III. El escepticismo en la Fenomenología del espíritu 52
3.4 Conclusiones Escepticismo y negatividad 86
4.1.3 Objeción 3: Inconsistencia 97
El método escéptico consiste en oponer argumentos por medio de los diferentes tropos de los que dispone. Por medio de la aplicación sistemática de los tropos a las distintas tesis, “la conciencia escéptica revela en todo aquello que se da inmediatamente por supuesto que no es nada fijo, nada en y para sí, […] y demuestran que no hay en ellas nada de firme” (Hegel
1833, p. 453). Así, el objetivo central de los argumentos escépticos consiste en poner de manifiesto: 1) que todo lo que es, es determinado y entraña su contraposición y limitación, 2) por lo que su independencia es relativa a otros objetos, así como a la subjetividad que lo percibe. Por un lado, el escéptico muestra que todo enunciado es relativo a la subjetividad y por lo tanto carecen de objetividad. Y por otro, alcanza este punto, sólo porque ha asumido un punto de vista universal y objetivo en sus argumentos; posición desde la cual establece la certeza de su asentimiento, eliminando la verdad. De lo que se sigue, que “la objetividad externa no existe como un ser objetivo, ni como un algo pensado general, sino que el único ser es de la conciencia individual y el ser general de ésta” (Hegel, 1833, p. 457). El escepticismo antiguo es inconsistente porque sostiene dos versiones sobre su actividad y su identidad que se contradicen. Por un lado, afirma la nulidad de todo contenido en cuanto contenido sensible o pensado y, por el otro, afirma como lo único esencial la igualdad y simpleza de su subjetividad,
la conciencia escéptica de sí mismo no es sino esta emancipación subjetiva de toda la verdad de este ser objetivo y de la tendencia de cifrar su esencia en algo de este tipo. El fin del escepticismo consiste, pues, en acabar con ese servicio inconsciente a que se ve condenada la conciencia de sí mismo, para hacer que ésta retorne a su sencillez y, en la medida en la que el pensamiento se afianza sobre un contenido, curarlo de este contenido fijo en el pensamiento (Hegel 1833, p. 431).
El escéptico rebaja el ser al aparecer y por ello, se concibe como una subjetividad vacía al restringir su campo de acción a la mera certeza de su asentimiento, estado que le posibilita alcanzar la imperturbabilidad (ataraxia). Hegel vincula este estado de inconmovilidad y moderación con la indiferencia, como también lo hacía Sexto115. En esto radica su estrechez, al considerar el ser solamente como algo aparente o como una mera representación, la conciencia inmediata condena todo cuanto abarca al ámbito de la opinión, eliminado con ello la verdad. El escéptico es pues esta sencillez igual y vacía de la conciencia inmediata, y al mismo tiempo, esa confusión resultado de la oposición de las representaciones. El escéptico al no poder encontrar satisfacción en tal estado de contradicción se repliega a la pura intelectualidad abandonando con ello la vida moral y
115 Para Sexto los animales son por naturaleza indiferentes frente a los cambios, el hombre sólo puede alcanzar dicho estado por la razón.
política, alcanzando de este modo la imperturbabilidad (ataraxia). Con lo que se revela que el fin del escepticismo es pura vanidad pasiva. Hegel tacha tal postura de egoísta, ya que el escéptico considera que la paz y la imperturbabilidad sólo se pueden alcanzar en el ámbito de la subjetividad interior,
sin que se les ocurriera infundir racionalidad a la realidad por medio de las instituciones, leyes o constituciones políticas. Esta soledad del espíritu replegado dentro de sí mismo es […] algo paralizado y muerto, y hacia el exterior se mantiene pasivo; y cuando se mueve dentro de sí, es siempre despreciando las diferencias (Hegel, 1833, p. 458).
Para Hegel el escepticismo no sólo es inconsistente porque cae en contradicción, es una postura que tiene consecuencias inaceptables en el terreno de lo político y social, promueve un estado de indiferencia que resulta en una pasividad que podemos considerar conservadora. El escepticismo no propone un modo de vida distinto al común y corriente. La suspensión del juicio por la que el escepticismo se libera de las creencias y permanece en el ámbito de la apariencia (de la opinión), lo lleva a conservar aquellas creencias que forman parte de la vida cotidiana mientras rechaza cualquier postura filosófica o científica. Lo lleva a perpetuar el orden social establecido, estado que sólo favorece a los que ostentan el poder. De acuerdo con Hegel, todo escepticismo, sin importar si es Académico o Pirrónico, cae en una negatividad improductiva. El escepticismo que Hegel critica es un escepticismo que parece rústico porque se cuestiona y niega cualquier postura que se le presenta, sin embargo, de fondo resulta ser un escepticismo de tipo urbano, ya que asiente a las creencias ordinarias como principios de acción del aparecer.
Autores como Wood (2012) sostienen que Hegel renuncia equivocadamente a la distinción entre el escepticismo de la Academia y el Pirrónico, sin embargo, no se percata de las razones por las que Hegel rechaza tal distinción. Hegel va más allá y muestra cómo ambos comparten un espíritu común, ambos rebajan el ser al aparecer, y desde tal concepción concluyen en un modo de vida que no sólo se contradice, sino que cae en indiferencia y conservadurismo. El principal respaldo a esta concepción, se halla en el razonamiento expuesto, así como en el siguiente pasaje de los Esbozos pirrónicos:
Al seguir las apariencias, vivimos de acuerdo con las reglas ordinarias de la vida ya que no podemos permanecer del todo inactivos. Y al parecer este régimen de la vida consta de cuatro cosas: una es la guía de la naturaleza, otra el impulso de las pasiones, otra la
tradición de las leyes y costumbres, otra la instrucciones en las artes (Sexto Empírico, 2008, I, 11)
Este pasaje contradice la versión del escepticismo sin creencias, si bien es posible concebir una vida sin creencias que sólo responda a los impulsos y pasiones naturales, resulta inconcebible seguir las costumbres y las instrucciones de las artes sin tener algún tipo de creencias (Stepanenko, 2006), no sólo porque hay un mínimo de creencias que es necesario sostener. El escéptico al no disponer de un criterio objetivo sólo cuenta con lo que le parece el caso, por lo que adopta las creencias disponibles. Por ello, acepta y se conforma con las creencias ordinarias y establecidas. Este aspecto conservador es resultado del lugar privilegiado que se le da a la intimidad y del orden social heredado que el escéptico recibe. Esta concepción del escepticismo, al sostener un modo de vida sin compromisos doxásticos y desapegado de los asuntos mundanos, cae en la banalidad de su indiferencia produciéndole parálisis.