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Nota final sobre el idealismo

9. Racionalismo y empirismo

11.5. Nota final sobre el idealismo

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al. �e.I pri

er ��pítulo que dedicamos al idealismo aparecía el ternuno mhd1smo . DIJimos que, más allá de las particularidades en aquel momento determinadas por la aparición textual a la que se hacía referencia, la coin.cide�cia no era casual. Ahora tenemos que aclarar esto. No es que el Idealismo

en particular

sea nihílismo, sino que en cier­ ta.manera l_o es

en cuanto

es la culminación de algo, quizá de la filosofia misma. Veamoslo.

En nuestros capítulos sobre Grecia habíamos descrito lo que allí lla­ �ábamos "el ras�o filosófico" del acontecer griego, la pretensión de de­

CI�

aquello q�e siempre ya tiene lugar, de que resulte relevante el juego mismo que Siempre ya se está jugando. Reiteradamente hemos tenido que recurrí�, para designar la distancia que así se produce con respecto a aquello m1�mo en lo que se está y al juego mismo que se está jugando, a palabras gnegas:

.t�eoría, sképsis, eironeía, epokhé.

Se constituye, en vir­ tud de esa pretenswn y de esa distancia, algo así como un plano o nivel

esfera de la

theoría

(en este sentido). El cual plano o nivel o esfera, sm �mbargo, es n�da, porque es distancia frente al juego mismo, no dis­ tanc�a den

ro del JUego. No es ir a otra parte, sino que se queda en dis­ tancia; no mstalarse en alguna otra parte, sino distancia frente a la ins­ talación misma .. Por eso dijimos, por ejemplo a propósito de Platón, que es puro desarrrugo; por eso todo lo que dijimos de que la tematización del

efdos

sólo tiene lugar para fracasar, etc.

, Pues bien, por de pronto, de acuerdo con esto el idealismo es algo as1 como la filosofia absoluta en el sentido en que esa dimensión del de­ sarraigo o de la theoría ha pasado a ser todo . .,Hemos insistido de diver­ sas maneras en ello: aquello en lo que consiste ser pasa a seF-ello mismo lo ente, la distancia frente al juego es ella misma el acontecer del juego el escepticismo "se consuma", es decir, se da él mismo su propio "co

respecto a qué", la

theoría

o la sképsis pasa a ser ella misma la estruc­ tura y el acontecer de lo verdadero.

Ahor� bien, e�� que pasa a ser todo es aquello de lo que decíamos que su Imsma noc1on es ser nada, que el atender a ello es el puro desa-

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JI. LA ÉPOCA DEL IDEALISMO

rraigo. Tampoco es casualidad el que el idealisJ?O si�a in�ediatamente

a aquel momento en el que, después de Grec1�, mas taJante�en�e se

pone de manifiesto ese carácter de puro desarraigo que la theona ttene,

desarraigo que no es otra cosa que lo que hablan�o de .Kant h�mos lla­

mado la "diferencia" o la "finitud", esto es, el caracter Irreductiblemen­

te no óntico de lo ontológico. La percepción de la diferencia comporta,

en efecto, la pretensión de suprimirla, pues tal p.ercepc.ión es _la del de­

sarraigo, la de que se pierde pie en lo ente: contmgencm, �aracter nu�­

ca plenamente cierto del contenido; de donde la tendencia q?e �a ha­

bíamos encontrado siempre de nuevo desmentida en Kant y solo libera­

da en el idealismo, tendencia a suprimir la diferencia hacien.do. que �1

en-qué-consiste-ser sea él mismo lo ente. Pero, a la vez,. supnnur. !a di­

ferencia es que pase a ser todo aquello que por su m1sma noc�on es

nada, y así ocurre que lo absoluto ciertamente acontece, pe�o solo en

cuanto que se manifiesta a la vez como absolutamente no ontlco, es de-

cir, en su propia muerte.

,

Por un lado, es decir, unilateralmente, pero no erronearnente, se �o­

drían contemplar los caminos de Schelling y de Hegel como sendos m­

tentos de evitar objeciones como la de Jacobi, esto es, de salva� una su.bs­

tancialidad o, si se prefiere, de salvar a "Dios". Y hasta es mstruct1vo

considerarlo así, por el interés que tiene el encontra�se ento.nce� c�n e�

otro lado de la cuestión: salvar la substancialidad qmere deCir m mas

m

menos que integrarla sin que quede nada fuera en el mov1m1ento d� la

reflexión que se autosuprime; incluso la intuición !.ntelectual de Sch.�lhng

es en el fondo (si atendemos al argumento de Holderhn) la reflexwn, Y

en Hegel acontece substancialidad porque la reflexión misma se .autos�­

prime; salvar a "Dios" es hacer que "muer�", esto es, que deJe atras

toda onticidad, toda substancialidad irreductible.

