• No se han encontrado resultados

1.3 Educación ambiental Surgimiento y desarrollo.

1.3.1 Objetivos, principios y metas de la educación ambiental.

Dentro del marco del PNUMA, se abordó la tarea de diseñar el Programa Internacional de Educación Ambiental (PIEA) en colaboración con los países miembros de Naciones Unidas, además de otros organismos internacionales y organizaciones no gubernamentales, con el fin de que dicho programa sirviese de referencia para las acciones educativas en ámbitos locales y regionales. Una de las principales aportaciones de este programa consistió en organizar, en 1975, en colaboración con el Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de Belgrado, el Seminario Internacional de Educación Ambiental que sirvió para la elaboración de la "Carta de Belgrado". En ella se reconocía el estado global del medio ambiente y la problemática derivada de las acciones económicas, políticas y tecnológicas de la civilización moderna. En concordancia con este análisis se fijaron las metas de la educación ambiental de la siguiente manera: Lograr que la población mundial tenga conciencia del medio ambiente y se interese por él y por sus problemas conexos y que cuente con los conocimientos, aptitudes, actitudes y motivación y deseos necesarios para trabajar individual y colectivamente en la búsqueda de soluciones a los problemas actuales y para prevenir los que pudieran aparecer (Informe final del Seminario Internacional de Educación Ambiental de Belgrado, 1975).

A partir del Seminario Internacional de Educación Ambiental de Belgrado de 1975, se consideran objetivos de la educación ambiental los siguientes: • Conciencia: Ayudar a las personas y a los grupos sociales a que adquieran mayor sensibilidad y conciencia del medio ambiente en general y de los problemas conexos.

• Conocimientos: Ayudar a las personas y a los grupos sociales a adquirir una comprensión básica del medio ambiente en su totalidad, de los problemas conexos y de la presencia y función de la humanidad en él, lo que entraña una responsabilidad crítica.

• Actitudes: Ayudar a las personas y a los grupos sociales a adquirir valores sociales y un profundo interés por el medio ambiente que los impulse a participar activamente en su protección y mejoramiento.

• Aptitudes: Ayudar a las personas y a los grupos sociales a adquirir las aptitudes necesarias para resolver los problemas ambientales.

• Capacidad de evaluación: Ayudar a las personas y a los grupos sociales a evaluar las medidas y los programas de educación ambiental en función de los factores ecológicos, políticos, económicos, sociales, estéticos y educacionales.

• Participación: Ayudar a las personas y a los grupos sociales a que desarrollen su sentido de responsabilidad y a que tomen conciencia de la urgente necesidad de prestar atención a los problemas del medio ambiente, para asegurar que se adopten medidas adecuadas al respecto. (UNESCO, 1975)

Como se aprecia los principios recomiendan considerar el ambiente en su totalidad, es decir, el medio natural y el producido por el hombre. Constituir un proceso continuo y permanente, en todos los niveles y todas las modalidades educativas; aplicar un enfoque interdisciplinario, histórico, con un punto de vista mundial, atendiendo las diferencias regionales y considerando todo desarrollo y crecimiento en una perspectiva ambiental. Para Novo (1998), los principios de la Educación Ambiental van dirigidos a: 1. Proporcionar conocimientos que permitan aprehender la problemática ambiental, local y mundial.

3. Desarrollar habilidades y capacidades científicas, sociales y culturales. 4. Participación efectiva y consciente de la población en la búsqueda de una mejor calidad de vida.

5. Capacidad de evaluación de los procesos con los actores.

La meta fundamental de la educación ambiental es formar ciudadanos conscientes y preocupados por el medio y por los problemas relativos a él, una población que tenga los conocimientos, las competencias, la predisposición, la motivación y el sentido de compromiso que le permita trabajar individual y colectivamente en la solución de los problemas actuales (Acevedo, 1992).

Teniendo en cuenta que un propósito fundamental de la educación ambiental es lograr que tanto los individuos como las colectividades comprendan la naturaleza compleja del medio ambiente y adquieran los conocimientos, los valores y las habilidades prácticas para participar responsable y eficazmente en la prevención y solución de los problemas ambientales y en la gestión de la calidad del medio ambiente.

