• No se han encontrado resultados

CAPITULO II.- ¿OCIO O TURISMO?

II.6 OCIO Y POLÍTICAS PÚBLICAS

Sería excesivo para este trabajo establecer cómo se construyen las múltiples mediacio- nes que al Estado le competen en su tarea de estructurar las Políticas Públicas que habrán de dar forma a la Invariancia, la norma emanada del estado que transmite la información necesaria para reconstituir el complejo entero y establecer una “relación viable”. Una Invariancia que es cambiante en sus formas a lo largo del tiempo pero no en su contenido y para la cual el papel de la cultura, en sus múltiples aspectos, adquiere una importancia extrema, habida cuenta de los conflictos y enfrentamientos ideológicos que las contradicciones y externalidades no asumidas obliga a aceptar.

Tampoco se habrá de avanzar en el terreno de los crecientes enfrentamientos entre esas políticas públicas y la opinión popular, clara señal sin duda del abismo que se agranda en- tre el poder del Estado y aquello que se entiende por democracia, abismo que ha dado lugar a nuevas formas de poder donde la democracia “representativa”, bicameral, en su intento de lograr formas de control más participativas y eficientes, ha comenzado a construir nuevas alianzas denominadas como populismo y sus variantes. Tampoco se habrá de dar lugar a las diferencias que aparecen entre los distintos sectores sociales como consecuencia de la aplicación de dichas políticas. Sin embargo parece claro que en las actuales condiciones socio-económicas, el esta- blecimiento de estrategias que configuren un apoyo condicionado a esta actividad que hemos llamado Turística dan forma a mecanismos que parecerían permitir un libre juego entre ocio y cultura.

¿Y eso porqué?

Bien, se podría afirmar, simplificando mucho: porque la sociedad se ha ganado el dere- cho al ocio, el derecho a aquel “dolce fare niente” siempre mencionado por el recordado viejo maestro de este autor, Bruno Borgato, como adquisición necesaria de la sociedad, el derecho a “la fiaca”, el derecho a no hacer nada más que pensar, viajar, e imaginar nuevas acciones —

121 como afirmaba el viejo maestro— para reinventar el ambiente y de ese modo ayudar a enrique- cer los modos de vida, la mentalidad, la sensibilidad, la creatividad adormecida del Sujeto Escin- dido. La sociedad se ha ganado el derecho al tiempo libre. Se ha ganado el derecho a la trans- formación del trabajo alienado en trabajo social. Ya había sido predicho por John Maynard Key- nes (1930) quien pronosticó que hacia 2030 los progresos tecnológicos permitirían vivir a la hu- manidad con desahogo, sin apenas necesidad de trabajar y que esto significaría alcanzar “la felicidad”(142). Keynes sostenía que gracias al aumento automático del interés compuesto por una parte y al incremento de la innovación tecnológica que sustituiría la prestación del trabajo hu- mano por la otra, en aproximadamente un siglo se acumularía “bastante” riqueza y la humanidad se encontrará con la necesidad de trabajar no más de 15 horas semanales. Entonces la humani- dad se ha ganado ese derecho porque las nuevas condiciones de las fuerzas productivas así lo hacen parecer, como es posible ver en el cuadro 3. Allí se observa, siguiendo a Antunes (1999) “[…] la retracción de los trabajadores en la industria manufacturera, así como también en la mi- nería y entre los trabajadores agrícolas, y por otro lado, el crecimiento explosivo del sector de servicios”(143) así como el del comercio, finanzas, seguros, bienes inmuebles, etc.

CUADRO 3 DISTRIBUCIÓN DE ACTIVIDADES ECONÓMICAS EN EE.UU. 1988

La distribución actual de las actividades económicas en el mundo es: agricultura 5.8%, industria, 30.8%, servicios 63.4%. La economía de los Estados Unidos es la más grande del mundo después de la economía europea, con un PIB nominal estimado en U$S 15.8 billones en 2012 que representan aproximadamente un cuarto del PIB nominal global, riqueza total esta que permitiría erradicar la pobreza de quienes viven con menos de dos dólares diarios (aproximada- mente la mitad de la población mundial) porque estos ingresos mundiales promedio equivalen a unos 23 dólares por día y por persona suponiendo una sociedad de iguales. Las actividades

122 primarias de este país no tienen una gran participación económica agregada. En cambio la in- dustria americana es la más grande del mundo, compone alrededor del 15.2% del total de la industria global. Las actividades terciarias del país son las más importantes en su economía, emplean cerca del 68% de la población activa (153.9 millones). La distribución actual de sus actividades económicas es: Actividades primarias: 1.2% del PIB; Actividades secundarias: 19.2% del PIB; Actividades terciarias: 79.6% del PIB y 68% de la población activa.

