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NUESTROS SUEÑOS

In document La Esfera Mágica (página 30-32)

En nuestros sueños opera con mucha libertad la subcons­ ciencia.

Teorías más o menos científicas computan la causa de dor­ mir o el relajamiento muscular, a la acción de ciertas glán­ dulas, al efecto de la circulación de la sangre en el cerebro, a la falta de estímulos externos, etc. Nosotros entendemos que al dormirse se retiran más o menos completamente las fuerzas \itales espirituales, creando un estado de inconsciencia, des­ mayo o letargo.

Un cierto “residuo” de estas fuerzas espirituales modela los sueños, obrando subconscientemente. Un suceso de más o menos importancia, acontecido hace poco o en el pasado, su­ frimientos o anhelos pasados en nuestra niñez, adquieren ex­ presión vivida o nublada, clara o simbólica, recordados ahora por la subconsciencia. Y más todavía, encontramos “en sue­ ños” soluciones de problemas que nos han preocupado Ci­ tando despiertos. Un ejemplo sencillo: Sin advertirlo cons­ cientemente hemos perdido (o traspapelado) algún objeto. La subconsciencia lo recuerda, nos vemos “en sueños” en la situa­ ción exacta cuando sucedió la pérdida (o la caída del objeto

ese), en el mismo lugar, y al despertar, buscando, lo encon­

tramos allí.

Entre la variedad de los sueños hay algunos que suelen repetirse a intervalos o que hemos pasado casi todos, por ejem­ plo, lo de caer de una altura, de volar, encontrarse defectuo­ samente vestido; paralizado frente a un peligro que nos ame­ naza, querer hacer un viaje y perder el tren porque se ha demorado la preparación del viaje, etc. Podrán encontrarse cau­ sas naturales que los explican, como por ejemplo, que soña­ mos hallamos en un lugar glacial, ¡porque se nos ha corrido o caído la frazada y sentimos frío! El espacio a nuestra dispo­ sición nos impide extendemos mayormente sobre este asunto. Las escenas que percibimos soñando son en parte incolo­ ras, nubladas, a veces 'llenas de vida; vemos personas, nos ha­ blan. También se presentan cosas supemormales, visiones del

pasado y del porvenir, nos llegan mensajes espirituales, pero esto ya se aproxima a las impresiones que recibe un médium estando o no en “trance” como asimismo hay sueños “indu­ cidos” y “controlados” creados por sugestión o volición al acostarse. Recibimos igualmente mensajes por telepatía infor­ mándonos de hechos reales.

Finalmente hay sueños que perduran hasta después de despertarnos y en estado somnoliento “vemos”, delante de nuestros ojos cerrados, luces, estrellas y aros de variados co­ lores, que cambian rápidamente sus matices: todo un fuego

artificial.

Hay personas que poseen el don muy pronunciado de re­ cordar sus sueños al despertarse. Esto revela que tienen cali­ dad psíquica, digna de cuidar y desarrollar.

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EL SONAMBULISMO

El sonambulismo es un estado intermedio entre el sue­ ño y el despertar. El sistema muscular se pone activo bajo ciertas condiciones y el paciente se levanta, empieza a an­ dar y hasta a hablar, no obstante que sigue durmiendo. Esta disposición o inclinación revela que la mente subconsciente obra con vigor excesivo, y debe de ser contrarrestada por un tratamiento adecuado igual que cualquier enfermedad física o mental. A veces es posible hablarle, lo que será con voz apagada y se recibirán contestaciones inteligentes. Peligroso es despertar bruscamente al paciente, porque la vuelta al estado consciente no se efectuará siempre sin dañar su equi­ librio físico o mental.

Personas con esta disposición son excelentes médiums; con­ versándoles en tal estado se han recibido informaciones espi­ rituales de considerable valor. Igualmente se han conseguido mensajes mediante la escritura automática; el paciente se ha­ bía acostado llevando atada a la muñeca la tabla de estilo y a la mañana subsiguiente estaba cubierta de mensajes intere­ santes la hoja adherida a la tabla.

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EL TRANCE

El trance es un estado en el cual desaparece la personali­ dad individual del médium y le convierte en un transmisor inconsciente de fuerzas psíquicas. Contemplando desde el pun­ to de vista físico se parece a veces a 'los delirios de los ata­

cados por la fiebre; a veces tiene todos los aspectos de le­ targo o catalepsia. Durante el trance pierde el médium (o el operador a volición), el dominio propio, tanto físico como mental, y en su Jugar entra como dirigente el “espíritu”.

