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El nuevo mundo y una oportunidad única para la Argentina

EL FEDERALISMO, CLAVE DEL

1. El nuevo mundo y una oportunidad única para la Argentina

1.1. El mundo emergente

Entre muchos efectos deplorables, la Gran Crisis que explotó en 2008 tuvo la virtud de hacer evidente la nueva realidad que se venía incubando tiempo atrás, la de las tortugas desarrolladas y las liebres emergentes. En efecto, estamos viviendo una nueva era global en la que los países en desa- rrollo crecerán mucho más rápido que los desarrollados. Se afianza así una

megatendencia prevista hace tiempo2, en cuyo marco se abre una oportu-

nidad sin precedentes para Sudamérica y para la Argentina, ya que de los países emergentes (PE) vendrá por mucho tiempo cerca del 90% del aumento de la demanda de alimentos3 y también de otros productos básicos de todas

las provincias argentinas. Por cierto, la nueva época acarrea como siempre desafíos y aun amenazas y basten como ejemplo la baratura y las continuas mejoras de calidad de las manufacturas asiáticas que dificultan en casi todo el mundo la capacidad de competir con ellas.

Los países emergentes4 salen, pues, fortalecidos de la Gran Crisis, y esto

se debe en medida importante a las notables mejoras de las políticas econó- micas de la mayoría de ellos, algunos como China desde hace varias décadas, India más recientemente y la mayoría de los latinoamericanos, salvo Chile, hace menos aún. Las nuevas orientaciones se concentran en tener baja infla- ción, mantener controlado y sin excesos el endeudamiento interno y externo,

1 Colaboró María Marcela Harriague.

2 J. J. LLacH (2007, 2008 y 2011).

3 J. J. LLacH y M. M. HarriaGue (2008) y J. J. LLacH (2012).

4 Llamo países emergentes a todos los que no integran el club de los desarrollados y la razón es que la

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público y privado, evitar o moderar fuertes apreciaciones de la moneda y atraer inversiones internas y externas.

¿Habrá llegado este nuevo mundo para quedarse? Mi respuesta es po- sitiva, ya que, además de la mejora de las políticas económicas, se alinean otros cuatro factores.

a) Oferta de trabajo muy abundante y con bajos salarios, muy especial- mente en Asia (hoy ya no tanto en China), luego en África y en menor medida en América Latina por su mayor nivel de vida en el punto de partida. Por la baja productividad del trabajo rural, hay continuas migra- ciones a las ciudades y los trabajadores se ofrecen allí a salarios inferio- res a la productividad urbana, lo que genera beneficios extraordinarios a las empresas que los contratan. Este es el modelo desarrollado por W. Arthur Lewis (1954), premio Nobel de economía. Dadas la crecien- te movilidad internacional del capital y la incesante disponibilidad de tecnologías, se crean así condiciones para un aumento sostenido de la inversión en los PE. China tiene aún el 40% de sus trabajadores y el 50% de su población en el campo (India cerca del 70%), y por ello el modelo lewisiano puede seguir vigente allí varios lustros.

b) Apreciación de los términos del intercambio y amplio margen de au- mento de la productividad (catch-up). Hace más de cinco décadas, Raúl Prebisch y Hans Singer formularon la hipótesis del deterioro de los tér- minos del intercambio, según la cual los precios de las materias primas tendían a mostrar un deterioro secular respecto de los de los bienes in- dustriales, conduciendo al atraso de los países productores de bienes básicos. Pese al debate empírico al respecto, pueden encontrarse eviden- cias de que, desde 1930 y la Segunda Guerra, los precios de las materias primas tendieron a debilitarse, al impulso también del proteccionismo en el caso de los agroalimentos. En lo que va del siglo XXI la situación es diferente. En 2000 una computadora portátil costaba 20 toneladas de soja y en la actualidad su precio es veinte veces menor -y más aún si comparamos iguales capacidades de procesamiento- y pasa lo mismo con los teléfonos celulares. El parque mundial de teléfonos celulares aumentó de 800 a 6700 millones entre 2000 y 2012, y los existentes en los PE de 200 a 51005. El fenómeno también existe, pero no es tan

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intenso, en el caso de los bienes de capital menos intensivos en tecnolo- gías de la información y las telecomunicaciones. Esta apreciación de los términos del intercambio da a los países productores de commodities la posibilidad de aumentar su productividad a un ritmo acelerado y clara- mente mayor al de los países desarrollados (PD), es decir, de converger gradualmente a ellos (catch-up).

