LAS INVESTIGACIONES ARQUEOLÓGICAS EN EL VALLE DE FORTALEZA Y LA COSTA NOR CENTRAL
3.5. Notas Acerca de los Antecedentes de Investigación
Al respecto de los sitios se debe hacer una precisión. Existen tres reconocimientos en el valle de Fortaleza realizados en los últimos 20 años. El primero, el de Vega-
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Centeno y asociados, registra básicamente lo antes expuesto. Con respecto a los sitios que tratamos en el estudio, se registran los sitios de Huaricanga Norte, Huaricanga Sur, Castillo de Huaricanga, Huaricanga Oeste, Caballete, Cerro Blanco Norte, Cerro Blanco Centro y Cerro Blanco Sur. Luego de él, Jonathan Haas (Haas y Ruíz 2003) y su equipo, realizaron una prospección en el valle con el objetivo de registrar únicamente los sitios precerámicos. Es así como registran los sitios de Shaura, Porvenir, Cerro Blanco 1, Cerro Blanco 2, Caballete y Huaricanga. Por último, el trabajo de Manuel Perales (2007) denomina a los sitios por localidades y en base a código PV, lo cual hace difícil su identificación vulgar, aunque se puede realizar una aproximación ligera a partir de las zonas de estudio y reconocer en cada complejo más ocupaciones que las reconocidas anteriormente. Entonces es necesario aclarar que lo que Vega-Centeno y asociados entienden como Cerro Blanco Centro y Cerro Blanco Norte, supondría para Haas y asociados Cerro Blanco 1 y Cerro Blanco 2 respectivamente. El sitio de Cerro Blanco Sur no habría sido reconocido en la prospección dirigida por Haas en 2003 por ser claramente Formativo. Aparte del Castillo de Huaricanga, los sitios reconocidos por Vega-Centeno y asociados como Huaricanga Norte, Sur y Oeste serían del Arcaico Tardío, mientras que Haas y Ruíz (2007, Ruíz et al. 2007) denominan Huaricanga a secas a lo que los anteriormente citados llaman Huaricanga Sur, no registrando en lo absoluto a Huaricanga Oeste y Norte. Caballete, para ambos trabajos, es el mismo.
Por otro lado, puede notarse lo intermitente de las investigaciones en la Costa Nor Central, por lo general investigaciones siempre afiliadas a las tempranas
manifestaciones de urbanismo y organización socio-política compleja materializada en construcciones monumentales de carácter público. Lo conocido antes a la década de 1990, por ende, fueron representaciones muy preliminares y poco adecuadas de las
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realidades de los periodos involucrados en dichos estudios. Este tipo de estudios de corte aislacionista y relacional, tal como se dijo anteriormente, realizados a veces con el único objeto de corroborar hipótesis planteadas para el mismo tiempo pero para zonas distintas, no hace más que enmarañar las bibliografías, más no el conocimiento.
Trabajos de investigación sistemática en los valles de la Costa Nor Central, tal como los desarrollados en las dos últimas décadas, son la mejor iniciativa, cuando menos
preliminar, para lograr una mejor representación de la realidad prehispánica en la región. Solo entendiendo a la materialidad desde parámetros endógenos, para luego poder correlacionar dichas evidencias dentro de planos más generales, se puede lograr lo anteriormente planteado. Por lo tanto, viene siendo necesario, en base a lo iniciado con respecto al periodo Arcaico Tardío, trabajar más los temas relacionados a los periodos siguientes, a partir del 1800 a.C. en adelante. El déficit de investigaciones es ingente en este sentido. Estos “boom” o modas de temáticas de investigación en arqueología no debieran devenir en déficits investigativos. El conocimiento de las realidades para los periodos debiera ser un tanto sostenido y proporcional para así poder ensayar interpretaciones plausibles y válidas del proceso, no solo temprano y de
complejidad social tan de moda últimamente, prehispánico en la costa andina. En sí urge la necesidad de implementar programas de investigación integrales en tanto tiempo y espacio en determinadas regiones o valles. El trabajo de Manuel Perales Munguía (2007), la identificación y reconocimiento sistemático de la totalidad de evidencia arqueológica para el valle de Fortaleza, trabajo que por cierto tuvo paralelos en los valles de Pativilca (Perales 2006) y Huaura (Nelson y Ruiz 2005), es un buen
documento de trabajo para futuras investigaciones acerca de los periodos posteriores al Arcaico Tardío. Debido a la aun escaza sistematización de la información de los
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no ha sido del todo analizado, el margen de error respecto a la asignación temporal de los asentamientos en dicho trabajo es aun amplio. La delimitación de los cambios y continuidades y su contrastación con las regiones adyacentes sigue siendo crítica para objetivos más ambiciosos. Después de los trabajos anteriores por establecer una cronología en el valle, siendo el de Perales (2007) el más amplio y preciso, se hace necesario realizar otro trabajo, más sistemático, que incluya la evidencia contextual disponible para el Arcaico Tardío y que logre datos contextuales propios de otros periodos para establecer correlaciones interregionales con evidencia lograda al mismo nivel. Una caracterización de los rasgos diagnósticos de la materialidad para los distintos periodos de la región es crítica para futuras avenidas de investigación, más relacionadas a interpretaciones procesuales que cronológicas (Bazán 2010: 46). Por último, y en vista de que los trabajos realizados por los distintos investigadores antes mencionados en los valles de Huaura, Pativilca y Fortaleza, con énfasis en el último, han ayudado en lograr aproximaciones más plausibles a las realidades prehispánicas en dichos espacios, sería conveniente la realización de trabajos de la misma envergadura en el valle de Supe, uno que actualice el trabajo de Carlos Williams y Francisco Merino (1979) y que complemente el realizado por Ruth Shady y asociados (Shady et al. 2000).
Es dentro de todo este contexto que se inicia el presente estudio, un contexto algo enriquecido en las últimas dos décadas con respecto al periodo Arcaico Tardío, pero aún poco esclarecido para los periodos posteriores de época prehispánica. A partir de esta situación y amparándonos en los datos tempranos un tanto sueltos y aislados, así como de los más elaborados y logrados de forma más sistemática logrados últimamente, nuestra investigación se inicia.
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Figura 3.1. Sitios arqueológicos tempranos del valle de Fortaleza en el marco de la
prospección de R. Vega-Centeno. Tomado de Vega-Centeno et al. 1998: 221, Fig. 1.
(1. Racapampa, 2. Limonpampa, 3. Púlpito, 4. Llama Rumi, 5. Hornillos, 6. Coricoto, 7. Huaquish, 8. Chasquitambo, 9. Siki Rumi, 10. Cerro Baúl, 11. Mandahuás, 12. Maray colca, 13. Huáncar Bajo, 14. Anta, 15. Shaura Norte, 16. Shaura Sur, 17. Quilca Bajo, 18. Cerro La Cruz, 19. Montegrande, 20. Huaricanga Norte, 21. Huaricanga Sur, 22. Castillo de Huaricanga, 23. Huaricanga Oeste, 24. Tunán, 25.
Cerro Blanco Norte, 26. Cerro Blanco Centro, 27. Cerro Blanco Sur, 28. Caballete, 29. Cerro Lampay, 30. Porvenir).
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Figura 3.2. Sitios arqueológicos del Periodo Arcaico Tardío reconocidos por el
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Figura 3.3. Valle de Fortaleza y sitios arqueológicos del periodo Arcaico Tardío, luego
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Figura 3.4 Valle de Fortaleza y delimitación del área de prospección dirigida por
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Figura 3.5. Sitios arqueológicos identificados por Manuel Perales en el Valle de
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