien definida con una zona anterior ancha, apoyo de las cabezas de los metatarsianos, y una zona posterior, correspondiente al talón, unidas por una zona externa más estrecha que se
conoce como istmo. El estudio de la huella plantar es una forma indirecta de analizar la morfología del pie y las mediciones efectuadas muestran con mayor o menor exactitud la altura de la bóveda plantar, así como posibles alteraciones que pudiesen ocasionar cambios en el área de contacto de la huella (Volpon, 1994).
3.5.4. Índice Postural del Pie normal
Se trata un instrumento de medida validado para llevar a cabo una rápida, fácil y fiable medición de la posición del pie. El Índice Postural del Pie (IPP) o Foot Posture Index (FPI), son un conjunto de seis mediciones validadas de observación del retropié, mediopié y antepié sobre un sujeto en bipedestación en posición relajada con la base de sustentación y el ángulo de progresión en estática y apoyo bipodal. El IPP es una herramienta clínica diagnóstica, cuya finalidad es cuantificar el grado de posición neutra, pronada o supinada del pie de manera rápida, fácil y fiable. Se habla de pie neutro cuando el valor del IPP es cercano a cero. (Redmon, Crane y Menz, 2008).
3.5.5. Marcha normal
También puede catalogarse como pie normal aquel que presenta una función normal durante la marcha, sin historia de traumatismo significativo, cirugía, dolor ni deformidad significativa (Kirby, 2000).
En cuanto a la adquisición de la marcha, durante el primer año de vida el niño/a ya se puede mantener de pie y andar, al principio con ayuda hasta conseguir un poco más tarde una marcha más estable, desde este primer año hasta los 6 años se van a producir cambios evolutivos hasta adquirir una marcha independiente y adulta (Pascual, López y Alonso, 2001).
El preescolar de 3 años de edad, al caminar está más seguro sobre sus pies y se siente más ágil y a medida que avanza su equilibrio y coordinación irán mejorando. Existen distintos estadíos como reptación, gateo, marcha asistida o marcha independiente que se consigue hacia los 12-15 meses, aunque la marcha no se asemeja a la del adulto hasta los 5-7 años (Gesell, 2000; Collado, 2005).
Autores como Grieve y Gear (citado en Collado, 2005), y Viladot (2001), coinciden en que los cambios más significativos en los patrones de la marcha, velocidad del paso, longitud de los ciclos, duración de la fase de apoyo, etc. se producen entre los 4-5 años
y la marcha similar a la del adulto entre los 5-6 años de edad. Popova y Bernshtein
(citado en Collado, 2005), defienden que el niño alcanza los patrones dinámicos definitivos
entre los 7 y 9 años, ya que previamente el niño sufre un gran desarrollo de su sistema neural y músculo-esquelético hasta conseguir un adecuado control motor (Collado, 2005).
Cuando se llevan a cabo la exploración de la marcha en los preescolares y escolares (Zurita & Cabello, 2002; Ramos, 2007), debemos observar: el ritmo; determinado por la longitud del paso y por el número de pasos por minuto, la dirección; observándose haciendo andar al sujeto por una línea recta, y el sinergismo; que describe las anomalías en el balanceo. Todos estos criterios deben valorarse en función de la edad del sujeto, así como con las posibles patologías o alteraciones que presente.
3.5.6. Fórmula digital y Fórmula metatarsal
La fórmula metatarsal está condicionada por la longitud de los metatarsianos. La longitud de los mismos condiciona posiciones y equilibrios del pie, por ejemplo; un primer metatarsiano más corto, favorece giros en pronación y los HAV (Hallux Adductus Valgus) prematuros (Cabezón, 1985). Lelièvre (1993) y Viladot (2001b), explica la existencia de tres tipos de fórmulas según la longitud de los metatarsianos que pueden clasificarse en: Index plus, donde el primer metatarsiano es más largo que el segundo, decreciendo sucesivamente hasta el quinto metatarsiano (1>2>3>4>5). Index plus minus, en el que el primero es prácticamente igual al segundo, y los tres restantes presentan una disminución progresiva de su longitud (1=2>3>4>5) y por último la fórmula Index minus, en la que el primer metatarsiano es más corto que el segundo, y se produce una disminución progresiva de los restantes (1<2>3>4>5). Este autor refleja en su publicación que un pie con fórmula digital griega asociada a una fórmula metatarsal Index plus minus, es más probable que se mantenga normal y libre de dolor.
Los pies pueden clasificarse también en función de la fórmula digital, o lo que es lo mismo, según la longitud de los dedos, centrándonos especialmente en la longitud de primer y segundo dedo. Lelièvre y Lelièvre (1982) y Goldcher (1992), proponen una clasificación donde denominan al pie cuyo primer dedo es mayor que el segundo, éste mayor que tercero y así sucesivamente hasta quinto; pie egipcio. Goldcher (1992) afirma que es el modelo más frecuente en la población. El pie griego es aquel donde el segundo dedo predomina sobre los demás, siendo el primer dedo más corto, y los demás disminuyen su longitud hasta llegar a quinto. Por último se encuentra el denominado
pie cuadrado, cuya morfología consiste en que el primer dedo presenta una longitud similar a la del segundo, y el resto de dedos van reduciendo su longitud hasta el quinto (Viladot, 2001b; Ramos, 2007; Chacón, 2012).