c) Creciente y mejorada inversión en educación. Cada vez son más los

PE que aumentan y mejoran su inversión en educación6. Los países de

Asia Oriental que participan en la evaluación de conocimientos PISA (OCDE) figuran en los primeros lugares. En China se gradúan cada año 700.000 ingenieros, en la India 350.000 y en los EE.UU. 70.000, lo que significa que la cantidad de ingenieros por habitante está aumentando

mucho más rápidamente en los dos países asiáticos que en los EE.UU.7

d) Incorporación al consumo de cerca de dos tercios de la población mun- dial, con demandas recíprocas entre países emergentes. La urbaniza- ción, los aumentos de la productividad y la creciente educación desatan un acelerado crecimiento del consumo. Entre 1990 y 2005 la cantidad de personas ni pobres ni ricas en los países emergentes aumentó de 1428 a 2644 millones de personas, y lo hizo en todos los continentes8, estimán-

dose en 3000 millones en 2010. Otras fuentes sugieren que entre 2010 y 2040 las personas de clase media en el mundo aumentarán de algo me- nos de 1000 a cerca de 5000 millones. En 2025 el mercado urbano chino será de 3 billones de dólares y la India llegará a ser el quinto mercado de consumo del mundo, con 1,5 billones de dólares y 583 millones de per- sonas de clase media, casi doce veces más que los 50 millones de hoy9.

El cambio en los patrones de consumo incluye incipientemente también a África. Entre 2000 y 2010, el PIB por habitante de África creció 2.62% anual, casi el doble que el de América Latina (1.37%), un hecho sin precedentes que ya se manifiesta en el consumo10, estimándose que 220

millones de africanos saldrán de la extrema pobreza entre 2010 y 201511.

6 J. J. LLacH (2005). 7 Y. LietaL. (2008). 8 M. ravaiLLon (2009). 9 A. PanGariya (2008). 10 X. Sala 1 Martín (2006). 11 Mckinsey (2010).

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Tal es la fuerza de la megatendencia que venimos describiendo que po- drían cumplirse como tendencia general, claro que no en sus detalles, las previsiones del premio Nobel de economía Robert Fogel (2007, 2009), cuyas proyecciones centrales pueden verse en el cuadro 1. Para el año 2040, China, India y el Sudeste de Asia concentrarían el 63,6% del PIB mundial, casi el triple del 22,2% que tenían en 2000, y el conjunto de los PE aumentaría su participación de 49,9% a casi el 80%. Obsérvese que América Latina tendría en 2040 una participación en el PIB mundial mayor que la de Europa y casi igual a la suma de Europa y Japón. Está claro que estas proyecciones tienen un sesgo optimista. Simplemente contemplando los problemas ambientales de China o de la India resulta casi inimaginable pensar que ambos países puedan sumar en 2040 un PIB de 160 billones de dólares PPP, casi cuatro veces el PIB mundial del año 2000. Pero todo parece indicar que, más allá de los números, la megatendencia descripta por Fogel es correcta. El mundo ha iniciado un cambio de alcance civilizatorio que luce irreversible y el eje del poder económico mundial se ha empezado a desplazar desde el Atlántico hacia el Pacifico.

Cuadro 1. El regreso de Oriente, un cambio de civilizaciones. Población y PIB, 2000-2040

Notas: (*) Sudeste de Asia: Indonesia, Corea, Malasia, Singapur, Taiwán, Tailandia. (**) En el trabajo de Fogel, LATAM está incluida en el resto del mundo y lo que figura en el cuadro es una proyec- ción propia. Fuente: basado en Fogel (2007 y 2009).

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En cuanto al impacto sobre las materias primas, hasta hace poco eran cuatro los canales de transmisión desde la megatendencia del crecimiento de Asia y los PE hacia estos mercados, a saber: el consumo propio, impulsado por la escasez asiática de materias primas; el efecto de Asia sobre el creci- miento de otras regiones, en especial Sudamérica y África, cuyo comercio con China está llegando a ser más importante que con los EE.UU.; los límites ambientales al aumento de la producción agroalimentaria, en particular en China e India12; en fin, el conocido impacto de la suba del precio del petróleo

-inducida por Asia- sobre los precios de los granos vía los programas de bio- combustibles. A partir de la Gran Recesión se ha generado un quinto canal, muy importante de cara al futuro. Muchos países de Asia, con China a la ca- beza, están aceptando que no les conviene depender tanto de la exportación teniendo un mercado interno tan amplio por desarrollar. Por ello, y también por presiones externas, sociales y políticas, están promoviendo el consumo y modificando gradualmente sus políticas cambiarias, permitiendo una mayor apreciación de sus monedas y el aumento de los salarios en dólares. Desde el punto de vista de la demanda de alimentos, este ajuste será adicional a la megatendencia estudiada por el autor (J. J. Llach y M. M. Harriague, 2008 y J. J. Llach, 2012). Las tendencias descriptas no garantizan altos precios de los agroalimentos -ya que ellos dependerán también de variables imprede- cibles como el clima y los cambios técnicos13-, pero si que el tamaño de sus

mercados continuará creciendo.

