4. Marco teórico y estado de la
4.4 La postpornografía
4.4.2 Orígenes del postporno
La necesidad de romper con el esquema hegemónico que ya se ha ido comentando a lo largo de todos los puntos de esta memoria es la que, en su momento, dio origen a este movimiento, la postpornografía. Como se observará más adelante, en la ciudad de Barcelona -que es la que ocupará mi ámbito de investigación del reportaje narrativo- hubo unas causas muy concretas para su eclosión y, también, para su estancamiento. Sin embargo, esto no significa que, pese a que el postporno se diluyera en la ciudad condal, en estos momentos no se siga reproduciendo en otros muchos ámbitos geográficos, como por ejemplo en América Latina.
En uno de los primeros temas que ya se han analizado, se ha intentado “sintetizar” la historia del feminismo y sus posiciones respecto a la industria del sexo. Se ha hablado de las feministas “culturales” (abolicionistas), que se posicionaban totalmente en contra de pornografía y prostitución. Entre la década de los setenta y ochenta, esta pugna partiría el feminismo y alcanzaría su mayor “apogeo”: por un lado, las feministas encabezadas por Dworkin, MacKinnon, etcétera, abogando por la censura como “protección”, y por otro, como respuesta, reacciona una parte de la sociedad feminista de entre las que destacan Ellen Willis, Gayle Rubin y otras muchas. De entre éstas, Willis fue la primera en denominar feminismo pro-sexo a esta corriente que ayudó, en gran medida y con gran fuerza, al auge del postporno estadounidense y, más tarde, español y catalán.
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Años más tarde, tras la fractura que se produjo a partir de los cuestionamientos ya expuestos sobre el sexo, de la mano de la teoría queer también desbordan, por los márgenes, los errores del feminismo de la segunda ola. Situado al margen del sistema industrial pornográfico, el postporno, con su definición abierta, revisará, desafiará o dinamitará las fronteras heterosexistas o heteronormativas. Así lo explica Preciado:
“La teoría queer va a aparecer como una vuelta reflexiva sobre los errores del feminismo de los años ochenta: el feminismo liberal, o emancipacionista, es denunciado una vez más desde sus propios márgenes como una teoría fundamentalmente homófoba y colonial.” (Preciado, 2004)
Al igual que en los movimientos queer y transgénero, la postpornografía se reapropia de una injuria, es decir, de un porno “excluyente” para poder combatirlo desde dentro. Preciado, en la entrevista realizada por el periodista Jesús Carrillo (2004), explica el origen de estos movimientos y con los que, en este momento, se puede englobar el postporno: “Queer es un insulto que en inglés significa ‘maricón, bollera, raro’, y que por extensión connota desviación sexual o perversión. […] A finales de los años ochenta, como reacción a las políticas de identidad gays y lesbianas americanas, un conjunto de microgrupos van a reapropiarse de esta injuria para oponerse precisamente a las políticas de integración y de asimilación del movimiento gay.” (Preciado, 2004) Esto es, así como el postporno se reapropia de las cámaras y de la injuria de lo excluyente de lo
mainstream, la reacción de estas políticas de identidad no es otra que la de acabar por el
desbordamiento de la identidad homosexual. Y esto no se puede entender de manera independiente, sino como un todo dinamitado desde la no-representación de las identidades, como ocurre con la palabra “queer”. Así se aprecia en el manifiesto de Queer Nation, Queers read this, que denuncia la invisibilización y la naturalización de las cuestiones homosexuales, afirmando y reivindicando que
“usar ‘marica’ [queer] es un modo de recordarnos cómo nos percibe el resto del mundo. […] Usamos marica como gays que aman ser lesbianas y como lesbianas que aman ser maricas. Marica, a diferencia de GAY, no es masculino.”(Queers anónimos, en Mérida, 2009: 242)
No obstante, y volviendo al postporno, ¿cuándo realmente se utiliza por primera vez este término? Será la trabajadora sexual y actriz porno Annie Sprinkle30 quien, en 1989, retome la expresión del
30 Para poder ampliar los detalles de la propia vida de la artista Annie Sprinkle consultar Sprinkle, A. (1998). Post Porn Modernist,
relatos autobiográficos que forman un compendio de experiencias sexuales comprendiendo el contexto histórico y artístico que acompañaba a la artista.
