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OBSERVACIONES Y FUENTES

In document Bal-Mieke-Teoria-de-La-Narrativa.pdf (página 35-37)

En este capítulo indiqué que los objetos y los procesos eran los elementos más importantes de la fábula. Primero se comentaron los acontecimientos, luego los actores. Estas dos categorías se consideran los elementos más relevantes. En ambos casos comenté primero los criterios de selección sobre cuya base se puede restringir con

fundamentos explícitos una gran cantidad de la materia en discusión. Subsiguientemente tomé en consideración la relación entre los

elementos restantes. Los acontecimientos se consideran siempre en relación con los actores que en ellos participaban, y los actores en relación con los acontecimientos que inician o sufren. Con respecto a los acontecimientos presté una especial atención a los diferentes criterios de selección, mientras que al discutir a los actores nos encontrábamos ocupados primordialmente en su clasificación. Esta distinción se relaciona con la otra en la cual se comentaban sujetos; no es necesario comentar de nuevo los diversos criterios de selección cuando ya se ha hecho en el apartado anterior, aunque fuera respecto a un sujeto distinto.

Finalmente, tiempo y espacio han recibido tan sólo una breve

consideración. Los comentaré mucho más ampliamente en el próximo capítulo, ya que estos elementos son interesantes sobre todo a causa de la forma en que se ordenan en la historia.

Los diferentes apartados de este capítulo muestran un claro pa- recido. En cada caso he intentado describir los elementos en sus re- laciones recíprocas, y no como entidades aisladas. Se puede llamar a esto aproximación estructuralista: su axioma es que las relaciones fijas entre clases de fenómenos son las que forman la base del sistema narrativo de la fábula. Elegí esta aproximación porque ofrece, entre otras ventajas, la de la coherencia. Los diferentes elementos se pueden ver así inmersos en el marco de una aproximación teórica. Puesto que toda elección tiene ventajas e inconvenientes cabe realizar objeciones a esta aproximación. La más repetida es que conlleva una restricción. Ello es inevitable: toda elección supone una limitación. Que esta aproximación sea demasiado rígida en su limitación y que excluya otras aproximaciones posibles es, sin embargo, incierto.

Una consecuencia de la aproximación elegida en este libro es que se haya prestado una gran atención a la clasificación. Cuando se tratan determinadas relaciones entre clases de fenómenos, se de-ben hacer explícitos los principios de ordenación que forman la base de estas clases. La clasificación, sin embargo, no es para el estudioso de la literatura un fin en sí misma. Su utilidad es instrumental; la

clasificación será una ayuda en la descripción del texto sólo cuando sirva para lograr una mayor penetración en los fenómenos que

constituyen las clases. Por lo tanto, el significado se puede derivar del hecho de que un fenómeno pertenezca a cierta clase. Las

características específicas de un objeto se pueden describir en la clase a la que pertenecen -o, frente a lo esperado- en aquella a la que no pertenecen.

Entre otras cosas, es para hacer hincapié en ese aspecto de la aproximación por lo que he seleccionado, en mis ejemplos, aspectos tipológicos con la misma frecuencia que textos específicos. La

clasificación puede llevar a la creación de tipologías, incluso aunque la gran cantidad de investigación inductiva necesaria para elaborar y poner a prueba una tipología haya constituido hasta ahora un

obstáculo de los resultados concretos. Las tipologías, sin embargo, se manejan a menudo de forma implícita: al decir que el texto muestra «una visión tan original de la sociedad», se acepta implícitamente que una cierta visión de la sociedad constituye el fundamento de la clase

de textos a la que pertenece éste en concreto.

Los que estudian literatura comparada necesitan tipologías para estructurar su interpretación de los movimientos literarios. Del mismo modo, la persona que analiza un solo texto se puede ver ayudada por criterios formales para contratarlo con un grupo de textos a los que parece pertenecer por completo o en parte.

Fuentes

Los criterios de selección de acontecimientos provienen de Barthes (1966) y Hendricks (1973).

Chatman (1969) ha llevado a cabo una aplicación crítica de las

propuestas de Barthes. Las relaciones entre los acontecimientos se han comentado según las propuestas de Bremond (1972). Este distingue una tercera posibilidad de combinación de series elementales; la yuxtaposición. No he incluido esta posibilidad porque no me parece del mismo orden que la sucesión y la intercalación. La

«yuxtaposición» no da como resultado una serie completa de acon- tecimientos, sino diversas visiones de un único acontecimiento. Esta cuestión se trata en el capitulo II. El modelo actancial, del modo en que se presenta aquí, procede de Greimas (1966). Disiento de su propuesta posterior (por ejemplo, 1976), de sustituir opossant y adjuvant por los conceptos de antiactante y coactante - distinción entre sujetos autónomos cuyas pretensiones entran en contradicción con las del primer sujeto (antisujeto), con lo cual el oponente

accidental se perdería. Prefiero considerar la duplicación del actante principal como posibilidad, además de mantener el modelo con seis partes. Una alternativa al modelo de Greimas es el de siete partes, menos sistemático pero más sugerente, de Souriau (1956). De los modelos estructurales elaborados, sólo me he referido a los más conocidos y útiles. Todos encuentran, en mayor o menor grado, su inspiración en Propp, cuya obra sólo comenzó a ser ampliamente conocida en los años 60. Los principios de la obra de Todorov, Van Dijk, algunos estudios de Dolezel (por ejemplo, 1973), y Prince

(1973) corresponden también a este desarrollo. Las observaciones de Lotman sobre el lugar están publicadas en Lotman (1973).

II

Historia: Aspectos

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