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y los nuevos tiempos

Hemos aludido ya a Luis XI, figura que requiere más detenido estudio. El vencedor de Carlos el Temerario era de aspecto poco impresionante. Se le reconocía con facilidad por su nariz gruesa y torcida, sus piernas flacas y su porte desmañado.

Luis XI continuó y terminó la obra de su padre creando las bases definitivas del Estado francés. Consiguió la reforma política y acabó quedándose con todo el poder e hizo reinar una sola voluntad en Francia, de Bretaña a Borgoña y de la Picardía a la Gascuña. Dio expresión política al sentimiento nacional despertado durante la guerra de los Cien Años. En el curso de su larga lucha, en que actuó a menudo con astucia, puso fin al desorden y a las disensiones reinantes a fines de la Edad Media. Su meta era la monarquía absoluta y sabía muy bien cuánto debía hacer para lograr el bienestar de la nación: paz, orden y dinero ante todo. Juzgaba que sólo el poder absoluto le permitiría dar a sus súbditos el mejor nivel de vida posible. Escuchaba atento la voz de su pueblo y recorría sin cesar las diferentes regiones del reino. Los embajadores extranjeros, obligados a seguirlo en sus desplazamientos para obtener audiencia, se asombraban al

13 Granson es una localidad sita en el cantón de Vaud, en la orilla occidental del lago de Neuchatel. En el

cantón de Friburgo se halla Morat o Murten, en la ribera oriental del lago de su nombre; todavía conserva sus murallas y sus torres. Fue atacada en el mes de junio de 1476 por el ejército borgoñón de Carlos el Temerario, que fue totalmente vencido el 22 del mismo mes por los suizos, quienes le obligaron a levantar el cerco de la población. Ambas batallas fueron decisivas para la independencia de Suiza y la reafirmación de la Confederación helvética.

verle aposentarse en los más modestos albergues, entre gente de todas las clases sociales.

Se interesaba por todo. Alentaba en particular la agricultura, el comercio y la industria minera, y se ocupaba en persona de las cuestiones referentes a política urbana e higiene pública. Con razón se le ha llamado el primer rey ciudadano. Con respecto a las potencias extranjeras. Luis sabía mostrarse alternadamente flexible o intransigente. No sólo en su reino, sino también en el exterior tenía sus observadores, que le informaban con regularidad. La diplomacia francesa moderna hallaría en él un precedente de las representaciones organizadas.

A medida que pasaban los años, su temor a sufrir atentados se hizo obsesivo. Tenía motivos para temer por su vida: los nobles arruinados lo odiaban, y entre los burgueses y agricultores, abrumados de impuestos, el descontento iba en aumento. En su tiempo hubo cronistas que se hicieron eco de las crueldades a que se dedicó. Hubiérase dicho que los árboles de sus parques sólo le servían de horcas; apoyado en el brazo de su verdugo, se paseaba con agrado, en sus últimos días, por aquellos lugares que la gente del contorno llamaba "el jardín del rey Luis".

Pese a sus extraordinarias precauciones, Luis se defendió en vano de las asechanzas de la muerte. En agosto de 1483, fue abatido por una dolencia de la que ya no se repuso. Tenía entonces sesenta años. Para sus contemporáneos, su muerte significó un alivio. Sólo la posteridad ha justificado su obra política. De una Francia medieval hizo un Estado centralizado según patrón renacentista.

Burguesía y fortalecimiento regio en España

No sólo Francia se zafó entonces del atolladero feudal en que el ataque inglés la sorprendiera encallada, sino también Castilla. La guerra civil entre Pedro I y el Trastámara había dejado en ese reino la misma estela nefasta que en territorio galo las disensiones entre plantagenets, armañaques y borgoñones: ruina de la nobleza, bandidos por doquier, relajamiento de las costumbres. En su lucha por robustecer el Estado y el bien común frente a todo ese dispararse anárquico de intereses centrífugos, no hallaron las reyes mejores compañeros de ruta que las ciudades, a las que, otorgando, por ejemplo, el título de "nobles" y "muy nobles", procuraron elevar al mismo rango que a la nobleza rural. Esos mismos burgos y demás comunidades de Castilla que después, en 1519, iban a oponerse con las armas a la importación de consejeros reales, prestaron durante el siglo XV evidente apoyo a la consolidación del poder monárquico. Dos manifestaciones de ello: la cooperación entusiasta de los burgueses al restablecimiento del orden público y los intentos del tercer estamento por liberar el antiguo patrimonio real de vínculos feudales y de dotar a la casa real de rentas suficientes. Lo primero quedó de manifiesto en la creación de destacamentos policiales llamados hermandades de Castilla; lo segundo, en las cortes de Toledo, que merecen ser ilustradas a continuación por la pluma del mejor de los cronistas góticos, Fernando del Pulgar, en su

Crónica de los Reyes Católicos. El propio lector podrá sacar interesantes conclusiones. De las Cortes que se ficieron en Toledo