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artista Wink van Kempen: “postpornografía”. Lo hace, además, en un contexto de performances - PostPorno Modernist Show- que desafiarán la mirada del espectador, lo incomodarán, buscarán algo más allá que el simple fin masturbatorio de producir placer. Una de esas performances, posiblemente la más conocida, fue la visibilidad pública de su cérvix (Kapsalis, 1997: 115 en Ares y Pedraz, 2011), donde desafiaba, como ya se ha dicho, al eje de la mirada del espectador. Así, utilizando su cuerpo y su propia evolución sexual de entre los años 1989 y 1996, los espectadores que aceptaban el poder mirar y explorar su cuello uterino se transformaban en objeto de la mirada de la propia Sprinkle. Pero, ¿y las causas? Egaña, pese a que se muestra realmente crítica respecto a la acción que tomó Sprinkle representando “las operaciones de producción de feminidad estándar, desvelando su artificialidad”, lo resume de este modo:
“Heredadas unas genealogías del postporno no elegidas. Heredados unos conflictos del feminismo estadounidense, problemas legales de la era Reagan, una cultura y unos sistemas de producción que la mayoría de las veces no se corresponden con los contextos locales. Pero como buenas ventrílocuas de lo ajeno, asiduas a lo foráneo, a lo heredado y a las prácticas antropófagas, asumimos a Annie Sprinkle y todo lo demás como parte de la genealogía del descentramiento…” (Egaña, 2017: 82)
Estas performances, estas actividades enfocadas a producir este cambio de roles, esta transformación de poderes es lo que, más tarde, conoceremos como postporno, y que explica de este modo Smiraglia:
“El término (postporno) remite a un tipo de producción que contiene elementos pornográficos, no sólo con el fin masturbatorio del porno hegemónico, sino también con fines políticos, humorísticos o crítico.” (Smiraglia, 2012)
A partir de este punto, empieza a devenir una lucha que no surge de manera aislada, sino tomando un camino “iniciado por las teorías de la enunciación, que propugnaban el enfrentamiento a las categorías heteronormativas dominantes. […] Proviene de la lucha de los colectivos queer, que recuperaron a autoras del feminismo clásico de la segunda mitad del siglo XX como Monique Witting […] en la necesidad de revisar los conceptos y dicotomías presentes en la construcción de géneros.” (Ares y Pedraz, 2011)
Se ha percibido que la postpornografía surge y se desarrolla, en una primera instancia, en Estados Unidos. Los inicios apuntan, todos, a un mismo centro, así como a diversos focos de poder de Europa. Un centro que, como explica Egaña (2017), hoy ya no existe. Sin embargo, la historia del postporno que llegó a Barcelona se tiene que analizar con una perspectiva abierta, pues los
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conceptos que han ido cruzando el charco son los que se incorporarán para, más tarde, procesar, desechar y convertirse en unos nuevos.
¿Cómo ocurre esta emergencia de la postpornografía en la esfera española y catalana? Milano apunta a que la clave se encuentra en fenómenos político-culturales como el feminismo pro-sex, el movimiento queer y la cultura punk DIY (Do It Yourself). Además de ello, “la confluencia de las revisiones encarnadas por el feminismo postindustrial/postcolonial, el activismo queer y la reivindicación del trabajo sexual en Estados Unidos y Europa puso en escena nuevos sujetos políticos críticos del sistema heteronormativo.” (Milano, 2014: 49)
Tras intentar trazar una cronología más o menos completa de los orígenes del postporno (de una manera global), tengo la certeza que las fechas se disipan, las teorías se diluyen y se entremezclan. Los antecedentes postpornográficos no quedan definidos, y así como en la pornografía se aprecian claramente y con un gran número de filmes que pueden analizarse, el postporno aparece con un centro inexistente, insignificante. Es una red de acciones que se entrelazan y que juegan unas con las otras, de las que podríamos “adivinar” de dónde provienen, o a qué inquietudes responden, pero no de una manera clara y globalizada.
Esto es, no he encontrado otra definición mejor para compendiar el vacío de este apartado que el siguiente:
“Podríamos plantear que los antecedentes políticos del post-porno se encuentran, además, en las prácticas de hipersexualización de cuerpos maricas callejeros, de las prácticas anónimas y colectivas en los cuartos oscuros y en el nomadismo de las tortilleras políticas.” (Sutherland, 2012).
Distanciándonos de la localización de las prácticas, se advierte que hay cierta confusión entre las definiciones de lo que es postporno, porno alternativo, amateur, indie porn, y un largo etcétera. Y esto se debe a que, según el lugar donde se reciban ciertas prácticas, serán consideradas de una u otra manera:
“Será que quizá el postporno es en sí mismo una categoría situacional, dependiente de una serie de particularidades específicas que son necesarias para darle lugar, incluyendo la adopción de categorías ‘mal traducidas’ provenientes de otros contextos.” (Egaña, 2017: 99)
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