La idea de lo social como un tipo de material o de ingrediente si- gue un modelo que se ha mantenido, modelo que busca remarcar las asimetrías. Al momento de categorizar y enfatizar en la división de la sociedad o de lo social, lo que se hace es transportar sin modificar
el explanans. La línea causal sólo permite que el investigador sea un espectador (o un crítico) que se molesta y señala los defectos, cuyo discurso señala que el poder, el inconsciente o la dominación son los principales males de la sociedad. La ANT no se limita a un punto causal; es más, llega a ser tan radical que Latour afirma que lo social no existe como una entidad fija e inmutable. Puede que al perder la causa surja la pregunta: ¿En dónde quedó el poder, la influencia o el in-
consciente entonces? En cuanto perdemos la seguridad y facilidad para
afirmar que esto o aquello es social, la incertidumbre se apodera de la acción. No aseguro que el poder, la dominación, la influencia no existan, sino que tienen que ser producidos, inventados o compues- tos. Más que darlos por sentado como el punto de origen, debemos preguntarnos ¿De dónde vienen y de qué están hechos? (Latour, 2008).
Hasta este momento he dicho que los humanos y los no huma- nos son actores-red que dejan rastros, y que si tenemos la disposi- ción de seguirlos estaremos caminando por una red que puede llegar a ser muy grande y diversa. Probablemente ,una idea o pregunta esté en el aire y se parezca a la siguiente: Entiendo que los seres humanos o
los animales se muevan y dejen rastro pero, ¿un objeto? Aquí es donde
hay que hacer una pausa para explicar lo que Latour dice de la terce- ra fuente de incertidumbre: los objetos tienen agencia. Antes de imaginar a Lumière y Ding-Dong conspirando para juntar a Bella con la bestia o se cometa el error de acusar a la ANT de animista, debo explicar los conceptos de mediador e intermediario.
Junto a mi computadora hay un cable de corriente que lleva sin interrumpir ni modificar el flujo de corriente del punto a al punto b. Se han hecho pruebas para que no disminuya, aumente o se inte- rrumpa este flujo. El cable está diseñado para transportar sin trans- formar, y puede ser considerado una unidad aunque internamente se
encuentre compuesto por muchas más partes. A este tipo de entida- des Latour las llama intermediarios.
El otro tipo de actor es el mediador, el cual transforma, modifi- ca, traduce el significado de lo que se supone debe transportar. Pue- de tratarse de una palabra en una conversación que lleve de un tema a otro, una foto que se convierte en un meme, la frase de un político que se vuelve un trending topic en las redes sociales… Con los datos de entrada no se pueden definir los de salida. La asociación es in- cierta ya que puede llevar en múltiples direcciones que modificarán la descripción que se atribuye a su rol (Latour, 2008).
Sin embargo, a pesar de que el cable ha sido diseñado para una función determinada, tampoco se encuentra exento de ser un me- diador. La condición depende del tipo de relaciones que se establez- can con él. Un cable puede por sus propiedades (flexibilidad, resis- tencia, maleabilidad…) ser usado como un torniquete de emergencia. La forma no determina la función. La manera en que se asocie con el actor, sí. Lo mismo para el discurso de un político, que sea tan me- ticuloso que no se puedan hacer memes o críticas de él. Lo intere- sante entonces es que no sólo es necesario conocer lo que forma la red, sino poder observar las relaciones que se establecen entre los actores de esta. Un mediador hace que saltemos de controversia en controversia. La red se hace visible a medida que la acción y el relevo de los actores manifiestan en la actuación, unión o separación. La alegría, por ejemplo, estar 24 horas 7 días de la semana alegres es imposible, pero si disfrutamos escuchar buena música en un lugar tranquilo, ver a un ser amado, ganar un premio, pintar una carita sonriente, escribir “:)” en un mensaje de texto… la alegría está pre- sente cuando el paréntesis se vuelve una boca sonriente, el ser ama- do es asociado con emociones placenteras que se encuentran en lo concreto (neurotransmisores como la dopamina, serotonina, ence-
fálica, etc.). Sin esas señales químicas la alegría no se haría presen- te.
