• No se han encontrado resultados

OBSERVACIÓN PARTICIPANTE Y AMIGOS SKATERS

USO DE LAS INSTALACIONES DEPORTIVAS

2.2. ENTRAR EN EL CAMPO DE RELACIONES PERSONALES

2.2.2. OBSERVACIÓN PARTICIPANTE Y AMIGOS SKATERS

En 2005 el trabajo de campo dio un giro importante. Finalmente, después de dos años de trabajo de campo en los puntos de encuentro de Barcelona, tuve la oportunidad de construir vínculos de amistad con un grupo de skaters. De todas formas, esta oportunidad no se dio en el espacio público. La persona con quién compartía piso mi hermana, Tahual, me presentó a Ángel, en el verano del 2004. Éste, a su vez, me presentó a Sergi –a quien me he referido anteriormente–, quien se convirtió en mi informante clave y me introdujo en la trama de relaciones personales del grupo de skaters de Badalona y miembros de otros grupos de otros municipios. Así conocí a Xavier, Miguel, Musta, Dave, José Luis, con quienes compartí jornadas de skate, charlas informales y entrevistas muy significativas.

Sin abandonar la observación distante del espacio público, me dejé llevar por la observación participante, tanto tiempo esperada. Entonces, las relaciones personales se ahondaron. Sergi y Xavier no sólo entendieron y aceptaron mi presencia como antropólogo desde el principio, sino que, además, en diversas ocasiones, colaboraron conmigo en la recogida de información –como he explicado anteriormente– y me hicieron comentarios sobre la lectura de algunas partes del texto de esta tesis.

Sergi representaba un nodo destacado en las relaciones sociales del campo del skateboarding. Se inició a principios de la década de 1980 y, desde entonces, mantenía relaciones en toda la Península, Latinoamérica, Norteamérica, Canadá y norte de Europa. Su experiencia le

había dotado de un conocimiento privilegiado sobre las luchas simbólicas del campo, a nivel local, estatal y transnacional. Conocía y era conocido por todo el mundo. En cambio, Xavier hacía poco que se había iniciado en el skateboarding, pero su compromiso, habilidad social y su relación con Sergi le ayudaron a situarse favorablemente dentro del campo y consolidar relaciones con algunas administraciones municipales. Tanto Xavier como Sergi, representaban, para mi, dos informantes privilegiados. Andar con ellos me abría muchas puertas, al mismo tiempo que representaban una relevante fuente de información y de experiencias etnográficas.

Con el tiempo, fuimos construyendo una estrecha relación de amistad y confianza mutua. Acabamos formando un equipo de colaboración, para llevar a cabo el proyecto de constituir la Federación Catalana de Skateboarding. Para mí, participar en el proyecto, representaba, por una parte, una forma de devolverles todo lo que consideraba que me estaban aportando para mis objetivos etnográficos y, por otra parte, siguiendo los postulados filosóficos de H.G. Gadamer (1993), una forma de posicionarme moralmente ante la comprensión del fenómeno. En este sentido, J.J.Pujadas reconoce la importancia de la reciprocidad en las relaciones que se dan durante el trabajo de campo como una forma de compromiso ético, que tarde o temprano debe asumir el etnógrafo:

“Tanmateix, hem de comptar amb el fet que les persones, quan accepten col·laborar, tenen també els seus interessos, molt sovint compartits amb els investigadors, per conèixer una mica més la societat que els envolta. El primer compromís de qualsevol etnògraf consisteix a retornar els coneixements adquirits /…/ Cal entendre el treball etnogràfic en termes de reciprocitat, donar i rebre, per tornar a donar i rebre” (J.J. Pujadas, 2004: 303)

Desde una perspectiva positivista, podría ser acusado de transformar o manipular la realidad que estaba analizando. Pero eso no me preocupaba demasiado. En la misma línea de la antropología interpretativa (C. Geertz, 1989, 1994, 1997; P. Rabinow, 1992), considero que las etnografías consisten en interpretaciones de las culturas que estudiamos. Estas interpretaciones se construyen, en estrecha colaboración, entre el etnógrafo y sus informantes, a partir de las experiencias que comparten y las entrevistas y conversaciones que mantienen. En estos procesos de interacción, la cultura del etnógrafo y de las personas que estudiamos, se transforma, porque las relaciones personales producen transacciones. Los resultados de este proceso dan lugar a una etnografía, una interpretación de esa experiencia compartida. Como concluye P. Rabinow:

“Tanto el antropólogo como sus informantes viven en un mundo culturalmente mediado, atrapados en las tramas de significación que ellos mismos han tejido. Es éste el fundamento de la antropología; no hay posición de privilegio, ni perspectiva absoluta, ni forma válida con la que eliminar la conciencia de nuestras actividades o las de los demás” (P. Rabinow, 1992: 134).

