4 DESARROLLO TEMÁTICO
4.2. NUEVOS RASGOS Y CONDICIONANTES DEL DESARROLLO RURAL
4.2.1. EL MODELO AGRO-EXPORTADOR
La agricultura chilena ha experimentando en estos últimos años, cambios muy significativos, como pocas veces en su historia. Los indicadores macroeconómico así parecen demostrarlo; su crecimiento por cuarto año consecutivo es mayor al de la economía en su conjunto, desde el año 2002 las exportaciones de productos agrícolas han aumentado considerablemente, alcanzando el año 2008 un monto de US $ 8.400 millones; a nivel de la producción se consolida un aumento importante en la productividad de los productos frutícolas y viñas, a su vez se incorporan nuevos productos a la oferta exportable, así como también las innumerables innovaciones en cuanto a productos y procesos que se verifican día a día en las distintas regiones de nuestro país.
Este buen comportamiento económico del sector puede interpretarse como una forma distinta de hacer las cosas en el marco de un nuevo paradigma, que está caracterizado por:
• Concepción del mundo equivalente a un gran mercado global: • Modernización e innovación tecnológica:
• Definición de una función política ejercida como una estrategia de desarrollo:
Al implementar esta nueva forma de hacer las cosas, es necesario considerar los comportamientos de las agriculturas de los otros países que determinan directa o indirectamente los escenarios futuros en que la agricultura chilena se desenvolverá en los próximos períodos.
Estos rasgos están dados principalmente por:
a.- una mayor competencia en los mercados internacionales generada por la entrada o fortalecimiento de países que ofrecen productos silvoagropecuarios similares a Chile.
b.- la ampliación de las aplicaciones y utilización de las nuevas tecnologías, entre ellas la biotecnología y la transgenia, lo que puede ocasionar perdida de algunas de las ventajas comparativas que aún tiene Chile.
c.- la consolidación del imperio de las preferencias y demandas de los consumidores en orden de exigir productos sanos y seguros y la masificación de los sistemas de trazabilidad y de certificación.
d.- la generalización y obligatoriedad de la producción silvo-agropecuaria ejercitada en base a procesos amigables con el medio ambiente, respetuosos de los derechos de los trabajadores y que incorporen crecientemente el bienestar animal.
e.- la creciente importancia de las barreras no arancelarias en los intercambios comerciales, entre ellas la propiedad intelectual, las denominaciones de origen y la certificación de productos, procesos y origen genético.
Es evidente que al entronizar estos aspectos, se desarrolla una nueva agricultura, ejercitada a partir de códigos distintos de aquella que se conociera en el pasado reciente. Esta agricultura emergente es parte de la economía y de la sociedad global que; surge del conocimiento, exige y valora la gestión, introduce la tecnología de la información e innova en aspectos científico-tecnológico incorporando la biotecnología.
A su vez, la nueva agricultura se basa en una mayor confianza y colaboración público- privada y en una más activa incorporación en los procesos productivos de las exigencias de los consumidores.
Esta nueva forma de hacer agricultura es parte de un proceso mundial y empieza a gestarse en el país a fines de los ’90, consolidándose con más fuerza en estos años. Ella tiene una base y una dinámica estructural pero también un correlato en la política agrícola que define e implementa apuestas coherentes con los nuevos escenarios y que es capaz de ir
generando, junto con el sector privado, instrumentos más “inteligentes” y adecuados a las realidades emergentes.
La inserción en los mercados externos ha favorecido la consolidación de un sector poderoso de empresas agroindustriales y comercializadoras que ejercen la intermediación entre los productores y los mercados de destino. Estas empresas canalizan la mayor parte de la producción exportable entre la IV y la VII regiones y son los puntos neurálgicos de las cadenas agroexportadoras. Sus capacidades de procesar, empacar, transportar y negociar la colocación de productos en los mercados de destino y de manejar la información estratégica para las decisiones les permite ejercer un fuerte condicionamiento hacia sus proveedores, en este caso los productores agropecuarios.
La apertura de la economía ha permitido la entrada de productos agroalimentarios que constituyen una fuerte competencia para los productores nacionales que tradicionalmente proveían estos mercados. Esto ha llevado a la necesidad de elevar los estándares productivos y de eficiencia, para así poder competir con los productos importados, como así mismo se ha visto un alza en los costos de producción, por la incorporación de nuevas tecnologías y aplicaciones mayores de insumos.
Por estas características el modelo ha favorecido el que productores con mayores niveles de eficiencia, mayor capitalización, mejor tecnología y capacidades de gestión, sean los que logren posicionarse tanto en la actividad de exportación como en los mercados nacionales. Esto acentúa la diferenciación entre agricultura empresarial moderna y la agricultura tradicional especialmente la practicada por los pequeños productores. Así, en definitiva, el modelo ha ido profundizando las diferencias entre un sector ligado a los procesos agro- exportadores, altamente dinámico y moderno, ubicado principalmente en los Valles Transversales y en los sectores de riego del Valle Central y otro compuesto por la agricultura al sur de la VII región, de los secanos interiores y costeros y una parte significativa de los pequeños agricultores familiares los cuales solo minoritariamente se han ligado a las cadenas agro-exportadoras o a la agricultura de contrato que no alcanza a ser más allá del 2 %.
En resumen el modelo agro-exportador chileno ha probado ser altamente eficiente para penetrar los mercados, mejorar calidad e incrementar persistentemente el producto. Ha introducido una modernización general de las prácticas productivas y comerciales, ha permitido mejorar los ingresos de muchos grupos de productos, ha elevado las remuneraciones a la mano de obra y ha ayudado, al mejoramiento de una parte del sector rural. Sin embargo, ha mostrado grandes limitaciones para mejorar las condiciones de vida de los agricultores de subsistencia y para integrar a la mayoría de los productos con potencial agropecuario a los mercados externos e internos.