• No se han encontrado resultados

de octubre de 1970, el periódico «Neue Zürcher Zeitung» publicaba la información siguiente:

In document [Erich Von Daniken]Profeta Del Pasado (página 35-42)

Hará ahora unos 3.000 años, Menelik I, hijo de la reina Makeda de Saba y del rey Salomón el Sabio, según se afirma trasladó de Jerusalén a Axum el Arca sagrada del Testimonio, donde se hallaría hoy aún, bajo la custodia de los sacerdotes de la catedral

de Santa María. A la posesión de tal reliquia debe Axum su

condición preeminente como centro religioso del cristianismo copto.19

¿Es posible que el Arca con la misteriosa máquina del maná se encuentre todavía en Axum? Situada a unos ciento ochenta kilómetros de distancia en línea recta al sur de Asmara, la ciudad de Axum se ha convertido en un centro turístico. Los viajeros pueden ver templos y tumbas, así como un depósito de agua, al que llaman «el baño de la reina de Saba». Se admiran unas estelas gigantescas, la mayor de las cuales medía sus buenos 33,5 m de altura antes de su caída. Dicen que debajo de esas estelas hay sepulcros, pero nadie lo sabe con certeza.

¿El Arca de la Alianza en Roma?

¿Estará todavía el Arca de la Alianza en Axum? ¡Quién va a saberlo! Después de la segunda guerra italo-etíope de 1935-1936, Etiopía, alias Eritrea, estuvo sometida al gobierno de Roma. ¿Es de creer que el régimen desaprovechase la oportunidad de llevarse a Roma, en calidad de trofeo secreto, el Arca de la Alianza? Otra especulación, admitámoslo, algo audaz: que el Arca de la Alianza se conserve actualmente en el Vaticano, gracias a un favor político del gobierno fascista. Pero la realidad es que no se sabe, y si fuese cierta nuestra sospecha, no se llegará a saber nunca. La idea es demasiado peligrosa.

Nuevo examen de situación

¿Es el robo del Arca por los etíopes la explicación de que durante siglos la bibliografía no vuelva a mencionar ni con una sola palabra el artefacto? ¿Quizá la clase sacerdotal se vio atada por el compromiso contraído con Salomón, de no revelar a nadie el engaño de su hijo Menelik?

No deja de ser curiosa la idea de que, cuatrocientos años después de estos hechos, el profeta Jeremías escondiese un Arca falsa. Sin embargo, es bastante

posible. Sabemos que el príncipe hizo revestir su maqueta con los símbolos

auténticos encontrados en la cámara, incluyendo las Tablas de la Ley para más

realismo. Jeremías no disponía de ningún indicio o dato sobre la falsificación, pues vivió hacia el año 600 a.d.C, es decir casi tres siglos después de la muerte de Salomón, acaecida el 933 a.d.C. Por consiguiente, el profeta actuó de buena fe cuando quiso sustraer el Arca falsificada al saqueo de la ciudad por los caldeos. Cierto que esta especulación contradice mi supuesto anterior de que Jeremías hubiera sido advertido de la proximidad de los babilonios con motivo del Arca.

Aunque también es posible que los extraterrestres desconociesen el secuestro del Arca por los etíopes, pues en el período que va desde la época de Moisés hasta la de Jeremías no encontramos indicios de la presencia de los extraterrestres. Por tanto, cabe la posibilidad de que desconociesen los acontecimientos ocurridos durante dicho período.

¿En el área de Jerusalén? ¿En Axum?

Nos quedan, pues, dos posibilidades:

• Jeremías salvó el Arca auténtica ante el avance de los babilonios. En cuyo caso, debería estar aún escondida en alguna gruta o caverna de las cercanías de Jerusalén.

• El Arca auténtica fue llevada por Baina-lehkem a Etiopía y estaría oculta en algún lugar del país, tal vez en la ciudad sagrada de Axum.

Nos quedaría aún la cuestión secundaria de lo que ocurrió con el vehículo volante:

El rey y todos los que secundaban sus órdenes volaron con el carro sin sentir enfermedad ni dolencia, ni hambre ni sed, ni sudor ni fatiga, recorriendo en un día la distancia de noventa jornadas.

Kebra Negest, cap. 94

El rey Menelik utilizó su «alfombra voladora» en sus campañas. Muy prudente, pues como sus contrarios no disponían de tal instrumento, tenía asegurada la superioridad.