La economía europea, es decir la comunidad económica europea o Unión Europea (UE), conformada por 27 países miembros es la mayor economía del mundo. Con una población de más de 500 millones de habitantes (aproximadamente el 7% de la población mundial) su PBI supera los 17.500 billones (2011). Las actividades primarias de este país ocupan cerca del 5.2% de la población activa y el 1.8% del PBI. Las actividades secundarias ocupan el 25.2% de la fuerza de trabajo y el 25.1% del PBI. Las actividades terciarias son el sector más grande de la economía europea ocupando el 69.5% de la fuerza de trabajo y el 73.1% del PBI siendo sus principales actividades los servicios financieros, el turismo (más de 500 millones de turistas anuales), el transporte, el comercio y las telecomunicaciones.

Los BRIC (sin Sud-Africa) generan el 12% del PBI mundial, contribuyen con el 30% a la dinámica de crecimiento de la economía global y contribuyen con una participación en el comer- cio de servicios del 8.3%. Estos cuatro países son asiento del 40% de la población mundial, re- presentan el 25% de la superficie territorial del planeta y sus recursos y custodian más del 25% de las reservas mundiales de los activos financieros(144). (Peña Castellanos 2010)

Fuentes: http://www.actividadeseconomicas.org

Bureau of Economic Analysis World Economic Forum

http://www.gfmag.com/gdp-data-country-reports/631-the-european-union-gdp-economic- report.html#axzz29ygVBjZC http://data.worldbank.org/region/EUU https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/geos/ee.html

En la Argentina la distribución de sus actividades económicas es la siguiente:

Actividades primarias: 8.5% del PIB; Actividades secundarias: 31.6% del PIB; Actividades tercia- rias: 59.8% del PIB.

Fuentes: http://www.actividadeseconomicas.org

123 Como se puede apreciar la retracción del sector del trabajo productivo en beneficio del sector terciario se mantiene con toda efectividad. A escala mundial el sector servicios representa casi las dos terceras partes del PBI. A escala local (Argentina) el sector servicios conforma una vez y media el total absoluto de las otras actividades. En 2011 Argentina ocupa el lugar 43 del ranking elaborado por la OMT, según CAT (2011). Es necesario tener en cuenta que Argentina era considerada un país fuertemente turístico ocupando el 12° lugar en el mundo hasta aproxi- madamente la caída de Perón en 1955, luego se produce una caída continuada hasta la década de 1990 donde aparece ocupando el 44° lugar. Hacia el 2010 la participación en el mundo es del 0.6% en arribos y del 0.5% en ingresos económicos. Estos datos, sin embargo, no tienen en cuenta el turismo interno, sobre todo durante la década 1945-1955. Es un tipo de turismo que ha tenido un crecimiento bastante importante en la década 2003-2013, según datos del Ministerio de Turismo, con un incremento del 56% en la década pero es necesario considerar que todos estos datos son crematísticos, cuantitativos según la corriente de pensamiento económico en boga.

Entonces no es tan fácilacceder al derecho al ocio, al tiempo libre. Sin embargo el ocio ya no es más considerado sospechoso y aún “pecaminoso”.Ya no se le asocia con las ideas de vagancia, degradación social, envilecimiento y un seguro camino a la delincuencia. Ahora ha pasado a ser una actividad económica pero debe tener, tiene que tener, un soporte cultural para que pueda ser aceptado, integrado en el contexto ambiental, en la “mentalidad” de una sociedad donde el desarrollo de las fuerzas productivas, gracias a las nuevas tecnologías, ha permitido una disminución de las horas de trabajo necesarias sin afectar la capacidad productiva de la fuerza de trabajo que ha sido de este modo derivada, en parte, hacia el sector servicios, como se está señalando en este trabajo.

Aparece así, siguiendo a Salazar (2009) un “problema público”, es decir una situación que afectaría negativamente de algún modo, al resto de la población perjudicando su bienestar. Como problema público es necesario recurrir al Estado para su resolución por cuanto su condi- ción justamente de problema público lo transforma en una “construcción social” y como tal debe tener el reconocimiento de la Sociedad como conjunto humano. ¿Cómo se hace cargo el Estado de un problema público? Es necesario tener en cuenta que el mismo está representado, como bien dice Salazar, por “fuerzas” que son las que le dan sus características particulares y marcan su entorno(145):

 Económico-sociales.  Político-legales.

124  Culturales.

 Tecnológicas.

 Ecológicas o naturales.  Demográficas.

Estas fuerzas y sus interrelaciones conforman los distintos aspectos del conjunto que en este trabajo se denomina Ambiente y que es un Sistema que está Normalizado, como se ha visto, según una determinada Amplitud de Tolerancia donde los Impactos se presentan como Conflictos es decir como una Lucha por DDHH en un coup de force entre los Discursos y las Prácticas.

