En nuestros sueños opera con mucha libertad la subcons ciencia.
Teorías más o menos científicas computan la causa de dor mir o el relajamiento muscular, a la acción de ciertas glán dulas, al efecto de la circulación de la sangre en el cerebro, a la falta de estímulos externos, etc. Nosotros entendemos que al dormirse se retiran más o menos completamente las fuerzas \itales espirituales, creando un estado de inconsciencia, des mayo o letargo.
Un cierto “residuo” de estas fuerzas espirituales modela los sueños, obrando subconscientemente. Un suceso de más o menos importancia, acontecido hace poco o en el pasado, su frimientos o anhelos pasados en nuestra niñez, adquieren ex presión vivida o nublada, clara o simbólica, recordados ahora por la subconsciencia. Y más todavía, encontramos “en sue ños” soluciones de problemas que nos han preocupado Ci tando despiertos. Un ejemplo sencillo: Sin advertirlo cons cientemente hemos perdido (o traspapelado) algún objeto. La subconsciencia lo recuerda, nos vemos “en sueños” en la situa ción exacta cuando sucedió la pérdida (o la caída del objeto
ese), en el mismo lugar, y al despertar, buscando, lo encon
tramos allí.
Entre la variedad de los sueños hay algunos que suelen repetirse a intervalos o que hemos pasado casi todos, por ejem plo, lo de caer de una altura, de volar, encontrarse defectuo samente vestido; paralizado frente a un peligro que nos ame naza, querer hacer un viaje y perder el tren porque se ha demorado la preparación del viaje, etc. Podrán encontrarse cau sas naturales que los explican, como por ejemplo, que soña mos hallamos en un lugar glacial, ¡porque se nos ha corrido o caído la frazada y sentimos frío! El espacio a nuestra dispo sición nos impide extendemos mayormente sobre este asunto. Las escenas que percibimos soñando son en parte incolo ras, nubladas, a veces 'llenas de vida; vemos personas, nos ha blan. También se presentan cosas supemormales, visiones del
pasado y del porvenir, nos llegan mensajes espirituales, pero esto ya se aproxima a las impresiones que recibe un médium estando o no en “trance” como asimismo hay sueños “indu cidos” y “controlados” creados por sugestión o volición al acostarse. Recibimos igualmente mensajes por telepatía infor mándonos de hechos reales.
Finalmente hay sueños que perduran hasta después de despertarnos y en estado somnoliento “vemos”, delante de nuestros ojos cerrados, luces, estrellas y aros de variados co lores, que cambian rápidamente sus matices: todo un fuego
artificial.
Hay personas que poseen el don muy pronunciado de re cordar sus sueños al despertarse. Esto revela que tienen cali dad psíquica, digna de cuidar y desarrollar.
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EL SONAMBULISMO
El sonambulismo es un estado intermedio entre el sue ño y el despertar. El sistema muscular se pone activo bajo ciertas condiciones y el paciente se levanta, empieza a an dar y hasta a hablar, no obstante que sigue durmiendo. Esta disposición o inclinación revela que la mente subconsciente obra con vigor excesivo, y debe de ser contrarrestada por un tratamiento adecuado igual que cualquier enfermedad física o mental. A veces es posible hablarle, lo que será con voz apagada y se recibirán contestaciones inteligentes. Peligroso es despertar bruscamente al paciente, porque la vuelta al estado consciente no se efectuará siempre sin dañar su equi librio físico o mental.
Personas con esta disposición son excelentes médiums; con versándoles en tal estado se han recibido informaciones espi rituales de considerable valor. Igualmente se han conseguido mensajes mediante la escritura automática; el paciente se ha bía acostado llevando atada a la muñeca la tabla de estilo y a la mañana subsiguiente estaba cubierta de mensajes intere santes la hoja adherida a la tabla.
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EL TRANCE
El trance es un estado en el cual desaparece la personali dad individual del médium y le convierte en un transmisor inconsciente de fuerzas psíquicas. Contemplando desde el pun to de vista físico se parece a veces a 'los delirios de los ata
cados por la fiebre; a veces tiene todos los aspectos de le targo o catalepsia. Durante el trance pierde el médium (o el operador a volición), el dominio propio, tanto físico como mental, y en su Jugar entra como dirigente el “espíritu”.
El estado de trance no es perjudicial a la salud; pero pue de tener consecuencias graves físicas y mentales si es provo cado por individuos torpes e incapaces.