Ya me parece estar oyendo murmurar: Si lo que dice es verdad, ¿por qué no nos enseña esa máquina volante? Después de los tres mil años transcurridos, no creo que pueda quedar mucho de un artefacto así. Estará oxidado y enterrado. Pudo también caer en alguna región de la que no tengamos tradiciones. Quizá se me permita recordar que, incluso en nuestros tiempos, se pierden aviones que no vuelven a ser encontrados. No; el regalo del rey no volverá a ser encontrado. Las probabilidades de hallar el Arca de la Alianza, en cambio, son mucho más considerables.

¿Por qué?

Por qué hay posibilidades de encontrar el Arca

La tradición nos dice que el Arca de la Alianza y el misterioso aparato que contenía «irradiaban energía»; por eso había peligro en acercarse. Debió tratarse de radiaciones de las que llaman «duras», pues las personas que se acercaban demasiado caían muertas, mientras que en otros casos, una simple aproximación bastaba para causar molestas dolencias. ¡Ciertamente, el reflejo de la luz del sol no produce tales efectos!

El generador de energía contenido en la máquina debió ser bastante pequeño. He dicho en otro lugar que podía tratarse de un mini-reactor como los que empiezan a utilizarse en la actualidad.

¿Qué clase de radiaciones pudieron ser a) tan intensas como se nos describe y b)

tan duraderas como supone la historia conocida del Arca? Se nos ocurre pensar en el plutonio. El plutonio tiene un período de semidesintegración de 24.360 años. Lo cual significa que transcurridos 24.360 años todavía queda la mitad del material radiactivo. ¡Ésa es exactamente la señal, el reloj cósmico que funciona a través de los milenios!

Mediante las posibilidades técnicas actuales cabe detectar tales radiaciones. Sería incluso bastante sencillo. Un helicóptero podría sobrevolar los posibles emplazamientos con una dotación de instrumentos detectores muy sensibles. ¡Si fuese plutonio, aún tendría actividad hoy!

El Arca seguiría presentando rastros de radiactividad aunque el material empleado para alimentar el mini-reactor hubiera sido otro diferente del plutonio. La posibilidad de hallarla sería, desde luego, más remota. Lo admito, pero ello no quita que la posibilidad existe, y ¡cuánto dinero no se gastará hoy alegremente en proyectos con perspectivas muy inferiores! ¿Por qué no invertir en la investigación de nuestro pasado? Con ello ganaríamos el futuro. Si la búsqueda del Arca de la Alianza (con la máquina del maná) tuviese éxito, habríamos establecido sin lugar a dudas lo siguiente:

• La existencia de formas de vida extraterrestres y superiores a nosotros; • Que los extraterrestres estuvieron aquí;

• Que manipularon a determinados grupos de los primeros habitantes de la Tierra, obedeciendo a fines definidos;

• Que el más antiguo sistema de reglas de convivencia entre los seres inteligentes es de origen extraterrestre;

• Que la humanidad recibió de los extraterrestres los rudimentos de la técnica, de la metalurgia: del saber, en una palabra.

No ignoro que una operación de búsqueda en Israel, Jordania y/o Etiopía es susceptible de tropezar con toda clase de resistencias políticas y religiosas. No será necesario que nadie me diga a mí cuánto escepticismo se moviliza en

cualquier controversia cuando alguien lanza una idea aparentemente utópica. Pero tampoco es justo que se me exija siempre a mí la demostración tangible de

la presencia extraterrestre, cuando nadie parece dispuesto a emprender el más mínimo esfuerzo para la localización de pruebas suficientemente indicadas por la existencia de pistas documentales.

Es seguro que el Arca de la Alianza existe todavía.

La novela policíaca del Arca podría llegar a un final feliz, con sólo que alguien se lo propusiera.

Comunicado

En 1753, el portugués Joao da Silva Guimaraes escribió su Relación histórica sobre una inmensa ciudad olvidada y deshabitada, que se descubrió en el año 1753.

