CAPÍTULO III. RESULTADOS Y DISCUSIÓN
3.2. Discusión
3.2.3. Las operaciones mentales como procesos para el desarrollo de destrezas
Las operaciones mentales se van interiorizando poco a poco, modificando el proceso del conocimiento para construir y agrupar de una forma coherente la interacción existente entre el pensamiento y las acciones.
Retomando la definición dada por Rondón, B. (2010), las operaciones mentales son “un
conjunto de actividades propias de la mente y resulta de un proceso de activación que se origina al ponerse en funcionamiento la percepción” (p.22). Estas operaciones mentales permiten que la mente del individuo identifique, diferencie, represente, compare, clasifique, entre otras series lógicas, una o varias situaciones o conceptos.
En la otra orilla están las destrezas que, a criterio de Sanz de Acedo (2010) “se entienden
como una habilidad eminentemente práctica y automatizada, un esquema de acción” (p. 12).
Las destrezas radican en las habilidades mecánicas y funcionales que son necesarias para efectuar una actividad con total propiedad, las mismas que contribuyen a la práctica eficaz de ciertas capacidades.
Por consiguiente, las operaciones mentales cristalizan las conexiones neuronales dado el ejercicio repetitivo de las actividades de aprendizaje hasta llegar a desarrollar las destrezas, y en el mejor de los casos automatizarlas, y crear hábitos de trabajo intelectual. Todas las destrezas se adquieren a través de la práctica continuada y reflexiva, mejorada por medio de una autocrítica continua y del cumplimiento de ciertos procesos mentales.
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En la planificación docente, sujeta a análisis, se ratifica que las operaciones mentales trabajadas en cada plan de clase facultaron activar la capacidad del alumno para poner en marcha sus habilidades y desarrollar las destrezas con criterio de desempeño respectivas.
Se procuraron cuestiones que impliquen destrezas cognitivas de orden superior, y accionen en el alumno aquellas operaciones mentales que aporten a su adquisición o fortalecimiento, tales como: análisis, síntesis, identificación, comparación, clasificación, diferenciación, representación mental, y de manera especial el razonamiento lógico, divergente e hipotético más que de memorización.
Tanto una operación mental como una destreza involucran procesos mentales consecutivos. Se logrará desarrollar una destreza si se propicia y asegura la escala progresiva de ejecución de las operaciones mentales que requiera, para lo cual es necesario conocer y comprender cómo funciona y se estructura la mente. La evolución de las operaciones en el alumno se da en forma sucesiva, cada escalón activa o habilita a la subsiguiente, lo que le prepara para nuevos desafíos en la construcción de aprendizajes.
La activación de las operaciones mentales necesarias para desarrollar una destreza con criterio de desempeño en el alumno depende en gran medida de las estrategias metodológicas y precisiones para la enseñanza-aprendizaje que el docente diseñe y lleve a la práctica. El docente debe estar en capacidad de ofrecer un abanico de opciones para que el alumno manifieste la consecución de operaciones mentales y el aporte de éstas al perfeccionamiento de sus destrezas; que incluyan desde actividades científico- experimentales, debates, proyectos de aula, situaciones de aprendizaje basadas en problemas, etcétera.
El constructivismo mira el aprendizaje como el resultado de construcciones mentales; esto es, que los estudiantes, aprenden construyendo nuevas ideas o conceptos, basándose en sus conocimientos actuales y previos. Así, el aprendizaje es más efectivo cuando el alumnado lleva a cabo experiencias en contextos denominados auténticos, es decir, próximos al mundo real, dónde amerite poner en juego operaciones mentales potenciadoras del desarrollo de destrezas de nivel más alto.
El maestro tenderá a que los estudiantes desplieguen las operaciones mentales consiguiendo así que su aplicación sistemática se concrete en destrezas como herramientas de índole específico y que a futuro se transformen en hábitos de pensamiento. Adicionalmente, deberá propiciar elementos de motivación intrínseca al alumno en la ardua tarea de estructurar el nuevo y previo conocimiento en un todo coherente y de gran
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significado; ésta es una destreza a desarrollar y precisa de ciertas operaciones mentales para el efecto.
La juventud es un tiempo para afianzar nuevas prácticas, fortalecer la autoestima y la confianza, aspirar a nuevos conocimientos, innovar, desarrollar habilidades y destrezas y aprender a aprender, para tener la capacidad de obtener resultados y confrontar diferencias.
En plena sociedad del conocimiento, éste se entiende como un flujo dinámico que está constantemente modificando la acción y uno u otro aspecto de la vida cotidiana, por lo tanto, ningún saber es inmutable. Razón por la cual el docente no debe dedicar su atención a enseñar un conocimiento que mañana puede envejecer o tornarse caduco sino enseñarle al
alumno a ser capaz de investigar y construir un nuevo conocimiento, que “aprenda a hacer”.
Hay que terminar de abolir a aquella enseñanza basada fundamentalmente en el recuerdo, en la rememoración de datos, sucesos o definiciones, en el trabajo de contenidos de tipo conceptual y que apenas avanza hacia otro tipo de contenidos como habilidades y destrezas. Para esto, el maestro debe hacer énfasis en utilizar los métodos y procesos de la ciencia para investigar fenómenos y resolver problemas y dominar las técnicas de activación de las operaciones mentales fundamentales para que el estudiante automatice las destrezas.
El accionar pedagógico actual debe responder íntegramente a la concepción sistémica de la ciencia, contribuir de manera importante al desarrollo de destreza s intelectuales y operaciones del pensamiento más efectivas y eficaces ya que el desarrollo de destrezas aumenta la autonomía en el aprender y genera pensamiento crítico.
3.2.4. La importancia de sistematizar y escribir la experiencia de la práctica