La educación ambiental resulta clave para comprender las relaciones existentes entre los sistemas naturales y sociales, así como para lograr una percepción más clara de la importancia de los factores socioculturales en la génesis de los problemas ambientales. En esta línea, debe impulsar la adquisición de la conciencia, los valores y los comportamientos que favorezcan la participación efectiva de la población en el proceso de toma de decisiones.

La educación ambiental puede y debe ser un factor estratégico que incida en el modelo de desarrollo establecido para reorientarlo hacia la sostenibilidad y la equidad. Por lo tanto, la educación ambiental, más que limitarse a un aspecto concreto del proceso educativo, debe convertirse en una base privilegiada para elaborar un nuevo estilo de vida. Ha de ser una práctica educativa abierta a la vida social, de forma tal que los miembros de la

sociedad participen, según sus posibilidades, en la tarea compleja y solidaria de mejorar las relaciones entre la humanidad y su medio.

Las líneas de acción de la educación ambiental son muy diversas, la autora considera que deben propiciar estrategias preventivas y reorientar patrones de consumo, así como promover la corresponsabilidad y la participación social. En estos procesos se propone la formación de individuos que puedan modificar sus sistemas de valores y que a su vez se inserten en un esquema social de relaciones más solidarias, cooperativas, autónomas y equitativas. La tolerancia, la pluralidad y el compromiso social son algunos de los valores esenciales que se deberían promover.

Lo específico de esta educación es, por tanto, que, sin abandonar los problemas de los individuos, extendió sus objetivos al contexto, incorporando las relaciones entre los sujetos y la naturaleza y con los demás seres humanos, en una escala que vincula lo local con lo global. Este ensanchamiento de los horizontes del saber, supuso un gran compromiso con el conocimiento y situó a la educación ambiental como una vía de replanteamiento de nuestras relaciones con la biosfera, a la vez que un instrumento de transformación social y empoderamiento de los más débiles, todo ello con la meta final de conseguir sociedades más armónicas y equitativas.

Roque (2001) enfatiza que la educación ambiental es un enfoque educativo en el que, mediante diversos procesos, se aclaran conceptos y se reconocen valores para fomentar las destrezas y actitudes que conducen a una relación equilibrada con el entorno para la toma de decisiones y ejecución de acciones. Es un instrumento privilegiado que instituye una nueva ética que puede ser abordada desde tres ámbitos:

1. La educación formal. 2. La educación informal. 3. La educación no formal.

La educación ambiental formal se realiza en las estructuras escolarizadas a diferentes niveles con acciones educativas sistemáticas e intencionadas. El

objetivo principal de este tipo de educación corresponde a fomentar el aprendizaje de diversas áreas del conocimiento a partir de la utilización de materiales didácticos y pedagógicos adaptados para cada nivel educativo (Maneja, 2006).

Por su parte, la no formal se enfoca a las actividades educativas fuera del sistema escolar. Se refiere a toda actividad organizada y sistemática, realizada fuera del ámbito oficial, para facilitar determinadas clases de aprendizaje. Para Asunción (1997) su finalidad es pasar de personas no sensibilizadas a personas informadas, sensibilizadas y dispuestas a participar en la resolución de los problemas ambientales.

La educación ambiental formal y no formal no constituyen sistemas separados por barreras infranqueables. Poseen su público bien definido, métodos, procedimientos, estilos diferenciados, pero los une un interés común: “Optimizar todas las relaciones ecológicas, incluyendo la de la humanidad con la naturaleza y las personas entre sí con el propósito de alcanzar un desarrollo sostenible, así como abrir nuevas vías del saber en el sentido de la reconstrucción, replanteamiento y aprehensión del mundo (Bustio, 2007).

Por otra parte, la incidencia de las vías formales y no formales en un mismo contexto, reparto, comunidad, permiten compensar las ventajas y desventajas de cada una de ella, a la vez que se interrelacionan y complementan sus efectos.

De importancia resulta también el conocimiento de las particularidades de la educación ambiental desde la dimensión informal, partiendo del hecho, que es la que adquiere el individuo de forma autodidacta, o por los medios masivos de comunicación y la asimilada por la convivencia diaria de las personas (Novo, 2009). La educación informal permite adquirir y atesorar conocimientos y habilidades mediante las experiencias diarias y la relación con el medio ambiente. Es un proceso continuo y espontáneo que no se da de manera intencional.