Salazar expresa con claridad el origen de este coup de force: “[…] si bien es cierto que es el Estado el que tiene la gran responsabilidad de liderar el proceso para ofrecer respuestas a los problemas públicos, mediante la convocatoria a otros actores sociales (la iniciativa privada y la misma ciudadanía), a través de la políticas públicas (formulándolas y ejecutándolas), se erige como garante del poder político, representante del bien común y agente del servicio a la socie- dad”

Entonces los problemas públicos, mediante las convocatorias indicadas, se transforman en actividades que llevan la impronta de “económicas” para poder actuar con ellas dentro del seno de una sociedad organizada. Como toda actividad económica dentro del sistema del Capi- tal, la materia prima que compone el problema público denominado “turístico” cuyo soporte es el ocio, tiene que ser transformada para crear valor de tal forma que los objetivos conducentes a tal transformación deben establecer la rentabilidad del atractivo turístico donde el ocio pueda llevarse a cabo. Entonces el contexto o ambiente, que es el que le da sus características particu- lares y determina su “atracción”, es decir que conforma un subsistema o “conjunto organizado que tiene propiedades como totalidad”, debe ser transformado por tales exigencias económicas. Esta transformación introduce necesariamente un cambio en dicho subsistema modificando su condición de totalidad.

Estos cambios se planifican a partir de suposiciones e hipótesis que priorizan supuestas y/o reales necesidades o motivaciones, como enseguida se verá, las cuales forman parte de otros sistemas que tienen que ver con la subjetividad del sujeto relacionadas con la imagen del destino, que habrán de formar parte de la mentalidad del viajero. Por tanto las necesidades de los usuarios así como el enclave ecológico deben ser asumidos por la lógica del capital para que el destino turístico pueda ser utilizado, pueda ser consumido. En otras palabras debe ser puesto en valor.

125 Entonces, siguiendo a Villar (2011)(146) el Estado tiene varias funciones con respecto al turismo. En primer lugar el Estado planifica y en este caso ello significa planificación urbana y territorial es decir definir las áreas protegidas, la planta turística y la incorporación del turismo en la estrategia general. En segundo lugar, el Estado regula y en lo que respecta al turismo significa aspectos sanitarios, aduaneros, de inspecciones y controles de tipo fiscal y laboral así como del medio o ambiente en general y del patrimonio histórico. En otras palabras, el Estado es el res- ponsable de las políticas públicas porque tiene la capacidad de imponer legalmente sus decisio- nes pero no necesariamente, sobre todo en las actuales condiciones socio históricas, la de im- plementar las acciones que generalmente se llevan a cabo sinérgicamente dando lugar a una gestión asociada. Sobre todo en aquella referida a la actividad turística.

Sin embargo, siempre siguiendo a Villar, existen Políticas Públicas con objetivos genera- les que afectan circunstancialmente a dicha actividad como por ejemplo: las políticas económi- cas; las políticas del transporte, de infraestructura, y de comunicaciones; las políticas migrato- rias; las políticas sanitarias; las políticas laborales; las políticas ambientales (sólo referidas al soporte natural o recursos naturales); las políticas culturales y otras. Políticas todas estas que conforman las “fuerzas” que Salazar menciona y que se agrupan, entre otras, en el campo que en este trabajo se ha denominado Sistema Ambiental Humano y sus impactos.

En esta actividad, como en cualquier otra actividad comandada por la lógica del capital se aplica la teoría del valor, una teoría que violenta las relaciones entre los hombres así como las relaciones de estos con la naturaleza, porque separa, divide la función del trabajo, como trans- formador de los bienes naturales, en trabajo privado, que se vuelve social, al decir de Harvey (2009) “[…] a través de un sistema de mercado basado en el egoísmo y la avaricia universales, mientras que el beneficio implica necesariamente la apropiación del producto del trabajo de otro” o en trabajo abstracto y trabajo concreto, al decir de Antunes (1999)(147), o en una restricción y resignificación de la naturaleza, como enseguida se verá.

Esta transformación queda a cargo de los servicios que habrán de posibilitar su consu- mo: alojamiento, gastronomía, recorridos, comercios, urbanizaciones, etc. pero a diferencia de las otras actividades transformativas, el producto final no necesita ser transportado al lugar de consumo para realizar su valor. Esta relación entre creación de valor y realización de valor, típica de los procesos que han dado en llamarse desarrollo, crecimiento y acumulación del capital, en el caso de la actividad turística adquiere una característica que le es propia: el usuario es el que es dirigido hacia el producto final y no al revés, como es usual en los procesos de creación y circulación de mercancías dentro del sistema capitalista. No es necesario trasladar y reponer el producto final en el estante de un supermercado. Sólo se debe sostener su mantenimiento, pre-

126 servar el lugar o espacio modificado, para contribuir a su sostenibilidad, que siempre es econó- mica.