El estado de trance no es perjudicial a la salud; pero pue­ de tener consecuencias graves físicas y mentales si es provo­ cado por individuos torpes e incapaces.

La inteligencia del "espíritu invasor” queda parcialmente en relación con la del médium —aunque éste no se da cuen­

t a — pero imprescindible es, que preste su cooperación incon­

dicional y tenga la necesaria aptitud.

Variados son los grados del trance. Un trance suave, livia­ no, no se distingue mucho del estado consciente; tendrá a ve­ ces la apariencia de somnolencia, mientras que en uno pro­ fundo queda completamente inconsciente el médium, dando señales de vida sólo por una respiración débil y palpitacio­ nes apenas sensibles.

Se entra en trance por volición propia, pero hay también personas que no son capaces de hacerlo por si mismas; estas necesitan se las mesmerisme.

Condiciones esenciales para conseguir trance

Es necesario antes de todo, una salud física y mental ab­ soluta, conciencia propia calmada, pero activa y alerta. No debe perderse el operador “en la nada”, teniendo presente el "yo soy yo”, “me Hamo tal”, “mi alma quedará en mi cuer­ po”, “podré volver al estado normal cuando quiera” y “no permitiré influencia adversa o mala alguna”.

La habitación elegida sea de quietud, que no haya ruidos que estorben. Un sonido suave, monótono como el tic-tac de un reloj, a veces hasta música apagada, ayudarán.

Procúrese que haya suficiente aire puro y fresco en la ha­ bitación, semioscuridad o luz apagada, que sea agradable al operador, que no le moleste.

No deben hacerse movimientos físicos conscientes. El cuer­ po queda en reposo, se aguardarán ios acontecimientos con tranquilidad.

Acompañado de un amigo de capacidad psíquica o un médium adelantado, se le puede inducir a que indague si ©1

operador dispone ya de “relaciones", amigos espirituales en el “obro mundo” que estuvieren listos a ayudarle. En caso con­

trario o si resulta que los evocados fuesen adversos, no se debe proseguir sino postergar el experimento hasta obtener condiciones mejores.

Se prepararán adecuadamente los útiles necesarios para el experimento: lápiz, papel, etc., y objetos que se desea utili­ zar, propiedad de personas fallecidas de las cuales anhela­ ría el operador recibir informaciones; se los tendrá envueltos en pedazos de seda y se cuidará que no sean “manoseados’' mucho después de la muerte del propietario. (En cuanto a los objetos inanimados y su calificación de servir para el experi­ mento nos referimos en el Cap. XXIII.)

Los métodos para profundizar la facilidad de entrar en trance son variados. Un ejercicio recomendable es el siguiente:

Adquiérase el hábito de analizar el proceso de adorme­ cerse; trátese de prolongar en lo posible el período de semi- iomnolencia. Costará trabajo. Se retendrá cierta medida de control consciente durante este tiempo y si se consigue accio­ nar a la vez en estas “dos” líneas, podrá tenerse la seguridad de que se llegará a ser un buen “médiy»n para el trance”^ pues se sentirá capaz de protegerse a sí mismo durante este es- lado, sin que pueda ocurrirle algo perjudicial.

La entrada al trance

En el capítulo anterior hemos indicado las condiciones ne­ cesarias de !la habitación como las generales a que se tiene que someter el operador, el médium. Él dirige ahora sus ojos a un objeto reluciente —un espejo con reflejos de luz, etcétera—, y empieza la "respiración triple” (descrito en el Cap. XV). Los ojos se cansan paulatinamente, el cuerpo ad­ quiere cierta rigidez y se apodera del operador un sentimien­ to de aturdimiento, de desmembramiento. Y ya está en trance.

Mensajes obtenidos del trance

Éstos pueden llegar por variados conductos: Por telepatía, transmitidos a la mente del médium, que los pasa a viva voz a los oyentes; por escritura automática; por el método pictó­ rico consistente en la creación de escenas, imágenes, etc., que

el médium percibe por la vista psíquica; por impresiones sen­ sitivas que éste recibe en el cuerpo en forma de un malestar, un dolor, o como si palpase algo; por el método directo (que se aplica solamente en un trance de sumersión intensa), con­ sistente en la eliminación absoluta del individuo, obrando el “espíritu” directamente con el sistema nervioso, tal como lo hacemos nosotros en vida, y es ahora él mismo que habla.

En el estado de “éxtasis”, que es el grado más alto del trance, obra el médium por volición propia, ya sea como visio­ nario, ya como viajero por el mundo espiritual y en esta for­ ma hace revelaciones estupendas y sin igual.

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