.

Lo que hablando de Holderlin mencionamos como que Grecia acon­

tece perdiéndose y que es su propio substraerse es lo m1�mo que otras

veces hemos llamado "el rasgo filosófico"; lo que se mamfiesta en la �­

losofía sólo se manifiesta porque a la vez se pierde; a esto hem?s aludi­

do con las palabras theoría, sképsis, epokhé. Vimos cómo la P.érd1da com­

porta que la cuestión del ser o del .saber. se traslade a �uest10n de la �er­

dad del enunciado, y vimos en que sentido esto todav1a no ha ocurndo

en Platón y en Aristóteles y sí en cambio inmeditament� después, en. el

Helenismo; que la alternativa (la verdad o falsedad) este e?. el en�cm­

do hace -lo vimos en su momento- que, cuando la cuestlon filosofica

se plantea de nuevo desde el comienzo, sea la cue�!ión d� la validez o

legitimidad del enunciado, lo cual comporta -ta�b1en lo VIII_lOS- que la

noción de "aquello de lo que se trata" (hypokezmenon, subzectum), no-

11.5. NOTA FINAL SOBRE EL IDEALISMO

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ción que en principio era la de lo ente, pase a designar el proceder de

iure de la instancia enunciante; pues ciertamente todo enunciado lo es

acerca de ese proceder; pero a la vez esto significa que aquello en lo

que consiste el que algo sea o no sea (a saber, el proceder de iure de la

instancia enunciante) pase a ser ello mismo lo ente (aquello de lo que

se trata, to hypokeímenon); por eso el que la dimensión del desarraigo,

la theoría, la sképsis, eso de lo que dijimos que es nada, pase a ser todo,

la supresión de la diferencia, coincide con que el uno-todo o lo absoluto

así resultante deba ser pensado como sujeto. El sujeto es así él mismo

la supresión de la diferencia, el que la reflexión se autosuprima, el que

substancialidad acontezca sólo en la autosupresión de la reflexión, por

lo tanto el que "Dios" "muera". En todo caso, el destino de "Dios" era

ya desde el principio "morir", pues la noción misma de "Dios", noción

helenístico-cristiana, está esencialmente vinculada en el sentido que

ex­

12

12.1. Corrientes postidealistas

Schopenhauer

A rthur Schopenhauer vivió de 1 788 a 1 86 1 . Sus obras principales son: «La cuádruple raíz del principio de razón suficiente» ( 1 8 1 3) y, sobre todo, «El mundo como voluntad y representación» ( 1 8 1 9). Wagner y el joven Nietzsche serán lectores entusiastas de Schopenhauer.

Si los ataques de Schopenhauer a Schelling y Hegel no son precisa­

mente muy luminosos (porque no hay luz alguna en "cháchara", "bufo­

nada", etc.), no salen mucho mejor parados los pensadores a los cuales

Schopenhauer ensalza, porque, a todas luces, los malentiende. El punto

de partida de Schopenhauer es lo que él llama "Kant": la distinción en­

tre el "fenómeno" y la "cosa en sí" . El mundo, como fenómeno, es, se­

gún Schopenhauer, "mi representación", y, como tal, es una especie de

ensueño (el "velo de Maya" del pensamiento hindú, al que Schopen­

hauer gusta de remitir), constituido según las formas del espacio y el

tiempo, a las cuales se añade, como la única otra forma a priori, la cau­

salidad; Schopenhauer amplía la noción de causalidad lo bastante para

poder incluir en ella toda organización y síntesis de la multiplicidad que

se da en el espacio y el tiempo; Schopenhauer, en efecto, admite cuatro

formas del principio "de causalidad" (o "de razón suficiente»), corres­

pondientes a cuatro clases de objetos: a) el principio de la causalidad

física en el devenir, sucesión necesaria del efecto a la causa; b) el prin­

cipio de la ratio cogno.scendi, en virtud del cual la verdad de una con­

clusión sigue necesariamente a la verdad de �us premisas; e) el princi­

pio de la ratio esserzdi, que establece la sucesión necesaria de las partes

del espacio y del tiempo y es, por ello, el principio de la necesidad ma­

temática (recuérdese que, para Kant, las verdades matemáticas no se o�

tienen por el análisis de conceptos, sino por construcción en la intui­

ción, pero en la intuición pura); d) el principio de la razón suficiente

del obrar, que hace depender toda acción de sus motivos. En el mundo

como fenómeno, en el mundo alcanzable por el conocimiento, no hay