Entonces, no es tan fácil acceder al ocio, porque el ocio también habrá de ser normali- zado, introducido en la retícula institucional y de este modo habrá de formar parte de aquél coup de force de los discursos y las prácticas. El mundo del ocio es en realidad un mundo de nego- cios, un mundo donde un sector podrá gozar del ocio mientras otro sector sólo podrá sufrirlo. Porque la lógica del capital sigue imponiendo su condición primera: vender un producto (destino turístico) para obtener un lucro.

De tal modo que habrá siempre un componente económico que afectará por un lado al Estado en el conjunto de sus políticas monetarias o tributarias tanto como a sus políticas públi- cas en general y también al empresariado local en el sentido de garantizar la obtención de bene- ficios y negociar la competitividad y posicionamiento frente a la demanda.

A partir de los procesos de globalización que se van instalando desde mediados del siglo XX en América Latina en general y en la Argentina desde aproximadamente la década de los ´70, se va incorporando el concepto de Asociación Público Privada (APP). Estos procesos pue- den derivar en implementaciones con impactos fiscales negativos porque los montos de inver- sión y costos pueden ser mayores que los montos realizados directamente como inversión públi- ca (Tosoni 2014). Es en tal sentido que se afirma la sinergia necesariedad ↔ contradicción, entre elaboración y ejecución de políticas públicas(148).

Esta sinergia —que es la expresión socio-política de la relación contradictoria entre creación de valor y realización de valor— debe llevarse a cabo según el concepto de APP me- diante la ejecución de contratos, es decir acuerdos mutuos manifestados en común entre el Es- tado y las Empresas con el fin de concretar “tanto política pública como inversiones de largo plazo —dos acciones basadas fundamentalmente en expectativas sobre el futuro—” (Spiller y Tommasi 2011). Siguiendo a estos autores un contrato no es más que una “transacción econó- mica” pero el “bienestar de una sociedad está relacionado con la cantidad y el valor de las transacciones que en esa sociedad se realizan” por lo tanto “los costos de transacción son un determinante clave del bienestar”. Si estos costos son muy altos los agentes económicos (ob- viamente el Estado y las empresas) han de reducir el nivel transaccional con la consiguiente reducción del nivel de bienestar.

Ahora bien ¿Cómo establecer cuándo un costo de transacción es alto y cuándo no lo es? Este es un interrogante que no resulta nada fácil de responder por cuanto depende en parte de todo el conjunto de interrelaciones preexistente en la sociedad, su sistema de creencias transcul- turalizado y actualizado, por así decir, al momento histórico que la sociedad y su régimen de

127 gobierno está transitando y por otra parte, como bien dicen Spiller y Tommasi, al hecho de que en todo contrato se presentan dos factores determinantes: una información asimétrica —es decir cuando uno de los agentes sabe algo que el otro ignora— y una imposibilidad de describir en detalle todos los futuros posibles, es decir todos los estados posibles de la naturaleza (y cabría agregar del Ambiente) y con ello establecer los “derechos residuales de decisión”. Justamente son estas condicionantes las que configuran parte de un panorama que imposibilita “medir la sustentabilidad” en toda su “totalidad”, en toda su complejidad, con todas sus interrelaciones, con todos sus intercambios, con toda su diversidad, con todos sus recursos energéticos y sus resi- liencias… como se ha venido sosteniendo en este trabajo.

Y es por eso también que estos autores establecen tres atributos de las transacciones que típicamente afectan sus costos:

 Irreversibilidad de las inversiones. Una vez efectuada la inversión la otra parte puede incurrir en un “comportamiento oportunista” intentando renegociar los términos del intercambio. Esta irreversibilidad está siempre ligada a posibilida- des de oportunismo.

 Medición. Si el esfuerzo de realización y la calidad del producto no son fácil- mente mensurables el producto final puede no cumplir las especificaciones re- queridas, algo que sólo se podrá comprobar con el paso del tiempo.

 Temporalidad. Siempre habrá de existir cierta temporalidad entre el encargo del trabajo y la entrega del mismo. Esta separación puede dar lugar a problemas de oportunismo.

Estos tres atributos están claramente ligados al sistema de creencias de la sociedad to- da, a su Governanza según el término utilizado por Spiller y Tommasi.

En la Argentina, siguiendo a estos autores, los “insumos” históricos del sistema de gene- ración de las políticas públicas así como sus “productos” están atravesados por una inestabilidad institucional cuya caracterización estaría en dependencia de un cierto esquema relacional entre los distintos poderes, sus funcionamientos y efectos, que ha tenido consecuencias importantes en la interacción entre los agentes institucionales, ocasionando inseguridad jurídica y políticas