La inteligencia del "espíritu invasor” queda parcialmente en relación con la del médium —aunque éste no se da cuen
t a — pero imprescindible es, que preste su cooperación incon
dicional y tenga la necesaria aptitud.
Variados son los grados del trance. Un trance suave, livia no, no se distingue mucho del estado consciente; tendrá a ve ces la apariencia de somnolencia, mientras que en uno pro fundo queda completamente inconsciente el médium, dando señales de vida sólo por una respiración débil y palpitacio nes apenas sensibles.
Se entra en trance por volición propia, pero hay también personas que no son capaces de hacerlo por si mismas; estas necesitan se las mesmerisme.
Condiciones esenciales para conseguir trance
Es necesario antes de todo, una salud física y mental ab soluta, conciencia propia calmada, pero activa y alerta. No debe perderse el operador “en la nada”, teniendo presente el "yo soy yo”, “me Hamo tal”, “mi alma quedará en mi cuer po”, “podré volver al estado normal cuando quiera” y “no permitiré influencia adversa o mala alguna”.
La habitación elegida sea de quietud, que no haya ruidos que estorben. Un sonido suave, monótono como el tic-tac de un reloj, a veces hasta música apagada, ayudarán.
Procúrese que haya suficiente aire puro y fresco en la ha bitación, semioscuridad o luz apagada, que sea agradable al operador, que no le moleste.
No deben hacerse movimientos físicos conscientes. El cuer po queda en reposo, se aguardarán ios acontecimientos con tranquilidad.
Acompañado de un amigo de capacidad psíquica o un médium adelantado, se le puede inducir a que indague si ©1
operador dispone ya de “relaciones", amigos espirituales en el “obro mundo” que estuvieren listos a ayudarle. En caso con
trario o si resulta que los evocados fuesen adversos, no se debe proseguir sino postergar el experimento hasta obtener condiciones mejores.
Se prepararán adecuadamente los útiles necesarios para el experimento: lápiz, papel, etc., y objetos que se desea utili zar, propiedad de personas fallecidas de las cuales anhela ría el operador recibir informaciones; se los tendrá envueltos en pedazos de seda y se cuidará que no sean “manoseados’' mucho después de la muerte del propietario. (En cuanto a los objetos inanimados y su calificación de servir para el experi mento nos referimos en el Cap. XXIII.)
Los métodos para profundizar la facilidad de entrar en trance son variados. Un ejercicio recomendable es el siguiente:
Adquiérase el hábito de analizar el proceso de adorme cerse; trátese de prolongar en lo posible el período de semi- iomnolencia. Costará trabajo. Se retendrá cierta medida de control consciente durante este tiempo y si se consigue accio nar a la vez en estas “dos” líneas, podrá tenerse la seguridad de que se llegará a ser un buen “médiy»n para el trance”^ pues se sentirá capaz de protegerse a sí mismo durante este es- lado, sin que pueda ocurrirle algo perjudicial.
La entrada al trance
En el capítulo anterior hemos indicado las condiciones ne cesarias de !la habitación como las generales a que se tiene que someter el operador, el médium. Él dirige ahora sus ojos a un objeto reluciente —un espejo con reflejos de luz, etcétera—, y empieza la "respiración triple” (descrito en el Cap. XV). Los ojos se cansan paulatinamente, el cuerpo ad quiere cierta rigidez y se apodera del operador un sentimien to de aturdimiento, de desmembramiento. Y ya está en trance.
Mensajes obtenidos del trance
Éstos pueden llegar por variados conductos: Por telepatía, transmitidos a la mente del médium, que los pasa a viva voz a los oyentes; por escritura automática; por el método pictó rico consistente en la creación de escenas, imágenes, etc., que
el médium percibe por la vista psíquica; por impresiones sen sitivas que éste recibe en el cuerpo en forma de un malestar, un dolor, o como si palpase algo; por el método directo (que se aplica solamente en un trance de sumersión intensa), con sistente en la eliminación absoluta del individuo, obrando el “espíritu” directamente con el sistema nervioso, tal como lo hacemos nosotros en vida, y es ahora él mismo que habla.
En el estado de “éxtasis”, que es el grado más alto del trance, obra el médium por volición propia, ya sea como visio nario, ya como viajero por el mundo espiritual y en esta for ma hace revelaciones estupendas y sin igual.
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