Este documento se halla actualmente en el Archivo oficial de Rio de Janeiro. Guimaraes dice que estuvo con dieciocho compañeros, buscadores de oro y diamantes como él, al norte de la población de Boa Nova y a orillas del río Gonfugy. Después de recorrer selvas y pantanos durante meses, los expedicionarios perdieron por completo el sentido de la orientación. De pronto se hallaron en la cumbre de una colina, y lo que vieron es relatado así por el narrador:

Vimos a nuestros pies los edificios de una ciudad rodeada por la selva. Entramos en ella a través de un arco inmenso, sobre cuyo dintel estaba grabada una inscripción. Recorrimos anchas calles llenas de columnas derribadas. En una plaza rectangular vimos una columna negra, y sobre ella la estatua de un hombre con la mano izquierda apoyada en la cadera y el brazo derecho extendido, apuntando hacia el norte. También entramos en un atrio donde se veían muchos relieves de piedra en avanzado grado de destrucción. Había obeliscos con inscripciones que no pudimos descifrar. En una gran nave en ruinas vimos un gran disco esculpido en piedra rosada...

En 1925, el comandante británico Percy Harrison Fawcett, miembro de la Real Sociedad Geográfica de Londres, organizó una expedición para buscar esa misteriosa ciudad. Ni Fawcett ni sus acompañantes regresaron jamás.

En 1928 fue enviada una expedición de socorro, que no tuvo éxito alguno.

En 1930 emprendió el camino otra expedición, dirigida por el periodista británico Albert de Winton. Tampoco Winton regresó.

En 1932, el cazador de pieles suizo Stefan Rattin prestó declaración ante el cónsul general británico de Rio de Janeiro, afirmando haber visto al comandante Fawcett prisionero de una tribu india. Del protocolo de su declaración:

Hacia el anochecer del día 16 de octubre de 1931 estaba con mis dos compañeros lavando ropa a orillas de un afluente del río Iguazú Ximary, cuando nos vimos súbitamente rodeados por los indios... Había anochecido ya cuando se presentó inopinadamente un anciano que se cubría con pieles y tenía el cabello largo y barba muy crecida, de pelo blanco amarillento. En seguida comprendí que se trataba de un europeo... Parecía muy triste y no apartaba la mirada de nosotros... Mientras los indios

dormían, el viejo se acercó hasta donde yo estaba y me preguntó si yo era inglés... Agregó: "Soy un oficial inglés. Vaya al consulado británico y exija que se informe al comandante Paget de que vivo aquí prisionero".

Bryan Fawcett, el hijo del desaparecido, no quiso prestar crédito al relato del suizo Rattin, pues no creía que su padre pudiera estar vivo aún. Furioso al ver que nadie le hacía caso, el suizo decidió devolver por su cuenta a la civilización al anciano prisionero. Stefan Rattin no volvió a ser visto.

En 1952 Bryan Fawcett organizó al fin una expedición para buscar a su padre, que a estas alturas llevaba ya veintisiete años desaparecido. El resultado de sus investigaciones: que el comandante Percy Harrison Fawcett y sus acompañantes murieron a manos de los indios.

¿Y qué hay de la ciudad mencionada y descrita en el documento portugués de 1753? Nadie ha vuelto a verla jamás. Oficialmente no se ha hecho nada por buscarla.

En nuestros días se puede contar desde un satélite cuántas personas asisten a un desfile en la Plaza Roja de Moscú. Desde cientos de kilómetros de altura se puede saber si Leónidas Breznev tiene encendida o no la calefacción de su

dacha. Mediante sensores especiales, se descubren desde lo alto los minerales y

el petróleo que contiene el subsuelo.

Se pueden hacer muchas cosas, pero a nadie le interesa buscar ciudades desaparecidas en la selva. Cualquiera de ellas, por ejemplo la que localizó Guimaraes y buscó el comandante Fawcett, podría darnos una pista. ¿Cómo es que no ha interesado a ningún Gobierno ni centro de investigación el misterio de la ciudad perdida? Incluso para la NASA podría ser una misión interesante. El comandante Fawcett decía:

Que consigamos llegar y volver a salir sanos y salvos, o que dejemos los huesos en el empeño, poco importa: la respuesta al misterio de la Sudamérica antigua —y quizás al enigma del mundo prehistórico en general— puede hallarse si localizamos la

situación de esas ciudades perdidas y las ponemos al alcance de la investigación científica. Lo que no me ofrece ninguna duda es la existencia misma de esas ciudades.

Fuente: BRYAN FAWCETT, Geheimnisse im brasilianischen Urwald, Zürich-Stuttgart, 1953,

In document [Erich Von Daniken]Profeta Del Pasado (página 35-42)