1.2. Oportunidades y desafíos para la Argentina

Esta megatendencia de crecimiento de Asia y de los PE ha abierto una gran oportunidad para la Argentina, especialmente en el sector de agroali- mentos y otros bienes básicos. Pero al mismo tiempo plantea amenazas y de- safíos para otros sectores -sobre todo para la industria manufacturera- y para el país en su conjunto. La clientela potencial de la Argentina de hoy es más importante que la que dio lugar a su integración al mundo a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. En valores comparables y dólares constantes, el mercado potencial por habitante argentino era entonces de 230.000 dólares y llega hoy a 412.500 dólares14.

12 Earth Policy-Lester BroWn y J. M. dean y M. E. LoveLy (2008). 13 UBS (2009).

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Otros dos rasgos realzan aún más la ventaja de la situación actual. Uno es que la demanda de Asia y los PE no se agota -como en 1900- en algunos productos de la Pampa Húmeda (carnes, cueros, lanas y algunos granos), sino que alcanza a todos los productos básicos, desde mineros hasta fores- tales, desde pesqueros hasta frutícolas. Por la misma razón, la ventaja que se presenta no se limita a la Pampa Húmeda, sino que se extiende a todo el país. No se trata así solo de una oportunidad económica, sino también de afianzamiento del federalismo y, como veremos, del desarrollo social que lo acompañaría.

La Argentina no está aprovechando bien la oportunidad. La Argentina está aprovechando muy parcialmente esta oportunidad, y así se lo constata claramente cuando se compara el desarrollo del sector agroalimentario ar- gentino de las últimas décadas -salvo el caso de la soja- con los de Brasil o Uruguay. Esta diferencia se debe claramente al sesgo contra el sector agroa- limentario de las políticas argentinas en comparación con las de sus vecinos, no solo por los elevados impuestos a las exportaciones, sino, aun peor, por las restricciones cuantitativas y otros controles que pesan sobre la produc- ción y las exportaciones. Se argumenta que estas políticas son necesarias por razones productivas, en esencia, para proteger a la industria manufacturera; por razones sociales, para reducir el precio interno de los alimentos; y por razones fiscales. Hay un cuarto objetivo, inconfesable, y es concentrar en la Nación las rentas fiscales, y junto a ellas también el poder político.

Aquí propondremos otros caminos para alcanzar los mismos objetivos porque los costos para el país de las políticas vigentes son enormes, ya que la Argentina está dejando de producir algo más de 21.000 millones de dólares, de los cuales se exportarían casi 15.00015. Es virtualmente imposible que

otros sectores puedan dar un salto productivo de esta magnitud, y hacerlo a un costo tan bajo como el del agro y las agroindustrias. Es ilustrativa al respecto la comparación de lo ocurrido desde el pico anterior a la crisis, en 1998, hasta

15 J. J. LLacH y M.M. HarriaGue (2010). Se trata de una actualización de las estimaciones allí presen-

tadas. Adicionalmente, la pérdida de valor de stock ganadero ascendía en 2009 a 6391 millones de dólares. La producción perdida de agroalimentos equivalía a un 33,7% del total producido por el agro y las agroindustrias en 2009 y a un 16,6% de lo producido por la industria manufacturera no agroindustrial. En lo concerniente a las exportaciones, la pérdida estimada equivalía al 21% del total exportado en 2009, al 30% del aumento estimado del total exportado entre 2001 y 2010, al 29,5% del total de exportaciones agropecuarias y agroindustriales del 2008 y al 139% de las importaciones de bienes de capital del 2009.

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hoy en la Argentina y en Brasil, período durante el que la Argentina volvió a optar por un sistema de tipos de cambio efectivos múltiples con retenciones a las exportaciones. El PIB por habitante, la industria manufacturera y varios otros indicadores sectoriales tuvieron mejor o igual desempeño en Brasil, y lo propio ocurrió con su participación en las exportaciones globales, mos- trando así que hay caminos para compatibilizar el desarrollo del agro y el de la industria, sin que el crecimiento de uno sea expensas del otro, o al menos que no lo sea en proporción desmedida.