Otras ficciones, otros mundos
15. Notar hasta aquí la semejanza con Jonathan y Marta Kent (padres de Kal-El) quienes hallan al niño kriptoniano –de nombre entonces desconocido– que más
go, vale destacar que es recién en 1919 cuando se constituye la Unión Astronómica Internacional (UAI), cuyo propósito es promover la astro- nomía en todos sus aspectos a través de la cooperación internacional.
En la actualidad hay más de 9000 astrónomos miembros de la UAI, pertenecientes a casi un centenar de países. El congreso al que alude Saint-Exupéry evidentemente no fue de la UAI, pero parece indicar que se trata de una reunión de astrónomos europeos por la siguiente ra- zón: el descubrimiento del asteroide no resulta creíble por el atuendo del astrónomo turco, en palabras del autor: “nadie le creyó por culpa de su vestido”.
En el libro se muestra a dicho astrónomo con una indumentaria popular de su país. Dado que un dictador turco conminó al pueblo a vestirse a la europea bajo la amenaza de ser castigados con la pena de muerte si desobedecían, el astrónomo turco se vistió con levita, chale- co y moñito; así lo muestra Saint-Exupéry en su nuevo intento por con- vencer a sus colegas del descubrimiento del B 612, ya en 1920. En esa época, efectivamente, ya existía la IAU y el hecho de que haya usado un traje muy elegante hizo que su hallazgo fuera creíble, o bien, como dice el autor: “esta vez todo el mundo compartió su opinión”.
Este pasaje es interesante para resaltar que, como actividad hu- mana, la ciencia no está exenta de intereses y banalidades ajenas al simple deseo de ampliar conocimientos sobre un campo en particular. Es atrayente pensar también que Saint-Exupéry incluyó este pasaje para ironizar sobre la autoridad de la ciencia europea respecto de las contribuciones de investigadores de otros países del mundo. Al mismo tiempo, vale reflexionar cómo tal brecha se reduce, tan sólo salvando las apariencias (en este caso, cambiando la vestimenta es posible que sea aceptado el interlocutor y, con él, sus opiniones).
El planeta del principito es uno más entre millares que forman parte del Sistema Solar. El autor da cuenta de ello al referir que “sabía que fuera de los planetas como la Tierra, Júpiter, Marte, Venus, que tienen nombre, hay centenares de planetas, a veces tan pequeños que apenas se los puede ver con el telescopio”.
Por sus rasgos, B 612 se encuentra más alejado del Sol que la Tierra ya que el principito, en su viaje, debe atravesar una zona de asteroides y esta se halla entre las órbitas de Marte y Júpiter. El tamaño de B 612 puede deducirse de las ilustraciones hechas por el autor, comparando la altura del principito con las dimensiones de su mundo (por ejemplo: considerando que el niño extraterrestre midiese unos 120cm).
En el Apéndice Nº 2 se presenta algo de la información astronómi- ca asociada a B 612 con datos recogidos en la ficción y en la ciencia.
Todos los asteroides dibujados por Saint-Exupéry, según la des- cripción del principito, son parecidos a una pelota. En realidad sólo los asteroides de mayor tamaño (apenas un puñado entre cientos de miles) tienen una forma aproximadamente esférica. La gran mayo- ría tienen formato oblongo o, como suele decirse: de simetría triaxial (esto es, definida por tres ejes). Aunque la mayoría de los pequeños planetas muestran formas alejadas de una esfera, es casi inevitable pensarlos con esa figura, ya que el estereotipo de un planeta es el de un globo sólido, algo que coincide con las representaciones incluidas en el texto de Saint-Exupéry. Posiblemente, el B 612 como el resto de los pequeños planetas visitados, debían ser del grupo de asteroides de mayor tamaño, dadas las apariencias esféricas con que se los re- presentó en el libro. Más datos sobre estos mundos se mencionan en el Apéndice Nº 2.
Cuando la ciencia participa en la ficción. Mencionamos tres mun- dos descubiertos en el Sistema Solar, vinculados con este relato: • Nº 2578: Saint-Exupéry. Un asteroide bautizado con el nombre
del autor de El principito. Ubicado en el cinturón de asteroides, fue descubierto por la astrónoma T. Smirnova (1975) desde el observatorio de Nauchnyj. Demora poco más de cinco años en dar una vuelta en torno al Sol, a unas a 2,7 UA de distancia. • Nº 46.612: Bésixdouze. Fue descubierto en 1993 desde el observa-
torio de La Silla (Chile) por el astrónomo E. Elst. Su denominación, en francés, significa “B-seis-doce”, es decir la denominación dada por Saint-Exupéry al asteroide del principito. Por otra parte, B 612, en notación hexadecimal equivale a 46.612, de allí el número de identificación de este mundo. Se halla a 2,8 UA del Sol y su revolu- ción demora cinco años.
• Nº 45: Eugenia. Descubierto por H. Goldschmidt en 1857 desde París, se encuentra a 2,7 UA, dentro del cinturón de asteroides. Es esférico, de unos 214 km de diámetro. En 1998, se descubrió un pequeño satélite orbitando a Eugenia. En el año 2003, esa luna se bautizó Petit Prince (Principito), tiene apenas unos 13km de diá- metro y acompaña a Eugenia en su traslación alrededor del Sol, como lo hace la Luna con la Tierra.
Cuando la ciencia parece ficción. El descubrimiento de planetas u otros objetos celestes parece una actividad siempre ajena, es decir,
en manos sólo de científicos que habitan otros países. La tarea de los astrónomos vernáculos es prácticamente desapercibida fuera de la comunidad y, obviamente, resulta impensado que se mencione en las aulas. Por eso, aquí mencionamos un asteroide que lleva el Nº 965 y la denominación Angelika, ya que es el primer pequeño planeta des- cubierto en Argentina. Su hallazgo sucedió el 4 de noviembre de 1922, desde La Plata (Provincia de Buenos Aires). Angelika tiene casi 54 km. de diámetro, rota prácticamente en 18hs y completa su traslación en algo más de cinco años; está entre Marte y Júpiter, a unas 3 UA. Fue descubierto por el astrónomo Hartmann quien en 1922 cumplía cua- renta años de matrimonio y por ello decidió darle al planeta el nombre de su esposa . Vale resaltar que Angelika es el primero de una lista con más de un centenar de mundos hallados en Argentina.