Detectar y jerarquizar la actividad delictiva que afecta al barrio, considerando debilidades y fortalezas, realizando un buen diagnóstico.
Determinar los recursos existentes en el barrio, que pueden ser considerados en los Planes de Prevención.
Elaborar conjuntamente con la Policía y la Municipalidad, un Plan de Contingencia en materias de Prevención Vecinal donde se oriente y capacite a los delegados. Este Plan debe considerar un espectro bastante amplio de temas, siendo los más importantes:
1°.- Seguridad en el hogar. 2°.- Seguridad del entorno.
3°.- Áreas de esparcimiento comunal. 4°.- Seguridad en la vía pública.
5°.- Seguridad en establecimientos educacionales.
Los delegados deben seccionar el barrio en manzanas, y éstas en cuadrantes, nombrando un coordinador por manzana cuya misión principal será citar a reuniones, solicitar información, canalizar inquietudes de vecinos de su sector, reclutar y despertar el interés en personas que demuestren desinterés en el tema, tales como ancianos, adolescentes, etc., e informar la gestión realizada a escala comunal.
Resolver sobre el empleo de recursos, tales como: elementos de vigilancia, carteles de inspección vecinal, buzones de sugerencias, folletos o volantes informativos, cierre de calles, custodia escolar, etc.
Pertenecer a un Comité de Protección Ciudadana significa adquirir un compromiso y un respeto hacia su comunidad, lo que necesariamente se refleja en la solidaridad entre los vecinos. Ante la eventualidad de una agresión a un integrante debe existir un fuerte apoyo, ofreciendo ayuda a la víctima, enterándose de las características del hecho delictivo, instando a efectuar la denuncia correspondiente y convirtiéndose en un buen transmisor de los hechos para solicitar colaboración a otras instancias.
CÓMO MANTENER ACTIVA LA VIGILANCIA
Mantener activa la organización creada no es fácil, por ello la Vigilancia Vecinal debe ser persistente, contar con una capacitación permanente, tanto
en términos técnicos como de liderazgo, a través de instituciones y personas hábiles e instruidas. Hay que entender que su puesta en marcha, sin duda, disminuirá los factores de riesgo, pero no los erradicará por completo.
Su comportamiento orgánico debe ser activo, ágil, dinámico y versátil, incorporando constantemente los cambios que requieran los tiempos. Para ello tomaremos como ejemplo a seguir las pautas y procedimientos que han implementado las comunidades que ya han obtenido éxito en esta gestión ejecutando las siguientes actividades:
Realización permanente de reuniones entre los vecinos, la Policía y el Municipio para tratar -y coordinar- temas tales como:
Prevención del alcoholismo y la drogadicción.
Identificación de nuevos delitos y actividades sospechosas.
Cuidado y resguardo de los niños fuera de su horario escolar.
Actividades recreativas.
Violencia intrafamiliar.
Bolsas de Trabajo.
Asistencia social a las víctimas de delitos.
Incorporación de credos religiosos en la lucha contra la violencia.
Creación de Brigadas Escolares de Seguridad y Tránsito.
Control de las actividades nocturnas.
Dar a conocer la gestión de las Unidades de Vigilancia.
Temas de interés de la Comunidad.
La enumeración anterior es fruto de análisis exhaustivos donde ha quedado de manifiesto que la lucha contra la delincuencia no sólo requiere seguridad y represión, sino también de la participación activa de los
miembros de la comunidad. Esta tarea preventiva, recogida en parte de la iniciativa “Vecinos Vigilantes” (Hay ojos que te están mirando), implementada en Washington, Estados Unidos, es mucho más efectiva que invertir sólo en represión o en elementos de seguridad. A la postre, todo redunda en una seguridad de menor costo y más efectiva.
Para todos los puntos de este párrafo es imprescindible tener planes, y en muchos casos ni siquiera en necesario crearlos, porque ya existen en otras comunidades. De ahí que el deber de los delegados es informarse, para dar a conocer las diversas opciones que pueden ponerse en práctica en la organización y entre sus asociados.
Organizar patrullas de observación, cuya función será velar por la Seguridad de las personas, sus bienes y sus hogares, a fin de alertar a la policía de actividades criminales y sospechosas, identificando a su vez aquellos problemas que requieren atención.
Construir catastros que especifiquen todas aquellas áreas que requieren de mantención, cuidado y limpieza. Por ejemplo, casas abandonadas, terrenos baldíos, zonas oscuras por falta de iluminación y/o poda de árboles, presencia de graffitis, microbasurales, locales clandestinos de venta de alcohol, zonas de tráfico y consumo de drogas, lugares de prostitución, áreas de pandillas, etc.
Propiciar y exigir el cumplimiento de las Ordenanzas Municipales que como vecino debe hacer respetar por su bienestar y el de su barrio.
Generar mediante el auspicio y aporte del Municipio, financiamiento para publicar un Boletín Vecinal que de a conocer Planes Preventivos,
noticias sobre los últimos delitos, homenajes a residentes y empresas que se hayan destacado en el desarrollo del Proyecto, nuevos centros de actividades y, por último, enumerar las instancias donde puede recurrir la comunidad de acuerdo al tenor de su problema.
Fomentar eventos sociales y formar equipos con sus vecinos, con el objeto de conocerse, intercambiar direcciones, teléfonos, e-mail, y
convenir estrategias mutuas en caso de un incidente. Esta instancia le evitará aislarse en su hogar. Presente a sus hijos a los vecinos, de modo que se conozcan. Así será más fácil darse cuenta de la presencia de personas sospechosas y que todos colaboren en la seguridad de los menores.
Organizar y crear Sistemas de Vigilancia Preventiva con la ayuda de timbres, balizas, redes de teléfonos, pulsadores de pánico y/o instalación de letreros y carteles que indiquen que la casa, cuadra o manzana forma parte de un “área de seguridad protegida”.