Por otra parte, tenía claro que el proyecto de la federación se hubiera desarrollado igualmente sin mí. Mis aportaciones eran prescindibles, y la voluntad “práctica y emancipadora”

de Xavier y Sergi existía independientemente de mis contribuciones. En cambio, este nuevo rol me permitió conocer y colaborar estrechamente con skaters de otros barrios y municipios implicados en el proyecto. De este modo, participé activamente en reuniones, en la elaboración de documentos y la organización de circuitos de campeonatos. La observación participante se presentaba como una técnica flexible y adaptable a diversidad de circunstancias. Tal y como J.J. Pujadas explica:

“L’observació participant cerca la comprensió per part de l’investigador de tot el conjunt d’elements culturals que constitueixen la racionalitat amb què els actors socials actuen, el sentit que donen a les seves accions, les seves fites i els seus anhels personals i de grup. Arribar a aquest nivell de comprensió requereix empatia i proximitat, la qual cosa pressuposa participar de les situacions socials, implicar-se, conviure” (J.J. Pujadas, 2004: 76)

Los etnógrafos para conseguir sus objetivos se instalan a vivir entre las comunidades que estudian y establecen estrechos lazos de amistad con sus informantes. Aunque en mi caso no fue necesario instalarse a vivir entre la comunidad, en tanto que no existe un territorio

donde vivan skaters recluidos, me hice amigo de muchos skaters gracias a mi participación dentro del colectivo.

Sin embargo, no advertí algunas dificultades que me planteó la participación para la observación global del campo social. Y es que cuanta más gente iba conociendo más partido iba tomando sin darme cuenta. Dentro de cualquier campo sociales importante saber con quién estás, a qué grupo perteneces, porque así es como te defines y como te definen los otros. Andar con los skaters de Badalona me posicionó en las luchas simbólicas del campo. Formaba parte del grupo de skaters que querían formar la Federación Catalana de

Skateboarding. En el subcapítulo 4.1.1. describo las relaciones, situaciones y consecuencias que se fueron creando. Teniendo en cuenta las consecuencias que se puedan derivar al tomar partido en un campo social, considero que es trabajo del etnógrafo arreglárselas, más tarde, para que eso no comporte un sesgo en los análisis y resultados de la etnografía. A menudo, la empatía con los informantes nos conduce a una visión romántica y etnocéntrica de los fenómenos que estudiamos. En mi caso, considero que la combinación con la observación distante y las fuentes de documentación fue muy útil para no caer en ese sesgo etnocéntrico.

Mi implicación en el campo me llevó, incluso, en determinados momentos, como explico en el subcapítulo 4.3., a perder de vista mis objetivos etnográficos. La observación participante resultó ser, en mi caso, un dificil equilibrio entre la observación y la participación. Cuanto más participaba más dejaba de observar, cuanto más observaba menos participaba. Ahora, llego a la conclusión que la observación participante consiste precisamente en ese equilibrio, esa tensión entre la observación y la participación. En palabra de J.J. Pujadas:

“El treball de camp, en general, i l’observació participant en particular, esdevenen un joc d’empatia i estranyament, de proximitat i distanciament. Cal acostar-se a la realitat social que es vol etnografiar, submergir-se en els símbols, en els valors i en els significats de les actituds, les accions socials i el discurs dels informants” (J.J. Pujades, 2004: 76).

El diario de campo ha sido una herramienta indispensable, tanto de la observación distante como de la participante, que hay que valorar. En él han quedado registrados los acontecimientos, experiencias, entrevistas, reflexiones e impresiones que compartí o no con mis amigos skaters entre el 2005 y el 2010.