En este año siguiente del Señor de mil é quatrocientos é ochenta años, estando el Rey é la Reyna en la cibdad de Toledo, acordaron de facer cortes generales en aquella cibdad. Y embiáronlas notificar por sus cartas á la cibdad de Búrgos, Leon, Avila, Segovia, Zamora, Toro, Salamanca, Soria, Murcia, Cuenca, Toledo, Sevilla, Córdoba, Jaen, é á las villas de Valladolid, Madrid é Guadalaxara; que son las diez é siete cibdades é villas que acostumbran continamente embiar procuradores á las cortes que facen los Reyes de Castilla é de Leon. Ansimesmo

vinieron á aquellas cortes algunos Perlados é Caballeros del Reyno; y entendieron luego en restituir el patrimonio real, que estaba enagenado de tal manera, que el Rey é la Reyna no tenían tantas rentas como eran necesarias para sostener el estado real é del Príncipe é Infantas sus fijos. Porque el Rey Don Enrique lo había enagenado en el tiempo de la division pasada que ovo con su hermano el Príncipe Don Alonso. Y este enagenamiento de las rentas reales se rizo en muchas maneras, á unos se dieron maravedis de juro de heredad para siempre jamas, por les facer merced en emienda de gastos, otros los compraron del Rey Don Enrique por muy pequeños precios, porque la muchedumbre de las mercedes de juro de heredad que se habían fecho, los puso en tan pequeña estimacion.

Sobre esta materia los procuradores del Reyno suplicaron al Rey é á la Reyna, que mandasen restituir las rentas reales antiguas á debido estado; porque no lo faciendo, de necesario les era imponer otros nuevos tributos é imposiciones en el Reyno, de que sus súbditos fuesen agradados. Otrosí les suplicaron que mandasen reducir á su corona real las cibdades é villas é lugares que en los tiempos pasados el Rey Don Enrique había dado, é revocar las mercedes que dellas había fecho. Porque decían ser dadas por necesidad de las guerras, en que le habían puesto algunos caballeros. é no por leales servicios que oviesen fecho.

Pero no se acordaban en la forma como se debia facer; porque estos maravedis de juro de heredad estaban repartidos por grandes señores del Reyno, é por otros Perlados é Caballeros y Escuderos é Iglesias é monesterios, é otras personas de todos estados. Y el voto de algunos era que se debía facer revocacion general de todas las mercedes de juro de heredad.

Otrosí decían que si se ficiese revocacion general, no seria cosa justa, porque algunos las habían habido por servicios que habían techo, é por otras justas causas.

Al Rey é á la Reyna, y escándalo en el Reyno. El Rey é la Reyna, oído el voto que dio el Cardenal é los otros Caballeros é Perlados del Reyno, mandaron que cada uno de los que tenían mercedes de juro de heredad diesen informaciones por escripto de las causas por donde las habían habido.

E por consejo deste religioso (fray Fernando de Talavera) quitaron todas las mercedes de juro de heredad, é de merced de por vida, que el Rey Don Enrique habla (lado en aquellos tiempos.

En aquellas cortes de Toledo, en el palacio real donde el Rey é la Reyna posaban, había cinco consejos en cinco apartamientos: en el uno estaba el Rey é la Reyna con algunos Grandes de su Reyno, é otros de su consejo, para entender en las embaxadas de los Reynos estraños que venían á ellos, y en las cosas que se trataban en corte de Roma con el Santo Padre, é con el Rey de Francia, é con los otros Reyes, é para las otras cosas necesarias de se proveer por expediente. En otra parte estaban los Perlados é Doctores, que eran diputados para oír las peticiones que se daban, é proveer é dar cartas de justicia, las quales eran muchas é de diversas calidades; otrosí en ver los procesos de los pleytos que ante ellos pendían, é determinarlos por sentencias difinitivas. En otra parte del palacio estaban Caballeros é Doctores naturales de Aragon, é del Principado de Cataluña, é del Reyno de Sicilia, é de Valencia, que veían las peticiones é demandas, é todos los otros negocios de aquellos Reynos: y estos entendían en los expedir, porque eran instructos en los fueros é costumbres de aquellas partidas. En otra parte del palacio estaban los diputados de las hermandades de todo el Reyno, que veían las cosas concernientes á las hermandades segun las leyes que tenían. En otra parte estaban los contadores mayores é oficiales de los libros de la facienda é patrimonio real; los quales facian las rentas, é libraban las pagas é mercedes, é otras cosas que el Rey é la Reyna facian, é determinaban las causas que concernían á la facienda é patrimonio real. E de todos estos consejos recorrían al Rey é á la Reyna con qualquier cosa de dubda que ante ellos recrecia. E las cartas é provisiones que daban eran de grand importancia; firmaban en las espaldas los que estaban en estos consejos, y el Rey é la Reyna las firmaban de dentro. Otrosí los tres Alcaldes de su Corte libraban fuera del palacio real las querellas é demandas civiles é criminales que ante ellos se movían, y entendían en la justicia é sosiego de la Corte. Y en esta manera el Rey é la Reyna tenían repartidos sus cargos, é proveian en todas las cosas de sus Reynos.

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