He explicado esto por dos razones: en primer lugar para recalcar que los no humanos son participes de la acción por sus características y las relaciones que se establecen con ellos. Si digo que tienen agen- cia es porque el tomar un lápiz y dibujar un mapa, escribir un dis- curso o una carta de amor no sólo involucra al ser humano que rea- liza la acción, para la ANT cualquier cosa que modifica con su inci- dencia un estado de cosas es un actor o, si no tiene figuración aún, un actante. Usar un lápiz para escribir una carta, patear un balón cuando jugamos fútbol con balón o sin él, teclas en una laptop para escribir una publicación, ajustar el lente de la cámara para tomar una fotografía. Sin estos actores, actividades como jugar, escribir, postear o tomar una foto no serían posibles, o necesariamente invo- lucrarían a otros actores. Una lata en vez de un balón, un gis, mar- cador o carbón para escribir… Y con esto no quiero invertir el orden causal. No pretendo decir que la laptop nos hace escribir el post, que el balón nos hace jugar fútbol, sino que pueden existir muchos ma- tices entre lo que de manera simplista se considera la causa y el efecto. Los no humanos no son parte de un fondo pasivo que sirve para realzar la acción humana. Las cosas podrían dar los recursos, autorizar, permitir, alentar, sufrir, influir, bloquear, hacer posible, prohibir, etc.
En segundo lugar, escribir una carta o dibujar un mapa involucra a más actores que, por lo general, pasan desapercibidos. Desde la perspectiva de la Sociología de lo social, los objetos quedan relega- dos a un segundo plano; la sombra de lo humano acapara la acción y los minimiza. En cambio, para la ANT una carta no sólo es la inten- ción de escribir la carta o el mensaje trasmitido, se tiene que consi- derar la hoja, lápiz, el grafito, buzón, cartero, la bicicleta del cartero,
el servicio postal, las letras, la ortografía, el buen o mal clima, etc. Al considerar a los no humanos, los caminos y actores que toman el relevo en la acción se vuelven más diversos.
La principal razón por la que los objetos no fueran considerados actores era por el rol al que fueron sujetos por la definición de ac- ción utilizada en la Sociología de lo social, donde los humanos (con intenciones) son los que dominaban la acción. La existencia era li- mitada a una existencia “material-causal”, pero no en un dominio “reflexivo y simbólico”. Como mencioné anteriormente, la ANT no invierte el orden causal, ni da más valor a la acción de los no huma- nos; la ANT simplemente puntualiza que no se puede obviar la par- ticipación de los demás actores. Se debe hacer la pregunta: ¿Qué y quién participa?
La idea de no humanos que intervienen en la acción no es nueva. Lo que aporta la ANT es “que se destaca de pronto a los objetos no sólo como auténticos actores, sino también como lo que explica el paisaje plagado de diferencias…” (Latour, 2008 p.108). El papel de los no humanos no se limita a ser una extensión de la actividad hu- mana entonces, sino que se encuentra en el origen de la actividad social (Latour, 2008).
Esa idea puede aplicarse al panorama mediático actual, en el cual los actores que intervienen en la comunicación masiva son muy dis- tintos a los de hace 30 años. Los teóricos de los mass media hablan del salto que es la Internet y sus redes sociales. Hablan de los nuevos modos de consumo y producción, de nuevas minorías activas, nueva psique colectiva-colaborativa, pero dejan de lado a algunos humil- des actores. Recordemos por ejemplo el diseño de Windows Messen-
ger. El texto dominaba esta plataforma, los contactos eran ingresa-
dos manualmente, el correo electrónico era el alter virtual de nues- tro contacto y sólo podías tener el correo de alguien de tres maneras:
que te fuera dado directamente como si de un número telefónico se tratara, investigar el correo, o una opción poco común era el azar, escribir caracteres aleatorios y ver si existía la cuenta. La lista de contactos se limitaba a aquellos que conocías. Las redes entre con- tactos eran simples pero limitadas; la dinámica entre estos era pare- cida a la de un teléfono.
En 2004 es creada la plataforma Facebook, que marcó diferencia en varios aspectos. Es una plataforma a la que se accede por medio de una página web y no por un software como el Windows Messenger. Otra gran diferencia es el “Perfil” del individuo, que contiene ele- mentos como fotos, texto, una descripción personal y un “Muro”, donde nuestros contactos pueden ver, comentar nuestros “posts” y compartir textos o imágenes. La red de contactos, las imágenes y los perfiles son públicos en la medida en que el dueño de la cuenta lo permite. Un pequeño botón hace una gran diferencia (“Enviar solici- tud de amistad”); si seleccionamos esa opción, establecemos con- tacto con otro miembro de la red, y si este acepta la solicitud o no, dependerá de otros factores. La posibilidad de ver a los amigos de mis amigos permitió que las redes de usuarios se extendieran. Unos años después se permitió la gestión de grupos y con esa nueva posi- bilidad grupos de ventas, intercambios, fans, etc. Se crearon “Nodos temáticos”, que permiten que usuarios con algo específico en común se conecten entre sí.
El software, la banda ancha, los smarthphones, las apps, el bo- tón “Me gusta”, la solicitud de amistad, las fotos, los bits, etc. son actores que deben ser considerados al momento de observar la red. Evitar la cajanegrización de las entidades permite que la actividad circule, que la explicación no se ancle en nociones abstractas como procesos mentales o inconsciente.
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